EMMOE: 75 AÑOS EN LA CUMBRE

Desde su posición privilegiada a los pies de los Pirineos, la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales destaca por haberse convertido en un centro de excelencia durante los últimos tres cuartos de siglo

Texto: Ana Vercher

Fotos: EMMOE 

El 12 de abril de 1945 veía la luz la organización de la Escuela Militar de Montaña, antecedente de la actual Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), ubicada en Jaca (Huesca). En aquel momento, el objetivo era unificar las enseñanzas de montaña existentes, desarrolladas de manera muy precaria. Desde entonces y hasta la actualidad, la EMMOE no ha dejado de evolucionar hasta convertirse en un centro docente militar de referencia y de reconocido prestigio, tanto nacional como internacional, en el que se han diplomado más de 4.000 militares de 18 países diferentes, y que este año celebra un cumpleaños muy especial.

La razón de ser de esta escuela reside, precisamente, en sus dos departamentos: Montaña y Operaciones Especiales. A través de ellos, se estructuran los diversos cursos que se imparten y que han convertido a la EMMOE en una “formadora de formadores” de referencia. En este sentido, la última incorporación a su oferta docente ha sido el Curso Básico de Montaña, destinado a tropa procedente de unidades de montaña. Precisamente, una de las variaciones que se han producido en los últimos años es que los cursos ofertados ya no se ciñen exclusivamente a los cuadros de mando.

«Sus cursos, de gran dureza física, psicológica y técnica, son reconocidos dentro y fuera del país»

Los cambios que se han vivido a lo largo de estos tres cuartos de siglo de historia han sido muchos, pero hay algo que se ha mantenido: hablar de instrucción en montaña o en operaciones especiales es hablar de excelencia. «Tanto en el caso de los cursos de operaciones especiales como en los de montaña, la dureza física es grande. Pero, además, en los primeros hay una carga psicológica importante, mientras que en los segundos es mayor la necesidad de dominio de aspectos técnicos», apunta el suboficial mayor Moliné, destinado en el centro. Una exigencia que llevó a reformular la selección del personal que va a formar parte de algunos cursos, como es el caso del de Aptitud Básica de Operaciones Especiales dirigido a tropa. Impartido por el Mando de Operaciones Especiales, bajo la dirección técnica de la EMMOE, su duración se ha incrementado hasta las 1.000 horas y sus participantes deben haber superado una serie de pruebas físicas, médicas, psicológicas y de decisión, pues la clave es que «quien dude si realmente ese es su camino, se dé cuenta antes de comenzar».

Para adaptarse a las necesidades técnicas que desarrollan los profesionales de la montaña, la actualización de los materiales ha sido una constante: botas de Gore-Tex, raquetas de nieve de plástico con un sistema de sujeción semiautomático o cuerdas de escalada de poliamida que aguantan cargas de más de 2.000 kg. Son algunas de las mejoras que se han incorporado a una equipación que debe proporcionar seguridad en los peores escenarios posibles, con condiciones ambientales que pueden llegar a ser muy complejas. «Hoy día contamos con los mejores materiales, acordes a los que se puedan necesitar en las unidades, desde transmisiones hasta armamento», señala el suboficial mayor Moliné. «Estamos en permanente colaboración con las unidades para que los alumnos puedan usar el material que después se van a encontrar en sus destinos», añade. Esto se vuelve fundamental si tenemos en cuenta que los riesgos a los que pueden enfrentarse son muchos, desde avalanchas hasta situaciones de aislamiento, pasando por la necesidad de optimización de medios.

En la época actual, la EMMOE también ha tenido que adaptarse a la nueva situación provocada por la pandemia de la COVID-19. Así, sus cursos se desarrollan con todas las medidas de seguridad establecidas por las autoridades sanitarias: la adecuación de las instalaciones para limitar el número de personas presentes a la vez, la división en grupos para llevar a cabo las pruebas físicas o la realización de PCR al personal son algunas de ellas.

