Autonomía sobre ruedas

La Agrupación de Transporte n.º 1 ha puesto a prueba recientemente los nuevos vehículos eléctricos adquiridos por el Ejército de Tierra con el objetivo de obtener datos que permitan determinar mejor su uso.

Texto: Clara Privé (Madrid)

Fotos: Bg. J. M. Dueñas (DECET)

Las limitadas reservas de combustibles de origen fósil, así como la preocupación por el efecto sobre el clima, han impulsado el desarrollo de vehículos con fuentes alternativas de energía, entre las cuales destacan los eléctricos.
El Ejército de Tierra posee una flota de más de 1000 vehículos de etiqueta medioambiental Cero y alrededor de unos 500 ejemplares 100 % eléctricos, distribuidos por toda la geografía nacional. Los turismos y furgonetas de reciente adquisición se enmarcan dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, aprobado el 17 de octubre de 2023 por el Gobierno de España, para distribuir las ayudas de Europa provenientes de los fondos NextGenerationEU.

Por este motivo, la Agrupación de Transporte (AGTP) n.º 1, en Madrid, ha sometido a sus vehículos eléctricos a pruebas sobre su autonomía y operatividad durante los últimos meses con el fin de obtener un esquema de uso para optimizar el rendimiento y el empleo más adecuado de los vehículos.
Hay una clara diferencia entre estos vehículos y los de combustión: la gestión de la energía. En los automóviles convencionales la batería solo es necesaria para arrancar el vehículo, ya que luego para el movimiento utiliza el combustible. Sin embargo, en los eléctricos se consume batería para el impulso del vehículo, pero también por cualquier dispositivo activo como, por ejemplo, la climatización o las luces.

La autonomía real de los vehículos se ve afectada por numerosos factores, entre los que pueden citarse la velocidad, el desnivel, la temperatura ambiente o la carga transportada.
Con el estudio se ha conseguido caracterizar el consumo medio de los vehículos eléctricos de la AGTP 1 teniendo en cuenta únicamente la velocidad, la carga transportada y el desnivel. Los datos se han obtenido del propio automóvil a través del puerto estándar y el GPS. De este modo, se han logrado resultados muy precisos sobre la distancia que es posible recorrer en función del porcentaje de consumo de batería.
Primero, los resultados han mostrado que el vehículo eléctrico en dotación en la AGTP 1 que mayor distancia recorre puede circular hasta 300 kilómetros a una velocidad media de 90 km/h. Segundo, que la carga transportada apenas afecta a la autonomía en los vehículos probados. Tercero, que el desnivel del recorrido afecta a la autonomía. Por ejemplo, en los tramos con desnivel positivo, aumenta el consumo, y en el negativo, el frenado regenerativo recupera gran parte de esa energía.

Asimismo, el tiempo de carga de los automóviles depende tanto del punto de carga utilizado como del cargador interno del vehículo. Éste transforma la corriente alterna en continua y la envía a la batería. Los cargadores internos limitan la potencia de carga a 7 kW, lo que se traduce en que los tiempos necesarios para cargar un 80 % oscilan entre 6 y 8 horas.
Existen unas recomendaciones comunes a todas las baterías de los vehículos: no se debe bajar del 20 %.

«Se considera que las pruebas realizadas son válidas para un intervalo de temperaturas entre 0º y 30º-35º C. A temperaturas inferiores la química de la batería se ralentiza reduciéndose la capacidad de carga y además el consumo de energía es superior debido a la necesidad tanto de calentar la propia batería como al uso de la calefacción. A temperaturas superiores a 30º-35º C, el consumo de la batería es muy superior debido a la necesidad de su refrigeración y el uso del aire acondicionado para los pasajeros», indica el brigada Hidalgo, de la AGTP 1.
Los vehículos eléctricos han llegado a las unidades para quedarse, por lo que conocer su autonomía y comportamiento facilitará la selección de misiones.

TIPOS DE PRUEBAS

1.- Pruebas de Velocidad

En esta prueba, se han realizado con los vehículos 4 segmentos de unos 30 km en un recorrido llano donde la velocidad media era de 90 km/h, con el fin de analizar la autonomía. El estudio ha demostrado que el aumento de la velocidad media a un valor en torno a los 120 km/h, incrementa el consumo un 25 %. El resultado es que se dispone de vehículos de entre 200 y 300 kilómetros de autonomía real, según el modelo.

2.- Pruebas de desnivel

En este estudio, se han realizado dos recorridos con 200 y 500 metros de desnivel, respectivamente. El aumento de consumo en los tramos con desnivel positivo se ve compensado por el «frenado regenerativo», es decir, la recarga de la batería que se produce en los tramos con desnivel negativo cuando se retira el pie del acelerador o también cuando la gravedad y el peso del vehículo son suficientes para mantener la velocidad.

3.- Prueba de carga

Los vehículos se han puesto a prueba con un aumento de la carga en distintos recorridos con el objetivo de observar la reducción de vida de la batería. En esta comprobación se ha evidenciado que la carga transportada apenas afecta a la autonomía real de los automóviles. Este caso se da en todos los modelos, a excepción de uno de los vehículos disponibles, en el que su batería se reduce en un 10 % con el aumento de carga.

