Conocer a….BRIGADA PASTOR

COMO PEZ EN EL AGUA

Texto: Ana Vercher/ Madrid

Fotos: Bgda. Pastor

Con la naturaleza como pista y el horizonte como meta, los nadadores en aguas abiertas disponen de un marco incomparable donde practicar este deporte. Una modalidad que consiste en nadar en espacios abiertos como mares, lagos, ríos o embalses, y que, sin las limitaciones de una piscina, ofrece una sensación inigualable de libertad, así como un reto de superación personal constante: «En aguas abiertas y, sobre todo en el mar, lo más complejo y distinto a nadar en piscina es saber orientarse, nadar con oleaje y saber coger la mejor trayectoria, para aprovechar las corrientes lo máximo posible», explica el brigada Pastor, destinado en el Regimiento de Artillería Mixto n.º 30, de la Comandancia General de Ceuta.

Pastor descubrió la natación con ocho años, en lo que sería un simple curso de verano, pero «las sensaciones que te da este deporte cuando estás en el agua» le engancharon, convirtiéndolo en una práctica habitual. Su poder para combinar ejercicio cardiovascular y de fuerza, su bajo impacto articular y el bienestar mental que produce hacen de la natación «un deporte muy completo», en especial, los estilos de crol y mariposa: «Son los que más entreno, aunque el que más me gusta es mariposa, que, en mi opinión, es el más complicado y exigente a nivel de esfuerzo físico».

A la práctica habitual de la natación, se le unió, desde pequeño, la competición, ya que eso siempre le ha motivado a entrenar de manera más constante. 

Sin embargo, llegaron unos años en los que dejó apartado este deporte, hasta que en 2018 retomó los entrenamientos. Apenas un año después, llegó la posibilidad de probar en aguas abiertas: «Estando destinado en la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas, pidieron voluntarios para participar en el I Campeonato de Aguas Abiertas del Ejército de Tierra y me presenté. No sabía ni ponerme el neopreno. De hecho, no me lo ajusté bien, sobre todo la parte del cuello». A pesar de ello, fue llegar y vencer, quedando primero de su categoría, «Máster 40», y tercero en la clasificación general. 

Aquella travesía a nado en Ceuta le permitió descubrir una competición preciosa, rodeada de un fondo marino con mucha vida, lo que hizo que esta disciplina deportiva llegara para quedarse. Así, a ese primer campeonato le siguieron otros muchos, tanto en piscina como en aguas abiertas, que le han llevado a conseguir un gran palmarés. Entre otras medallas, destacan sus primeros puestos obtenidos en el Campeonato de Andalucía de Larga Distancia —3000 m— (2026); Campeonatos de Andalucía de Invierno Máster 50 —200m mariposa y 400 m estilos— (ambos en 2026); LXXII Travesía a nado «Copa de Navidad de Ceuta» Máster 50 —400 m aguas abiertas—; LXXXI Travesía a nado “Puerto de Ceuta” —2500 m aguas abiertas—; III Travesía Rivera-Pineo Máster 40 —4000 m aguas abiertas—; Campeonato de Andalucía de Verano Máster 40 —400 m libres— (todos ellos en 2025); X Travesía Costa Torremolinos —7000 m aguas abiertas— (2024); y Campeonato Nacional Militar de Aguas Abiertas (2022).

Es, precisamente, ese oro en el campeonato militar de 2022 una de las medallas a las que más cariño tiene: «Logré la victoria tanto en la categoría militar como en la civil,  en distancia de 8000m, en una prueba para la que me preparé a conciencia y en la que me encontré muy cómodo. Alcancé solo la meta y disfruté de la llegada», señala el brigada Pastor.

Lógicamente, para conseguir tales resultados Pastor ha convertido el agua casi en su segunda casa, y entrena «cinco veces a la semana, con sesiones de 5000 m en piscina y de unos 6000 m en el mar, aunque los fines de semana es más fácil añadir metros en el mar».

Ahora, tiene en mente participar en la Vuelta al Hacho, una travesía de 10000 m que da la vuelta a Ceuta: «Es una travesía muy bonita, pero también complicada, por las corrientes», concluye el brigada Pastor, a quien auguramos y deseamos mucha suerte.

Entrevista a …Javier Sierra, periodista y escritor.

« Escribir novelas se parece a planificar una operación militar»

Texto: Juan Diego Tobajas (Madrid)

Fotos: Bgda. J.M. Dueñas (DECET)

Escritor, periodista y rostro habitual de Cuarto Milenio (Cuatro), Javier Sierra (Teruel, 1971) es el único autor español que ha colocado una novela entre las diez más vendidas del periódico The New York Times. Ganador del Premio Planeta 2017, tiene incluso un asteroide con su nombre. Con El plan maestro (Planeta, 2025), su última novela, todavía de gira por toda España, nos visita en el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército de Tierra, para hablar de literatura, historia, misterio y de los paralelismos que —asegura— existen entre el oficio de escribir y la profesión militar.

