Entrevista a Raúl Cano Cano, actor y cómico

Raúl Cano Cano, actor y cómico:
«Yo Iba a ser Tito en Verano Azul»

Felipe Pulido/ Madrid
Fotografías: José Hontiyuelo

Entrevista a Raúl Cano Cano, actor y cómico
Entrevista a Raúl Cano Cano, actor y cómico

Madrileño; hijo del trompetista de Televisión Española (TVE) Juan Cano; actor y cómico. Nuestro entrevistado ha hecho reír junto a José Mota y ha interpretado a personajes más dramáticos como el de Leandro, el sastre de la serie Acacias 38. Forjado en el grupo Yllana, ha dedicado su vida profesional al teatro y la televisión. Y, aunque su paso por la serie La que se avecina fue breve, ésta le dio mucho que contar.

Es curioso que la mayoría de personas lo identifiquen con su participación en La que se avecina, a pesar de que participó en un único capítulo… Fue gracioso. Yo estaba haciendo el papel de Luis en La Tira y, de repente, me llaman para interpretar a Luis Ángel en un capítulo de La que se avecina. Fue muy rápido, lo grabamos en una mañana. Al ser un personaje capitular, me propuse que no cantara demasiado el ritmo de la comedia, como pasa otras veces, que la gente está deseando que vuelva el protagonista de la serie. Quería que el ritmo de la interpretación fuera paralelo al que ellos hacían.

¿Cómo es el trabajo con actores como Antonio Manrique, en el papel de Antonio Recio, que tanto entusiasman a la audiencia? Muy profesional. Además, fue precisamente en él en quien me fijé para “pillar” el ritmo y el tono  de comedia que tiene la serie. Como todos los buenos profesionales, son buenos compañeros. No puedes ser grande sin ser buena persona.

Seguro que trabajar con ellos deja muchas anécdotas… Tomando una cerveza con el productor y director Alberto Caballero, que vino a verme en la representación de la obra 666, me dijo que necesitaban un guionista para La que se avecina. Tuve claro que la que era entonces mi novia era la que necesitaban. Fui, la levanté de la cama, y le hice ir a hablar con ellos. Tras hacer el casting, se convirtió en la guionista.

Sin embargo, lo anecdótico vino después, cuando Raúl Cano comienza a sentirse identificado con los personajes de la serie… (Risas). Estaba viendo la televisión en casa y, de repente, sentía cómo frases que decía Amador eran mías, en la vida personal. Llamaba a mi anterior pareja y le preguntaba “¿has metido esto?”. De estas cosas que dices “qué curioso que Amador diga lo mismo que yo”. No era curiosidad, ella lo metió.

Entrevista a Raúl Cano Cano, actor y cómico
Entrevista a Raúl Cano Cano, actor y cómico

¿Amador es un poco como tú? Tiene frases mías. Esa forma de hablar cuando cuentas una cosa mezclando los diálogos, ese tipo de lío en la cabeza del personaje, es lo que ella vio en mí. Es curioso que yo sólo grabé un capítulo de la serie y, de repente, te ves reflejado en otro personaje, que es Amador, y que además es muy buen actor.

Un papel algo diferente al que interpretaba en Acacias 38… Leandro, el sastre de Acacias 38, podría ser nuestro tatarabuelo, muy serio, con una voz muy responsable, bien vestido, con los valores morales muy arraigados. Es un personaje que es buena persona, pero también muy valiente, que incluso se pone violento ante las injusticias. Ese personaje dramático, de la época de 1898, es muy diferente. Me da mucha rabia cuando se encasilla a los actores, que seas buen cómico no quiere decir que no puedas hacer otras interpretaciones más dramáticas.

Entre los papeles cómicos que ha interpretado en televisión, especialmente representativo fue su paso por El Programa de José Mota… José Mota hace años me vio en 666, con Santiago Segura. Éste nunca se reía con nada y con nosotros en 666 se partía. En eso se fijó José Mota; y me dijo que si algún día él tuviera un programa me llamaría. Así lo hizo y, bueno, jugamos en la tele y disfrutamos haciendo reír a la gente

¿Cómo fueron sus inicios como actor? Yo tocaba el violín y vengo de familia de artistas. Me apoyaron siempre, aunque había que hacer de todo, incluso tocar en El Retiro a la par que estudiaba en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid (Resad). Hay una anécdota muy curiosa. Yo iba a ser Tito en Verano azul. Las oficinas del programa infantil El Kiosco estaban debajo de mi casa, en la Calle del Cine. Era amigo de los hijos de la gente que trabajaba en Prado del Rey y las oficinas de todas las producciones de TVE estaban debajo de los edificios. De pequeño le puse un petardo a un señor que resultó ser el productor de Verano Azul. Entonces me cogió de la oreja para ir a hablar con mis padres y subí casi llorando, creyendo que me iba a echar la típica bronca. Sin embargo, nos propuso participar en la serie.
Mi padre dijo que no, porque había suspendido todo.

