Archivo de la categoría: Maniobras y Ejercicios tácticos

juegos de guerra

Texto: Elvira Valbuena (Madrid)

Fotos: Sdo. A. Expósito (DECET)

Aprender del error antes de combatir es el eje central de las jornadas de wargaming o juego de guerra desarrolladas, por primera vez, el pasado mayo, por la Escuela de Guerra y Liderazgo del Ejército de Tierra (EGLET), durante el curso de ascenso a comandante. Más que un juego, el wargaming es una herramienta de experimentación militar que permite poner a prueba planes, decisiones y estructuras de mando frente a un adversario, reproduciendo la incertidumbre, la presión y la fricción que se desarrolla durante una operación verdadera, sin asumir los costes ni los riesgos de un ejercicio real a gran escala.

Durante varias jornadas, los capitanes alumnos han tenido la oportunidad de confrontar sus planes operativos contra un adversario, representado por otros compañeros con la misma preparación y conocimientos. Dos equipos rivales se sitúan en dos aulas distantes entre sí. Entre ellas, desde una tercera sala, el equipo de dirección del ejercicio va siguiendo los movimientos sobre el tablero. El silencio solo se interrumpe por el intercambio constante de mensajes en las pantallas. Los participantes observan con atención la información que llega desde el otro ala del edificio, donde un ataque previamente planeado acaba de ejecutarse, esperando a conocer el resultado. Todavía no saben si el movimiento ha logrado alcanzar el objetivo o si el enemigo ha reaccionado como estaba previsto. También desconocen si será necesario modificar la maniobra.

UN ENEMIGO QUE TAMBIÉN PIENSA

La incertidumbre es un elemento esencial del wargaming, una condición con la que tendrán que lidiar los futuros comandantes, cuando asuman sus responsabilidades. El juego de guerra sobre el tablero les permite comprobar cómo se comporta un planeamiento militar cuando entra en contacto con la realidad de un enemigo que piensa, decide y reacciona. «Lo importante es que los alumnos puedan observar la conducción de aquello que han planeado previamente», explica uno de los asesores a la dirección del ejercicio, el capitán Castillo, de la Dirección de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales del Mando de Adiestramiento y Doctrina, impulsor de la actividad. «Así pueden comprobar los resultados de sus decisiones y aprender de las lecciones que genera el ejercicio».

A diferencia de muchas simulaciones tradicionales, esta herramienta enfrenta a dos bandos humanos completamente independientes. El denominado bando azul, organizado como un cuerpo de ejército, debe desarrollar una operación ofensiva para conquistar una serie de objetivos defendidos por el bando rojo. Ambos equipos elaboran sus planes por separado y permanecen aislados durante el desarrollo del juego. «Nosotros realizamos un planeamiento inicial, pero el enemigo no siempre actúa como esperamos», explica el capitán Mediavilla, jefe de Estado Mayor del cuerpo de ejército dentro del ejercicio. «Por eso tenemos que prever posibles incidencias y disponer de distintas ramas de actuación para adaptarnos a la situación».

Esa capacidad de adaptación constituye uno de los principales objetivos del wargaming. Los participantes no compiten contra un algoritmo, ni contra un escenario prefijado. Se enfrentan a personas que analizan la situación, identifican vulnerabilidades y buscan oportunidades para imponer su propia maniobra. «La interacción entre dos bandos humanos es una de las grandes ventajas de este sistema», señala el capitán Castillo. «Cada decisión provoca una reacción y de esa dinámica se aprende muchísimo».

