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CONOCER A… soldado pajuelo

UN ARTISTA URBANO EN EL EJÉRCITO

Texto: Rocío Gallo / Madrid

Foto: BRI XI y Sdo. Pajuelo (BRI XI)

El año 2020 será recordado por la alerta sanitaria provocada por la COVID-19, una enfermedad que hizo que los sanitarios tuvieran que realizan un gran esfuerzo día tras día. Por ello, numerosos artistas han querido reconocer su labor y un ejemplo es el soldado Pajuelo —perteneciente al Regimiento de Infantería “Saboya” nº 6—, que en el mes de mayo del citado año pintó un mural —de unos 4 metros de alto por 10 de largo— en un lateral del Hospital Materno Infantil de Badajoz.

La elección de esa pared no es casual, ya que siendo un niño paseaba por allí y siempre quiso pintarla, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Tras levantarse las restricciones, conoció a Miguel Luna, director de Relaciones Públicas de El Corte Inglés de Badajoz, quien le ayudó a presentar la idea al director del hospital, que se mostró encantado: «Cuando me reuní con él, le pareció muy interesante mi homenaje y que mi obra estuviese en el centro».

Tardó cuatro días en pintar el mural, ya que tenía que compaginarlo con su labor como militar. El soldado Pajuelo quería reconocer el trabajo realizado por los sanitarios, pero no fue una tarea fácil: «Le di muchas vueltas a lo que quería transmitir, pero tenía claro que estarían reflejados el esfuerzo y la capacidad de ayudar que tienen, que es muy similar a lo que realizo en mi trabajo como militar».

La labor social de diferentes colectivos es la temática principal en todas sus obras. Así, en diciembre homenajeó a los profesores con una obra en el Colegio Juventud de Badajoz, para que no se olvide la tarea que realizan de educar. «La sanidad es fundamental, pero la educación es otro pilar básico y también merecían su pequeño homenaje», reconoce el soldado.

De padre pintor, empezó a interesarse por la pintura a los 12 años, cuando conoció la cultura del rap y de los artistas urbanos. Ante ello, con los amigos, comenzó a pintar en diferentes escenarios y sus padres siempre le pedían que fuese prudente y que no lo hiciese en zonas que no debía. A día de hoy, sus progenitores, orgullosos de que las obras de su hijo adornen la ciudad, celebran sus logros. Uno de ellos ha sido quedar en tercer lugar en el certamen Badajoz Pinta, algo que no esperaba debido a la alta competencia entre los participantes. «Estoy muy contento porque en ediciones anteriores no he podido alcanzar el podio», afirma, tras lograr la meritoria posición.

Siempre firma con el pseudónimo de Chino, apodo con el que de forma cariñosa le conocen sus amigos, por los ojos rasgados que tiene. Además de pintar en su ciudad, también ha dejado su firma en Málaga, Madrid, Toledo, Lanzarote o Portugal, entre otros lugares donde intenta hacer cosas atractivas visualmente, pero no de temas sociales, ya que esos los prefiere hacer en Badajoz. Además, con sus obras de pintura creativa intenta que la gente «cambie la visión negativa que tiene del arte urbano, y poco a poco lo estoy consiguiendo».

Desde muy joven, el soldado Pajuelo tenía claro que quería formar parte del Ejército. Sin embargo, primero cursó un grado superior en animación y actividades físicas, para posteriormente presentarse a las pruebas de acceso y conseguir su sueño de entrar en el Ejército. Esto le permitió participar en la operación “Balmis”, realizada durante los meses más complicados de la pandemia, donde su función principal ha sido interactuar con el pueblo, transmitir los valores de ayuda, esfuerzo, sacrificio y que la ciudadanía viese que el Ejército «está para ayudar cuando se le necesita»

El futuro para el soldado Pajuelo está lleno de retos. En su faceta como militar, quiere mejorar en su trabajo cada día y, en el ámbito artístico, está pendiente de pintar un mural dentro de su base de destino, lo que espera con gran entusiasmo: «Estoy encantado de poder pintar en la base y dejar dentro del Ejército mi sello artístico».

