Álvaro, nuestro mejor soldado acorazado

Alguien anónimo definió la niñez como un estado de conciencia que termina el día en que un charco es percibido como un obstáculo y no como una gran oportunidad…

El 20 de octubre, en colaboración con la Fundación Make a Wish Spain, la Brigada Acorazada “Guadarrama” XII se transformó en un enorme “charco” para recibir la esperada visita de Álvaro, un niño de poco más de cuatro años diagnosticado con una grave enfermedad.

Su pasión por los “tanques” y el mundo militar le viene de la mano de su hermano mayor; otro gran apasionado de la milicia, que se la ha ido inculcando a base de juegos y repetidas explicaciones.

Visita al Museo de Medios Acorazados (Foto:BRIAC XII)
Visita al Museo de Medios Acorazados (Foto:BRIAC XII)

Tras su aparición a la hora estipulada, todos los que esperábamos su llegada no dudamos un instante en chapotear esa soleada mañana con él y no dejar pasar la gran oportunidad que se presentaba ante nosotros. Álvaro venía acompañado de sus padres, algunos familiares, y la responsable de la Fundación en Madrid. Un saludo militar por parte del niño y su expresiva mirada al acercarnos, ahorró todas las presentaciones: no había tiempo que perder. En cuando bajó de los hombros de su padre, no dudó en subirse a un carro Leopardo, del Regimiento “Alcázar de Toledo” nº 61, puesto a su disposición. Por fin, lo que hasta ahora sólo era un dibujo serigrafiado en su camiseta —hecho por él días antes— se había convertido en realidad: Álvaro y un soldado con uniforme y gorra hablaban desde lo alto de un carro de combate.

Cuando el jefe accidental de la Brigada, coronel José M. González Casado, se acercó a saludar a Álvaro y su familia, el niño estaba sentado dentro de un Pizarro del Regimiento “Asturias” nº 31 hablando con un miembro de la tripulación. El coronel fue el encargado de darle la buena noticia: “Álvaro, ya te has ganado el título de Soldado Acorazado de Honor y puedes ponerte la gorra que lo acredita”. A continuación, para celebrarlo, mostramos nuestra mejor sonrisa en la foto de familia con el nuevo miembro de la Brigada. “Álvaro, hijo, saluda, que ya tienes una gorra con un tanque”, apuntó su madre, orgullosa. Y en este momento, el niño también nos sorprendió a nosotros, pues nos había traído un regalo: una maqueta de un carro, con su foto, sobre una peana de madera, mimetizada, y la leyenda “Gracias, Goloso”.

El niño con la boina negra de la Unidad (Foto:BRIAC XII)
El niño con la boina negra de la Unidad (Foto:BRIAC XII)

Durante el traslado a la siguiente estación, entramos en todos los vehículos cadena y “tiendas de campaña” —puestos de mando y avances— que nos encontramos: la unidad estaba preparando un ejercicio y Álvaro quería ser el primero en probar todo lo que veía. Los primeros instantes con los tiradores de precisión los afrontó con cautela; no se soltaba de nuestra mano. Y es que los soldados “con la cara pintada y ese traje” —el ghillie— no le inspiraban demasiada confianza. Cuando se acercó a los fusiles y le permitieron tocar y mirar “por donde se mira”, la sonrisa de nuevo inundó su cara.

Poco después, el personal del simulador Steel Beast del Leopardo tuvo que enfrentarse a un reto táctico para el que casi nadie está preparado: Álvaro, sentado en uno de los puestos de tirador, no llegaba a los pedales. Un certero golpe de mano en la cocina y el acopio de una caja de fruta vacía permitió subirlos a su altura. Este hecho provocó que el subteniente responsable del simulador no tuviera más remedio que hacerle entrega del título de Tirador de Carro Honorífico.

De camino al Museo de Medios Acorazados, le preguntamos que si sabía quién era Indiana Jones. Como contestó afirmativamente le confiamos un secreto: “Tenemos su moto con sidecar guardada ahí dentro”. Al oírlo, su gesto y su voz no se hicieron esperar: “Quiero montarme en la moto”. Alguien se adelantó unos pasos y en cuestión de segundos la réplica de la BMW de la II Guerra Mundial se transformó por arte de magia “acorazada” en la moto de Indiana Jones. Un Álvaro emocionado la pilotaba mientras dos miembros del museo, con cara de gran satisfacción, se encargaban de empujar durante unos cuantos metros. Después, visitó todas y cada una de las piezas del museo mediante la conocida técnica infantil de “botas sobre la coraza” y, a continuación, el interior de su sala de exposición.

