Mali, el lado más humano

A lo largo del mes de noviembre, la Brigada “Rey Alfonso XIII”, II de la Legión tomó el relevo en Mali. Daban continuidad, como grueso del XV contingente español, a la Misión de Adiestramiento de la Unión Europea, y con ella a los proyectos que se venían desarrollando. Aunque la principal labor de los españoles es aportar la fuerza de protección e instruir a los soldados malienses, no se puede obviar el lado más humano de la misión, desarrollado por el equipo de Cooperación Cívico-Militar (CIMIC, en sus siglas en inglés).

DSC08552El contingente ha finalizado recientemente dos proyectos de impacto rápido, iniciados anteriormente, y que han consistido en un colegio en Feogun y un pozo de agua en Bafinkabougou, que se suman a otras iniciativas. El año 2019 ha dejado un balance final muy positivo, ya que se han desarrollado un total de 14 proyectos de impacto rápido, entre los que destacan la rehabilitación de colegios, mejoras en las instalaciones de varios centros de salud, compra de material de laboratorio para realizar analíticas de sangre, etc.

En la misión participa personal para el desarrollo de las labores CIMIC, repartido entre Bamako—donde está el Cuartel General y centro de gestión de los proyectos—y Koulikoro, donde se encuentra la Fuerza de Protección. Sin embargo, debido al auge de la actividad CIMIC en la zona, se ha reforzado por medio de un equipo que proviene del Regimiento de Operaciones de Información nº 1, cuyo objetivo es de-

sempeñar las funciones más específicas relacionadas con los proyectos de impacto rápido. De esta forma, aportan más capacidades a la misión.

«El contacto es realmente afable y cercano. La población de las zonas rurales de los alrededores de Koulikoro se siente realmente agradecida con las acciones del contingente español en el área, lo que facilita enormemente nuestra labor», señala el capitán Paredes, que es el jefe del equipo CIMIC en Koulikoro.

En este sentido, explica que el procedimiento a seguir, cuando se plantean nuevos proyectos, pasa por comunicarlo al oficial CIMIC de Bamako. Una vez aprobado, la Fuerza de Protección se encarga de su desarrollo hasta la

inauguración. «Para asegurar la implicación de las autoridades locales con los proyectos, se realiza un seguimiento posterior a la finalización, con el fin de garantizar su mantenimiento y buen uso por parte de la población», explica el capitán.

Pero, ¿cuáles son las principales necesidades que tiene Mali y en las que centra sus esfuerzos la misión? Una de las fundamentales es el acceso al agua, lo que se solventa, por ejemplo, con la construcción de pozos. A este problema se suma el sanitario, y para el que se trabaja en la construcción de espacios de vacunación, letrinas para los centros sanitarios, equipamientos o mejoras en las construcciones ya realizadas.

20191216_073529Además de todo ello, se añade la baja alfabetización. Más de un 48% de la población de Mali es menor de 15 años, por lo que los proyectos educativos son fundamentales para paliar los efectos negativos de la baja escolarización.

Sin ir más lejos, cerca de la base de Koulikoro, donde se encuentra el grueso del contingente español, se construyó una escuela, finalizada en 2016, y que comienza a dar sus resultados, ya que acoge actualmente a más de 350 niños, de diferentes etnias y religiones, sin que exista ningún tipo de exclusión.

Para la ejecución de estos proyectos se busca a empresas locales, que lo desarrollan, bajo supervisión del personal CIMIC de la Fuerza de Protección.

Y si la posibilidad de ir al colegio para algunos niños ha dejado de ser un sueño y se ha convertido en realidad, para los militares que viven la misión día a día supone una experiencia personal imborrable: «En esta zona del mundo el tiempo tiene otra medida y hace que te cerciores de lo poco que se necesita para ser feliz, y contribuye a valorar lo que se tiene, apreciando el presente y aprendiendo a disfrutar de él», declara el subteniente Vicente, jefe del equipo de refuerzo CIMIC.

Asimismo, el sargento 1º Amorín, auxiliar del equipo de refuerzo CIMIC, cuenta con más de ocho años de experiencia en este campo, así como tres misiones en el exterior, con lo que manifiesta que cada operación es diferente. «En el caso de Mali, la gente es muy propensa a colaborar», asiente. No obstante, mantiene que es fundamental tener un conocimiento cultural amplio sobre la zona en la que se va a trabajar, para evitar posibles malentendidos. «El personal del Regimiento de Operaciones de Información

nº 1 realiza cursos de diferentes niveles para reforzar la capacidad de comunicación, asertividad, empatía y lenguaje no verbal», destaca.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Tendría que haber hecho esto antes, pero no he tenido tiempo hasta ahora para escribirlo con la dedicación que se merece. Después de nueve años en el Ejército de Tierra, el 8 de noviembre, el día que cumplió mi niña un año, colgué mis botas y mi boina para emprender otra etapa de mi vida. Una etapa diferente.

Quiero agradecer a todos mis mandos y compañeros, tanto de la Brigada Paracaidista (II Bandera Roger de Lauria), del Batallón de Montaña (Arapiles IV/62) y de la unidad de seguridad del Cuartel del Bruch, donde he estado estos últimos cinco meses, por esta etapa de la que tan orgulloso me siento y me sentiré toda mi vida. Sí, seré el típico yayo-batallitas «¿Dices tú de mili?».

