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POTY / BAILARÍN, COREÓGRAFO Y PRESENTADOR

Texto: Elvira Valbuena / Madrid

Fotos: Sergio Almarcha

Javier Arco Castillo (Torrelavega, 1960), Poty para todos, es mucho más que un bailarín, coreógrafo y presentador de televisión de éxito, conocido y querido por el gran público tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Acostumbrado a vivir entre España y Estados Unidos, Poty es un profesional inquieto y polifacético, al que nunca le ha dado miedo tomar decisiones arriesgadas ni dar pasos que, a la postre, han cambiado su vida por completo. Entusiasta por naturaleza, Poty no pierde el sentido del humor y siempre tuvo alma de titiritero, una palabra que le gusta mucho y con la que le define su madre, a la que le une un vínculo muy estrecho y especial, y a quien debe, de alguna manera, que iniciara su carrera como bailarín.

Poty sujetándose las gafas

Usted siempre quiso bailar. Sin embargo, su primer salto lo dio en el Ejército.

Sí. Era muy joven. Tenía 17 años y acababa de terminar mis estudios de maestría industrial en Torrelavega. Estaba decidiendo cómo pasar aquel verano, cuando vi un anuncio de televisión en el que aparecía un militar que yo sentía que me hablaba a mí y me decía que me alistara en la Brigada Paracaidista. Convencí a mis dos amigos y nos presentamos en Alcalá de Henares. Terminamos firmando 20 meses como voluntarios. ¿Qué recuerdos tiene de aquella etapa? Llegué a ser el cabo 1º más joven del Ejército. Fue una etapa estupenda. Yo tenía siempre un estado anímico muy alto, era muy marcial, y quería hacerlo todo. Hice cursos paracaidistas en Francia, España y Portugal. Fue un periodo de mi vida que aproveché al máximo. Me gustaba tanto el Ejército que me quedé un mes más de lo que era el servicio militar. Casi no podía ni con el CETME, pero llegué a plantearme ser militar profesional. Sentía mucho los colores y estuve a punto de hacerlo. Sin embargo, también tenía la ilusión de licenciarme, de que me dieran mi cartilla blanca sellada y firmada por el Ejército.

Los valores que adquirí en el Ejército me han
servido toda la vida.

Poty

De su experiencia como militar, ¿qué aprendizaje recibió?

No cabe la menor duda de que el Ejército me aportó valores que me han servido toda la vida. Me quedó la disciplina, el reconocimiento al valor, de mi propio valor, en el sentido más amplio de la palabra, no solo para saltar desde un avión, sino para tomar decisiones o para cuidar a un enfermo. Aprendí lo que era el compañerismo de verdad y el respeto por las personas mayores, por los mandos, los cargos, el respeto a cualquier superior. El Ejército me dio una disciplina férrea, un orden y un rigor.

Ahora es embajador de Marca Ejército. ¿Qué significa para usted?

Sin duda, es un compromiso muy fuerte que he adquirido con España y con el Ejército de mi país, que va conmigo siempre, y al que estoy dispuesto a servir en cualquier momento.

¿Qué pasó cuando acabó su etapa como militar?

Estando todavía en la mili, a diario llamaba a casa desde una cabina del cuartel. Imagíname allí, con una fila de militares detrás. En una de esas llamadas, mi madre me dijo que unos bailarines alemanes habían abierto una escuela de ballet clásico en Torrelavega. Mis padres siempre habían sabido de mis inquietudes artísticas. Inmediatamente, le dije que me apuntara, en voz muy baja, por supuesto, y tapándome la boca para que no me oyeran los compañeros (risas).

Y así fue como regresó a casa, con la ilusión de convertirse en bailarín…

Sí, gracias a mis maestros, que en realidad eran un argentino y un holandés, que me formaron y me inculcaron el amor a la danza. Me volví a meter en otra disciplina también muy férrea, como la militar. Era un espectáculo verme, tan alto y delgado. Yo era la novedad
en la escuela, un chico que quería ser bailarín.

¿Cómo llega al conservatorio?

Al entrar en la escuela, con 19 años, me dijeron que era ya mayor para ser bailarín, pero perseveraba en mis ejercicios. A los seis meses, mis maestros me dijeron que ya estaba listo para ir al conservatorio. Entonces yo no sabía que había unos estudios superiores. Lo único que sabía era que quería bailar. Era una carrera de siete años, y yo la hice en tan solo dos. Siempre he sido una persona muy entusiasta, y esa ilusión que tenía la sigo manteniendo. Fue otra etapa muy dura, de mucho aprendizaje y estudio. Me rompí los pies cuatro veces. Había empezado a bailar muy tarde y tenía el cuerpo ya formado. Era muy alto y, al saltar, muchas veces me lesionaba. Sufrí muchas operaciones. Me caía y me levantaba, porque tenía muy claro lo que quería.

Al acabar sus estudios, ingresa en el Ballet Nacional…

Estaba haciendo giras con la compañía de ballet clásico de Torrelavega, cuando me enteré de que Maya Plisétskaya, una bailarina rusa muy famosa del Bolshói, venía a España para dirigir la Compañía Nacional y estaba buscando bailarines. Yo la admiraba y me presenté a las audiciones. De los 111 candidatos, salimos elegidos 11. Fue un doble premio, por poder superar las pruebas, que eran muy exigentes, y por haber sido elegido por ella.