Ganador del Premio Planeta, el único escritor español en el top ten del The New York Times… y mucha gente le identifica sobre todo por Cuarto Milenio. ¿Cómo empezó aquella aventura y qué le han dado más de dos décadas de televisión?

La televisión apela a la memoria inmediata, así que es lógico que muchos me recuerden por mis intervenciones en Cuarto Milenio, donde llevo ya más de veinte años. Pero existe otra memoria, mucho más profunda: la de la literatura. En ella llevo trabajando más de treinta. Publiqué mi primer ensayo en 1995 y mi primera novela en 1998, y desde entonces no he dejado de escribir. La televisión es para hoy; la literatura permanece.

Comenzó en la radio con solo doce años y en el programa aparecen con frecuencia testimonios militares sobre fenómenos difíciles de explicar. ¿Qué conserva de aquellos inicios y qué le atrae del mundo militar?

De la radio conservo tres herramientas que sigo usando cada día: la responsabilidad de un compromiso semanal con los oyentes, la constancia de documentarme sin parar y la capacidad de contar historias que atrapen poco a poco a quien escucha. Y de lo militar, la figura del testigo de élite. Su formación les permite analizar ciertos fenómenos desde una perspectiva muy distinta: si un piloto de combate describe una aeronave y afirma que sus prestaciones no corresponden a ninguna tecnología conocida, ese testimonio tiene un valor enorme. España, además, fue pionera: en 1992 el Ministerio de Defensa autorizó la desclasificación de los expedientes históricos sobre ovnis, con lo cual se adelantó varias décadas a lo que hoy estamos viendo en Estados Unidos. Allí disponen de mucho más material audiovisual, pero nuestro país abrió ese camino antes.

La cena secreta (Plaza & Janés, 2004) le convirtió en el único escritor español en el top ten de The New York Times. ¿Qué significó aquello?

Algo extraordinario. Mi novela llegó en un momento de enorme interés por el Renacimiento, tras el fenómeno de El código Da Vinci (Dan Brown, 2003). Recuerdo perfectamente la llamada del editor de Cultura de The New York Times para comunicarme que había entrado en la lista de los más vendidos. Aquello demostró que los autores españoles tenemos historias universales que contar y que, de vez en cuando, conseguimos abrirnos paso en un mercado tan cerrado como el estadounidense.

En 2017 llegó el Premio Planeta con El fuego invisible. ¿Supuso un antes y un después?

Sin duda. El éxito internacional de La cena secreta me dio visibilidad fuera de España, pero el Planeta consolidó definitivamente mi trayectoria aquí. Es un galardón muy especial porque forma parte de la memoria sentimental de millones de lectores.

En el Ejército se habla constantemente de disciplina, planificación y perseverancia. ¿Son también valores imprescindibles para escribir?

Absolutamente. Si no hubiera sido escritor, habría sido militar. Me gusta la disciplina, la rectitud y trabajar con objetivos claros. En el fondo, escribir novelas se parece mucho a planificar una operación: primero defines el objetivo, identificas aliados y obstáculos y, cuando todo está preparado, avanzas hacia él. Pero también hay que improvisar cuando las circunstancias cambian. Los grandes estrategas militares han sabido hacerlo siempre, y un novelista tiene que aprender esa misma lección.

En El plan maestro vuelve al universo de El maestro del Prado (Planeta, 2013). ¿Por qué regresar a esa historia?

Porque quedaban preguntas sin responder. Siempre he pensado que los grandes museos están habitados por personas capaces de transformar nuestra manera de mirar una obra de arte. Con esta novela quería explorar precisamente esa idea: que el verdadero arte no reside solo en la pintura, sino en las historias que esconden los cuadros.

En 2025 hizo cerca de ochenta presentaciones. ¿Qué le aporta ese contacto directo con los lectores? 

Quizá aquí también haya una influencia militar: el territorio se conquista, pero también hay que mantenerlo. Los lectores necesitan sentir que el autor sigue ahí, que vuelve, que conversa con ellos. Es parte del trabajo de escribir.

Hace poco un asteroide recibió su nombre, a 400 millones de kilómetros de la Tierra. Cuando mira al cielo, ¿qué piensa? 

Que nunca sabemos hasta dónde puede llegar una historia. Me hace ilusión imaginar que algún día mis libros se venderán en las futuras bases lunares. De hecho, cuando firmé mi contrato con mi editorial estadounidense cedí los derechos para la Luna, Marte e incluso para submarinos nucleares y portaaviones. Allí también hay librerías.

¿Qué le gustaría que encontrara un soldado al cerrar uno de sus libros? 

Una aventura que le hiciera reflexionar. 

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