CON LA MIRADA EN EL CIELO

Texto: Ana Vercher / Colmenar Viejo (Madrid)

Fotos: Stte. José Hontiyuelo (DECET)

Para conocer los orígenes del actual Parque y Centro de Mantenimiento de Helicópteros (PCMHEL) hay que remontarse al 10 de julio de 1965, cuando se creó la Compañía de Aviación Ligera del Ejército de Tierra y su Unidad de Mantenimiento de Helicópteros, como parte de la División Acorazada «Brunete» nº 1. El 20 de marzo de 1973, queda encuadrado dentro de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) como Unidad de Mantenimiento y Apoyo. Posteriormente, en 1979, se transforma en Servicio de Helicópteros, aunque no fue hasta 1999 cuando tomó entidad propia como Parque y Centro de Mantenimiento, cambiando su dependencia al Mando de Apoyo Logístico del Ejército de Tierra (MALE). Ubicado principalmente en la base «Coronel Maté» de Colmenar Viejo (Madrid), el PCMHEL es el órgano logístico central que, encuadrado en la Jefatura de Centros Logísticos del MALE, es responsable de llevar a cabo las funciones logísticas de abastecimiento y de mantenimiento de tercer y cuarto escalón de los medios aéreos del Ejército de Tierra, desde los helicópteros hasta los sistemas aéreos pilotados remotamente (RPAS). «Ese es uno de los grandes retos de este Parque, ya que el hecho de no contar con una Agrupación de Apoyo Logístico hace que cualquier asunto que una unidad no pueda resolver por sí misma acabe aquí. Eso provoca una carga de trabajo extra y una casuística muy compleja», explica el jefe del PCMHEL, coronel De Mena. Por otro lado, y en aras de una mayor coordinación con el resto de elementos, el Parque presenta dependencias funcionales del general jefe de las FAMET —en lo relativo a seguridad de vuelo y normas, y procedimientos operativos—, del jefe de la base «Coronel Maté» —respecto al régimen de vida y servicios—, y del director de la Academia de Aviación del Ejército de Tierra —en lo relacionado con las necesidades de formación del personal—.

Entre las labores del Parque están las revisiones de helicópteros, como los conocidos Chinook, Superpuma, Cougar o Sarrio.

REVISIONES DE HELICÓPTEROS

Entre las muy variadas tareas que el PCMHEL realiza en el ámbito de sus responsabilidades, se encuentra efectuar las revisiones de helicópteros modelo HU-18 AB, HU-21 Superpuma, HT-27 Cougar, HT-29 Sarrio, HT17 Chinook, HE-26/HU-26 EC-135 y HA-28 Tigre, así como de varios RPAS asignados. En caso necesario, se efectúan reparaciones y equilibrado de palas, reparación y carenado de estructuras, reparación de instrumental y equipos radio, revisión de turbinas, rotulación de elementos o pintado de componentes o aeronaves completas. «Trabajar con helicópteros es difícil, especialmente porque todo debe ir certificado y siguiendo el procedimiento legal adecuado. Técnicamente también es complicado y se requiere de mucho personal, muy cualificado y con experiencia, para que no se escape el conocimiento», asegura el coronel. Además, otro de sus cometidos es la preparación y carga de aeronaves para su despliegue en zona de operaciones. No en vano, a lo largo de sus 50 años de existencia, el PCMHEL ha aportado personal a distintas operaciones multinacionales para el mantenimiento de la paz, entre las que pueden destacarse Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Kirguistán, Irak, Indonesia, Afganistán, Líbano o Mali. «Se va a zona, generalmente, para hacer certificaciones, pero también hay veces que un equipo concreto se desplaza para hacer reparaciones o, directamente, reemplazar la aeronave si se ve necesario», explica el suboficial mayor Alcalde.

