Texto: Ana Vercher / Madrid
Fotografías: G.S.F.
Hoy en día es casi un cliché decir que el ritmo al que evoluciona la tecnología es vertiginoso. Pero es que, además, los cambios sociales y geoestratégicos no hacen sino sostener y potenciar aún más esta tendencia. Si a ello unimos aquella anónima frase de “la última gota de gasolina del mundo la quemará un tanque”, encontramos los dos elementos sobre los que se asienta este artículo: tecnología y combustible. Y los que motivaron al jefe del Laboratorio de Protecciones y Ensayos Balísticos del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), capitán ingeniero Suanes —perteneciente al Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra, con especialidad fundamental Armamento y Material—, a plantearse diseñar un prototipo de motor de biomasa.
Todo comenzó en 2020, durante el confinamiento ocasionado por la pandemia de COVID-19, cuando este capitán se encontraba leyendo diversas publicaciones de ingeniería y se cruzó con una noticia inquietante: pese al desarrollo y evolución de energías renovables, la dependencia de la sociedad de combustibles fósiles
—fundamentalmente, petróleo— se ha mantenido en los últimos años, ya que no existe una alternativa viable, al tiempo que los depósitos mundiales de los mismos están menguando a una velocidad alarmante. Respecto a esto, también hay que tener en cuenta que las Fuerzas Armadas europeas presentan una gran dependencia externa de esos combustibles fósiles, al apenas disponer de reservas naturales en su territorio.
UNA ALTERNATIVA AL PETRÓLEO

Esta noticia inspiró una tarde de reflexión, lo que dio paso a algunos bocetos rápidos. Un proyecto que fue haciéndose cada vez más grande hasta llegar a protagonizar la tesis doctoral en la que el capitán Suanes se encuentra actualmente inmerso. «El objetivo es llevar a cabo un prototipo de un motor de combustible alternativo, funcional y eficiente, orientado a su uso en vehículos terrestres —fundamentalmente militares—», explica el capitán, ya que, precisamente, es el sector automovilístico el que, en proporción, más combustibles fósiles consume.
Para ello, el capitán Suanes, ingeniero industrial por la Universidad de La Rioja y militar desde 2009, fue analizando y descartando varias alternativas, como pueden ser el etanol, el biogás o los aceites de pirólisis —que no son ni energética, ni económica, ni técnicamente viables, respectivamente—, así como el aceite vegetal hidrotratado —que requeriría grandes zonas de cultivo que habría que detraer de la producción de alimentos—, el hidrógeno —que es muy volátil— y las baterías eléctricas —que son costosas, voluminosas y limitadas—.
Finalmente, la opción elegida, la de la biomasa —combustible a base de partes leñosas de las plantas—, demuestra su viabilidad técnica, económica y energética, a falta únicamente del desarrollo de un motor compatible. Partiendo de pellets estandarizados como los que se utilizan en los sistemas de calefacción domésticos, el capitán ha diseñado un motor de cámara caliente apto para utilizar combustible sólido, colocando una rejilla adecuada entre el cilindro y la cámara de combustión.
Los vehículos militares con motor de biomasa podrían reabastecerse en cualquier lugar donde crecieran plantas
Este motor dispone de un sistema de alimentación especial para admitir combustible sólido, y un dispositivo extractor de las cenizas u otros residuos de la combustión.
Una vez perfeccionado este motor, en caso de ser aplicado a los vehículos militares, tendría una serie de ventajas muy significativas. Por ejemplo, la independencia energética de terceros países, la mayor resistencia a daños del vehículo —ya que el depósito de combustible no sería tan vulnerable— o la posibilidad de reabastecerse en cualquier lugar donde crecieran plantas —incluso en la misma zona de operaciones—.
«Está claro que, en el escenario futuro, los combustibles derivados del petróleo serán cada vez más escasos. Si no se adopta una alternativa, se llegará al punto en que los países con reservas de petróleo tendrán una posición de ventaja absoluta desde el punto de vista militar», asegura el capitán. En el caso de España, nación tradicionalmente agrícola, la producción de biomasa, tanto en zonas agrícolas como forestales, se estima en torno a los 50 millones de toneladas anuales, que, utilizada como combustible alternativo, podría reducir a menos de la mitad las necesidades de gasóleo A y B de todo el país. «Con sólo una pequeña parte de ese total, sería posible abastecer completamente a nuestras Fuerzas Armadas, manteniendo y potenciando su operatividad incluso en los escenarios de mayor escasez», concluye el capitán Suanes.


Debe estar conectado para enviar un comentario.