CABO MAYOR CARDELLE

UNA VIDA VINCULADA A LA MONTAÑA

Texto: Luis Villaverde / Madrid

Fotos: CBMY. Cardelle


Nacido en Baracaldo, se crió en el barrio bilbaíno de Masustegui, donde conoció la felicidad de vivir cerca de la montaña. El cabo mayor Cardelle, destinado en el Grupo de Operaciones Especiales «Valencia» III, del Mando de Operaciones Especiales (MOE), ha vinculado su vida al alpinismo desde muy joven. Con 19 años se incorporó al servicio militar voluntariamente, lo que le dio la oportunidad de elegir destino en una unidad de montaña, en la Sección de Esquiadores y Escaladores del Regimiento de Cazadores de Montaña «Tercio Viejo de Sicilia» n.º 67, en San Sebastián. Desde entonces, Cardelle conoció la dureza de la montaña, pero también valores como el honor, la amistad, el sacrificio, el deber y la responsabilidad. En el MOE, donde ha pasado la mayor parte de su vida militar, aprendió que el ser humano no tiene límites cuando se trata de superar obstáculos.

Alcanzar la cima de las montañas más altas del mundo es uno de los mayores desafíos del alpinismo, y el cabo mayor Cardelle se encuentra inmerso en el ambicioso «Proyecto 7 cumbres». El reto trata de ascender a las montañas más altas de cada continente, añadiendo además la de Norteamérica. Estos gigantes de la Tierra son: el monte Elbrus (5642 m), en Europa; el Kilimanjaro (5895 m), en África; el Aconcagua (6961 m), en Suramérica; el Vinson (4897 m), en la Antártida; el Everest (8848 m), en Asia; el monte Denali (6194 m), en Norteamérica y la Pirámide Carstenz (5029 m),  en Oceanía. «Se trata de un proyecto muy interesante por lo que engloba a nivel de experiencias. Cada expedición es diferente y conocer otras culturas y personas a través de esta diversidad lo hace más atractivo. Hay que ser muy polivalente en la montaña para enfrentarse a este gran reto», aclara. Su próximo desafío es la subida al Everest, la cumbre más alta del mundo. Será su cuarta montaña de este proyecto, pues ya cuenta con tres ascendidas, el Aconcagua (Argentina) y los montes Denali (Alaska) y Kilimanjaro (Tanzania).

En el ascenso a este último, en 2019, el cabo mayor contó con la compañía de su esposa, Sabina, y de su hijo, Carlos. «Fue de las expediciones más bonitas que he hecho, aunque también de las más estresantes por la responsabilidad que conlleva subir al Kilimanjaro con un niño de 11 años, ya que con esa edad los niños son más sensibles al frío o a la altitud, y entonces tienes que ir con mucha más precaución», explica. Durante los últimos 20 años no siempre ha sido fácil encontrar compañeros que le siguieran en este tipo de actividades. El comandante (R) Blas, del MOE, ha sido su fiel binomio de montaña en muchas de sus hazañas. «Disfruto mucho más acompañado porque compartes experiencias, aunque hacerlo solo también tiene su parte bonita. Al final, eres tú y la montaña, y afloran más los sentimientos contigo mismo», afirma.

Las expediciones del cabo mayor Cardelle también tienen matiz solidario, ya que colabora con pequeñas organizaciones benéficas. «Lo que hacemos, el comandante y yo, es darles visibilidad. Cuanto más conocidas son,  más ayudas pueden obtener a la hora de buscar apoyo económico», explica. 

La montaña no siempre muestra su lado amable, y es entonces cuando hay que afrontar esas inclemencias que la naturaleza aporta al alpinismo. En 2014, el cabo mayor y el comandante Blas afrontaron un nuevo proyecto en el pico Alpamayo (5947 m), en Perú. La que comenzó como una expedición, por la que dicen que es una de las montañas más bonitas del planeta, se tornó en una amarga experiencia. «La montaña del Alpamayo cuenta en su parte de abajo con una rimaya —grieta larga y profunda—, y en la parte final, una pared de hielo de 500 m de altitud. Al bajar estaba nevando mucho, el comandante Blas y yo íbamos encordados, y él se cayó en la grieta, pero yo lo aseguré bien, clavé piolets para sujetarnos y pudo salir. Fue un susto tremendo», relata.

En 2022, durante una expedición al Broad Peak (8047 m), en Pakistán, tuvieron que rescatar al cabo mayor, al que el COVID le sorprendió en plena subida causándole un episodio de hipoxemia moderada —se manejan valores de entre 40 % y 59 % de oxígeno en sangre—. «Tuve serios problemas, me marcaba un 45 % de óxigeno en sangre, una barbaridad si tenemos en cuenta que los marcadores normales están en 95-97 %. Bajé al campo base sin fuerzas, allí llamamos a un helicóptero y me rescató».

El cabo mayor a lo largo de estos años ha ido aprendiendo de cada expedición, nunca deja de instruirse en algo nuevo. Su relación con la montaña es un continuo proceso de formación y siempre intenta adaptar las lecciones aprendidas a sus siguientes proyectos. 

Blog oficial del Ejército de Tierra