Entrevista a… Carlos Arévalo

Selene Pisabarro/Madrid

Carlos Arévalo (Betanzos, La Coruña; 1993) ya forma parte de la historia del deporte olímpico, concretamente, del piragüismo. Lo que empezó siendo una afición cuando era un niño se ha convertido en una parte de su profesión, que compagina con la militar. Tras años de mucho esfuerzo, esta disciplina le ha dado la mayor alegría a este soldado destinado en el Regimiento “Príncipe” nº 3. No solo ha participado en los Juegos Olímpicos de Tokio, sino que regresa con una medalla de plata. Lo ha conseguido en la modalidad K4-500, junto a sus compañeros Saúl Craviotto, Marcus Cooper y Rodrigo Germade. Una gesta que ha elevado a lo más alto al Ejército de Tierra, orgulloso de este gran deportista.

Ha sido una plata muy merecida y trabajada.

Sí, la verdad es que ha sido un trabajo muy largo y, además, con la pandemia se ha alargado un año más. Han sido muchos años detrás de la medalla y ha sido durillo, pero al final se ha conseguido el objetivo, que era lo importante.

Los Juegos se cancelaron en 2020 y, finalmente, se pospusieron un año. ¿Cómo habéis vivido, como deportistas, el estar preparándoos sin fecha?

Fue tremendo. Llegó un momento, cuando se cancelaron por la pandemia, que tuvimos un momento de incertidumbre muy complicado. Fue difícil, porque estabas entrenando sin ningún objetivo y no sabías lo que iba a pasar. Desde el Comité Olímpico Español y el Comité Olímpico Internacional se nos animó a seguir entrenando, nos dijeron que los Juegos seguían hacia adelante y que no se iba a cancelar nada; y así fue al final.

Durante el confinamiento, ¿cómo entrenabais?

Tuve la suerte de tener en casa un simulador, un kayak ergómetro, y una bicicleta estática. Gracias a eso pude hacer buenos entrenamientos y mantenerme lo mejor posible para que, cuando volviéramos a entrenar, estuviera en buena forma.

Habéis hecho una gran competición, os quedasteis a muy pocas décimas de los alemanes. ¿Qué sensaciones os traéis a España?

Llevamos todo el ciclo olímpico peleándonos con los alemanes, es verdad. Son un barco muy, muy potente, lo han demostrado ganando en todas las competiciones mundiales y en el campeonato olímpico. Nosotros hemos tenido muy buena sensación, hemos hecho una regata perfecta, nos hemos encontrado muy bien y hemos podido dar el 100%. Nos ganaron porque fueron mejores, no tenemos nada que reprocharnos y estamos muy contentos. Solo <<estar en una Olimpiada es un orgullo como deportista >> y lo mejor a lo que puedes aspirar; y si encima has sido capaz de sacar una medalla para tu país, el orgullo es tremendo.

Me imagino que durante la competición el grado de concentración es tan alto que no tienes tiempo para pensar en nada más, pero cuando atraviesas la línea de meta, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

Nada más entrar en la línea de meta, dices: “Quedé segundo, qué mala suerte”, pero al momento ya te viene la alegría y dices: “¡El segundo olímpico!”. Estás toda la regata concentrado, el máximo momento de nervios es la salida: vas concentrado en el paleo, en seguir a tus compañeros y en hacer todo perfecto. Una vez que entras, es una mezcla de sensaciones: felicidad, frustración por no haber podido ganar…

Las marcas son buenísimas, me imagino el cariño que habéis recibido de la gente.

Por supuesto. El cariño que he sentido detrás ha sido inmenso desde toda España, todo el mundo. El empujón ha sido tremendo: mi familia, mis amigos, mi novia…

Volvamos a unos días atrás: a la Villa Olímpica. ¿Cuáles eran vuestras rutinas?

Normalmente, madrugábamos bastante para levantarnos a la hora de la competición, a las cinco o seis de la mañana. Desayunábamos en el comedor, que era inmenso. Después, íbamos a entrenar a la pista, probábamos un poco las condiciones y cómo estaba el aire para simular la competición. Dependía del día, pero por las tardes solíamos descansar porque, por el calor y la humedad, el desgaste era tremendo, así que nos metíamos en la habitación con el aire acondicionado a tope para descansar.

Precisamente, los deportistas se quejaban de esas altas temperaturas de Japón.

Tuvimos que ir con tiempo para poder adaptarnos. Los primeros días fue horroroso: 35 grados, 80% de humedad… No podíamos ni respirar, estábamos cansadísimos. Lo combatíamos con chalecos de frío, piscinas heladas, echándonos toallas frías y congeladas… Era la única manera de refrescarnos. Era una locura, sobre todo en competición, porque, en otros deportes a lo mejor estás dentro del agua y te refrescas un poquito, pero para alguien que esté en una pista con esas condiciones es muy difícil.