El PCMHEL también se encarga del abastecimiento y mantenimiento de determinados RPAS

ORGANIZACIÓN

El PCMHEL se articula en torno a una Unidad Técnica de Mantenimiento y una Unidad de Abastecimiento, coordinadas y dirigidas por la Jefatura del Parque y su Plana Mayor de Mando, que incluye una Unidad de Ingeniería, un Centro de Control de Apoyo Logístico, un Departamento de Calidad, una Unidad de Seguridad en Vuelo y una Sección de Asuntos Económicos. Por último, una Sección de Apoyo al Centro permite dirigir las actividades de instrucción del personal de tropa y otras actividades de coordinación del día a día de la unidad. Junto a su base madrileña, cuenta además con tres destacamentos adicionales, emplazados a su vez en Bétera (Valencia), Agoncillo (La Rioja) y Almagro (Ciudad Real), dedicados al mantenimiento especializado de los helicópteros HU-21/HT-27, HT-29 Sarrio y HA28, respectivamente. Asimismo, y desde 2013, integra el Centro de Soporte Software Tigre (CSST), en Getafe (Madrid), con capacidad de evaluar e implementar modificaciones a distintos niveles en el software contenido en los sistemas de los helicópteros HA-28 Tigre, en respuesta a un entorno de operación y tecnología cambiantes a lo largo de su ciclo de vida. Actualmente, uno de los principales retos del PCMHEL es su transformación en el Centro de Mantenimiento de Aeronaves (CEMAET), que junto con la Base Logística del Ejército de Tierra constituirán el Centro Tecnológico Logístico del Ejército. Este ambicioso proyecto, orientado a materializar el concepto de Logística 4.0, implica la adopción de nuevas tecnologías y su integración en los sistemas y procesos tradicionales para maximizar su eficiencia. A lo largo del presente 2023, el PCMHEL ha adquirido material tan variado como gafas de realidad aumentada para asistencia remota, armarios inteligentes y lectores RFID, tablets para personal de taller, impresoras Datamatrix —códigos de barras bidimensionales con información de trazabilidad de los materiales— y sistemas de información específicos, todo ello hiperconectado gracias a un sistema de comunicaciones 5G. Se espera que el CEMAET esté disponible, en fase experimental, entre 2024 y 2025.

IMPACTO DIRECTO

Texto: Selene Pisabarro / Zaragoza

Fotos: Stte. José Hontiyuelo (DECET)

El Mando de Artillería de Campaña ha disparado el nuevo proyectil Excalibur por primera vez con los obuses SIAC 155/52 y autopropulsado M-109.

Todas las unidades del Ejército de Tierra caminan hacia el futuro, con el horizonte 2035 en la cabeza y con el propósito de implantar un Ejército más moderno y avanzado tecnológicamente. Una de ellas es el Mando de Artillería de Campaña (MACA), que ya ha probado el nuevo sistema Excalibur el 23 de octubre, durante un ejercicio en el Centro de Adiestramiento «San Gregorio» (Zaragoza). Así, ha declarado la Initial Operational Capability, con la que obtiene la capacidad de ataque a objetivos con máxima precisión. Gracias a este hito, este Mando se ha constituido como unidad de referencia Excalibur y, por ende, tendrá la responsabilidad de proporcionar los apoyos de fuego correspondientes a las brigadas y divisiones que se determinen. De este modo, reforzará los fuegos que proporcionan el resto de unidades de Artillería, y apoyará a los Centros de Formación en la preparación.

«El MACA es pionero en el uso de Excalibur»

SISTEMA EXCALIBUR
En un primer momento, se decidió que el obús óptimo para efectuar el disparo del Excalibur era el Santa Bárbara 155/52 —tanto en su versión V07 como SIAC—. Posteriormente, también se confirmó su utilización en el obús autopropulsado (ATP) M-109 A5. Por este motivo, las unidades designadas para este cometido han sido los Regimientos de Artillería Lanzacohetes de Campaña (RALCA) nº 63 y el de Artillería de Campaña (RACA) nº 11. Se compone de un sistema de control que integra, por una parte, el sistema de cálculo de datos de tiro y, por otra, el de transmisión y programación de la espoleta. También el propio proyectil de alcance extendido —con un módulo Base Bleed—, que incorpora el sistema de navegación y el de control y guiado GPS. Todo ello permite neutralizar objetivos de hasta 50 kilómetros, con un círculo de error probable inferior a 4 metros. Con Excalibur se pueden batir objetivos blindados, a descubierto o en el interior de edificios y fortificaciones. Su coeficiente balístico es superior al proyectil rompedor convencional M-107 —con un alcance de 18 kilómetros—, de dotación en el Ejército de Tierra.

