“Nunca es tarde para alcanzar tus sueños”

ALBERTO MORANO / NADADOR

Alberto Morano (Madrid, 1980) ha logrado reunir el sueño de ser deportista de élite y guardia civil en una sola realidad. Poco queda ya de aquel niño de cuatro años al que no le gustaba el agua cuando lo lanzaron por primera vez a una piscina en la localidad madrileña de Fuenlabrada. Pero en su historia nunca existieron los relojes, solo los sueños. Impulsado por este espíritu de superación consiguió, con 29 años, pasar de categoría máster (veterana) a absoluta, algo inédito en España y que no tardó en ser recompensado con las victorias en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos en Irlanda del Norte y en los Juegos Mundiales USIP (International Police Sport Union), en Colombia. En su destino actual, en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil, en Aranjuez (Madrid), asesora al mando en la preparación de los cadetes. Sin embargo, Jumoba —como se hace llamar— va más allá y pretende ayudar ahora a otros a alcanzar su meta.

A través de las redes sociales responde a las dudas que le plantean los aspirantes a la Guardia Civil o Fuerzas Armadas…

Cuando yo quise ser guardia civil no era tan fácil que alguien te ayudara o te diera un consejo, ahora tenemos más posibilidades. Empatizo mucho con ellos, porque recuerdo mi etapa como opositor y soy consciente de la dificultad que entraña conseguir una plaza. Me siento bien al saber que con mi experiencia puedo ayudar a otras personas.

Anima, además, constantemente a la práctica de actividades deportivas en plataformas como Instagram. ¿En qué momento surge esta idea?

Siempre me ha parecido importante, pero al realizar el Curso de Instructor de Educación Física, en 2015, descubrí el porqué de muchas cosas. El deporte es bueno en todos los sentidos: en el plano físico y en el psicológico. Desde que estoy haciendo las labores de instructor de educación física lo tengo grabado más a fuego. Si puedo transmitírselo a alguien, eso que hemos ganado.

Su vinculación con el deporte ha ido cambiando. ¿Aprendió a nadar con cuatro años?

Era muy pequeño, pero aún conservo algunos recuerdos de aquella piscina de Fuenlabrada, donde vivía. Entonces no me ilusionaba especialmente la natación, pero mis padres me apuntaron para aprender.

¿Cómo se pasa de aquel niño al que prácticamente no le gustaba el agua al deportista de élite?

He practicado otros deportes, como el fútbol o judo, incluso a nivel federado, pero, finalmente, te tienes que decantar por uno y yo lo hice por la natación. Desde los 12 hasta los 16 años estuve en un club, pero no destacaba. Íbamos los tres hermanos. Cuando decidí entrar al Ejército del Aire, aposté por mantenerme más en forma y empecé a practicar otros deportes en detrimento de la natación. Es verdad que tenía cierto estilo, al haber estado en un club, pero todo conlleva un proceso muy largo.

Fue en Mallorca, con 23 años, cuando alguien dijo: «Este chico vale».

Estaba allí destinado, como guardia civil, tras haber dejado el Ejército del Aire. Seguía haciendo deporte e iba al gimnasio, donde solía nadar. Con esa edad no era el niño de 16 años, estaba formado y, aunque tenía aún alguna carencia técnica, había evolucionado mucho. Un día me vieron los socorristas y quisieron ficharme para un club de categoría máster que había en Palma. Yo les dije que mi estancia allí era temporal, pero ellos pretendían que siguiera nadando en la Península. Empezaron a ilusionarme un poco y, cuando regresé a Madrid, comencé en el Club de Aranjuez. Estuve allí desde los 24 hasta los 29 años, cuando pasé a categoría absoluta.

Lo normal es pasar de categoría absoluta a máster, pero en su caso sucedió al revés.

Fui a ver a un conocido a uno de los campeonatos absolutos de España, que se celebró en Barcelona. Me llevé mi mochila, con el bañador, en un tren que iba por la noche. Ahí empezó todo. Estuve junto al Club de Natación Madrid Moscardó y conocí a su entrenador. Al verme nadar me dijo: «Yo te puedo ayudar». Cuando te dice eso alguien de un club absoluto no puedes decir que no. Yo quería demostrarme a mí mismo hasta dónde podía llegar y con 33 años hice mi mejor marca.

¿Nunca es tarde?

Todo ha ido de forma paralela a mi vida profesional. Cuando me destinaron en la Academia de Oficiales, mi vida se organizó y pude dedicar más tiempo a la natación. Detrás hay un esfuerzo y un sacrificio, aunque muchas veces eso no se vea.

¿Cuál es la clave del éxito?

Sacrificar muchas cosas, dedicación, constancia y saber levantarse cada vez que te caes. Hay que insistir hasta que consigues la marca que quieres. En el caso de los opositores que se preparan para acceder al Ejército o a la Guardia Civil, les recomiendo que si tienen ese sueño y quieren cumplirlo, no dejen de luchar por ello. Nunca es tarde para alcanzarlo.

¿Por qué es importante inculcar el deporte en las Fuerzas Armadas?

Lo es para todo en la vida, pero para nosotros más, ya que dependemos de nuestro estado físico. El deporte es importante no solo para el servicio, sino para la salud. Si estás saludable vas a trabajar mejor. Es una forma de vida.

Mantiene colaboraciones con la Escuela Central de Educación Física del Ejército de Tierra.

Esto nace tras realizar el Curso de Instructor en 2015. El coronel director quiso contar conmigo y hoy por hoy ya voy por la novena colaboración. La Escuela acaba de cumplir 100 años y representa la cuna del deporte. Es un honor que cuenten conmigo.