¿Cómo surgió lo de la coreografía?

Estando en el Ballet Nacional, me habían invitado a bailar en Finlandia. Una mañana, perdí el conocimiento en la calle a causa del frío y me pasó algo precioso. Cuando desperté, vi literalmente a Dios, porque me habían tumbado en el banco de una iglesia a los pies de una cruz. Esa tarde, recibí una llamada de Emilia Boneva, entrenadora búlgara de gimnasia rítmica y seleccionadora del equipo nacional español. La Federación Española de Gimnasia Rítmica me propuso montar la coreografía de un tango para la selección. Me dieron seis meses para preparar el Campeonato del Mundo, y lo ganamos en Grecia. Era la primera vez que España se hacía con el título. Después, fuimos al de Europa y también lo ganamos. Ahí empezó a sonar mi nombre y me llamó Antena 3.

Nunca he perdido la ilusión del primer día en cada cosa que hago

Poty

Y empezó su etapa en televisión…

Antena 3 me ofreció la Dirección General de Coreografía y Puesta en Escena Musical. Dejé mi plaza en el Ballet Nacional y entré en un mundo que me llamaba poderosamente la atención. Fue una gran oportunidad poder dirigir y relacionarme con grandes artistas
internacionales. Tuve la suerte de trabajar con todos. Fue maravilloso. Era una época en la que se hacían muchas galas y aprendí muchísimo. En Antena 3 me formé como director artístico y coreógrafo. Estaba feliz. Allí se fijó en mí una persona muy importante, a quien yo llamo mi «padre televisivo». Me refiero a Joaquín de Domingo Martorell, que era el director general de Contratación Artística, un hombre tremendamente inteligente que me dio grandes oportunidades y a quien le debo todo.

Desde entonces, Poty no ha parado de trabajar y sigue acumulando éxitos. Continúa siendo un personaje muy popular, una fama que alcanzó con la primera edición de Operación Triunfo, de RTVE. Ha hecho numerosos programas y, actualmente, presenta Show Business, emitido por Antena 3 Internacional, Telemadrid y el Grupo Cadena Media. Acaba de grabar la segunda temporada y ya tiene un nuevo proyecto en ciernes. Se trata de un programa de cocina, Sabor a Madrid, que será emitido en Telemadrid, y con el que está muy ilusionado.

ENTREVISTA A…David DeMaría (Cantautor)

Texto: Ana Vercher / Madrid

Fotos: Sdo. Iván Jiménez (DECET)

Hablar de David DeMaría (Jerez de la Frontera, 1976) es hacerlo de un artista en mayúsculas. Un músico «de los de antes», al que aún le tiemblan las manos al cantar —a pesar de que lleve más de 25 años dedicándose a ello—. Con más de un millón de copias vendidas, DeMaría sigue recorriéndose España con su guitarra y sus canciones llenas de letras «que hacen pensar». Con él hablamos de su trayectoria, de cómo ve la industria musical actual y de su colaboración con el Ejército, pero también de valores, sinceridad y amor a la cultura.

Su último disco, A estas alturas del partido. 25 años, vio la luz el año pasado e incluye temas de su discografía junto a cuatro canciones inéditas. ¿Cómo ha sido recopilar toda una vida dedicado a la música?

Ha sido complicado hacer la selección y, seguramente, si hoy la hiciese de nuevo incluiría otras canciones… pero es que si la hiciese mañana también sería un disco diferente. Ha sido muy bonito volver a trabajar con temas que compuse hace más de 20 años pero, sobre todo, comprobar que aquello que sentía cuando apenas era un veinteañero ahora lo siento y «me toca» aún con más fuerza. En ese sentido, era un poco visionario, y es increíble que en este momento sea aún más auténtico el sentimiento. ¡Quién me lo iba a decir a mis casi 50 años! Pero cuando uno va viviendo ciertas experiencias importantes, como tener un hijo o separarte, se te van removiendo cosas.

«Llevo más de 25 años viviendo de la música
y sigo siendo fiel a mí mismo»

Antes de este álbum vino Capricornio, que se publicó en plena pandemia ¿Fue duro componer en ese momento?

El disco ya estaba hecho, pero al llegar la pandemia todo se retrasó y eso nos permitió trabajar un poco más al detalle, dedicándole más tiempo. Sin duda fue una época difícil, como para todos, y sentí mucho la soledad: mis padres estaban en Jerez, mi hijo con su madre y había que estar encerrado en casa. Ahí sí noté ese peso de estar solo. Cuando iba a recoger a mi hijo cada 15 días y luego volvía a llevarlo con su madre, lloraba en el mismo semáforo, aunque me prometía no hacerlo. Pero también salieron cosas muy bonitas y creo que Capricornio es mi disco más desgarrador por muchas razones, también porque fue el primero con mi hijo ya nacido.

