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EL DEPORTE MILITAR SUBE DE NIVEL

En el Ejército de Tierra, como en el conjunto de las Fuerzas Armadas, hay quienes compaginan su actividad profesional con la práctica deportiva más allá de lo que exige la instrucción y el adiestramiento, o el mantenimiento de las condiciones psicofísicas que requiere su trabajo.

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Entre ellos, los hay que destacan y sobresalen por encima de la media, que se acercan a lo que se consideraría, en el ámbito civil, un deportista de élite. Sin embargo, su esfuerzo pasa en muchas ocasiones desapercibido para el conjunto de la sociedad por circunscribirse a un ámbito tan concreto como lo es el militar.

Para poner remedio a esta invisibilidad y potenciar el deporte militar, recientemente se han registrado varias iniciativas. Una de las últimas ha sido la publicación de una Orden Ministerial conjunta de los ministerios de Interior, Cultura y Deporte, y Defensa, para establecer las condiciones, requisitos y procedimientos para la calificación de los deportistas militares destacados, de alto nivel y de alto rendimiento.

Contempla también medidas para fomentar y apoyar la dedicación al deporte de alta competición, la preparación técnica de los militares deportistas, así como la compatibilidad con el desempeño de sus cometidos profesionales. Entre ellas, por ejemplo, la de poder solicitar una comisión de servicio en la unidad o destino que,  por su proximidad, facilite la incorporación del deportista militar de alto nivel o alto rendimiento a un programa de mejora del rendimiento deportivo o de entrenamiento de alto rendimiento para preparar una competición internacional, o quedar dispensados de la realización de los servicios y guardias en su unidad de destino un mes antes de las competiciones nacionales y/o internacionales que son clasificatorias para los Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa. Las ausencias de los deportistas destacados para la asistencia a las competiciones nacionales e internacionales, así como las concentraciones deportivas, tendrán la consideración de comisión de servicio.

Dentro de este paquete se contempla también la firma del convenio entre el Ministerio de Defensa y el Comité Olímpico Español, para la promoción del deporte de alto nivel, y el desarrollo y la difusión de los valores del deporte y el olimpismo en las Fuerzas Armadas; está pendiente la publicación de becas, de las que también podrán beneficiarse los deportistas militares que cumplan los requisitos.

Estas medidas se unen a otras, como el fomento del deporte femenino o la creación de la distinción de reservistas de honor (los primeros han sido Vicente del Bosque, Ruth Beitia, David Cal, Fermín Cacho y Javier Fernández), con las que se busca acercar el deporte civil y el militar y aumentar la participación de los deportistas militares de alto nivel en los campeonatos nacionales e internacionales militares.

Una forma de contribuir a que el deporte militar siga escalando peldaños.

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Alto nivel, alto rendimiento y destacado

Deportistas militares de alto nivel y de alto rendimiento: aquellos militares profesionales, tanto de las Fuerzas Armadas como de la Guardia Civil, cuyo rendimiento y clasificación les sitúen entre los mejores del mundo en alguno de los considerados deportes militares.

Deportistas militares destacados: aquéllos que hayan obtenido medalla individual o por equipos en un Campeonato Mundial Militar o en los Juegos Mundiales Militares, además de los que hayan ganado una medalla de oro individual en un campeonato nacional militar.

Excepcionalmente, podrán otorgarse estos reconocimientos a un militar que practique otro deporte, por sus méritos o trayectoria deportiva reseñable.

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Consejo Superior del Deporte Militar

El Consejo Superior del Deporte Militar (CSDM), que celebra este año el 40º aniversario de su creación, dirige todas las actividades de carácter nacional e internacional que se desarrollen en materia de educación física y deportes, en el seno de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil.

Antes denominado Consejo Superior de Educación Física y Deportes de las Fuerzas Armadas, se trata de un órgano colegiado interministerial, presidido por el subsecretario de Defensa, que entre sus funciones tiene la de, por ejemplo, procurar los medios necesarios para la preparación técnica, y el apoyo científico y médico de los deportistas militares de alto nivel, así como su plena integración profesional.

De ahí que sea el encargado de proporcionar las equipaciones y material deportivo necesarios para participar en las competiciones oficiales, como los Juegos Mundiales Militares, que este año se celebraron en China, de donde la delegación española regresó con una medalla de bronce y 15 Victory Certificates (similares a los diplomas olímpicos que se entregan a los que quedan entre los ocho primeros clasificados).

También puede conceder ayudas económicas a los militares deportistas de alto nivel y alto rendimiento, y deportistas militares destacados para licencias, inscripciones, material deportivo y otras necesidades derivadas de la competición.

Además, el CSDM es el encargado de reconocer los que se consideran deportes militares —un catálogo que se va a ampliar—, en los que puede haber militares deportistas de alto nivel, de alto rendimiento y destacados.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Tendría que haber hecho esto antes, pero no he tenido tiempo hasta ahora para escribirlo con la dedicación que se merece. Después de nueve años en el Ejército de Tierra, el 8 de noviembre, el día que cumplió mi niña un año, colgué mis botas y mi boina para emprender otra etapa de mi vida. Una etapa diferente.

Quiero agradecer a todos mis mandos y compañeros, tanto de la Brigada Paracaidista (II Bandera Roger de Lauria), del Batallón de Montaña (Arapiles IV/62) y de la unidad de seguridad del Cuartel del Bruch, donde he estado estos últimos cinco meses, por esta etapa de la que tan orgulloso me siento y me sentiré toda mi vida. Sí, seré el típico yayo-batallitas «¿Dices tú de mili?».

