CONEXIÓN DIRECTA CON LA ANTÁRTIDA

El 12 de febrero de 2018 una luz se apagaba en la tierra para encender una sonrisa en el cielo. Una guía, como si fuera la estrella polar que indica el camino en las travesías más lejanas (llegó en diferentes misiones a Bosnia, Kosovo, Líbano e incluso a la Antártida). En este remoto paraje desembarcó hace cinco años el brigada Juan Antonio Revuelta Ponga con la mochila cargada de ilusión por mejorar las telecomunicaciones en el marco de la XXVII Campaña Antártica. Y también hasta allí arribó la estela de su risa.

Un gesto que los compañeros del brigada no han olvidado y que han homenajeado un año después de su partida. En la base española “Gabriel de Castilla” dejó su legado y gracias a su labor realizaron en febrero una videoconferencia muy especial entre la Antártida y España con la mejor excusa: bautizar el Centro de Comunicaciones de la base bajo el nombre de “CECOM Bg. Revuelta”. Un reconocimiento en el que participaron los componentes de la XXXII Campaña Antártica (en la Isla Decepción), el Regimiento de Transmisiones nº 22 (desde Madrid y Palma de Mallorca) y Ana Revuelta, una de las hermanas del militar (desde Santander). Una conexión que no se hubiera materializado si él no hubiera llevado a la isla el terminal que permite que la base tenga internet todos los días, una tarea que no fue fácil de conseguir pero que, en parte, logró Juan.

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Juan sentía vocación por su oficio: los sistemas de comunicaciones. Por eso no desaprovechó la oportunidad cuando llegó a la Antártida en 2014: quería implantar un nuevo sistema de banda ancha mayor al que ya existía. Sabía que el tiempo de misión lejos de casa, de su país y de su familia eran largos, por lo que puso todo de su parte para que los componentes de la Campaña se sintieran más cerca de su hogar. Planteó el proyecto para mejorar la conexión satélite de la base a través de la banda de frecuencias Ka, mediante la que se pueden transportar grandes datos en menos tiempo. No importaba en qué parte del mundo se encontraba, ni tan siquiera las circunstancias bajo las que trabajaba, porque su objetivo era mejorar las condiciones de la base.

El nuevo terminal, con una conexión de ocho megas (apenas era de un mega con la anterior banda), fue pionero en el uso de la banda Ka de frecuencias satélite por lo que “es un logro no solo ser consciente de esa capacidad, sino tener la virtud de implantarla en un territorio tan lejano, a 13.000 kilómetros (es la misión militar española más lejana del territorio nacional)”, tal y como asegura el jefe de equipo de Comunicaciones de la actual Campaña Antártica, capitán Bobi.

Quienes le conocían, recuerdan su sonrisa interminable, que se había convertido en una compañera inseparable, y ahora perdurará en la memoria. Un gesto ligado a la alegría que le caracterizaba y contagiaba a todos aquellos con los que se encontró en la corta travesía de su vida. “Confianza, compañerismo y amistad” son los tres calificativos que describen a la perfección la personalidad de Juan, según sus allegados, tal y como contó en la videoconferencia el jefe del RT nº 22, coronel Morón. Unas cualidades que se complementan con las de excelente profesional y que quiso ensalzar en el homenaje el sargento 1º García Román, quien le conoció en 1998: “Encontré un amigo en el que apoyarse en los buenos y en los malos momentos”.

brigada Juan Antonio Revuelta Ponga está trabajando en un gran radomo

Los compañeros del brigada Revuelta no pueden olvidar al hombre de la eterna sonrisa que tanto ayudó a mejorar los sistemas de comunicaciones. García Román leyó desde la Antártida una carta en su honor, donde destacaba que buscaba la excelencia colectiva para lograr que todos tuvieran mejores condiciones. Su primer destino como suboficial fue el RT nº 22 de Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde trabajó con los Terminales Satélite de Restauración de Red, lo que de alguna manera marcó su carrera profesional. Tanto él como sus compañeros pretendían encaminar las Transmisiones Españolas gracias a la implantación de los nuevos avances en tecnologías satélite. Un trabajo diario y constante en el cual Juan llevó por bandera ese valor de compañerismo. Los obstáculos que se encontraron por el camino no fueron una excusa para abandonar, y dedicó largas jornadas de trabajo en las que compartió sus conocimientos y consejos. García Román recuerda cariñosamente cómo les apodaban “los frikis de los Satélites” y es que no entendían de adversidades, tan solo compartían sus ganas por mejorar y ampliar sus conocimientos.