¿De dónde viene la vocación de servicio a España?

Mi referente fue mi hermano mayor, capitán del Ejército del Aire. Traté de seguir sus pasos. Cuando veía a un guardia civil en la calle pensaba en ser como él. Siempre me ha gustado ayudar a la gente e intento inculcárselo a mi hijo. Hace poco iba con él y nos encontramos con una persona que no podía arrancar el coche y nos detuvimos. Al regresar, me preguntó por qué la habíamos ayudado y yo le respondí que siempre somos guardias civiles, aunque no llevemos uniforme. Él se siente también guardia civil (risas). Lo importante es que sea buena persona.

El nombre de Jumoba tiene cierto significado…

Corresponde con el nombre de mi hijo y mis dos apellidos: Julen Morano Barroso. Curiosamente, me hacía llamar así antes de que él naciera. Me gustaba mucho el exfutbolista del Athletic de Bilbao Julen Guerrero y por eso quería ponerle ese nombre.

¿Qué retos tiene por delante?

Intentar ser mejor persona y transmitir a mi hijo los valores que a mí me han ayudado. Profesionalmente, trato de intentar superarme y formarme en mi día a día. En cuanto al deporte, quisiera participar en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos, que se celebrarán en los Países Bajos, en 2021. Me gustaría que fuera como una retirada y que mi hijo me vea competir.

Entrevista a Alberto Morano

CONOCER A… CABO PALOMO «VIVO POR ELLA»

Texto: Felipe Pulido

Fotos: Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” nº 1

El cabo Palomo, destinado en el Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” nº 1, vive por y para la música. Su trayectoria no se entiende sin las notas que han ido marcando su camino y que le han consagrado como una de las voces más emblemáticas del Ejército.

Es común verlo en los numerosos conciertos que ofrece su unidad y que le han llevado a escenarios tan importantes como el Palau de la Música, en Barcelona, o el Teatro Monumental de Madrid. A pesar de ello, siempre se ha mantenido ligado a su pueblo, Torrijos (Toledo), donde formó parte de la Coral Polifónica Teresa Enríquez y, actualmente, continúa en la Banda Músico-Cultural Santísimo Cristo de la Sangre, dirigida por el subteniente Gericó, destinado en la Academia de Infantería.

Fue allí, en su municipio, donde el tenor dio sus primeros pasos en el ámbito musical, cuando tenía ocho años. «Un religioso nos hizo una prueba de canto en el colegio y yo salí elegido entre los demás niños», recuerda.

A partir de ahí comenzó a formarse y a modular la voz. En esta primera etapa tuvo gran importancia su paso por la Escolanía del Valle, donde permaneció durante cuatro años. Allí aprendió canto gregoriano y polifonía. Además, en el Conservatorio de San Lorenzo de El Escorial comenzó a demostrar su talento con la flauta travesera.

Su destreza con este instrumento le abrió las puertas del Ejército de Tierra. Un conocido, también militar, le habló sobre la posibilidad de entrar como músico en las Fuerzas Armadas y, así, decidió compaginar su vocación musical con su servicio a España. Su primer destino fue la antigua Fuerza de Maniobra de Valencia, donde estuvo los tres primeros años, hasta que llegó al Regimiento “Inmemorial del Rey” nº 1.

«Aunque tengamos la especialidad de músicos, nosotros somos de Infantería», asegura. Y es que los valores militares se desprenden de cada una de las notas que emanan de sus interpretaciones. La disciplina, el sacrificio o el esfuerzo son fundamentales. «Un músico tiene que ensayar y practicar todos los días, para no perder lo que se ha ganado con tantos años». A ello se suma el compañerismo, ya que sin el trabajo de todos no se conseguiría el resultado final.

Anécdotas no le faltan, como aquella en la que la unidad descubrió sus dotes como solista. Hasta ese momento se había dedicado a su instrumento, la flauta travesera; sin embargo, en una ocasión, mientras viajaba en autobús junto a sus compañeros, uno de ellos le propuso que cantara el Ave María, de Gounod. Su voz impactó a los presentes hasta el punto de que su superior, también en el lugar, le llamó para mantener una reunión con él. A partir de ese momento, comenzó a participar como solista en los conciertos de la Unidad de Música.

Aunque ha interpretado principalmente géneros como la zarzuela o la música clásica, tiene la capacidad de adaptarse a cualquier otro que le pidan. A sus 40 años recién cumplidos, lleva media vida en el Ejército y 30 subido en un escenario. «La inspiración está dentro del tema que estamos interpretando», asegura.

En un momento como el actual, enmarcado por la crisis sanitaria por COVID-19, en la que han fallecido miles de personas, recuerda la banda sonora de La lista de Schindler. Sin embargo manifiesta que, a veces, el ser humano busca en la música otros sentimientos más positivos para las situaciones más complejas, como se ha hecho con la canción Resistiré, del Dúo Dinámico.

Cuando sale al escenario sabe que está doblemente arropado: como músico y como militar. «A veces, te sientes muy pequeño ante ese público, pero cuando la voz empieza a sonar, la música te hace crecer», asevera.

Pese a todo, piensa que nunca se alcanza la plenitud musical, que siempre hay alguien mejor y hay que aspirar en cada momento a la superación y al aprendizaje continuo. Así, camina por su propio pentagrama, marcando notas a cada paso y dejando en ellas sus sentimientos, porque la música es así, fiel y sincera de por vida.

Blog oficial del Ejército de Tierra