En la Sala Histórica del “Asturias”, los más de 350 años de historia de la unidad pasaron como un suspiro, ya que “aquí no dejan tocar nada”. Esta vez fueron sus familiares los que tomaron el protagonismo e hicieron varias preguntas a las que el personal responsable de la instalación respondió con gusto. Para finalizar, y fuera de la agenda oficial de la visita, tomamos un refrigerio con Álvaro para recuperar fuerzas después de tan intensa mañana. En este acto informal se le hizo entrega de varios regalos por parte de un cuadro de mando que se involucró de manera especial en esta visita. Al ver la cara del niño abriendo los paquetes y la emoción contenida de sus padres, alguien comentó —o quizá fuera sólo un pensamiento en alto— que, aunque se adelante un poco en el calendario, a la magia de los Reyes Magos no hay coraza que se le resista.

Álvaro, nos hemos mojado contigo en tu gran charco… ¡Gracias!

Un legionario centenario

Esta semana se ha comentado mucho el desfile de la cabra legionaria “Pablo” en el desfile militar celebrado en Madrid con motivo del Día de la Fiesta Nacional. La Legión Española es la que cosecha mayores aplausos, que suelen justificarse no solamente por la alta velocidad con la que desfilan sus integrantes (180 pasos por minuto en lugar de los 120 pasos estipulados para el llamado “paso ordinario”), sino por las gestas de las que ha sido protagonista en sus casi 100 años de historia.

La Legión Española es casi centenaria. Fue creada mediante el Real Decreto del 28 de enero de 1920, siendo ministro de la Guerra José Villalba, con el nombre de «Tercio de Extranjeros». El objetivo era hacer frente a la dureza de los combates en la Guerra del Rif (Marruecos), para los que no estaban preparadas las tropas de reemplazo, así como reducir el clamor popular por las bajas recibidas.

Se considera como fecha de fundación oficial la del alistamiento del primer legionario, un hombre llamado Marcelo Villeval Gaitán, el 20 de septiembre de 1920.

Un legionario centenario
Un legionario centenario

Ese primer legionario sería más que centenario si no hubiera caído en combate en septiembre de 1925 en el combate del Monte Malmusi, con el empleo de Brigada, conseguido por méritos de guerra. No es común, pues, encontrar Caballeros Legionarios de tan provecta edad, como tampoco lo es encontrar personas de esa edad en otros sectores de la población. Pero haberlos, haylos.

El pasado fin de semana Don Bernardo Álvarez Pacios, un jubilado leonés que fue comerciante y alcalde de Borrenes en la posguerra y también de Priaranza del Bierzo entre 1987 y 1991, cumplió cien años. Pero no solamente había sido alcalde, sino que fue un Caballero Legionario. Combatió durante la guerra civil española, resultando herido de tal guisa que fue dado por muerto y cargado en un camión repleto de cadáveres. Se libró de la fosa por azares del destino, al abandonar los conductores el vehículo a causa de un bombardeo y escuchar su voz pidiendo agua al regresar. Tras finalizar la contienda, se licenció con el empleo de Sargento Caballero Legionario Mutilado tras 2 años, 6 meses y 12 días de servicio.

Se casó y tuvo cinco hijos, uno de los cuales no le sobrevive. Siempre ha tenido el orgullo de haber pertenecido a la Legión Española y el Tercio, que se ha enterado de la efeméride, ha querido acompañar al Sargento Caballero Legionario en este día tan especial.

El dibujo de su biznieto
El dibujo de su biznieto

En Santalla de Bierzo, León, se reunieron su familia y amigos, más de 40 personas entre hijos, nietos, biznietos y allegados. A la celebración se sumó una representación de La Legión encabezada por el suboficial mayor del Tercio “Alejandro Farnesio” 4º de La Legión.

Los regalos fueron lo de menos, puesto que el mayor regalo de Bernardo es la vida misma, que no quiere licenciarle aún. Lo que Bernardo regaló a familiares y amigos presentes en la celebración fue su inmensa emoción y alegría por encontrarse con el Tercio, emoción que compartieron todos, puesto que la familia siempre fue testigo de la fidelidad de Bernardo a su Legión y se convirtió en el principal “gancho” que avisó al Tercio de la proximidad de este centenario.

Los avatares de la vida hicieron cruzar los destinos de Bernardo y la Legión Española en los tristes años de la guerra civil y casi sellan el del Sargento en la sangrienta confrontación. Al final, de una muerte segura pasó a una vida larga, muy larga, llena de recuerdos alegres y de sinsabores, pero con el orgullo, durante un siglo, de haber formado una gran familia y de haber pertenecido a una de las mejores unidades del mundo, el Tercio de Extranjeros o Legión Española.

Felicidades, mi Sargento!

Blog oficial del Ejército de Tierra