La buena música tiene un efecto sanador

Texto: Elvira Valbuena (Madrid)

Fotos: Bg. Jose Manuel Dueñas

Estíbaliz Uranga Amézaga (Bilbao, 1952) es una de las voces más importantes del panorama musical español. Desde que comenzó su carrera, siendo muy joven, junto a sus hermanas Amaya e Izaskun, en el trío “Las hermanas Uranga”, hasta la actualidad, con “El Consorcio” (1993), la cantante lleva subida a los escenarios nada menos que 56 años. En su extensa trayectoria, Estíbaliz no ha dejado de cosechar éxitos dentro y fuera de nuestras fronteras, junto a sus hermanos y amigos, en distintos grupos. La formación vocal por excelencia, “Mocedades”, fue la que les llevó a la fama. Mención aparte merece la relación con su marido, Sergio Blanco, con quien además de una familia, formó el dúo “Sergio y Estíbaliz”, y compartió toda una vida de sueños e inquietudes artísticas. Estíbaliz.

«Nuestra música estaba bien hecha y, por eso, ha permanecido a lo largo del tiempo«.

Nos encontramos en el Palacio de Buenavista y acabamos de ver una escultura de Sergio Blanco en uno de sus salones. ¿Cómo desarrolló su marido esta faceta?

Fue su temperamento artístico el que le llevó a ella. Sergio no se quedaba solo en la música. A él le encantaban los caballos y encontró el modo de realizar esculturas ecuestres. Tuvo un comisario de exposiciones militar y, a través del general de ejército Alejandre, el Ejército la adquirió. Tiene cuatro esculturas públicas de talla muy grande. Una de Juan II, en Ciudad Real; otra del Papa Luna, en Peñíscola (Castellón), y dos del Duque de Ahumada, una en Valdemoro y otra en Aranjuez, ambas en Madrid.

Sergio intentaba que sus esculturas fueran lo más fieles posible a la realidad. Le importaba mucho el movimiento. Los caballos los bordaba y, lo más importante de todo, es que era completamente autodidacta. Nadie le enseñó. De hecho, cuando al principio vivíamos en un apartamento en el centro de Madrid y pensábamos en una casa más grande porque esperábamos una hija, también sopesamos la posibilidad de que estudiara Bellas Artes, pero nunca lo hizo. Primero, empezó con los pequeños soldados de plomo y luego, poco a poco, con las esculturas. Era un momento en el que nos encontrábamos en un compás de espera con la compañía discográfica y ahí comenzó. Me pedía opinión sobre sus esculturas y yo se la daba. Teníamos una gran complicidad y éramos muy felices. He tenido una vida muy rica y muy importante al lado de Sergio, en el plano personal y también en el profesional. Como escultor, cuenta con mi admiración mayor, porque creo que era un gran escultor.

Se conocieron muy jóvenes y, en sus inicios, Sergio tuvo que hacer el servicio militar. ¿Cómo afectó a su carrera?

Sí. Le conocí con 16 años. Sergio tenía un teniente coronel que era bastante majo y si le cantaba una ranchera, “Volver, volver”, le dejaba ir a las galas (sonrisa). Aquel año, 1975, cuando hizo el servicio militar, también fuimos a Eurovisión y nos casamos. Fue un año redondo. Sergio hizo el campamento en Vitoria y luego el resto, en Bilbao. No hubo problemas y lo compaginó todo.

Hablaba de Eurovisión. ¿Cómo ve ahora el festival, con la perspectiva del tiempo?

Fuimos a Eurovisión siendo ya “Sergio y Estíbaliz”, con la canción “Tú volverás”. Había unos 20 concursantes y quedamos los décimos. Creo que no es comparable. Ahora, están haciendo el concurso que quiere la gente. En aquel momento, aquello funcionó, pero, como es lógico, los que vienen después van haciendo otras cosas.

Hay cantantes que se convierten en iconos, a veces muy rápidamente. Cuando uno es joven, ¿Cómo asume la fama?

Nosotros teníamos una fama muy normal. Nuestros seguidores no nos agobiaban. No, no. Era todo mucho más natural. Teníamos un aprecio que, a lo largo del tiempo, se ha demostrado que era muy firrme y muy de verdad. No era algo efímero, de ahora me quiere todo el mundo y luego no. El público nos apreciaba de verdad porque si no, no perduras 56 años en la música. Por mucho que los fenómenos se concretan en un espacio de tiempo, luego viene otro, y luego otro, que los sustituyen. Lo nuestro no era transitorio. Era algo que a la gente le calaba, que contaba historias. La música estaba muy bien construida, por eso ha permanecido. Todo esto es como un cuadro antiguo, que lo vas viendo a lo largo de las décadas y sigues pensando que es bueno, porque está bien hecho. Hay cosas que se van a mantener en el tiempo y nosotros hemos tenido la suerte de pertenecer a ese tipo de música.