brigada Juan Antonio Revuelta

Un camino que culminó en la Antártida, donde aprovechó todo lo adquirido para volcarse en la Campaña. “Toda esta excelencia dio sus frutos e hiciste un proyecto que te abrió las puertas de lo que realmente merecías”, recuerda el sargento 1º. Una experiencia que vivió y de la que todos querían embriagarse de sus historias, con las que aconsejaba a los compañeros que querían seguir sus pasos. Porque él creía en los demás. García Román recuerda que es “un hito que perdura y que tanto los eruditos como los que no, saben bien de lo que hablamos. Sin lugar a duda, tus avances aquí son la envidia de todos aquellos que nos visitan en esta base y nos hace sentirnos orgullosos de ser tus compañeros”. Además, asegura rotundamente que el brigada hizo suyo aquel verso de Calderón de la Barca: Caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna, la milicia no es más que una religión de hombres honrados.

Cuentan de Juan que tenía unas excepcionales virtudes humanas y animaba constantemente a sus compañeros a perseguir sus objetivos. Destacan su cercanía e interés en que quienes trabajaban a su lado se integraran en la gran familia militar. No importaba el tiempo que llevaban juntos, él ayudaba a los que llegaban, razón de más que le hizo granjearse el cariño entre quienes le rodeaban.

Aunque ya hace un año que Juan partió a un nuevo viaje, es muy probable que en el cielo esté moviendo los satélites para que aquí, en la tierra, podamos estar conectados directamente con él.

«La RAE no enseña a hablar, sino que recoge el lenguaje»

SANTIAGO MUÑOZ MACHADO DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Los famosos percheros de los miembros de la Real Academia Española (RAE) no son los únicos que se adaptan a los cambios —se ordenan siempre por antigüedad, a excepción del director—. También lo hace la propia institución, que a lo largo de sus más de 300 años de historia ha debido asimilar los retos que plantea el uso de la lengua española. Una tarea que en enero asumió Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, 1949), el segundo académico no lingüista al frente de la Docta Casa. Aunque es consciente de las necesidades económicas que padece, prefiere destacar el trabajo centenario que realiza la institución.

¿Qué necesita la RAE para «limpiar, fijar y dar esplendor»?

Necesita gente capaz de entender bien el idioma, de manejarlo con solvencia, sentido común y autoridad para que las cosas que se dicen sean acogidas por el público hispanohablante y así mantener el prestigio que siempre ha tenido y que ha conquistado en 300 años de historia. El trabajo académico se desdobla en dos tipos: nuestros técnicos, todo el personal al servicio de la RAE, que es estupendo y trabaja todos los días; y luego los académicos, que perfilamos ese trabajo, y de ahí va a nuestras publicaciones. También se asientan nuestras opiniones, que emitimos de vez en cuando y tienen autoridad.

Santiago Muñoz Machado

¿Qué tal han sido sus últimos siete años como académico?

Muy interesantes. Lo mejor que se puede decir de la Academia es que es un lugar interesantísimo, comprometido y que exige mucha responsabilidad porque estamos jugando con un tesoro, que es la lengua de 570 millones de personas. No conozco ninguna institución —y yo he pasado por bastantes— que sea tan ilusionante y tan garbosa como la RAE, ni más importante el juego que se cultiva, que es hablar de la lengua, de palabras.

Curiosamente, ese uso de la lengua necesita embeberse de una disciplina, una de las características del Ejército.

Ciertamente. El Ejército es, hasta donde yo lo conozco, más parco en palabras que en acciones. Hay profesiones que viven de las palabras, como la mía básica, que es la de jurista. Somos gente que cultiva la ciencia de la palabra, tenemos que ser muy precisos hablando y utilizar los conceptos.

