Actor

A sus 34 años, el actor Antonio Velázquez (Granada, 1981) es un grande de la pequeña pantalla. A través de las muchas series en las que ha participado, se ha convertido en un rostro familiar para el gran público, que le ha seguido en los capítulos de ficciones televisivas de gran éxito como Sin tetas no hay paraíso,
Tierra de lobos o, la más reciente, Buscando el norte. El año pasado interpretó en Los nuestros al teniente de Operaciones Especiales Iván Martín, lo que le ofreció la posibilidad de hacer realidad un sueño de su adolescencia: vestir el uniforme.
Asistió usted a la gala de Premios Ejército y allí confesó que, de más jovencito, pensó en ser suboficial. ¿Puede contarnos de dónde le venía esa inclinación?
Creo que todos los adolescentes, en su innato afán de aventuras, tienen cierta inclinación por el Ejército, asociamos rápidamente militar a héroe. Y yo tenía una clara tendencia a la acción.

¿Qué sabía del Ejército?
Como cualquier muchacho de mi edad, tenía las referencias que nos ofrecía el cine. Creo que el cine, en su potencial de comunicar, es determinante para que los ciudadanos entiendan el papel que desempeña su Ejército en la Historia.
También dijo que su participación en la serie Los nuestros había sido para usted como un regalo. ¿Se sentía cómodo con el uniforme?
Para los actores es muy importante la piel en la que se enfunda el personaje y, en este caso, el uniforme fue determinante para poder crear y definir al teniente Martín.
¿Cómo fueron esas semanas de aprendizaje y convivencia con los militares para preparar el personaje?
Nuestro productor, Tedy Villalba, junto con el teniente coronel Ginés, tenían claro desde el principio que, para el resultado final, era necesario que los actores aprendiéramos y adquiriéramos, en primera persona, esa disciplina militar. Este primer acercamiento fue con el Regimiento de Artillería Antiaérea nº 71, al que agradezco toda esa fase de endurecimiento” y
aprendizaje castrense; seguidamente, entramos en contacto con el Mando de Operaciones Especiales, donde pudimos conocer a nuestro homólogo y pulir nuestros
personajes, basándonos en los profesionales que realmente son estos héroes, los boinas verdes.

¿Tiene ahora una idea más clara de lo que podía haber sido su vida de haber sido suboficial?
Al conocer el mundo militar, tengo una idea mucho más realista.
¿Qué impresión ha sacado de lo que es el Ejército actual?
He podido confirmar la que siempre ha sido mi idea: que se trata de una Institución al servicio del Estado y, por lo tanto, de la ciudadanía, de la que nos tenemos que sentir orgullosos, dada
su profesionalidad y preparación.
Una pregunta obligada que tengo que hacerle es por qué el teniente en la serie llevaba cresta. No sé si sabe que ese elemento y algún otro de la serie dieron lugar a muchos comentarios… ¿Le han llegado? ¿Qué opinión tiene al respecto?
El teniente Martín es un personaje de ficción y era necesario dotarle de unas características
y particularidades concretas para poder definir toda su psicología. La ficción necesita de ciertas licencias para poder expresarse mejor. Por supuesto que me llegó cierta polémica, pero yo tenía que ser fiel al personaje y no a las polémicas; hacemos ficción, no documentales.
¿Puede contarnos algo sobre la segunda temporada? ¿El teniente Iván Martín estará allí?
Esto es un secreto de Estado Mayor (risas).
Usted ha sido conocido por el gran público, sobre todo, a través de las series televisivas en las que ha participado. ¿Qué es lo que más le gusta de este medio? Como actor, ¿también
vive preocupado por las audiencias? Porque de ellas depende que una serie siga en la parrilla o no… ¿Suele acertar con sus predicciones al respecto?
Nuestras series cada vez están alcanzando mayor calidad y diversidad, prueba de ello es la repercusión internacional que están teniendo. Por ejemplo, Los nuestros se emitió en Francia.
Cuando trabajas, no debes estar preocupado por la audiencia, pero cuando se emite, lógicamente, deseas tener la mayor audiencia posible. Sobre la audiencia prefiero no hacer quinielas, como decía Sabina, «cuando me hablan del destino, cambio de conversación».”
No obstante, también ha hecho cine y teatro. ¿Qué le gusta más? ¿Cree que para ser un buen actor es imprescindible tocar todos los palos?
Da igual el medio, lo importante es contar una buena historia; lo ideal es ir alternándolos.
De los personajes que ha interpretado, ¿cuáles han sido los que más poso le han dejado o más le ha costado preparar?
Son muchas las sombras de los personajes que persiguen al actor a lo largo de su carrera, y me sería prácticamente imposible poder decidirme por una de ellas, todas han sido la más importante en cada momento.
Usted es de los actores que han ido a academia y se ha preparado. ¿Considera que la formación es imprescindible para ser un buen actor o que es cuestión de talento, que ser actor es algo innato?
Seguramente el talento puede ser innato pero, de lo que no cabe duda, es de que la formación adecuada mejora a cualquier profesional. Sería necesario que entendiéramos
que tiene que ser algo constante, y así lo entiende la mayoría de los actores de este país.

Los actores son un poco nómadas y pasan mucho tiempo fuera de casa. ¿Lleva bien ese tipo de vida? ¿Qué es lo que más añora cuando está lejos de casa y lo primero que hace al volver a ella?
Una de las cosas más bonitas que tiene esta profesión es que conoces muchos lugares, y a muchas y distintas personas, lo que sin duda enriquece. Claro que, al final, siempre acabas echando de menos a lo que más quieres, tu familia, y estás deseando volver a verlos.
Texto: Beatriz Gonzalo
Fotos: Bernardo Doral, Boomerang TV e Iván Jiménez (DECET)



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