DEL AULA AL CAMPO DE BATALLA

El ejercicio se articula en tres fases: planeamiento, conducción y lecciones aprendidas. Durante la primera, los alumnos elaboran una orden de operaciones completa, siguiendo los procedimientos doctrinales habituales.
Posteriormente, llega la fase de conducción, donde el planeamiento se somete a prueba mediante el wargame. Finalmente, una sesión de análisis permite identificar errores, aciertos y posibles mejoras.
Para el capitán Medina, que durante el ejercicio ha desempeñado las funciones de jefe de división del bando rojo, la principal aportación consiste en confrontar las hipótesis iniciales con la realidad. «Muchas veces se parte de unas suposiciones sobre lo que hará el enemigo y luego descubres que no se corresponden con su línea de acción», explica. «Eso obliga a readaptar el planeamiento y reconducir la maniobra. Son lecciones que difícilmente aparecerían sin una confrontación real».
La utilidad resulta especialmente relevante para unos alumnos que, hasta ahora, han desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en escalones tácticos de menor entidad. «Como capitán, es poco frecuente trabajar a nivel división o cuerpo de ejército», señala Medina. «Esta herramienta permite experimentar esos niveles superiores de conducción, sin necesidad de desplegar grandes medios sobre el terreno».

ADAPTACIÓN DE UN MODELO FRANCÉS

La base del ejercicio se encuentra en el «Duel Tactique», un juego de guerra desarrollado originalmente por el Ejército francés. Tras analizar sus posibilidades, el Ejército de Tierra español solicitó autorización para adaptarlo a las necesidades españolas. Actualmente, existe un acuerdo formal que permite modificar reglas, procedimientos y escalones de empleo para ajustarlos a la doctrina nacional.

«El juego original estaba concebido principalmente para la conducción a nivel brigada», explica desde la dirección del ejercicio el teniente coronel Monguilod, del Departamento de Operaciones de la EGLET. «Nosotros hemos querido orientarlo hacia la evaluación del planeamiento y llevarlo hasta niveles de división y cuerpo de ejército». La adaptación incorpora además elementos propios que buscan reforzar el valor formativo del ejercicio. Uno de ellos es el sistema de puntos de mando, que penaliza las modificaciones improvisadas del plan inicial, contando que cuanto mejor haya sido el planeamiento, menor necesidad existirá de introducir órdenes complementarias durante la ejecución. Uno de los aspectos que más llama la atención de los participantes es el elevado grado de realismo que proporciona la gestión de la información. Los alumnos no observan directamente cómo se resuelven los combates sobre el tablero. Las decisiones son procesadas por un equipo de árbitros y especialistas que aplican las reglas del juego y transmiten posteriormente los resultados.
Las comunicaciones se realizan mediante un Tactical Chat desarrollado sobre una plataforma digital que simula el funcionamiento de un puesto de mando. «La tensión surge porque los participantes reciben únicamente la información que les llegaría en una operación real», explica el capitán Castillo. «No ven directamente lo que ocurre. Reciben mensajes sobre si una acción ha tenido éxito o ha fracasado y deben decidir con esa información».
Además, el azar también forma parte de la simulación. Para resolver enfrentamientos, se utilizan tablas de combate y tiradas de dados que introducen el componente imprevisible presente en cualquier operación militar.

UNA HERRAMIENTA PARA EL FUTURO

El antecedente inmediato a la utilización de un wargame en la formación de oficiales lo encontramos en la Academia de Infantería de Toledo. Allí, el capitán Cabrera, junto al comandante Mayo, creó la herramienta didáctica «Contacto», un juego de guerra que se implantó en la asignatura de «Táctica» del Departamento de Ciencia Militar, hace tres años. «Los alumnos de quinto curso de Infantería estudian primero la teoría doctrinal y luego aplican estos conceptos (defensiva, ofensiva, avance para el contacto) en el juego. Se les dan órdenes de operaciones, se dividen en dos equipos, planifican su acción y la ejecutan usando el wargame»,explica el capitán Cabrera. El creador de «Contacto» afirma que uno de los principios clave en el diseño de wargames profesionales es la claridad del objetivo. Lo más importante es definir el objetivo que se busca lograr con el juego, enfocando todas las reglas en este aspecto. En segundo lugar, tiene que haber un equilibrio entre sencillez y complejidad. A diferencia de los juegos civiles, que pueden ser muy complejos, los wargames profesionales deben ser lo suficientemente sencillos para una curva de aprendizaje rápida, y posibles de jugar en el menor tiempo posible, debido a las limitaciones de tiempo. En tercer lugar, explica el capitán Cabrera, es importante el enfoque conceptual. En la Academia de Infantería, el marco conceptual fue el manejo de secciones y compañías dentro de un batallón. Aunque el foco es la maniobra del batallón de infantería, también se introducen reglas que representan los efectos de otras armas, como zapadores, guerra electrónica o artillería, y apoyos externos (fuegos navales, aviación), mediante abstracciones para mantener el juego manejable.

