PALACIO DE BUENAVISTA,

UN CUARTEL CON HISTORIA

Texto:  Ana Vercher / Madrid

Fotos:  Bg. Jose Manuel Dueñas (DECET)

Encuadrado en pleno centro de Madrid, el Palacio de Buenavista —actual sede del Cuartel General del Ejército de Tierra— es uno de los múltiples tesoros patrimoniales españoles, generalmente desconocidos.  Rodeado por el Banco de España, el Instituto Cervantes, la Casa de América y la fuente de la Cibeles, forma parte de uno de los enclaves más populares de la capital española y un testigo inigualable de la historia de nuestro país.

UN CUARTEL CON SOLERA

Para hablar de los orígenes de este palacio, y los jardines que lo rodean, hay que remontarse a principios del siglo XVI, cuando el arzobispo de Toledo, Gaspar de Quiroga —quien, a modo de curiosidad, aparece sujetando al conde por la derecha en «El entierro del conde de Orgaz», de El Greco—, levantó una casona sobre los campos de olivares que allí se ubicaban, conocidos como Altillo de Buenavista. Años después, donaría la propiedad al rey Felipe II, tras el traslado de la corte a Madrid en 1561, siendo utilizada por el monarca como finca de recreo. Tras pasar por numerosas manos y sufrir distintas ampliaciones y avatares varios, fue adquirido por la Casa de Alba.

Ya en la segunda mitad del siglo XVIII, la XIII duquesa de Alba sería quien mandase derribar la edificación existente, encargando al arquitecto Pedro de Arnal la construcción del actual palacio, de estilo neoclásico.

Al morir ésta sin descendencia, el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, quien lo regaló a Manuel Godoy, aunque ni siquiera pudo llegar a disfrutar de él, al perder sus posesiones tras el Motín de Aranjuez.

Finalmente, en 1816, el palacio pasa a manos militares, dándole distintos usos, entre ellos el de sede del Ministerio de la Guerra. Desde 1981, es sede del Cuartel General del Ejército.

UN CUARTEL REPLETO DE ARTE

El Palacio de Buenavista y la cultura han ido de la mano desde antiguo. Ya en sí su propia construcción es de gran riqueza arquitectónica, comenzando por la Escalera de Honor que da acceso a la planta noble, y sobre la cual puede observarse una corona de laurel dorada que recuerda a nuestros caídos, rodeada por los nombres de algunas de las más gloriosas batallas libradas por el Ejército español a lo largo de su historia.

Al pasear por sus distintas salas, como la de Ayudantes —actual despacho del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra— o la de Batallas, o por sus salones, como el de Goya, el de Audiencias, el Teniers, Prim o Quijote, se pueden contemplar numerosas obras de arte. Obras de Goya o Madrazo, tapices y alfombras de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, lámparas de la Real Fábrica de Cristal de La Granja (Segovia) o relojes de Higgs y Evans son ejemplo de la riqueza artística que allí se atesora.

Todo ello, sin olvidar sus jardines, catalogados por la Comunidad de Madrid como Jardines de Interés Cultural. En ellos se pueden contemplar árboles de los cinco continentes, incluido un ginkgo biloba de, aproximadamente, 150 años. Fue el primero que se plantó en la ciudad, incluso antes que en el Jardín Botánico de Madrid. 

UN CUARTEL CARGADO DE ANÉCDOTAS

Es lógico pensar que un edificio con la historia y características del Palacio de Buenavista estará cargado de curiosidades y anécdotas, y así es.

«Entre ellas se encuentra el hecho de que fuese el primer edificio público de Madrid dotado de luz eléctrica», explica el gobernador del Palacio de Buenavista, subteniente Núñez. Los dos candelabros de bronce con bombillas que reposan sobre los pedestales de la escalera principal, originarios de 1882,  nos lo recuerdan. Asimismo, «de este edificio puede decirse que es el germen del Museo del Prado, aunque, finalmente, se ubicase un poco más abajo», señala el subteniente Núñez, quien añade que «ya José Bonaparte quiso poner un museo aquí, idea que continuó Fernando VII, quien cedió el palacio a la Academia de Bellas Artes de San Fernando para hacer un museo de pintura y escultura». Sin embargo, esto no se llevó a cabo, sino que se trasladó al Edificio Villanueva, hoy el citado Museo del Prado.

Por sus salones y dependencias han pasado reyes, nobles, ministros, artistas, militares de alto rango y un largo etcétera de personalidades que han dejado su impronta. Es el caso del pintor Francisco de Goya, quien retrató en numerosas ocasiones a la mencionada XIII duquesa de Alba.