Al hablar de este centro, no se puede olvidar el Equipo de Esquí del Ejército de Tierra. Este ha participado en numerosas competiciones militares fuera de nuestras fronteras —ha obtenido trofeos internacionales en Alemania, Argentina, Suiza o Estados Unidos, entre otros países—. También ha ayudado a difundir la cultura de Defensa en nuestro país, gracias a sus logros en torneos civiles, y se ha alzado con diferentes campeonatos nacionales de España en las modalidades de esquí de fondo, travesía, biatlón o triatlón de invierno.

Además, cabe destacar el Grupo Militar de Alta Montaña, creado con el objetivo de potenciar el mantenimiento del nivel técnico del cuadro de profesores y de servir de banco de pruebas para la experimentación de materiales, técnicas y procedimientos de montaña. El palmarés de este grupo es de primer nivel y se distingue por la consecución de los conocidos como “los tres polos” —travesía a los Polos Sur y Norte y ascensión del Everest— o “las siete cimas”—consistente en ascender las cimas más altas de los seis continentes (siete, si se diferencia entre Norteamérica y Sudamérica)—.

Sin duda, la EMMOE «marca carácter y, cuando se termina el curso descubres que eres otra persona diferente», asegura el suboficial mayor Moliné. «Eres capaz de hacer cosas extraordinarias pero siempre desde la humildad», finaliza.

ACTOS CONMEMORATIVOS

La situación de crisis sanitaria producida por la COVID-19 ha impedido que la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales celebre todos los actos que tenía previstos para su 75º aniversario. No obstante, siguen adelante algunas iniciativas como la publicación de un libro, que ya se está elaborando, donde se recogerán sus principales trabajos y novedades, y que se pretende que vea la luz el 12 de abril de 2021, cuando finaliza este especial aniversario.

Por su parte, el Museo de la EMMOE abrió sus puertas al público en julio, en la Ciudadela de Jaca. Constituye un espacio en el que los visitantes podrán conocer los inicios, evolución, logros y actividades de la escuela y en el que se trabaja para poder virtualizarlo y conseguir que llegue a todos los hogares.

La cerámica de Ruíz de Luna en el Ejército

Felipe Pulido / Talavera de la Reina

Talavera de la Reina es conocida como la ciudad de la cerámica y, precisamente, desde el 11 de diciembre de 2019, esta técnica se incluye en la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, elaborada por la UNESCO. Aunque el trabajo del barro se empezó a emplear en la Prehistoria, no siempre ha vivido épocas en las que se haya valorado lo suficiente. Así ocurrió en el siglo XIX, cuando la cerámica de Talavera atravesaba uno de sus peores momentos. Fue entonces cuando Juan Ruiz de Luna —Noez (Toledo), 1863—, uno de los ceramistas más relevantes del siglo XX, dotó a esta técnica de una nueva etapa gloriosa en la ciudad. El Ejército de Tierra puede dar testimonio de este renacimiento, que recuperó técnicas de siglos pasados.

Resucitar lo pasado, renovando la tradición, es una de las maneras más hondas de fraguar porvenir y hacer progreso. Son palabras de Miguel de Unamuno en el libro de firmas de la fábrica de Ruiz de Luna. Eso fue lo que pretendió el artista cuando puso en marcha el taller Nuestra Señora del Prado, el 8 de septiembre de 1908.

Los más de 50 años de vida de la fábrica, hasta 1961, dejaron casi 600 piezas de catálogo. El Ejército de Tierra cuenta con más de una decena de obras del ceramista. El coronel (en la reserva) González de Caldas, consciente de la importancia que tiene la cerámica de Ruiz de Luna en las Fuerzas Armadas, decidió reunirlas en un libro: La cerámica de Ruiz de Luna en los Ejércitos. La publicación, de 2012 y editada por el Ministerio de Defensa, hace un recorrido por el valioso legado que preserva la Institución.

