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CONOCER A… COMANDANTE MAYORAL

Las distancias se hacen cortas

Felipe Pulido / Madrid

El comandante Mayoral, destinado en la Academia de Logística del Ejército, en Calatayud (Zaragoza), comenzó su carrera como atleta con tan solo 11 años. «El profesor de Educación Física nos propuso realizar una prueba para formar parte del equipo del colegio», recuerda. Aunque no consiguió inicialmente estar entre los seleccionados, el propio profesor quiso contar con él. Aquel día se abrió una etapa apasionante en lo deportivo, en la que ha conseguido acortar distancias hasta lograr en 2020 la primera marca en el ranking nacional de 400 metros, dentro de la categoría Máster 55.

«Lo normal con la edad es conseguir mejores resultados en distancias más largas y perder velocidad», expone. En su caso, tanto él como su actual entrenador, Luis Javier Alonso, vieron que, a medida que se iban reduciendo las distancias, las marcas eran más relevantes, y el año pasado decidieron regresar al medio fondo, tras haber dedicado los esfuerzos de los últimos años a la competición de fondo. El resultado les fue favorable, ya que además del éxito en 400 metros también logró la mejor marca en 800 metros y la tercera en el ranking nacional de ese año en 1.500 metros en su categoría. Además, en octubre se proclamó campeón de España en Máster 55 en las distancias de 800 y 1.500 metros.

Una de las claves para progresar en este deporte es disponer de un plan de entrenamiento que se adapte a las condiciones y exigencias del atleta. «No consiste en entrenar mucho, ni rápido; lo importante es hacerlo bien», asevera. Además, cuenta con el apoyo de su mujer y sus dos hijos, de 24 y 21 años. Concretamente, la mayor, su hija Raquel, es dietista-nutricionista y se está especializando en lo relacionado con el mundo deportivo. «Sus consejos y dietas son muy importantes para mí», afirma

También es fundamental el apoyo de sus compañeros de la Academia de Logística, quienes le aportan las facilidades necesarias para mantener el ritmo de entrenamiento y para las competiciones. «El aspecto emocional siempre es muy importante antes de cada prueba», matiza.

Para el protagonista de esta historia, el Ejército es una parte muy importante de su vida, ya que con solo 15 años ingresó en el Instituto Politécnico nº 2 y tres años después lo hizo en la Academia General Básica de Suboficiales. Todo este tiempo ha participado en competiciones civiles y militares, incluso después del ingreso en la antigua Escala Media, con la que accedió a los empleos de oficial del Ejército. Sentir los colores de su país, ya sea con el uniforme o con una camiseta de la selección nacional le emociona. De hecho, ha tenido la oportunidad de representar a España en dos Campeonatos de Europa en 2018. «Recuerdo estas carreras con cariño y todavía me estremece ver las fotografías con la camiseta española».

Durante todos estos años ha mantenido muchos valores que son comunes entre el Ejército y el ámbito deportivo: disciplina, capacidad de esfuerzo o sacrificio. Algunos de ellos los aprendió de Arturo Cutillas, aquel profesor del Colegio “Santo Domingo de Silos” (Zaragoza) que puso su confianza en él y le dio su primera oportunidad como atleta. «Con el tiempo se convirtió en mucho más que un entrenador, fue nuestro padre deportivo», señala echando la vista atrás. Aunque desde aquellos inicios han pasado ya 45 años, lo recuerda como si fuera ayer, ya que no solo en lo deportivo las distancias se hacen cortas.



Una historia sin límites

Felipe Pulido / Madrid

La vida del cabo Domicio de la Aldea, destinado en la Oficina de Apoyo al Personal del Acuartelamiento “San Fernando”, en Zaragoza, es una historia de superación. Una lesión en el hombro en el año 2007, que se complicó y estuvo a punto de costarle la vida, le cambió para siempre. Desde ese momento, y a pesar de tener más de un 33% de discapacidad, decidió no poner límites a sus metas.

En ese camino encontró al cabo Jean Pedraza, invidente y en situación de retiro. Ambos se hicieron aliados en la causa por demostrar que la vida tiene segundas oportunidades. Así surgió el proyecto “Servir sin límites”, cuyo objetivo es dar visibilidad a la discapacidad en las Fuerzas Armadas a través del deporte.

Ahora acaban de presentar su iniciativa por segunda vez a las becas «Where is the limit?», con el objetivo de participar en el “IV CXM Desafío FAS Ascenso al Puig Major 2021”, que se celebrará previsiblemente en el mes de junio en Mallorca, con un recorrido de 43 kilómetros. «Participamos en muchos proyectos», reconoce el cabo de la Aldea.

“Servir sin Límites” es una evolución de diferentes iniciativas, ya que ambos llevan corriendo más de seis años juntos. Comenzaron a hacerlo en la «Carrera del Ebro», tras el paso a la reserva del anterior guía de Pedraza, el suboficial mayor Antonio Cabañero. «Jean sufrió sus heridas en el “Campo de San Gregorio” (Zaragoza) y verlo correr tan cerca de ese mismo lugar fue algo que me impactó, pero a la vez me sentí realizado al poder ayudar a alguien con otra discapacidad diferente a la mía», manifiesta.

En 2020 el proyecto se materializa y optan por primera vez a estas becas. Aunque no fue posible conseguirlo en aquella ocasión, no han querido tirar la toalla y desean volver a intentarlo. De la Aldea participó en el «Ascenso al Puig Major» en 2019, en la modalidad corta 17 Km, pero su ilusión es hacerlo junto a su compañero: «Cuando surgió la oportunidad de las becas tenía claro con quien quería hacerlo», asevera.

En este camino les une una gran amistad, pero también una gran vocación militar. «Tras el accidente luché por mantenerme en activo en las Fuerzas Armadas y poder poner mis conocimientos y mi experiencia, tanto profesional como personal, al servicio de los demás a través de mi trabajo en la Oficina de Apoyo al Personal es la mayor de las recompensas», añade.

Quiso ser militar siguiendo su compromiso de servicio a los demás: «Cuando hice el servicio militar obligatorio descubrí que mi vocación era plena y que quería hacer eso el resto de mi vida», asegura. Además desde el 2005 se convirtió en militar de Tropa con carácter permanente, con lo que seguirá manteniendo su compromiso vinculado a las Fuerzas Armadas.

Deporte y Ejército son su vida. Tras el accidente que le cambió para siempre decidió que los valores de ambos sirvieran para ayudar a los demás. Precisamente sus dos hijas, de 9 y 12 años, siguen su ejemplo. «La mayor se detuvo en una competición al ver a una compañera en el suelo para ayudarla y decidió entrar la última en la meta para que ésta no perdiera», explica el cabo.

Ahora pone la vista en nuevos retos en los que participar en cuanto le sea posible, como son los “101 kilómetros de Ronda”. Para él no hay obstáculos, la voluntad todo lo puede, y así es como se escribe cada día una historia que no tiene límites.