Asimismo, el hecho de contemplar la mesa en la que Alfonso XIII presidió su último Consejo de Ministros, antes de salir para el exilio, y en la que Manuel Azaña, horas después, presidiría el primer Consejo de Ministros de la II República, es vivir más de cerca parte de nuestra historia. También lo es poder observar el sofá en el que el general Juan Prim recibió los primeros cuidados tras el atentado que le costó la vida —y que, según se dice, aún conserva algunas manchas de su propia sangre— o descubrir, camuflado tras un espejo, el ascensor blindado y secreto que mandó instalar Azaña, «uno de los 10 primeros ascensores de la ciudad», puntualiza el subteniente Núñez.

UN CUARTEL PARA RECORRER

La visita al Palacio de Buenavista suele ser una de las actividades de éxito entre los líderes militares que acuden de viaje oficial a nuestro país. No obstante, también está abierto al resto de ciudadanos, bien sea de forma individual o en grupo, quienes pueden solicitar su visita a través del correo: palaciodebuenavista@mde.es 

CADA CANTANTE TIENE SU VERDAD

Entrevista a ….Javier Camarena

Texto:  Elvira Valbuena / Madrid

Fotos:  Manuel Outomuro.

Javier Camarena (Xalapa, Veracruz, 1976) es un tenor lírico mexicano que se ha posicionado como uno de los artistas más destacados y solicitados del mundo. Comenzó sus estudios de música en la Universidad Veracruzana y los completó con honores en la Universidad de Guanajuato. En 2004, ganó el Concurso Nacional de Canto «Carlo Morelli» de México e hizo su debut profesional en el Palacio de Bellas Artes, como Tonio en «La Fille du Régiment«. En 2021, la organización International Opera Awards reconoció al tenor como el mejor cantante masculino del año.

Abandonó sus estudios de ingeniería por la música. ¿Fue difícil tomar esta decisión? Cualquier decisión que nos impulsa a salir de la zona de confort lo es. En este caso, para mí, que suponía dejar una carrera con la que no era feliz y en la que no veía ningún futuro, fue una decisión complicada, sobre todo porque tenía 19 años y aún dependía de mis padres. Tuve que remar a contracorriente, pero tenía absolutamente claro que el camino que quería seguir era el de la música y, con un poco de tiempo, mis padres entendieron que esa fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida.

¿Cómo fueron sus comienzos? Emocionantes, como hasta ahora, porque estaba tomando el rumbo que quería para mi vida por decisión propia. Ir a la facultad de música era toda una aventura. Era como una esponja. Quería absorber todo lo que tuviera que ver con el conocimiento de la música, porque estaba, y sigo hasta la fecha, enamorado de esta carrera.

¿Cuáles han sido los principales retos a los que se ha enfrentado? Como en cualquier profesión, han sido muchos. Cuando uno escoge una carrera, tiene que ser consciente de que va a ser parte de una competencia, en la que tiene que tratar de ser excelente en lo que hace. Empecé desde cero con el canto y, después de convencer a mi familia, el siguiente reto fue entender la técnica vocal, entender mi voz, dominarla, y después, ir trabajando, con mucha disciplina y tenacidad, para enfrentar a toda la competencia. En México, hay grandes voces, y todos buscamos un espacio. Luego vendría la competencia internacional, que es mucho más dura. Cada prueba que se supera en el camino deja un aprendizaje, y esta parte es la que me emociona, crecer en el conocimiento de la música, de la voz, del canto.

A día de hoy, lo más complicado es ir adaptándose al cambio de la voz, porque ésta va evolucionando. Hay cosas que se tienen que ir reajustando, entre ellas el repertorio. Se tienen que dejar algunos roles e incorporar otros nuevos, mucho más acordes a la vocalidad actual. 

Además de una voz excepcional, ¿qué cualidades deben acompañar a un gran tenor? Todo cantante debe ser músico, saber y estudiar sus partituras, conocer los idiomas en los que canta y ser muy consciente del estilo de cada compositor que interpreta, porque no todo en la ópera se canta exactamente igual. No es lo mismo cantar obras de Mozart que de Puccini. El cantante debe estudiar y trabajar, y siempre aportar algo especial de su persona. Debe transmitir a través de su voz, por encima de cualquier instrumento. El cantante tiene de su lado la palabra, lo que le permite mandar un mensaje mucho más directo y entendible por el público. A través de la palabra, puede proyectar un sinfín de emociones, contar un sinfín de historias. El cantante debe ser un gran narrador, para lo que necesita todas estas herramientas. Por último, debe tener una gran seguridad en sí mismo, porque eso también se proyecta al público.