¿Qué ha significado el Grupo Yllana dentro de su carrera? Son como mis hermanos de trabajo, crecí artísticamente con ellos.

De la mano de este grupo han venido muchas obras… Muu, Glub glub, 666 (4 estrellas del New York time y New Yorkers post), Star Trip, Brokers, Muu2, Yllana 25, y Action man, que estará en Las Vegas en breve.

¿En Las Vegas? Mateo Amieva quiere hacer Action Man en Las Vegas.  Ahora mismo está contratado por el Circo du Soleil, y hasta noviembre no se le termina el contrato. Hasta entonces no sabemos si Action Man tendrá vida en Las Vegas. Crucemos los dedos.

¿Algún papel que le gustaría interpretar? Siempre me ha gustado Indiana Jones o algún protagonista en Hollywood.

¿Para cuando alguna producción sobre el Ejército? Siempre en mis obras he metido armas, pistolas, defensa… Nunca me había planteado que el Ejército tuviera la posibilidad de colaborar en ello. Tengo cosas escritas. Por ejemplo, en Star Trip son cuatro militares científicos que van por el espacio para buscar vida. Desde pequeñito siempre tenía mis soldados de Geyperman, por lo que no lo descarto.

¿Qué opinión tiene sobre las Fuerzas Armadas? El ser humano no es el único que ha creado un Ejército; las hormigas, las abejas, las avispas… Todo crea una defensa. Es una cosa de la naturaleza. Y es necesario.

La bandera roja, amarilla y roja desde 1785 hasta hoy

La bandera roja, amarilla y roja desde 1785 hasta hoy

El Diccionario de la Real Academia Española define la bandera como “tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un asta o a una driza y se emplea como enseña o señal de una nación, una ciudad o una institución”. Sin embargo, bajo su significado se esconde una insignia, un símbolo de pertenencia y, por tanto, la labor de enarbolar el emblema nacional.

Bandera Batallón Cazadores Fernando VII de Valencia 1808. Primer uso de colores nacionales por el Ejército en la Guerra de la Independencia.

Hace 175 años se generalizó la representación por excelencia de los valores y la cultura acunados en España, que ya había traspasado nuestras fronteras y resplandece en todos los lugares donde se ha izado a lo largo de su Historia.

Tras su creación en 1785, el hito más importante ocurrió el 13 de octubre de 1843, cuando la Gaceta de Madrid publicaba el decreto que ordenaba sustituir las antiguas banderas y estandartes reales de los regimientos por los colores nacionales. El Gobierno, encabezado por Joaquín María López, pretendía eliminar las diferencias entre la bandera nacional y las particulares de los diferentes cuerpos del Ejército. Así, establecía que “las banderas y estandartes de todos los cuerpos e institutos que componen el Ejército, la Armada y la Milicia nacional serán iguales en colores a la bandera de guerra española”. El objetivo era aunar los colores de la bandera nacional para olvidar la división local y convertirla oficialmente en la de España y, en consecuencia, de sus Ejércitos.

Medalla de la victoria española en Bailén. 1808 Conmemoró la victoria española sobre los napoleónicos en Bailén (Jaén) en la Guerra de la Independencia. Es el primer uso de los colores nacionales sin relación con la Armada española.

Seguía así la expansión de una bandera cuyos colores se han conservado desde 1785 y su espíritu se ha mantenido durante 175 años, lo que ha servido de emblema para todos los españoles y, por ende, sus Ejércitos.

Nuestra bandera nació durante el reinado de Carlos III, cuando este la eligió como pabellón naval de la Armada mediante el Real Decreto de 28 de mayo de 1785. Así, los buques de la marina española comenzaban a llevar visible la bandera con los colores rojo y amarillo. El rey esgrimía las razones del cambio de los colores en que los barcos no distinguían con claridad en alta mar, lo que originaba conflictos con los demás navíos. Esto se debía a que durante el reinado de Felipe V y la dinastía de los Borbones la bandera representativa estaba formada por el escudo de armas y la cruz de Borgoña sobre fondo blanco.

El ministro de Marina, Antonio Valdés y Fernández Bazán, presentó al rey Carlos III doce propuestas de nuevas banderas para los navíos. La opción escogida no fue la misma para la Armada que para las embarcaciones mercantes. Solo compartían los colores, pero no el escudo -que la primera sí llevaba- ni el grosor ni el número de franjas. Se determinó que en el caso de los navíos de guerra, la franja amarilla central fuera del doble de ancho que las otras dos, de color rojo, como forma de representar los colores patrios utilizados tradicionalmente en Castilla, Aragón y Navarra. Además, el escudo incluía dos cuarteles con las armas de Castilla y León con la Corona Real encima.