Las misiones internacionales del Ejército de Tierra se pueden considerar un vehículo transmisor de la lengua en otras partes del mundo…

No había pensado en eso, pero claro, también. Aunque los militares, últimamente, cuando hablo con ellos se han cultivado bastante en lenguas extranjeras y se manejan muy bien, sobre todo en inglés. Está bien que lleven el idioma por el mundo.

Algunos académicos de esta casa también han sido militares, como José Torrero y Marzo (en el siglo XVIII) o Eliseo Álvarez-Arenas (primera mitad del siglo XX).

En la actualidad está Miguel Sáez, que está en la Academia como traductor y antes ha sido general jurídico. Estuvo trabajando de fiscal en la Sala 5ª del Tribunal Supremo, que es la Sala de lo Militar. Es un sabio, un traductor extraordinario del alemán. Tiene traducidos personajes y autores complicados, como Günter Grass o Kaf­ka. Es un hombre de gran valía.

Santiago Muñoz Machado

¿Se ha deteriorado la lengua española en las últimas décadas?

Se dice del deterioro por el uso de la lengua en Internet, los whatsapps o los mensajes que tienen otros sistemas. Esa parte del deterioro ni tan siquiera lo consideramos como tal, sino como las formas de expresión en paralelo que se producen en el ámbito de las relaciones privadas y de las que no tenemos por qué preocuparnos. La lengua que se dice que se está deteriorando puede ser la de los medios de comunicación, de los programas de televisión y el lenguaje de la política. Hay más televisiones y programas, de modo que habría que hacer una auditoría lingüística de lo que están haciendo y los resultados serían catastróficos. A lo mejor la hacemos algún día (risas). En cuanto al lenguaje político, ahora no hay ningún político en las Cámaras que hable como Emilio Castelar, el conde de Romanones o Antonio Maura, pero son otros tiempos también. El lenguaje se ha acortado, la oratoria tiene otro énfasis.

¿Por qué la institución se ha adaptado al uso coloquial de las palabras, como «murciégalo» o «almóndiga»?

Se adapta absolutamente a todo. Algunas veces reprobamos algunas variantes del lenguaje, del léxico, del vocabulario o arreglos gramaticales, pero la Academia no es un castillo que esté reforzado para impedir cualquier cambio. Los idiomas cambian y al hacerlo se van adaptando. Nosotros vamos acogiendo lo que el pueblo usa. El otro día leí una frase bonita que pronunció Antonio Maura, cuando era director, con ocasión del segundo centenario de la Academia, en 1914. Dijo: «El idioma está en los labios del pueblo». Esto significa, desde el punto de vista de los intereses, que la RAE no enseña a hablar, sino que recoge el lenguaje tal y como lo va sedimentando el pueblo. Cuando una palabra, una expresión o un giro está suficientemente generalizado y tiene un uso intenso, la Academia toma nota y lo recoge.

Santiago Muñoz Machado

Por eso necesita académicos que provengan de diferentes campos y disciplinas, como en su caso, que es jurista.

Los juristas somos gente, como he dicho antes, para quienes lo principal del oficio es la palabra, el saber manejarla y ordenarla con razonamiento en un discurso con el que logres convencer al contrario. Eso es ser un buen jurista. Esta Academia siempre ha estado muy poblada de juristas, ahora hemos ido descendiendo y yo soy el único de la casa. Hay muchos académicos que hicieron la carrera de Derecho, pero luego se han dedicado a otras actividades.

¿Qué aportará ahora como director?

Como jurista, tengo que trabajar por la lengua y tratar de mantener la Academia con una buena gestión, mejorar sus recursos, ganar prestigio y tener mucha influencia en el ámbito hispanohablante. Yo he aportado un Diccionario del Español Jurídico y otro Panhispánico del Español Jurídico, que recogen todo el vocabulario del área hispanohablante. Los idiomas se generalizan a través de las leyes.

Blog oficial del Ejército de Tierra