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Hace nueve años dejé mi vida en Sarda para emprender la aventura más alucinante de mi vida. Dejé a los míos, a mi familia, a mis amigos y, en definitiva, todo. Tenía 18 años, las historias de los tercios de Flandes en la cabeza y muchas ganas de ganarme los cuartos, sin tener que estar pegado a una silla. Mi padre me dejó en la estación de Barcelona Sants con 200 euros en el bolsillo, cogí un tren dirección Murcia y… ahí empezó todo. En el Batallón de Instrucción Paracaidista.

Sudé sangre hasta convertirme en el hombre que quería ser: un paracaidista. Me gané mi boina negra, mis hombreras y, para mí, fue una satisfacción igual que la que, imagino, sentirá un estudiante cuando aprueba la carrera, o un policía o bombero cuando aprueban la oposición.

Aprendí los valores del compañerismo, el honor, el sacrificio, el sufrimiento, la hermandad, la satisfacción del deber cumplido, el ayudar al compañero cuando lo necesita, el valor de la moral y de la fuerza mental. Aprendí a obedecer y a que me obedecieran. Aprendí y enseñé.  Corrí, día tras día, todas las mañanas durante casi ocho años de mi vida. Me superé una y otra vez a mí mismo. Aprendí a convertir el peor de los sufrimientos en el mejor de los recuerdos, las vivencias más duras en los momentos más felices junto a mis compañeros de armas.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

 

Tuve el honor de servir en la para mí, mejor compañía de paracaidistas del Ejército  de Tierra, en la Laureada, en la Séptima Compañía. Viajé por toda España y, más de una vez, caí desde el cielo en los lugares más inhóspitos para desempeñar las labores más alucinantes. No se puede explicar lo que es un asalto de Brigada. Hay que vivirlo.

Hice de la ametralladora MG-42 mi más fiel compañera, supe lo que era el dolor con una ‘peseta’ de mortero colgada al cuello durante kilómetros y kilómetros,. Lo que es saltar de un avión por rampa y por puerta y de un helicóptero Chinook en marcha con un paracaídas.

Supe lo que es dormir en un iglú y lo que se siente al tocar el cielo subiendo los picos del Pirineo catalán con una mochila de 40 kilos a la espalda, unas raquetas, unos crampones y un piolet. Lo que es el frío de verdad, el dolor en los dedos, el de las ampollas durante kilómetros, que se te congelen los huesos. El estruendo al disparar un mortero,  los nervios al tirar una granada, el sonido inconfundible de la MG 42 y disfrutar disparando con un fusil de precisión, quemarte la mano cambiando el tubo de la ametralladora, fumarte el cigarro sin que te vean y un sin fin de cosas que necesitaría un libro entero para contarlas.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Llevé 6 meses un equipo de combate con casco y chaleco con placas de cerámica por dentro, a 50 grados de calor en el desierto, reconocí una y otra vez con preocupación los laterales y bajos del vehículo buscando alguna mina o IED. Sentí el nervio de subir una montaña de arena armado sin saber que te espera detrás, lo que es la adrenalina y a que huele el queroseno. Escuché silbar las balas, como suenan los explosivos, o lo que se siente cuando pasa una onda expansiva por dentro de tu cuerpo y  la valentía que tienen los zapadores. Vi morir y me rondó la muerte. Supe lo que es ayudar de verdad a los que lo necesitan, lo que es la miseria, de que están hechos los malos, que la edad es mental y que hay niños y …niños.

Vi el cielo más espectacular que he visto en mi vida y dormí días y días en un agujero en el desierto comiendo raciones de combate. Aprendí el valor de una carta, el valor de lo que no valoramos. Supe lo que es el síndrome de Estocolmo al marchar de Afganistán.

Jamás olvidaré esos sitios a los que ya no iré: San Gregorio, Chinchilla, Casas de Uceda, Toledo, etc… He conocido a los mayores profesionales que conoceré en mi vida y aprendí lo que es admirar a alguien de verdad. Hice de España mi primer amor y conocí en Leganés al amor de mi vida:  la madre de mi hija, mi fiel compañera.

Viví en Murcia y en Madrid. Hice de mis compañeros mis hermanos, algunos siguen siendo militares hoy, otros no. Aprendí quien vale, quien no, en quien confiar y en quién no.

En definitiva, quiero agradecer al Ejército la oportunidad que me dio de convertirme en el hombre que soy hoy, en enseñar a valerme por mi mismo, a no depender de nadie, lo que es el ‘postureo’ y lo que no, lo que significa ser independiente. Quiero agradecer la oportunidad que me dio de dejar atrás a ese joven de 18 años un tanto perdido en la vida, a tener todo lo que tengo hoy, lo que he ganado con el mayor de los esfuerzos, a sentirme tan orgulloso como me siento. Quiero agradecer el honor de haber servido en uno de los mejores ejércitos que ha tenido y tiene el mundo.

A todos y cada uno de mis mandos, compañeros y amigos de esta etapa de mi vida: muchas gracias por haber pertenecido a la mayor de mis aventuras, muchas gracias por todo, jamás os olvidaré.

Caballero Legionario Paracaidista Joan Seguí Ruiz.

Blog oficial del Ejército de Tierra