Han pasado varias generaciones y su música sigue gustando. Hay niños que se saben las canciones.

Sí, sí, pero porque algo tiene el agua cuando la bendicen, no? Nosotros hemos tenido la suerte de pertenecer a una época en la que la música tenía otros mimbres. De hecho, cuando ahora hacemos conciertos, lo que percibimos es esa alegría del público de encontrarse con esa música que le ha hecho feliz y que le recuerda muchos momentos de su vida. Nos tienen unidos a esas canciones y a sus vivencias personales. Hay personas que se han enamorado con nuestras canciones o que una canción ha traducido lo que sentía por otra persona o por una situación.

Y siguen llenando espacios.

Nosotros éramos la música que escuchabas a diario. Hoy, la música hay que buscarla. Llenar los lugares y ver que las personas salen con una sonrisa es una gran satisfacción. Para mí, el mejor homenaje es que alguien oiga tu disco y se sienta feliz. Yo, muchas veces, le digo al público que no se preocupe de quién está al lado, que cante y lo pase bien. Hay algo tan importante en la música para nuestro cerebro que a las personas con Alzheimer, por ejemplo, es lo último que se les olvida. La música es la única manifestación artística que no requiere de la atención del receptor para causar su efecto. La buena música tiene un efecto sanador. Te ayuda, te evade, te relaja, te acompaña. Es algo increíble para el alma.

El deporte es mi vida, pero necesito formarme también para el futuro

Texto: Juan Diego Tobajas (Madrid)

Fotos: Sdo. Iván Jiménez y Alf. Silvia González

Ella es la que pone la música en el club donde entrena, en San Sebastián de los Reyes (Madrid), y los demás bailan al son que la joven taekwondista marca. Como en el tatami. Adriana Cerezo (Alcalá de Henares, 2003) es, después de haber logrado la medalla de plata en los Juegos de Tokio 2020, una de las más firmes candidatas de nuestro país a conseguir el oro en los Juegos Olímpicos de París, que se celebrarán en julio. La deportista española no contempla otra cosa que no sea llegar a lo más alto. Adriana atesora, a pesar de su juventud, suficiente preparación, talento y experiencia para lograr el ansiado metal. Además, es capaz de compatibilizar la dedicación que exige ser un deportista de alto rendimiento con los estudios universitarios.

En Tokio 2020 se estrenó en unos Juegos Olímpicos logrando la medalla de plata con solo 17 años. ¿Cree que llega a París en un momento óptimo para conquistar el oro?

Sí. Cuando me puse en mente ir a Tokio, la pregunta que me hizo Jesús Ramal, mi entrenador, fue si iba a estar preparada para lo que venía; es decir, para ganar. Le contesté que sí. De lo contrario, no quería ir. Luego podía caer en primera ronda o llegar a la final, como así fue. Ahora también estoy preparada para París. Creo que ya estoy en un punto de forma espectacular.

¿Cuáles son las claves de su preparación?

Estar al máximo nivel técnico, táctico y mental e intentar alcanzar un equilibrio. Mi deporte es de enfrentamiento directo, el objetivo no es conseguir la mejor marca como en otros, por ejemplo, el atletismo. El más rápido o el más fuerte no tiene por qué ser el mejor. Hay que ser capaz de conciliar todo. Cuando llegue el momento tendré que estar lo más equilibrada posible para agarrar esa medalla de oro.

¿Y si no la consigue, sería un fracaso?

Ahora mismo es que ni me lo planteo, siempre apunto a la montaña más alta. La plata de Tokio es hasta ahora el mejor logro deportivo que tengo. Aunque quiero más, no me voy a fustigar si no alcanzo la medalla de oro. Igualmente, si quedo campeona, imagino que querré serlo dos veces, tres… Lo que tengo muy claro también es que no importa tanto lo que quiero obtener sino cómo lo quiero hacer, tener ese sentimiento de que he trabajado para ello y que verdaderamente me lo merezco porque he hecho todo lo posible para estar ahí. Si se quiere ser campeón olímpico, hay que entrenar como un campeón olímpico desde el momento cero y es lo que estoy haciendo.