Vd. ha llenado los auditorios más importantes del mundo y los ha puesto en pie. ¿El éxito condiciona al artista? Yo creo que sí. Sobre todo en estos tiempos en los que la información está al alcance, inmediatamente, a través de Internet. Uno canta en Nueva York un jueves por la tarde y, por la noche, la función ya está colgada en algún sitio. 

Trato de organizar mis conciertos y programas según el repertorio que quiero abarcar, de las cosas que quiero cantar y que me sirven. Hay momentos en los que me piden canciones que he cantado hace 20 años que ya no son de mi interés, porque no resultan tan cómodas de interpretar o no son tan interesantes vocalmente, y esto, en parte, me condiciona.

Si tuviera que elegir un papel o una partitura, ¿con cuál se quedaría? ¿Con qué genero se siente Vd. más cómodo? Con «El elixir de amor», de Gaetano Donizetti. Es un personaje entrañable, la música es preciosa y es una comedia encantadora. Romeo, de «Romeo y Julieta», de Gounod, también es una partitura que me fascina, y la música puede conmoverme hasta las lágrimas. En cuanto a los géneros, amo el bolero. Me encanta la canción romántica y los tríos tradicionales de México. Ese sonido tan nostálgico, tan propio del estilo del bolero. Es un género que disfruto muchísimo.

¿Qué lleva en la maleta de su México natal? Siempre llevo a México en la maleta, en mi corazón y en mi mente. Desde el inicio de mi carrera, siempre me ha enorgullecido decir que soy mexicano. México tiene una larga tradición de buenos tenores y para mí siempre ha sido un motivo de orgullo formar parte de esta lista. 

El público español es uno de los que más le admira. ¿Es fácil ser tenor en la patria de Alfredo Kraus? El público asiduo a la ópera siempre ha sido particularmente exigente con los tenores. Conmigo, ha sido un público muy acogedor, que me ha mostrado muchísimo cariño. Mi debut en el teatro del Liceo de Barcelona fue curioso, porque fue con otro tenor mexicano, Rolando Villazón. Debuté con «El elixir de amor«. La última vez que se había representado esta ópera había sido un éxito descomunal y el publico estaba entusiasmado. Me decían constantemente que me habían dejado el listón muy alto. Afortunadamente, fueron grandes representaciones y, desde entonces, el público en el Liceo siempre ha sido de lo más efusivo conmigo.

También es cierto que con un repertorio afín al de Alfredo Kraus, ha habido muchísimas comparaciones, pero cada cantante tiene su propia verdad musical, su propio carácter y su propia versión e interpretación, que puede gustarte o no. Como intérprete, uno tampoco va buscando copiar exactamente lo que hacían otros cantantes. No va intentando compararse con nadie. Simplemente, va defendiendo su propia visión de la música. Gracias a Dios y al público, en España siempre he disfrutado de muchísimo cariño por parte de este pueblo maravilloso.

Vd. reside en Málaga y, como el resto de ciudadanos de nuestro país, ha vivido de cerca las consecuencias de la DANA en la Comunidad Valenciana. ¿Cómo ve la relación del Ejército con la sociedad? Creo que estos desastres naturales vienen a recordarnos nuestra fragilidad, y tienen que reforzar la humanidad y el verdadero sentimiento de solidaridad entre nosotros mismos, de verdadero apoyo a las personas que lo necesitan. Este espíritu de solidaridad es el que debe estar presente desde ya entre nosotros como sociedad, como pueblo, y entre nuestras autoridades. Nuestros gobernantes tienen la obligación de salvaguardar nuestra integridad, utilizando todos los recursos que estén a mano, tanto económicos como haciendo uso del Ejército, para proteger y ayudar al pueblo.

¿Le queda algún sueño por cumplir?  El gran sueño ahora es alcanzar, por lo menos, los 65 años en esta carrera, con salud y plenitud, y seguir participando de este maravilloso mundo que es la ópera.

Un deseo para 2025. Deseo para todos un año venturoso, con nuevas pruebas a superar que nos hagan crecer en sabiduría y en amor por los demás; salud mental y emocional, que también es importante; y mucha música, mucha ópera y muchas notas llenas de alegría, de amor y de optimismo, y que podamos seguir disfrutándolas juntos en algún teatro del mundo.

Blog oficial del Ejército de Tierra