Una tecnología de premio

El sargento 1º Rius ha sido galardonado en los premios Generacción por su sistema ideado para la adaptación de los antiguos terminales satélites Fleximux a tecnología IP, lo que permitiría la homogeneización de las comunicaciones satélite con un gran ahorro de costes

La evolución de la naturaleza de las misiones y de los escenarios donde se desarrollan, con un entorno cada día más complejo y globalizado, ha propiciado que las nuevas tecnologías se conviertan en herramientas fundamentales dentro de las Fuerzas Armadas de cualquier país. En la actualidad, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) se han incorporado al desarrollo del trabajo militar, y términos como “redes” o “satélites” forman parte ya del día a día de muchos combatientes. La adecuada obtención y explotación de la información es un factor esencial para asegurar el éxito de las operaciones. La alta complejidad de la materia exige de profesionales especializados y dedicados en exclusiva al estudio y aplicación de la misma. Así, al igual que en España, militares expertos en telecomunicaciones, informática o guerra electrónica, forman parte de los ejércitos de nuestro entorno, contando con cuerpos y unidades específicos dedicados a la adquisición, desarrollo y/o mantenimiento de materiales y proyectos relacionados con esta área de trabajo.

Las TIC, en permanente evolución, requieren de prestaciones técnicas cada vez mayores y unos altos estándares de seguridad, lo que en muchas ocasiones se traduce en elevados costes. Esa constante necesidad de actualización, propia de las nuevas tecnologías, es lo que ha llevado al sargento 1º Rius, destinado en el Taller de Satélites del Regimiento de Transmisiones

nº 22 (Pozuelo de Alarcón – Madrid), a diseñar y desarrollar un sistema para la adaptación de los terminales satélite Fleximux a tecnología IP. «Esto permite mejorarlos de una manera sencilla y con un ahorro significativo de costes», apunta Rius. Un trabajo que le ha hecho merecedor del primer premio de la categoría “Intraemprendimiento”, de la 8ª edición de los premios Generacción.

Hoy en día, siguiendo la línea de los actuales estándares internacionales, los nuevos terminales satélite que el Ejército de Tierra recibe cuentan con tecnología IP, más moderna, segura y eficiente. Sin embargo, aún se utilizan y forman parte de su dotación algunos terminales Fleximux, una tecnología que si bien es más antigua sigue siendo funcional. Es por ello por lo que el sargento 1º Rius se planteó darles una segunda vida, ideando alguna forma que permitiera su adaptación a IP —y, por lo tanto, modernizarlos y hacer uso de las capacidades que la tecnología IP permite—. Y es lo que ha logrado con este nuevo sistema, con el que se asegura «la consecución de mejoras en cuanto a seguridad, eficiencia, ancho de banda, velocidad y número de servicios soportados. Una solución definitiva para homogeneizar los tipos de comunicaciones satélite que se utilizan, tanto en zona de operaciones como en territorio nacional». El proyecto se ha desarrollado sobre terminales del Ejército de Tierra, pero también podría ser extrapolable a la Armada y el Ejército de Aire.

El ahorro que este sistema conlleva es importante, pues se estima que un terminal satélite con tecnología IP, con toda su electrónica asociada

—antena incluida—, puede llegar a tener un coste aproximado de hasta 300.000 euros, mientras que la adaptación del Fleximux se podría llevar a cabo por cerca de 60.000 euros. Además, «realizar el prototipo no ha supuesto ninguna inversión, puesto que se ha podido reutilizar material que ya se encontraba en la cadena logística del Ejército de Tierra», señala el sargento 1º.

Para su ejecución, se llevó a cabo un exhaustivo estudio de los componentes necesarios, así como del material para sustituir. Finalmente, se solicitó autorización de acceso al satélite para realizar la validación del terminal, procediendo a comprobar que se cumplían todas las especificaciones necesarias. Actualmente, ya existen dos unidades totalmente funcionales —el prototipo y una primera versión— y se trabaja sobre la propuesta de implantarlas.

El sargento 1º Rius se muestra satisfecho por haber logrado sacar adelante un proyecto de estas características, asegurando que se encuentra especialmente orgulloso de haber contribuido a mejorar las telecomunicaciones en las Fuerzas Armadas. Algo que ha logrado con iniciativa, esfuerzo y dedicación. «La ingeniería civil suele ser la que desarrolla sistemas que nosotros adquirimos, pero todo se puede mejorar y esto es una prueba más de que somos capaces de hacerlo», puntualiza.


Premios generación

El novedoso sistema ideado por el sargento 1º Rius ha sido galardonado en la 8º edición de los premios Generacción, que otorgan la Real Academia de Ingeniería, Fundación COTEC y Deloitte. Estos premios promueven proyectos que aporten valor a la sociedad y a la economía en España, tomando como base la innovación y el emprendimiento. El galardón le fue enviado al militar después de hacerle una simbólica entrega en una ceremonia celebrada virtualmente, en septiembre, con el fin de cumplir con las indicaciones sanitarias establecidas debido a la pandemia de COVID-19.