En la EGLET, la experiencia ha resultado especialmente valiosa para aquellos alumnos que nunca habían participado en actividades de este tipo. «Lo más parecido que había jugado era al ajedrez», reconoce el capitán Mediavilla. «Pero esta experiencia me está permitiendo identificar errores y obtener enseñanzas que podré aplicar en el futuro». Entre los fallos más frecuentes detectados por los instructores aparecen las deficiencias de coordinación, la falta de previsión de determinadas contingencias o la tendencia a modificar constantemente el plan para intentar obtener ventajas inmediatas.
Precisamente por este motivo, los responsables académicos insisten en que el objetivo del ejercicio no es ganar. «Queremos que los alumnos se abstraigan de la lógica del juego y se concentren en ejecutar el planeamiento que habían diseñado», explica el comandante Andújar, instructor del ejercicio. «Lo importante es aprender por qué determinadas decisiones funcionan y otras no». La valoración de esta primera experiencia es claramente positiva. Tanto el profesorado como los participantes coinciden en señalar el potencial de una herramienta que permite entrenar procesos complejos de planeamiento y conducción, sin los costes logísticos de un gran ejercicio de campo. «Ha superado nuestras expectativas», afirma Andújar. «Creemos que es una metodología que ha llegado para quedarse y que se consolidará como una herramienta habitual en la formación de nuestros alumnos».

EL CAMINO AL FIN DEL MUNDO

Texto: Elvira Valbuena / Madrid

Fotos: XL CAET

La nieve y la roca del Pirineo oscense han sido la antesala del escenario que el XL Contingente Antártico del Ejército de Tierra (CAET) se encontrará a partir de diciembre en la próxima Campaña Antártica Española 2026-2027. Allí, en las inmediaciones del refugio militar de Somport, once de los trece integrantes de la dotación han iniciado, entre el 23 y el 27 de marzo, la primera fase de un periodo de preparación que les conducirá, dentro de unos meses, hasta la Base Antártica Española «Gabriel de Castilla», en la Isla Decepción, uno de los lugares más aislados y extremos del planeta.

Esta primera fase de aprendizaje y adaptación a las condiciones de vida y movimiento en montaña realizada en Candanchú ha servido para que el equipo mida sus fuerzas en grupo antes de enfrentarse al continente helado. El escenario no era todavía la Antártida, pero ha servido para que once miembros del XL CAET se acerquen a ella (otros dos integrantes de la dotación repiten campaña) y aprendan a desenvolverse en nieve y hielo. 

La cohesión del grupo

El comandante Arias Otero, jefe de la XL Campaña Antártica del Ejército de Tierra, resume las dos principales finalidades que ha tenido el ejercicio: «La primera —explica— es el conocimiento técnico de vida y movimiento en montaña, adaptado a las capacidades que necesitarán en Isla Decepción. La segunda, quizá menos visible, pero igual de importante, es cohesionar al grupo, porque es la primera vez que se ven todos juntos». Antes de ser un contingente, los integrantes del XL CAET son personas que empiezan a conocerse: especialistas en comunicaciones, alimentación, navegación, medicina, motores o medio ambiente que deberán convivir durante aproximadamente cien días en una isla volcánica situada a más de mil kilómetros de la costa sudamericana más próxima. 