Los navíos españoles conseguían distinguirse a largas distancias de aquellas naciones que también empleaban banderas de color blanco. Además, su uso se extendió en 1786 como sistema identificador para todas las plazas de costas y fortificaciones donde se encontraban unidades del Ejército, aunque con un escudo diferente al de la Armada y los buques de guerra, que constaba de cuatro cuarteles en cruz con dos castillos y dos leones, una granada en punta y en el centro el escusón de los Borbones. A los dos tipos de banderas de buques –de guerra y mercantes- –se asignó un tercero para los buques corsarios, que era una mezcla de las anteriores.

Precisamente, estos colores impulsaron el sentimiento popular durante la Guerra de la Independencia entre los ciudadanos españoles para reaccionar contra los franceses y proclamar sus valores tradicionales, además de animar al reclutamiento. Los ciudadanos se sentían representados con el rojo y el amarillo, aunque es cierto que durante este periodo se emplearon diferentes tipos de enseñas con fines propagandísticos. Esto se puede observar en la bandera del Batallón de Voluntarios de Fernando VII de Valencia.

Con la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812 se asienta el concepto de soberanía nacional -proclamado en el artículo 3- y se aleja del absolutismo. Sin embargo, la Milicia Nacional, un pseudoejército que defendía los ideales liberales, representaba sus ideas con banderas y estandartes de los colores rojo y gualdo para distinguirla del Ejército regular, como sucedió con la bandera del Batallón de la Milicia Nacional de Cabeza de Buey, conservada en las Cortes.

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Medalla de la victoria de Ayohuma (Bolivia). 1813. En las guerras civiles de independencia de Hispanoamérica los colores rojo, amarillo y rojo se utilizaron para expresar los deseos de unión y concordia entre todos los españoles. los del Nuevo y los del Viejo Mundo.

Así, el Gobierno, durante el reinado de Isabel II, decidió establecer en 1843 la bandera de guerra española para todos los cuerpos e instituciones del Ejército como símbolo nacional unificador. Esto se debía a que poseían banderas y estandartes distintos, ya que su creación responde a los diferentes reinos y provincias en los que estaba dividida España antiguamente. Incluso optaron por estos colores los carlistas -a pesar de lo que se cree- durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Durante esta época y el posterior reinado de Amadeo I de Saboya se mantuvieron las dos franjas horizontales rojas y la amarilla en el centro, aunque más tarde el escudo central sufrió modificaciones.

Durante esta época, se pueden destacar dos curiosidades. Por una parte, la bandera que recibieron algunos cuerpos del Ejército de África desde 1921 era de menor dimensión y tenía flecos dorados en el canto, con el emblema del Arma, Cuerpo o unidad en una de sus caras, con su vaina discontinua, algo que hasta el momento no se había visto. Por otra parte, los soldados recibían la conocida como “bandera de percha o de mochila”, que servía para tapar el equipo en los dormitorios y, en el caso de que murieran en combate, se les enterraba envuelto en ella.

Jinete de la Milicia Nacional de Madrid. 1820. La Milicia Nacional fue creada por las Cortes de Cádiz. Los colores nacionales en la faja de los jinetes representaron los ideales constitucionales.

Sin embargo, el Ejército asumió en la II República la bandera con tres franjas horizontales iguales de los colores rojo, amarillo y morado con el escudo que ya había adoptado el Gobierno provisional en 1868 y que acompañaba el nombre de la unidad en letras negras en la parte superior y blancas en la inferior. Recordaba a los estandartes de aquellos cuerpos del Ejército de África, ya que sus dimensiones eran menores y llevaba flecos dorados.

Durante la Guerra Civil el bando nacional utilizó en un primer momento la bandera de la República, aunque un decreto estableció su vuelta a los colores nacionales originales conservando el escudo republicano hasta 1938, cuando se sustituyó por otro inspirado directamente en el de los Reyes Católicos.

Bandera del 11º Regimiento de la Legión Auxiliar Británica. 1835. Durante la primera guerra carlista varios gobiernos europeos enviaron tropas para ayudar al gobierno español. La Legión Británica llevó banderas rojas, amarillas y rojas.

Así hasta llegar a la Constitución de 1978, que recoge cómo es desde 1785 nuestra bandera en el artículo 4.1: “está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Sin embargo, el escudo lo regula la Ley 33/1981, de 5 de octubre, que se compone de los cuarteles de los Reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra; acompañados de un entado en punta de Armas del Reino de Granada y de un escusón de la dinastía Borbón-Anjou. En la parte superior se coloca la corona real y en los laterales dos columnas rodeadas con una cintas de gules en la que se lee en la izquierda “Plus” y en la derecha “Ultra”.

Una bandera cargada de acontecimientos, valores y principios que representan a España a lo largo de los últimos siglos de su historia. No solo es el símbolo nacional, sino el emblema de los españoles que se aúnan bajo ella, sin importar en qué región de España y del mundo se encuentren.

Blog oficial del Ejército de Tierra