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Entrevista a…Lara Cambrochano (Actriz y Coach)

No es tan importante estar arriba ni es tan frustrante estar abajo

Texto: Felipe Pulido / Madrid

Fotos: Stte. José Hontiyuelo (DECET)

Lara Corrochano (Madrid, 1973) ha participado como actriz en series como Hospital Central, Amar es para siempre o Las chicas del cable. Sin embargo, confiesa que su pasión es el cine, porque le permite trabajar más el personaje y llegar hasta el fondo de su personalidad. Natural de Gamonal (Toledo), psicóloga y coach, llegó a ser Miss Toledo y, poco después, descubrió el mundo de la interpretación, una carrera con altibajos en la que asegura que es fundamental gestionar las emociones. Con ese objetivo ha creado su proyecto «Brillando con Lara», una iniciativa que pretendía ayudar a compañeros de profesión, pero que ya se ha extendido al otro lado de la pantalla.

Tras una dilatada experiencia como actriz, ha asumido un reto diferente…

He conseguido unir dos mundos que quería integrar desde hace mucho tiempo: el de la psicología y el coaching con el de la interpretación. «Brillando con Lara» es una experiencia para ayudar a que las personas saquen lo mejor de sí mismas, en cuanto a inteligencia emocional. En un principio pensé que podía ayudar a mis compañeros, pero luego se fue extendiendo a empresas, particulares o instituciones. Recientemente he colaborado con el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, de Móstoles (Madrid). Da igual que estés ante una audiencia, una cámara o un público, lo importante es que siempre puedas sacar lo mejor de ti.

¿Qué hay detrás de los actores, de esos personajes que transmiten tanta fortaleza en la pantalla?

Mucha vulnerabilidad. A veces todo gira en torno al actor principal, y cuando sale una toma buena, esa es la que vale, aunque no haya sido la mejor para el resto. Creo que cuanto más brilla el secundario más puede hacer brillar al protagonista.

¿Cómo se gestionan todas esas emociones?

Todavía no se acompaña lo suficiente a la persona en los rodajes. En muchas series o películas hay un coach, que ayuda a montar el personaje, pero no a nivel personal. Hay actores jóvenes, por ejemplo, que hacen una serie y, de repente, tienen mucho éxito internacional. Es importante saber cómo gestionar también ese éxito, porque pueden pensar que eso es lo normal, e igual ese teléfono en unos años deja de sonar y ya nadie se acuerda de ti. Detrás de cada actor siempre hay una persona. No es tan importante estar arriba ni es tan frustrante estar abajo; no eres tan bueno cuando estás en la cima ni eres tan malo cuando las cosas no van bien.

No tiene antecedentes familiares en el mundo de la interpretación. ¿Cómo llega hasta aquí?

Por azares de la vida, tuve una pareja que me inscribió en un concurso de Miss Castilla- La Mancha. Yo no había pisado una pasarela. Ese año quedé la segunda y, al año siguiente, fui la primera en el concurso de Miss Toledo. Después me metí en una escuela de modelos, pero lo que realmente me gustaba era ser actriz. De hecho, empecé a estudiar Derecho porque había una serie llamada La ley de Los Ángeles, que iba sobre abogados. Cuando vi de qué trataba el Derecho, me di cuenta de que lo que me gustaba realmente era interpretar al personaje. Más tarde, con 28 años, entré en la escuela de interpretación de Juan Carlos Corazza, una de las más prestigiosas. Coincidí allí con Javier Bardem, Belén Rueda y otros artistas. Ahí descubrí el mundo emocional. Cuanto más lloraba o más reía, mejor actriz era; no hay que guardar las emociones.

Prefiere el cine a la televisión…

En el cine tienes más tiempo para ensayar y eso te permite crear y amasar bien el personaje. En la tele todo va más rápido. Tienes una o dos tomas para grabarlo. Esto te hace aprender mucho, porque no hay momento para la duda y tienes que llevarlo todo muy bien preparado.

Tiene que llorar en el rodaje y llora…

Yo sí que soy capaz, soy muy emocional. Tienes que haber trabajado mucho el personaje antes. Aunque llorar es lo más visual, debes ser capaz de manifestar cualquier emoción. Cuando se expresa un sentimiento, tiene que ser el personaje el que lo haga, no tú mismo.