El punto de partida de esa conviviencia ha sido Candanchú, donde la montaña les ha obligado a descubrir rápidamente las fortalezas y limitaciones de cada uno y también a confiar en el compañero. Los once miembros del contingente han trabajado unidos sobre el terreno, comenzando a forjar la cohesión que será imprescindible durante la campaña. Compartir esfuerzo y afrontar las dificultades cotidianas del día a día ha fortalecido los vínculos del grupo. «Nos hemos podido conocer, hemos podido hacer bastante piña, bastante equipo», recuerda el cabo Amat, destinado en el área de alimentación del contingente y participante por primera vez en una Campaña Antártica. «Hemos convivido en la misma habitación, hemos dormido todos juntos, hemos hecho una gran camaradería», asegura.

Durante cinco días, los integrantes del XL CAET han realizado marchas con equipo completo; han aprendido a progresar con crampones y raquetas de nieve; han utilizado piolets, cuerdas y arneses y han realizado rápeles y maniobras de evacuación de heridos, llevando a la práctica los conocimientos adquiridos con anterioridad sobre frío extremo,materiales y seguridad.

«Hicimos una marcha de varias horas, un desnivel en el que hacía falta empleo de piolets y crampones, algunos rápeles necesarios para llegar a los puntos, siempre pensando en cuáles son las circunstancias a las que nos íbamos a enfrentar», explica el comandante Arias.

Para muchos de los miembros del contingente, como el cabo Amat, el ejercicio ha supuesto salir de su zona de confort. El cabo destaca como uno de los momentos más significativos del ejercicio el aprendizaje técnico en montaña. «Nunca había hecho nada así. Había participado en pruebas de resistencia, como ultramaratones o los 101 kilómetros de Ronda, pero aquello era diferente», asegura. «Estuvimos con el uso de crampones, las raquetas de nieve, los piolets, el tipo de cordado… Hicimos bastante rápel, que fue lo que más me gustó». El cabo Amat reconoce que la experiencia le ha exigido más de lo esperado. «La fase de montaña ha sido dura. Ha sido un reto para mí personalmente», admite. Aunque había compañeros más habituados a este tipo de actividad, considera que el esfuerzo ha merecido la pena. «Ha sido un periodo de exigencia considerable, física y mentalmente, pero absolutamente necesario para una mínima preparación», concluye.

Resistir y mentalizarse

El primer día en el Pirineo transcurrió con buenas condiciones meteorológicas, pero al siguiente llegó una ventisca con rachas de hasta 80 o 90 kilómetros por hora. Una aproximación realista a lo que les espera en Isla Decepción, donde las temperaturas medias pueden oscilar entre 0 y 1 grados centígrados, aunque el viento puede dejar la sensación térmica por debajo de los 20 grados bajo cero.

Sin embargo, no basta con resistir el clima y enfrentarse al frío. La isla donde desplegarán también es un volcán activo y hay que aprender a reaccionar ante situaciones de aislamiento, evacuaciones, riesgos volcánicos y desplazamientos constantes en un terreno hostil. En este sentido, el cabo Amat, destaca la dimensión mental del adiestramiento: «Es una cosa que necesitamos para mentalizarnos de lo que puede llegar a pasar allí».

En la Antártida, el aislamiento marca el día a día y cada especialidad sostiene una parte de la misión, como el área de alimentación, que debe planificar la autonomía de la campaña. El cabo Amat, junto al cabo Rodríguez del Blanco, trabaja ya en la elaboración de los menús que acompañarán al contingente durante cuatro meses. «Estamos mirando los hidratos de carbono, las proteínas, los gramos de verduras que hay que incluir», explica. La exigencia física de la misión obliga a calcular cuidadosamente las necesidades nutricionales. «Habrá jornadas de desplazamiento con carga de material científico, movimientos por mar y trabajo continuado en condiciones extremas. «Tenemos que llevar un mínimo de kilocalorías y una alimentación básica es imprescindible», concluye.