Fue la primera deportista en conseguir una medalla para España en los Juegos de Tokio 2020. ¿Qué siente representando a tu país?

Es un orgullo brutal. Igual que yo me siento muy representada cuando veo el Mundial de Fútbol en la tele y juega España, o veo sacar a Carolina Marín (bádminton) o a Rafa Nadal (tenis). Al final lo sientes como algo tuyo. Pensar que puedo serlo también para cualquier persona que esté viéndome en los Juegos, es una de las cosas que más ilusión me hace.

¿Cómo conoció el taekwondo?

Mi abuelo era fan de las películas de artes marciales, aquellas de Bruce Lee, Chuck Norris… Las veía con él y luego me ponía a hacer el tonto imitándoles. Me gustaban mucho. Como mis padres no querían que yo empezara tan pequeña, con cuatro años, practicando un deporte «violento», mi abuelo me apuntó a escondidas. Luego les dijo que vinieran a mi primer examen de cinturón. Yo estaba muy seria, súper concentrada. Cuando vieron que no me quería ir de allí, que era feliz, se convirtieron desde ese día en mis mejores seguidores.

Alguna vez ha dicho que el mindfulness le ha ayudado mucho. ¿Cómo funciona?

Yo empecé a practicar mindfulness sobre el año 2018. Me lo recomendó mi entrenador. Lo probé y luego participé en un campeonato en el que lo veía todo, o sea, cada momento, de una forma diferente, más lúcida. Me ha venido muy bien a nivel de concentración, no solamente en el taekwondo, también en mis estudios. Parar 20 minutos cada día y solo concentrarse en la respiración, olvidándote de los problemas, es como liberar la mente. Yo tengo una aplicación en el móvil con meditaciones guiadas, sonidos relajantes… ¡Me va muy bien!

Siempre me ha gustado mucho lo relacionado con la Policía, el Ejército y la Guardia Civil

Le ayuda el mindfulness y sus conocidos dicen que también el reggaeton, ¿no?

(Risas) Si hubieráis llegado 20 minutos antes tendríamos la música puesta. Puede sonar tanto «El Barrio» como Britney Spears, o el reggaeton, que ponemos bastante. También ayuda.

Además de ser deportista de élite estudia una carrera universitaria, Criminalística. ¿Cómo consigue compatibilizarlo?

Desde pequeñita, si quería practicar taekwondo, mis padres me exigían que respondiese con los estudios. Para venir a entrenar, tenía que haber hecho los deberes y luego aprobar los exámenes. Tiempo después, me llevaba los libros a las concentraciones de los campeonatos. Llegó un punto en el que ya no eran mis padres quienes me obligaban. Me es sencillo llevarme el iPad, abrirlo en el avión y ponerme a estudiar. El deporte es mi vida y me encantaría poderme dedicar siempre a esto, pero necesito un plan B, formarme también para el futuro.

¿Por qué eligió Criminalística?

Siempre me ha gustado mucho todo lo relacionado con la Policía, el Ejército y la Guardia Civil, así que me decanté por una carrera que estaba en esa línea y que podía conciliar con mi dedicación al deporte.

A su edad muchos jóvenes solo están pensando en salir de fiesta los fines de semana. ¿No lo echa de menos?

Al final con la gente que acabas haciendo más vida social es con los compañeros del club. Terminamos de entrenar y nos vamos a cenar o al cine. Es una vida distinta. Cuando tenía 12 años y me iba un mes a Australia a competir era algo que mis compañeros del colegio no podían hacer. He tenido y tengo una vida muy chula que muy poca gente puede disfrutar. La verdad es que no echo nada de menos. Estoy muy contenta.

Para terminar, ¿cómo cree que su experiencia en el taekwondo y su éxito deportivo pueden inspirar y motivar a otros jóvenes?

Creo que las motivaciones no dependen únicamente de ser un deportista del alto rendimiento. Yo soy deportista, pero también estudio y eso hay que mostrarlo. Habrá algunas personas que no quieran ser deportistas de alto rendimiento, pero a lo mejor sí quieren ir dos o tres días a la semana al gimnasio, y lo dejan porque están con los estudios o simplemente no van. Y sí se puede. Creo que mi ejemplo vale, y no solo el mío. Muchísimos deportistas, medallistas olímpicos, tienen carreras universitarias. Por ejemplo, la atleta Susana Rodríguez Gacio, medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio, es médico. Hay un montón de historias que creo que hay que enseñar para que la gente sea consciente de que todo el mundo puede hacer deporte y compatibilizarlo con cualquier otra actividad.

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