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Cien años desde la cuna

Felipe Pulido / Ceuta

La Legión celebra cien años desde que el primer legionario se alistó en sus filas. El 20 de septiembre de 1920, Marcelo Villeval Gaitán, de 30 años de edad y natural de Ceuta, dio el primer paso, pero después vendrían muchos más que marcarían la historia de los “novios de la muerte”.

El capitán Lisbona, destinado en la Plana Mayor del Tercio “Duque de Alba” 2º de la Legión, no oculta el orgullo que le produce formar parte de esta unidad centenaria. “Se ha estado preparando la efeméride con mucho cariño para celebrarlo como se merece”, manifiesta. Sin embargo, lamenta que la situación ocasionada por la COVID-19 haya empañado parte de los actos previstos.

Ceuta es la cuna donde comenzó a tejerse la historia y de la que emanaron, poco después, los propios Espíritus que conformarían el Credo Legionario, redactados por su propio fundador, José Millán-Astray. Precisamente dice uno de ellos: “Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir”.

Y ahí ha estado la Legión, cumpliendo su misión, obedeciendo a las necesidades de España en una de las situaciones más complejas de las últimas décadas y demostrando que cien años después los valores fundacionales de aquellos primeros hombres siguen vivos en sus unidades.

Fue el 28 de enero de 1920 cuando Su Majestad Alfonso XIII firmó el Real Decreto por el que se establecía el Tercio de Extranjeros, con el que se creaba la Legión. Luís de Marichalar y Monreal ejercía como Ministro de la Guerra cuando se organiza el Tercio.

El alistamiento del primer legionario se produce en el Cuartel del Rey, en Ceuta, donde llegaron los primeros voluntarios, hasta que a finales de octubre se trasladan a Dar-Riffien (Tetuán). Allí se llegó a construir uno de los mejores cuarteles de Europa de la época, que estuvo operativo hasta 1961. Fue construido íntegramente por los legionarios, con amplios campos de instrucción, pistas de deporte e incluso una granja modelo entre las de la época que servía de suministro de productos frescos al acuartelamiento.

“En Ceuta se alista el primer legionario, pero rápidamente se convierte en un goteo, porque las oficinas de alistamiento estaban abiertas por toda la península. Concretamente en Barcelona se congrega un grupo de 200 voluntarios, que constituirán el primer gran contingente que llega a Ceuta”, expone el cabo Mayor Delgado, destinado en el Museo de la Legión, en la Ciudad Autónoma.

En la creación de la Legión tuvo un papel muy destacado el teniente general Álvarez del Manzano, quien ejercía como comandante general de Ceuta en 1920. Fue el encargado de informar, tras un detenido estudio, sobre la conveniencia o no del Tercio de Extranjeros.

Le entusiasmaba la Legión, por ello el teniente coronel Millán Astray, en reconocimiento a la protección que siempre brindó al Tercio le concedió el título de Protector de la Legión.

En octubre de 1920 la Legión ya cuenta con tres banderas. Dos años más tarde, pasará a tener seis y en 1925 se organizan la VII y VIII Bandera y el escuadrón de Lanceros.

El Rey Alfonso XIII entrega al Tercio de Extranjeros el estandarte fundacional el  7 de octubre de 1927 en Dar Riffien. La unidad ha destacado por su compromiso militar y por las operaciones militares en las que han intervenido en sus 100 años de historia. Ya desde sus orígenes la Legión nació para combatir el conflicto que sostenía España en el protectorado de Marruecos.

Además, pertenecieron a sus filas los dos últimos laureados del Ejército español, el brigada Fadrique y el legionario Maderal, que recibieron la Cruz Laureada de San Fernando por su heroicidad en el combate de Edchera.

El sargento 1º Zaera, destinado en la IV Bandera del Tercio “Duque de Alba” 2º de la Legión, lleva destinado en Ceuta nueve años. “Cuando pasas por la puerta de esta unidad sientes cómo te abraza una historia y, eso, es muy bonito”.

Asimismo reconoce que vivir el centenario en Ceuta, que es su cuna, hace avivar un mayor sentimiento: “Es más mágico todavía, porque aquí fue donde empezó todo, y eso hace que sea más emocionante aún”.

Esa vocación de servicio y de admiración a esta unidad centenaria se mantiene viva en los soldados que siguen llegando: “Estar en la Legión era el sueño que siempre había tenía y pude cumplirlo”, reconoce el caballero legionario Montoya , destinado en la IV Bandera del Tercio “Duque de Alba” 2º de La Legión.

Lleva tres años en el Ejército y es consciente de que a veces ser militar implica renunciar a mucho: “Tengo a mi familia lejos, pero vale la pena por cumplir esta meta”. En la Legión no faltan los sueños, ni la vocación, ni el espíritu legionario. Su historia es la continuación de los que pasaron antes, pero también son conscientes de que con sus pasos siguen marcando una larga vida para los novios de la muerte.

Enlaces de interés:

https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Almeria/brileg/index.html

Documentación:

UNA CABALLERÍA DE ALTURA

El Regimiento de Caballería “Lusitania” nº 8, integrado en la Brigada “Almogávares” VI de Paracaidistas, prevé cambios en su organización e ir sustituyendo los VEC por VAMTAC

Caballería y paracaidistas son dos conceptos muy distintos, cuya aplicación conjunta parece difícil. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Desde que, en enero de 2017, el Regimiento de Caballería Ligero Acorazado “Lusitania” nº 8 pasase a depender, de forma efectiva, de la Brigada “Almogávares” VI, se introducía un concepto nuevo en España: la Caballería Paracaidista, que quedó materializada en lo que pasaría a llamarse Regimiento de Caballería (RC) “Lusitania” nº 8.