Podría interpretar a un militar, porque los personajes fuertes a mí me funcionan muy bien

Lara Cambrochano

Uno de los papeles más destacados que ha tenido ha sido representar a Marina en Hospital Central…

Fue un personaje muy importante para mí, porque tenía un seguimiento de varios capítulos. Era la primera vez que tenía un papel con esa trascendencia. Supuso un antes y un después.

Luego vinieron muchos otros…

Amar es para siempre, Las chicas del cable…

Al representar a Marion Riviere, una actriz francesa, tenía que trabajar el acento del personaje. En cambio, en la película de suspense colombiana Fábula de una conspiración representé a Sofía, una exterrorista. Incluso tuve que aprender a utilizar armas. Esa parte de curiosidad, de aprendizaje, te la da esta profesión, porque tienes que hacer cosas a las que no estás acostumbrado.

¿Qué diferencia ha encontrado al actuar en un país o en otro?

Es distinto. Antes de Colombia estuve dos años en Londres. Me gustó mucho porque tienen una mentalidad muy sajona. Si ellos creen que tienes talento, apuestan por ti y tienes opciones, porque son muy empresariales. Colombia me dio algo que no me había dado España ni tampoco Londres, la sensación de artista, de reconocimiento.

¿Con qué personaje se quedaría?

En cada momento de mi vida, el persona- je llegaba por y para algo. Cada vez que aparece uno pienso cómo le puedo dar vida. En Las chicas del cable, Asunción es un personaje muy bonito que cuida a una niña de dos años. Creamos una relación tremenda entre las dos. Había veces que, si yo no estaba por allí, se ponía a llorar.

¿Se vería interpretando a un militar?

Totalmente. Los personajes fuertes a mí me funcionan muy bien.

¿Qué trabajaría de ese personaje para llegar al fondo de él?

Trabajaría la disciplina, que tiene mucho que ver con nosotros, con la parte artística. También el deporte, la organización, la rigidez. Sobre todo, que las emociones estuvieran, pero que no se vieran demasiado. Trataría de transmitir la imagen de alguien fuerte pero a la vez vulnerable, de alguien que puede salvarte en un momento determinado.

Entrevista a… Bernat Armangué / Premio Pulitzer 2023

En todos los conflictos hay dramas personales

Texto: Felipe Pulido / Madrid

Fotos: Sdo. Iván Jiménez (DECET)

Bernat Armangué (Barcelona, 1978) ha visto por el objetivo de su cámara el funeral de Nelson Mandela, algunos de los conflictos más importantes de las últimas décadas y desastres naturales como el terremoto de Nepal. Más recientemente, ha cubierto en primera persona la guerra en Ucrania, donde su labor le ha llevado a alcanzar el Premio Pulitzer junto a otros compañeros de Associated Press. Su arma: la cámara fotográfica. Su objetivo: ayudar a cambiar la vida de las personas.

El fotógrafo Bernat Armagué ha sido galardonado con el prestigioso Premio Pulitzer

¿Qué se siente al lograr el Pulitzer? Son sentimientos encontrados. Por un lado, estás contento por el reconocimiento al trabajo bien hecho, y a muchos años de profesión; pero, por otro, no dejas de estar premiado por una cobertura donde el motivo principal es el drama humano. En cualquier caso, siempre es positivo denunciar este tipo de situaciones y, de hecho, hay que hacerlo.

¿En el momento en que se dispara una fotografía se piensa que se puede estar ante un Pulitzer? La fotografía premiada está tomada en Jersón en noviembre de 2022, justo cuando las fuerzas ucranianas recuperaron el control de la zona. Estuvimos unos días, coincidiendo con los bombardeos. Era de noche, nos encontrábamos a oscuras, y hubo una ráfaga de explosiones en un vecindario muy cerca del lugar. Al llegar vimos que empezaban a salir todos los heridos. La imagen representa a una mujer en una ambulancia en el momento en el que estaba siendo trasladada al hospital. Cada persona puede hacer una lectura distinta, pero cuando estás haciéndola ya sabes que es una imagen potente por lo que en ella se transmite.

Ha estado cerca de cinco meses cubriendo el conflicto ucraniano, de forma interrumpida. Ha influido, lógicamente, la calidad de la fotografía, pero también el que se quedara en la zona cuando otros no lo hicieron… Tenemos la suerte de contar con medios en la agencia, y de que se apueste por el periodismo de calidad. Eso quiere decir que es un trabajo colectivo. Todos juntos hemos armado esa cobertura. Hay otros compañeros que, por cuestiones económicas, no han podido cubrir el conflicto con tanto detalle como nosotros.