Le he escuchado en alguna ocasión decir que, desde que nació su hijo, siempre está presente en sus canciones de una manera u otra. ¿Es más fácil hacer música pensando en quien se quiere o en quien te ha herido?

Es cierto que mi hijo está presente en mi música y es lógico; la paternidad me cambió y yo creo que para bien. Cuando te conviertes en padre, las cosas cogen una perspectiva diferente y, al final, todo eso que está dentro se nota en tu trabajo. Además, mi hijo ya tiene una edad en la que escucha mis canciones, va teniendo sus preferencias y que llegue y me diga: «Papá, esta canción me encanta» o se sepa los estribillos… ¡Eso es maravilloso! Respecto a tu pregunta, en general yo siempre he preferido cantar a quien quiero, prefiero quedarme con lo bueno.

En Capricornio escuchamos cosas como «me gusta tu manera de pensar» o «tu belleza natural». ¿Es difícil encontrar letras así en la música actual?

Sí, pero yo es que soy un músico «de los de antes» y tenía que haber nacido con 30 años de antelación. El problema de ahora es que hay muchos cantantes que no cantan, que no han cogido una guitarra en su vida, que no han ido al conservatorio, que no han leído poesía. Lo que está pasando con la música ahora no había pasado jamás. Para los que nos gusta la música y cantar, esto es preocupante. Es como si a un tenista lo pusieran en las semifinales de Wimbledon sin haber tocado una raqueta antes. La industria utiliza y quema a chavales muy jóvenes. Ahora, esto va de que encuentren a quien les engañe menos. Y respecto al tema de las letras, es que a mí me gusta escribir algo que haga pensar, que emocione a quien lo escuche o con lo que puedan llegar a sentirse identificados. Pero ahora, para ser el número uno hay que hacer cierto tipo de cosas y no se te ocurra salirte del guion ni hacer nada que huela a propio. Yo para eso he sido muy rebelde, quizá por ello me ha ido así.

Pues le ha ido bastante bien…

Es cierto que llevo más de 25 años viviendo de la música y eso ya es un logro. Yo tuve un boom con Barcos de papel, que también me permitió «cruzar el charco» —donde se me quiere mucho—, y después he tenido la suerte de poder seguir en esta profesión, pero siempre manteniéndome fiel a mí mismo. No voy a hacer cualquier cosa para ser el número uno.

Ha hecho dúos con reconocidos cantantes y ha compuesto temas para otros tantos, como Malú, India Martínez, etc. ¿Ha pensado en centrarse solo en componer?

Me encanta componer, pero el escenario aún me llama mucho. Es cierto que, cuando escucho a artistas como los que mencionas interpretar mis canciones, siento un gran orgullo. Además, es más liberador cuando defienden tus temas otros en vez de tú mismo, porque cuando lo haces tú la presión es mayor, ya que te exiges aún más y siempre hay un «pero» que ponerte. De la otra forma, simplemente es relajarte y disfrutar. Pero, como te decía, el escenario me sigue llenando mucho y, mientras la gente lo quiera y yo esté en condiciones para poder seguir, así lo haré. Continuaré recorriendo toda España y estaré allá donde me llamen.

Precisamente de hacer duetos trata el nuevo proyecto en el que se ha embarcado, porque va a participar en el programa Dúos increíbles de Televisión Española.

Sí, estaré en la nueva temporada. El programa consiste en cantar distintos temas con gente nueva, joven… Realmente, es muy bonito porque se tocan estilos muy diferentes. Ahí sí que me van a ver cantando cosas que no cantaría normalmente. Pero es muy divertido.

«Para mí fue muy emocionante
actuar en la gala de los Premios Ejército»

En la última gala de los Premios Ejército actuó interpretando un par de canciones, entre ellas una versión propia de Filipinas, de Los Panchos. ¿Cómo surgió esa colaboración?

Pues un poco por casualidad, pero estoy encantado. Interpreté Filipinas con parte de la Unidad de Música del Regimiento «Inmemorial del Rey» no 1 y fue maravilloso. Además, tengo que decir que nunca había ensayado tanto para una gala como en esta ocasión; la verdad es que hacen un trabajo muy concienzudo. También canté Preciosa mía y, mientras lo hacía, me imaginaba Cuba, a una madre que lloraba por su hijo… Fue muy emocionante. Se creó un clima muy bonito y aún se me pone el pelo de punta. Desde luego, estoy abierto a todas las colaboraciones que el Ejército de Tierra quiera hacer conmigo.

Este tipo de colaboraciones, ¿pueden suponer para un artista que se le pongan determinadas etiquetas?

La verdad es que a mí eso me da igual, yo soy alguien muy sincero. Ya lo he dicho antes, soy muy fiel y muy leal. A mí me han educado con unos valores de respeto, de trabajo y de tantas cosas buenas que no voy a dejar atrás por el «qué dirán» o porque no sea lo más actual. Valoro mucho al Ejército y quiero mucho a mi país, aunque a veces seamos muy desagradecidos y muy críticos con los nuestros. Yo no voy «cambiando de chaqueta», ni musicalmente ni con mis ideas. Yo respeto y quiero que respeten.