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Hace nueve años dejé mi vida en Sarda para emprender la aventura más alucinante de mi vida. Dejé a los míos, a mi familia, a mis amigos y, en definitiva, todo. Tenía 18 años, las historias de los tercios de Flandes en la cabeza y muchas ganas de ganarme los cuartos, sin tener que estar pegado a una silla. Mi padre me dejó en la estación de Barcelona Sants con 200 euros en el bolsillo, cogí un tren dirección Murcia y… ahí empezó todo. En el Batallón de Instrucción Paracaidista.

Sudé sangre hasta convertirme en el hombre que quería ser: un paracaidista. Me gané mi boina negra, mis hombreras y, para mí, fue una satisfacción igual que la que, imagino, sentirá un estudiante cuando aprueba la carrera, o un policía o bombero cuando aprueban la oposición.

Aprendí los valores del compañerismo, el honor, el sacrificio, el sufrimiento, la hermandad, la satisfacción del deber cumplido, el ayudar al compañero cuando lo necesita, el valor de la moral y de la fuerza mental. Aprendí a obedecer y a que me obedecieran. Aprendí y enseñé.  Corrí, día tras día, todas las mañanas durante casi ocho años de mi vida. Me superé una y otra vez a mí mismo. Aprendí a convertir el peor de los sufrimientos en el mejor de los recuerdos, las vivencias más duras en los momentos más felices junto a mis compañeros de armas.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

 

Tuve el honor de servir en la para mí, mejor compañía de paracaidistas del Ejército  de Tierra, en la Laureada, en la Séptima Compañía. Viajé por toda España y, más de una vez, caí desde el cielo en los lugares más inhóspitos para desempeñar las labores más alucinantes. No se puede explicar lo que es un asalto de Brigada. Hay que vivirlo.

Hice de la ametralladora MG-42 mi más fiel compañera, supe lo que era el dolor con una ‘peseta’ de mortero colgada al cuello durante kilómetros y kilómetros,. Lo que es saltar de un avión por rampa y por puerta y de un helicóptero Chinook en marcha con un paracaídas.

Supe lo que es dormir en un iglú y lo que se siente al tocar el cielo subiendo los picos del Pirineo catalán con una mochila de 40 kilos a la espalda, unas raquetas, unos crampones y un piolet. Lo que es el frío de verdad, el dolor en los dedos, el de las ampollas durante kilómetros, que se te congelen los huesos. El estruendo al disparar un mortero,  los nervios al tirar una granada, el sonido inconfundible de la MG 42 y disfrutar disparando con un fusil de precisión, quemarte la mano cambiando el tubo de la ametralladora, fumarte el cigarro sin que te vean y un sin fin de cosas que necesitaría un libro entero para contarlas.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Llevé 6 meses un equipo de combate con casco y chaleco con placas de cerámica por dentro, a 50 grados de calor en el desierto, reconocí una y otra vez con preocupación los laterales y bajos del vehículo buscando alguna mina o IED. Sentí el nervio de subir una montaña de arena armado sin saber que te espera detrás, lo que es la adrenalina y a que huele el queroseno. Escuché silbar las balas, como suenan los explosivos, o lo que se siente cuando pasa una onda expansiva por dentro de tu cuerpo y  la valentía que tienen los zapadores. Vi morir y me rondó la muerte. Supe lo que es ayudar de verdad a los que lo necesitan, lo que es la miseria, de que están hechos los malos, que la edad es mental y que hay niños y …niños.

Vi el cielo más espectacular que he visto en mi vida y dormí días y días en un agujero en el desierto comiendo raciones de combate. Aprendí el valor de una carta, el valor de lo que no valoramos. Supe lo que es el síndrome de Estocolmo al marchar de Afganistán.

Jamás olvidaré esos sitios a los que ya no iré: San Gregorio, Chinchilla, Casas de Uceda, Toledo, etc… He conocido a los mayores profesionales que conoceré en mi vida y aprendí lo que es admirar a alguien de verdad. Hice de España mi primer amor y conocí en Leganés al amor de mi vida:  la madre de mi hija, mi fiel compañera.

Viví en Murcia y en Madrid. Hice de mis compañeros mis hermanos, algunos siguen siendo militares hoy, otros no. Aprendí quien vale, quien no, en quien confiar y en quién no.

En definitiva, quiero agradecer al Ejército la oportunidad que me dio de convertirme en el hombre que soy hoy, en enseñar a valerme por mi mismo, a no depender de nadie, lo que es el ‘postureo’ y lo que no, lo que significa ser independiente. Quiero agradecer la oportunidad que me dio de dejar atrás a ese joven de 18 años un tanto perdido en la vida, a tener todo lo que tengo hoy, lo que he ganado con el mayor de los esfuerzos, a sentirme tan orgulloso como me siento. Quiero agradecer el honor de haber servido en uno de los mejores ejércitos que ha tenido y tiene el mundo.

A todos y cada uno de mis mandos, compañeros y amigos de esta etapa de mi vida: muchas gracias por haber pertenecido a la mayor de mis aventuras, muchas gracias por todo, jamás os olvidaré.

Caballero Legionario Paracaidista Joan Seguí Ruiz.