«Las obras de Ruiz de Luna que atesora el Ejército sobresalen por su número, variedad, estado de conservación y dispersión, ya que podemos encontrarlas en diferentes unidades y museos, repartidos por la geografía española», explica el coronel en declaraciones a Tierra.

Asimismo, destaca que muchas de ellas están fechadas en la segunda época de su alfar, entre 1915 y 1942, que fue el período de mayor calidad y en el que el ceramista tuvo una participación más directa en los trabajos.

Por su importancia, destaca el conjunto de piezas realizadas para la capilla, el hogar del soldado y los jardines del acuartelamiento “Los Leones” (Segovia), del entonces Regimiento de Artillería nº 13. Actualmente pueden contemplarse en la Academia de Artillería y en el Alcázar de Segovia.

«La obra se trata de un memorial a los caídos del propio Regimiento, que se completaba con un listado a los que dieron su vida por España, hoy desaparecido», matiza el coronel. De este conjunto destaca el retablo de Santa Bárbara (1939), actualmente localizado en la Academia de Artillería. En el centro del altar cabe resaltar el escudo de los artilleros. Algunos de los moldes utilizados para esta obra son comunes a otras realizadas por el artista. Se podría reseñar, por ejemplo, la similitud entre las pilastras del altar de Santa Bárbara con las que aparecen en la Capilla Sixtina de Ruiz de Luna, una de las obras más representativas del artista y localizada en el municipio toledano de Castillo de Bayuela. «Esto es común por el elevado coste económico de realizar un molde, por lo que se reutilizaban en distintas obras», explica la biznieta de Ruiz de Luna, Mónica García del Pino, que continúa el legado de su antepasado en Cerámica San Ginés y es, además, la promotora del mural de cerámica más grande del mundo, localizado en Orán (Argelia).

 

 

En ese sentido, Vicente Magaña, también miembro de la familia Ruiz de Luna, explica la importancia de la personalización de las obras con temáticas militares. «Eso se sale de la propia motivación renacentista y da un paso más», mantiene.

Junto a las obras de Segovia, destacan también las realizadas para el entonces Regimiento Divisionario de Artillería nº 12, localizado en Mérida (Badajoz), y el que fuera Regimiento de Artillería Pesada nº 64, de Ciudad Real.

Sin embargo, ¿dónde nace la relación entre Ruiz de Luna y el Ejército? El profesor Vicente Magaña destaca la vinculación existente entre el ceramista y el Ejército, además de que la fábrica sirvió de refugio a militares. Sin embargo, las propias memorias del artista no reflejan cómo se produjo la petición de estos encargos. Por su parte, el coronel González de Caldas señala que en dos de las piezas, realizadas para el Regimiento de Artillería nº 13, figuran los nombres del coronel José Sánchez Gutiérrez y del teniente coronel Emilio Colorado, como promotores del encargo a la fábrica. Y añade que las piezas más antiguas (del Ejército) son dos pies fechados en 1916, propiedad del Centro Cultural de los Ejércitos. «Aunque no es una institución militar, propiamente, sus miembros sí lo son y puede que alguno de sus socios se animase a hacer el encargo».

Hablar de cerámica en Talavera de la Reina es casi como hablar de Ruiz de Luna. El ceramista pretendió recuperar las técnicas y motivos de los siglos XVI y XVII, los de mayor esplendor, y logró un nuevo resurgir de esta técnica. De aquellos hornos salieron piezas que el Ejército conserva y que forman parte de la historia de la fábrica, que marcó un antes y un después en la ciudad.

UNA FIRMA SINGULAR

La firma que emplea Ruiz de Luna para los conjuntos u obras más emblemáticas suele reflejar su nombre completo. En este sentido, es llamativa la forma que emplea en el Panel de Santa Bárbara, sobre dos piedras, algo inusual. En las piezas menores aparece una media luna.

Blog oficial del Ejército de Tierra