PENTATLÓN MILITAR MODERNO

CINCO DESAFÍOS SIN TREGUA

Texto: Elvira Valbuena / Madrid

Fotos: EAE

La localidad zaragozana de Calatayud se convirtió, del 20 al 22 de febrero pasado, en el epicentro del pentatlón moderno. Delegaciones militares de toda España se dieron cita para disputar el V Campeonato Nacional Militar de Pentatlón Moderno, integrado a su vez en el Campeonato de España Absoluto-Junior 2026. Organizado por la Federación Española de Pentatlón Moderno, junto a la Junta Central de Educación Física y Deportes del Ejército del Aire y del Espacio (EAE), el campeonato reunió a la élite nacional de este deporte en categorías junior y senior, tanto masculina como femenina. Tras dos intensas jornadas de clasificación, los mejores atletas se disputaron las medallas en la jornada final. En la categoría femenina, la capitán Cristina Requena, jefe del Área de Educación Física y de Habilitación de la Academia de Aviación del Ejército de Tierra (ACAVIET), se hizo con el oro, mientras que el sargento primero del EAE Enrique Morales se alzó con el primer puesto en la masculina.

El pentatlón moderno es una disciplina olímpica, que consiste en la combinación de cinco pruebas. Su práctica requiere un alto nivel de preparación. Para la capitán Requena, «es un deporte muy exigente porque te obliga a entrenar muchas cualidades: resistencia, fuerza, agilidad, paciencia, concentración, reacción ante estímulos, y eso, aparte de asustar, es difícil de aprender si nadie te enseña. La falta de material, instalaciones y entrenadores hace que en el Ejército este deporte aún no sea muy conocido».

Creado en 1909 por iniciativa de Pierre de Coubertin e incorporado a los Juegos Olímpicos en Estocolmo 1912, este deporte simboliza la figura del atleta completo. No en vano, los cinco anillos olímpicos se inspiraron en las cinco disciplinas que lo componen. En su formato actual, el pentatlón moderno consta de cuatro bloques competitivos: esgrima, natación, carrera de obstáculos y la prueba combinada de tiro y carrera, conocida como Laser Run. Este sistema se introdujo en 2009 y transformó la dinámica de la competición al concentrar el desenlace en una última prueba decisiva.

Sostener el rendimiento

La esgrima, que constituye una de las pruebas más técnicas, abrió el programa. En una pista de 14 metros, los combates se resuelven a un solo toque en apenas un minuto. Todos los participantes se enfrentan entre sí, lo que exige rapidez mental y capacidad de adaptación, además de habilidad con la espada. Cada toque cuenta y cada error penaliza. «Competimos todas contra todas. Esto implica que, dependiendo del nivel de los participantes, una persona obtendrá mejores resultados o no. En el Campeonato de Calatayud había un nivel medio», afirma la capitán Requena.

A continuación, se desarrolla la prueba de natación, en la que los atletas demuestran su potencia y resistencia en el agua. Aunque son 100 metros de estilo libre, la exigencia es máxima: velocidad sostenida, técnica depurada y una preparación física capaz de mantener el rendimiento tras el desgaste de la esgrima. Para la capitán, junto a la carrera, la natación sería una de las dos pruebas objetivas en las que los tiempos no suelen variar. «Antes de llegar a la competición, las atletas ya sabemos aproximadamente nuestras marcas», explica.

El tercer bloque es una carrera de obstáculos (100 metros). Los deportistas deben superar una serie de estructuras que ponen a prueba su agilidad, fuerza y coordinación: muros, anillas, barras, ruedas o pasos de diferente complejidad. Cada recorrido incluye una selección de obstáculos que obliga a los competidores a adaptarse rápidamente, manteniendo siempre la velocidad. Para la responsable del Área de Educación Física y de Habilitación de la ACAVIET, esta es la prueba más dura de las cinco. «Tres o cuatro días previos a la competición, se sortean los obstáculos de la pista de OCR (Obstacle Course Racing). Estos obstáculos tienen varios niveles de dificultad: pueden ser asequibles o difíciles. En Calatayud, tocaron los de mayor dificultad. Como es mi mejor prueba, en el momento del sorteo supe que tendría ventaja sobre el resto, lo que me llevó a realizar esa prueba con tranquilidad para evitar cualquier fallo. Tuve suerte», recuerda.

El Laser Run

Con las tres primeras pruebas completadas, los atletas acumulan puntos que se transforman en tiempo de salida para la prueba final: el Laser Run, el momento decisivo del pentatlón moderno. En esta prueba, los participantes parten escalonados en función de su clasificación previa: el líder sale primero y el resto lo hace con una desventaja de un segundo por cada punto de diferencia. La prueba consiste en cinco rondas de tiro con pistola láser, cada una seguida de un tramo de carrera de 600 metros, hasta completar los 3000 metros totales. Antes de cada segmento de carrera, el atleta debe acertar cinco disparos en un tiempo máximo de 50 segundos para poder continuar. La presión de la prueba es enorme hasta el último metro. Quien cruza primero la línea de meta es el ganador.

Para la capitán Requena, esta prueba «tiene su pequeña incertidumbre. Yo suelo entrenar el tiro en zona exterior. La luz y el tiempo meteorológico hacen que el tiro varíe. En mi caso, además, uso gafas de ver. Si ese día hace mucho frío, con la fatiga de la carrera, provoco un vaho que hace que las gafas se empañen y no vea bien el blanco, como me pasó en el Mundial de Polonia. En cambio, en esta ocasión, hizo una temperatura idónea, por lo que por mucho que corriésemos y llegásemos en fatiga al tiro, no generamos vaho y el tiro iba donde habíamos entrenado».

El V Campeonato Nacional Militar de Pentatlón Moderno ha puesto de manifiesto valores esenciales en el ámbito castrense, como la disciplina, el espíritu de superación o la resistencia. Sin embargo, para la capitán Requena, uno de los valores que más destaca en las competiciones militares es la empatía y el espíritu de equipo. «Cuando son civiles, cada participante se centra en su propia competición, sin hacer mucho caso a las marcas del resto de competidores. En cambio, los militares tenemos un espíritu diferente, unos valores de compañerismo que hacen que nos alegremos de los progresos y éxitos de nuestros propios contrincantes. Estamos casi tan pendientes de la competición del de al lado como de la nuestra».

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