ENTREVISTA A… IGNACIO CEMBRERO, PERIODISTA

Si hubiera una amenaza exterior real, se dispararía la Cultura de Defensa

Texto: Selene Pisabarro

Foto: Sdo. Iván Jiménez (DECET)

Ignacio Cembrero (Madrid, 1954) es uno de los periodistas más reconocidos de España, especializado en el Magreb y Oriente Medio. Ha trabajado durante tres décadas en El País y, actualmente, escribe en El Confidencial y colabora con La Sexta, el Grupo Joly, Orient XXI (en Francia) y otros medios internacionales. Reconoce que le hubiera gustado aprender árabe cuando fue corresponsal en el Líbano o Marruecos; aun así, no tuvo problemas en sus destinos —incluso en Bruselas—, ya que habla inglés, francés e italiano. Aunque no hizo la “mili” porque vivía en el extranjero, tiene una gran Cultura de Defensa y participa habitualmente en foros sobre Fuerzas Armadas (FAS), por las que siente mucho aprecio..

¿Por qué eligió el Magreb?
En la vida hay casualidades, pero de todas formas pensaba —y sigo pensando— que es la zona más conflictiva del planeta. Prueba de ello es que siempre hay guerras de forma crónica y cuando era joven quería ver el conflicto de cerca. No exactamente la guerra, pero sí la zona que yo consideraba más convulsa, y creo que en buena medida lo sigue siendo. Los países del norte de África son, por otra parte, nuestros vecinos desconocidos.

Cambiaría su percepción cuando vio los conflictos de cerca…
No había una gran diferencia entre mis lecturas y la calle. Lo principal era que no sabías qué podía pasar mañana ni dentro de una hora. En el Líbano, en los años 80, me ha pasado que he quedado con alguien y, en vez de tomar un café, he tenido que ir a su entierro porque le había caído una bomba encima. Eso explica el grado de incertidumbre. Aquí, más o menos puedes prever el mañana, aunque a veces surgen cosas inesperadas. Allí, todo era inesperado.

Y, ¿cómo se sobrevive a ese día a día?
Para el que está de paso, como yo, es relativamente fácil, para los que viven allí es muy diferente. Por eso, muchos quieren huir —Turquía tiene millones de refugiados y cada año hay más—. Como periodista, es una experiencia profesional apasionante y mucho más llevadera porque sabes que tienes otro mundo en el que te puedes refugiar, al que puedes volver. Ellos no.

«Los países del norte de África son nuestros vecinos desconocidos»

¿Qué situación está viviendo el Líbano actualmente?
Han iniciado un proceso de reformas tras la explosión de Beirut, en agosto, aunque dudo mucho de que llegue a buen puerto. El problema del Líbano es que, pese a todo, era un país donde se podía vivir relativamente bien y había una clase media. Hoy en día, desde hace un par de años, es un país sumido en una gravísima crisis económica que ha empezado mucho antes que la pandemia. Y no olvidemos que es un país generoso, ya que acoge a más de un millón de refugiados.

Mientras, Libia es uno de los Estados fallidos.
Hay unos cuantos y, probablemente, dentro de unos años habrá alguno más. ¿Tienen solución? Por agotamiento de los contrincantes. No lo sé, no me atrevería a hacer un pronóstico. Veo que, desde la mal llamada primavera árabe —que en muchos casos ha acabado en un invierno gélido o en un infierno—, han surgido Estados fallidos como Libia o Yemen. En Siria hubiese sucedido probablemente lo mismo de no haber sido por la intervención de Rusia, Irán y la milicia libanesa Hezbolá.

¿Terminará la guerra en Siria?
No. Lo que sí ha quedado claro es que un presidente, como Bachar Al Assad —por el que nadie daba dos duros al principio de la contienda—, hoy día se va a mantener en el poder, gracias a Rusia, Irán y Hezbolá.

Dicen que todo depende de la perspectiva: ¿cómo veía España cuando era corresponsal?
En aquellos años, en Líbano, lo veía como un país inexistente, con buena fama y reputación, porque se consideraba el país de Al Ándalus, donde había existido una civilización musulmana, que era la luz de una Europa sumida en las tinieblas. A finales de los 80, en Bruselas, era otra España: se insertaba en Europa, en el mundo, e iba adquiriendo poco a poco más peso y cuya transformación suscitaba cierto respeto y a veces admiración.

¿Cuáles cree que son los puntos fuertes de nuestras FAS?
Su labor en el extranjero, su grado de aceptación por la población local allí donde trabajan en el extranjero, la cooperación, colaboración con las autoridades locales… Logran tener, en general, una relación más estrecha y más cordial que otras fuerzas europeas que trabajan en el mismo territorio bajo el mando de la ONU, la Unión Europea… Aunque a veces no funciona, casi siempre hay un intento por parte de los mandos de tener esa cercanía. Como punto débil, la escasa Cultura de Seguridad en España.

¿Qué opina de la Cultura de Defensa?
No solo los militares deben impulsar la Cultura de Defensa, es una labor de otras administraciones, de los centros educativos, las universidades… Si hubiera una amenaza exterior real, se dispararía la Cultura de Defensa. Creo que, hasta cierto punto —habrá que verlo—, la pandemia ha ayudado a entender la labor del Ejército, pero eso es solo una pequeña faceta. Hay otras muchas, por supuesto, en el exterior y en la defensa del territorio, que son ignoradas o no lo suficientemente valoradas.

Blog oficial del Ejército de Tierra