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Un legionario centenario

Esta semana se ha comentado mucho el desfile de la cabra legionaria “Pablo” en el desfile militar celebrado en Madrid con motivo del Día de la Fiesta Nacional. La Legión Española es la que cosecha mayores aplausos, que suelen justificarse no solamente por la alta velocidad con la que desfilan sus integrantes (180 pasos por minuto en lugar de los 120 pasos estipulados para el llamado “paso ordinario”), sino por las gestas de las que ha sido protagonista en sus casi 100 años de historia.

La Legión Española es casi centenaria. Fue creada mediante el Real Decreto del 28 de enero de 1920, siendo ministro de la Guerra José Villalba, con el nombre de «Tercio de Extranjeros». El objetivo era hacer frente a la dureza de los combates en la Guerra del Rif (Marruecos), para los que no estaban preparadas las tropas de reemplazo, así como reducir el clamor popular por las bajas recibidas.

Se considera como fecha de fundación oficial la del alistamiento del primer legionario, un hombre llamado Marcelo Villeval Gaitán, el 20 de septiembre de 1920.

Un legionario centenario
Un legionario centenario

Ese primer legionario sería más que centenario si no hubiera caído en combate en septiembre de 1925 en el combate del Monte Malmusi, con el empleo de Brigada, conseguido por méritos de guerra. No es común, pues, encontrar Caballeros Legionarios de tan provecta edad, como tampoco lo es encontrar personas de esa edad en otros sectores de la población. Pero haberlos, haylos.

El pasado fin de semana Don Bernardo Álvarez Pacios, un jubilado leonés que fue comerciante y alcalde de Borrenes en la posguerra y también de Priaranza del Bierzo entre 1987 y 1991, cumplió cien años. Pero no solamente había sido alcalde, sino que fue un Caballero Legionario. Combatió durante la guerra civil española, resultando herido de tal guisa que fue dado por muerto y cargado en un camión repleto de cadáveres. Se libró de la fosa por azares del destino, al abandonar los conductores el vehículo a causa de un bombardeo y escuchar su voz pidiendo agua al regresar. Tras finalizar la contienda, se licenció con el empleo de Sargento Caballero Legionario Mutilado tras 2 años, 6 meses y 12 días de servicio.

Se casó y tuvo cinco hijos, uno de los cuales no le sobrevive. Siempre ha tenido el orgullo de haber pertenecido a la Legión Española y el Tercio, que se ha enterado de la efeméride, ha querido acompañar al Sargento Caballero Legionario en este día tan especial.

El dibujo de su biznieto
El dibujo de su biznieto

En Santalla de Bierzo, León, se reunieron su familia y amigos, más de 40 personas entre hijos, nietos, biznietos y allegados. A la celebración se sumó una representación de La Legión encabezada por el suboficial mayor del Tercio “Alejandro Farnesio” 4º de La Legión.

Los regalos fueron lo de menos, puesto que el mayor regalo de Bernardo es la vida misma, que no quiere licenciarle aún. Lo que Bernardo regaló a familiares y amigos presentes en la celebración fue su inmensa emoción y alegría por encontrarse con el Tercio, emoción que compartieron todos, puesto que la familia siempre fue testigo de la fidelidad de Bernardo a su Legión y se convirtió en el principal “gancho” que avisó al Tercio de la proximidad de este centenario.

Los avatares de la vida hicieron cruzar los destinos de Bernardo y la Legión Española en los tristes años de la guerra civil y casi sellan el del Sargento en la sangrienta confrontación. Al final, de una muerte segura pasó a una vida larga, muy larga, llena de recuerdos alegres y de sinsabores, pero con el orgullo, durante un siglo, de haber formado una gran familia y de haber pertenecido a una de las mejores unidades del mundo, el Tercio de Extranjeros o Legión Española.

Felicidades, mi Sargento!

Un héroe del pueblo para un pueblo de héroes

Se acerca el Día de la Fiesta Nacional. En este día nos gusta recordar hazañas de nuestros soldados españoles, porque su ejemplo vertebra la columna de valores sobre la que se asienta el espíritu de nuestra España, tantas veces castigada y tantas veces gloriosa en la adversidad.

En una noche fría de diciembre de 1868, las monjas de la inclusa de Madrid recogieron a un bebé abandonado en su puerta. El bebé llevaba una nota en la que se pedía que se le bautizase como Eloy Gonzalo, y así lo hicieron las hermanas, que, además, encontraron una mujer que se hiciese cargo de él, al menos hasta la edad de trece años, cuando no pudo seguirle manteniendo. Al cabo de unos años el muchacho acabó, tras alguna incursión no muy exitosa en varios de los oficios de la época, alistándose en el Regimiento de Dragones de Lusitania en 1889. Inclusero y abandonado por la suerte, buscó su sitio en nuestro Ejército.

Eloy Gonzalo, héroe de 'Cascorro', 119 años de su hazaña

Eloy Gonzalo, héroe de ‘Cascorro’, 119 años de su hazaña

Tras ser encarcelado en Valladolid tras amenazar a un oficial que había “intimado en exceso” con su novia, siguió toreando al destino al alistarse para Cuba, lo que eximía de presidio a los convictos por falta leve, arribando a la isla caribeña en diciembre de 1895 y siendo destinado a Camagüey con el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63.

El General español Weyler se enfrentaba en Cuba a una “guerra asimétrica”, donde los insurrectos cubanos (mambises) atacaban en pequeños grupos para desaparecer después, por lo que estableció unas posiciones fortificadas, o blocaos, para la defensa de la isla. A uno de esos blocaos, llamado “Cascorro”, acabó llegando el bueno de Eloy.

En la madrugada del 22 de septiembre de 1896, unos 2.500 rebeldes equipados con tres piezas de artillería y abundante caballería atacó la plaza. El oficial al mando, el capitán Neila, sólo tuvo tiempo de enviar un mensajero a pedir refuerzos al cuartel general de Camagüey. La ayuda no llegaba debido a la impracticabilidad del terreno, anegado por las lluvias. El insurgente Máximo Gómez conminó a Neila a rendirse. Esta fue su respuesta: “He admitido al parlamentario que me envía usted porque creí que, habiéndose desvanecido todas vuestras ilusiones de triunfar, y aprovechando la bondad de España, veníais a acogeros al indulto. Nosotros no nos rendiremos nunca, y no me envíen más recado, o haré fuego sobre el emisario”.

Neila decidió un movimiento táctico que sorprendería al enemigo: pagarle con la misma moneda, infiltrando un hombre que incendiase por sorpresa la casa donde se encontraban los primeros asaltantes. Era una tarea suicida, por lo que pidió voluntarios entre la tropa. Eloy no se lo pensó dos veces y se ofreció voluntario, pero pidió que le atasen con una cuerda para que, si moría en el intento, sus compañeros pudiesen recuperar su cadáver de las manos del enemigo.

Salió al anochecer equipado con su fusil, una antorcha y una lata de petróleo. Cumplió su cometido y la casa Miguel Hernández, cuartel general de los mambises fue pasto de las llamas, mientras Eloy abatía rebeldes en buen número, regresando posteriormente a su blocao.

Pero a Eloy Gonzalo la suerte sólo le acompañó en Cascorro. El bravo madrileño acabó muriendo meses después, en un hospital de Matanzas, de una disentería. Por la acción de Cascorro, Eloy Gonzalo recibió la Cruz de Plata al mérito militar y, lo más importante, el reconocimiento del pueblo de Madrid, muy necesitado de héroes y desconocedor de que Madrid, como el resto de España, estaba repleto de ellos.

Si pasáis por el Rastro y os encontráis su figura, sonreídle.