Este proyecto viene a incorporar una interesante novedad, en la línea de otros ejércitos, tanto de la OTAN (Estados Unidos, Francia, Alemania, etc.), como otros de países no de la Alianza (Rusia, China, etc.), al complementar las capacidades paracaidistas con las de Caballería. Esto es algo en lo que se lleva trabajando desde hace años, encontrándonos en un momento de cambios significativos.

En primer lugar, cabría preguntarse… ¿qué es una unidad de Caballería Paracaidista? La respuesta es muy sencilla: en principio, se trata de una unidad de Caballería más, con los mismos cometidos que el resto. Sin embargo, «cuenta con la particularidad de que su personal tiene aptitud paracaidista y puede realizar lanzamientos desde aeronaves de ala fija o rotatoria» señala el capitán Rodríguez, destinado en la Plana Mayor de Mando del RC “Lusitania”.

La ventaja de esta capacidad es que, al tratarse de una unidad de Caballería, puede ayudar a paliar algunas de las tradicionales limitaciones que una operación aerotransportada presenta. Así, por ejemplo, «la unidad de combate convencional paracaidista se puede ver apoyada por la superior potencia de fuego de una unidad de Caballería». Por otra parte, las características propias de esta última «hacen que sea una buena opción para formar parte de las fuerzas de entrada inicial» en un teatro de operaciones, pudiendo actuar como cabecera de su brigada. Esto es debido a que la Caballería posee una importante movilidad táctica —lo que supone una elevada velocidad de reacción—, fundamental en este tipo de intervenciones, pero también un notable efecto disuasorio (al contar con elementos acorazados y una gran potencia de fuego), así como una alta capacidad de supervivencia y de combate día/noche.

El RC “Lusitania” se ha convertido, por tanto, en una unidad polivalente que puede actuar como un importante escalón de refuerzo en los distintos escenarios en los que deba participar la Brigada “Almogávares” VI de Paracaidistas.

En la actualidad, el Regimiento aún no puede lanzar vehículos blindados y acorazados con paracaídas, pero ese inconveniente se compensa con el hecho de que sí pueden ser aerotransportados o embarcados. No obstante, algunos de los trabajos que se están realizando hoy día están enfocados a dotar al Regimiento de materiales que le permitan mejorar el desarrollo de sus cometidos, con una clara vocación de futuro. Existe un plan para ir sustituyendo los Vehículos de Exploración de Caballería (VEC) por los Vehículos de Alta Movilidad Tácticos (VAMTAC), que «presentan la característica de ser mucho más ligeros y, por lo tanto, más fácilmente aerotransportables», apunta el capitán. Estos vehículos cuentan con grandes prestaciones todoterreno: una extraordinaria capacidad para moverse por terrenos muy abruptos, a altas velocidades y plena carga, lo que los convierte en idóneos para una intervención rápida. Además, es ampliamente conocida su versatilidad, permitiendo configuraciones muy diversas para adaptarse a la situación táctica (desde ambulancia hasta plataforma lanzadora, pasando por carga general, transporte de personal y vehículo de comunicaciones, o mando y control, entre otras).

En relación con los vehículos, las características de peso y potencia de los Centauro, los hacen muy apropiados para desempeñar funciones de protección de otros elementos de Caballería más ligeros, así como para labores de combate convencional.

Esta variedad de vehículos permitiría que el “Lusitania” tuviese herramientas adecuadas para enfrentarse a muy diversos escenarios y tipos de operaciones.

Estos planes de mejora en la dotación del Regimiento no son los únicos que se están programando actualmente, sino que también se trabaja en una serie de cambios organizativos. Estos pasan por la integración del Grupo “Milán” (ahora perteneciente a la Brigada “Canarias” XVI) en el Regimiento. Para ello, los miembros que decidan incorporarse al RC deberán realizar el curso correspondiente para poder obtener la aptitud paracaidista.

 Del mismo modo, se están realizando análisis y estudios sobre los manuales de unidades de Caballería Paracaidista de otros ejércitos de la OTAN, con el fin de recopilar sus lecciones aprendidas y complementarlas con las obtenidas en los distintos ejercicios, seminarios y cursos que se desarrollan junto a las demás unidades de la Brigada “Almogávares” VI. Todo ello, unido a la instrucción y quehaceres diarios propios de esta unidad.

TRADICIÓN Y EXCELENCIA

Integrar el Regimiento de Caballería “Lusitania” nº 8 en la Brigada “Almogávares” VI de Paracaidistas es mezclar tradición y excelencia. Hablar del “Lusitania” es hacerlo de más de 300 años de historia, ya que en 1709 veía la luz el Regimiento “Dragones de Pezuela”, antecesor del actual; mientras que hablar de la BRI VI es destacar a una reconocida unidad de élite. Esto supone una intensa colaboración, «que ha generado un sentimiento de unidad», mantiene el capitán Rodríguez, en la que prevalece un importante espíritu de sacrificio que se manifiesta en el intenso adiestramiento que llevan a cabo, con una exigente preparación y un elevado grado de implicación. “Espíritu lusitano” e ideario paracaidista se conjugan, así, en un concepto novedoso en España.