UN LARGO CAMINO
En septiembre las unidades recogieron el material del Parque y Centro de Mantenimiento de Armamento y Material de Artillería, en Valladolid. Atrás quedaban meses de pruebas con este sistema en el Centro de Ensayos «Torregorda» (Cádiz), y de estudio y preparación de las primeras dotaciones con las que se efectuaría el primer disparo. También en «Piccatinny Arsenal» (Nueva Jersey, Estados Unidos), donde se formó al personal para que instruyera a las dos primeras tripulaciones del SIAC y ATP —incluyendo a sendos jefes de batería, de pieza y equipos de observadores—. Ahora, es el momento de integrar esta nueva capacidad de la Artillería española, con las miras puestas en otro hito en el futuro: batir con precisión objetivos en movimiento, que también podrá ser clave para la artillería de costa. Será con la munición Excalibur-S, una variante que incorpora un guiado láser semiactivo terminal y que supone una evolución del actual proyectil.

EL PROYECTIL
El radio de acción letal es de, aproximadamente, 30 metros. Así, se aumenta la potencia de fuego que, unida a la precisión propia del sistema, garantiza la disminución de daños colaterales. Además, la incorporación del Base Bleed permite aumentar el alcance. «En el caso de los SIAC, se alcanzan objetivos de hasta 50 kilómetros y, en el de ATP, son 40», explica el capitán Vallina, del RALCA 63. En la parte delantera lleva una unidad de navegación inercial, el receptor GPS y la electrónica asociada. También el sistema de guiado tipo Cannard, cuyas aletas directoras se encuentran en esta parte, algo que hasta ahora solo se veía en misiles antiaéreos, como Mistral. Con esto se consigue que el proyectil sea capaz de modificar aerodinámicamente su trayectoria. La estabilización no es por rotación, sino a través de aletas, que se despliegan en su parte trasera una vez que se sale del tubo del obús. En el centro, se encuentra la carga explosiva y la espoleta, que es electrónica. En su parte trasera incorpora el culote Base Bleed.

«Se alcanzan objetivos de hasta 50 kilómetros con el SIAC 155/52 y alrededor de 40 con el ATP M-109…»

Capitán Vallina

FASES DE VUELO
Excalibur es peculiar también por su funcionamiento una vez que se dispara, ya que tiene dos fases de vuelo. La primera abarca la rama ascendente, cuando el proyectil sale del tubo. Actúa como uno convencional empleando una trayectoria balística, a la par que realiza un chequeo interno para comprobar que los sistemas funcionan correctamente y recibe la señal GPS con calidad. La segunda es la rama descendente, cuando el proyectil efectúa una navegación aerodinámica hacia el objetivo. De este modo, impacta con la orientación y el ángulo de ataque que se haya establecido previamente. Es «muy seguro, porque se arma en los últimos dos segundos de la trayectoria. Si detectase que cae 30 metros alejado de la zona marcada, no se arma y cae inerte, por lo que no habría detonación», asegura el capitán Vallina.

LA SECUENCIA DE DISPARO

Hasta que se incorpore al sistema de mando y control Talos, de apoyos de fuego, el procedimiento de fuego se hace de manera autónoma, de la siguiente forma: En la zona de artificiero del obús SIAC 155/52, los artilleros del RALCA 63 ya están preparados. No falta nada, incluyendo el proyectil y la pólvora. Por radio se oye: «¡Acción de fuego Excalibur!». Entonces, comienza el proceso. El teniente jefe de sección ya ha llegado a las proximidades. El sargento Gil, jefe de pieza, relata la secuencia: «Vamos desempacando los proyectiles y los ponemos en posición. Al mismo tiempo, un artillero coloca el GPS en la boca del tubo para conocer las coordenadas y transferirlas a la tablet, mediante un sistema encriptado. Cuando se retira el GPS, me pasa la orientación de tiro con el ángulo, que yo introduzco en la unidad de control de mi pieza. Después, colocamos el programador de espoleta, el EPIAFS (Electronic Portable Inductive Artillery Fuze Setter), que introduce la información en un tiempo de entre 5 y 20 segundos». Una vez que se ha programado, dos artilleros cargan el proyectil, debido a su delicadeza, mientras el sargento realiza las oportunas comprobaciones. Por ejemplo, «la correcta colocación del proyectil en el tubo, para asegurarnos de que no hay una caída del mismo o fallback. Si todo es correcto, se introduce la carga modular, se cierra y entonces mando a toda la gente a cubierto», concluye. Y el obús, de manera automática, realiza el disparo, hasta que impacta en el objetivo con una precisión y una potencia de fuego extraordinaria. Un sistema con procedimientos complejos y selectivos para batir objetivos de alto valor, y con una capacidad disuasoria y decisiva muy importante.

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