Associated Press ha conseguido la distinción de servicio público por el «reporterismo valiente»… En total, hemos sido reconocidos seis fotógrafos de la agencia, entre los que nos encontramos dos españoles, Emilio Morenatti y yo.

¿Cómo es cubrir un conflicto desde dentro? A lo largo de los años he trabajado con compañeros locales, de diversos países, cubriendo sus conflictos. Obviamente, la implicación es diferente. No es lo mismo estar a miles de kilómetros de distancia, cuando sabes que tu familia se encuentra a salvo, que cuando eres un fotógrafo local y estás a unos ritmos de trabajo muy intensos y sin saber si tu familia se encuentra bien. A nivel logístico y de riesgos, no todos los conflictos son iguales. Cada vez entran en juego más elementos como la geolocalización, hackers informáticos, uso de drones… Son factores con los que antes no se contaba en otros conflictos.

Ha estado en el conflicto israelí-palestino, la transición en Egipto, la guerra de Libia o la violencia postelectoral en Kenia… Todos te marcan, porque en todos hay dramas personales. Para mí hubo un gran cambio cuando fui padre. Ahí la ecuación se multiplica. Entiendes un poco más todo y te afecta mucho más. No puedes evitar ver en esos niños a tu descendencia.

Soy una persona que busca conocer para desmontar las ideas propias

¿Puede más la vocación que el miedo en un escenario bélico? Está atada una cosa a la otra. Uno debe tener miedo en esos momentos. Son instantes de mucha tensión, donde todo puede cambiar en cualquier momento, y eso influye en tu estado anímico.

También ha cubierto otros muchos temas de actualidad… Uno de los motivos de este trabajo es vivir la historia, en momentos dramáticos, pero también en otros más festivos. El funeral de Nelson Mandela fue algo increíble, por la figura que fue y por tener la oportunidad de seguir el duelo nacional en Sudáfrica. Hace poco estuve también en el funeral de la Reina Isabel II del Reino Unido, algo totalmente diferente. En cuanto a los desastres naturales, se viven con intensidad por el componente humano que conllevan.

¿Hace falta algo más que técnica para dedicarse a esto? La técnica es imprescindible, pero la debes tener tan interiorizada que no puedes dedicar ni un segundo a pensar en ella. Pasan tantas cosas alrededor, que debes emplear todos los sentidos. Lo que tienes que entrenar es saber por qué estar ahí, cuál es la historia mientras estás fotografiando y cuál estás dejando de contar.

¿Cuándo nace esta pasión por el fotoperiodismo? Cuando estaba en Bachillerato. Recuerdo leer a Benito Pérez Galdós y descubrir esos personajes, esa vida en la calle, muy diferente a la de tu vida personal. Hay una llamada para salir de la zona de confort y conocer otras historias, otra forma de vivir. Esa fue la excusa inicial y después se convirtió en pasión.

¿Cómo es Bernat Armangué tras el objetivo? Una persona que busca conocer para poder desmontar las ideas propias. Solemos nacer en un ámbito donde nos educan con unos valores, pero hay que ampliarlo, y esto hace que te puedas cuestionar ciertas cosas. Que tengas la capacidad, aunque no estés de acuerdo, de ponerte en la piel del que es diferente a ti.

¿Qué cobertura le gustaría hacer y no ha hecho? Hay muchas historias de las que eres consciente y otras que no te las has planteado nunca. Esto es un camino que no se termina. Hay demasiadas listas pendientes, por suerte. En el pasado me hubiera gustado estar en el funeral del ayatolá Jomeini, para el futuro estaría bien ir a la Antártida o explotar más otros continentes como África.

¿Ha tenido oportunidad de estar con militares españoles? He coincidido con algunos de ellos en aeropuertos, cuando íbamos a cubrir algo. En Nepal me crucé en las calles con militares que estaban prestando su ayuda tras el terremoto. Y por supuesto, durante la pandemia por COVID-19, en la que las Fuerzas Armadas tuvieron un papel muy destacado.

¿Qué opina de la labor que realizan en misiones de paz? A nivel logístico y de preparación, hay un conocimiento que hay que compartir. No he podido conocer directamente el trabajo que se realiza en Líbano, pero soy consciente por otros compañeros de prensa, que han estado allí, de la labor que hacen los militares.

¿Cuál sería la foto que más le gustaría hacer? Una que sirviera para mejorar la vida de alguien.