¿Habéis aprendido a gestionarlo de alguna manera antes de viajar a los Juegos?

Aquí intentamos simular todo, pero cuando llegas a Japón todo cambia. No solo es por el clima, sino que te metes en un mundo del deporte que no es comparable a nada que se haya visto nunca. El estar en una Villa Olímpica con los mejores deportistas del mundo, solo verlos ya te hace entrar en la competición de golpe y, por mucho que quieras gestionarlo aquí, es complicadísimo.

Otro de los temas de los que se ha hablado ha sido el de la presión que ha sufrido Simon Biles, por la que dejó de competir en algunas modalidades. ¿La habéis sentido también?

Por supuesto, claro que sientes presión. Vas allí con las expectativas de luchar por una medalla y todo el mundo está pidiendo resultados, tú mismo te lo impones: “Llevo trabajando cinco años para jugármela en un minuto, tengo que hacerlo bien”. Es una presión tremenda, pero siempre he dicho que este tema es una cuestión muy personal porque cada persona es un mundo y reacciona a su manera. Por ejemplo, yo cuando estoy nervioso hablo muchísimo (risas). Cada uno tiene sus formas de llevarla, pero si es insoportable, porque te puede perjudicar a la salud, cada uno toma sus decisiones acorde a lo que va sintiendo.

Entrevista a Carlos Arévalo

Cinco años de preparación, pero estuviste a punto de desistir en 2016.

Sí. Más que desistir, quise reorientar mi vida. Una cosa con la que soportas bien la presión es que, si se te acaba el deporte, vas a tener algo detrás. Si eres deportista y no tienes respaldo, en el momento que se acaba el deporte, se acaba todo, ahí la presión no se multiplica por diez, sino por un millón. Si sabes que tienes un apoyo con el que, pase lo que pase, vas a tener tu vida enderezada y un camino que seguir… Yo eso lo conseguí con el Ejército de Tierra. La verdad es que es la mejor decisión que he tomado en mi vida y que me ha llevado a estar donde estoy ahora.

El Ejército te ha proporcionado apoyo a la hora de entrenar, porque un deportista de élite necesita muchas horas a lo largo del día…

Sí. <<Si no hubiera sido por ese apoyo, yo no hubiera conseguido esa medalla>>. Gracias a la seguridad que me transmitieron y el apoyo, yo estoy donde estoy. Siempre lo digo: se lo tengo que agradecer, principalmente, al Ejército español.

¿Cuántas horas entrenas al día?

Al principio de temporada es cuando entreno más, porque son más largos, más volumen, entrenamientos aeróbicos… No sé decir horas exactas, pero cuatro, seis o siete horas al día. Al final de temporada, son entrenamientos más específicos: hacer un par de series de velocidad y descansar. Es variable, pero se entrena muchas horas al día y no solo es el entrenamiento. Hay que cuidar las comidas o el descanso; no puedes hacer una vida normal, como tomar algo o dar un paseo, porque al final eso también es descanso.

Son 24 horas al día dedicado al deporte profesional, pero también a la vida militar, porque es dedicación completa.

Exactamente, tienes que tener disponibilidad 24 horas para ambos. Tuve la suerte de que lo he podido compaginar maravillosamente. Se han portado todos, mis jefes y compañeros, genial siempre conmigo y las facilidades han sido enormes.

¿Alguna vez has pensado: “¿Qué hubiera pasado si lo hubiera dejado”?

No lo sé. Las vueltas de la vida son enormes. Seguí este camino y me fue bien. Si no lo hubiera tomado, no sé qué hubiera sido de mí, pero creo que tomé la decisión correcta y ha salido bien.

¿Has tenido que renunciar a algo?

A muchas cosas. Llevo cinco años perdiéndome mucha vida social, familiar, vacaciones, disfrutar de muchas cosas… Como con el tema COVID-19, se acabó totalmente la vida social y era una burbuja. Ahora tengo unas ganas tremendas de retomar la vida familiar, sobre todo, porque a mi familia no la veo prácticamente nada y es la peor parte.

¿Qué objetivos tienes antes de los próximos Juegos de París?

Hasta que sea París 2024, el clasificatorio es en 2023 y entre estos años habrá mundiales, campeonatos de Europa, del mundo… Es donde volveremos a entrar en competición de ciclo olímpico y son los objetivos que me planteo a corto plazo.