LA ACADEMIA DE CABALLERÍA CUMPLE 175 AÑOS AL GALOPE.

Texto: Elvira Valbuena / Madrid

Fotos: Academia de Caballería

La Academia de Caballería celebra este año su 175.º aniversario, casi dos siglos de existencia desde que, en 1850, por Real Decreto de 5 de noviembre, se creara el Colegio Militar de Caballería. Para celebrar estos 175 años de historia, la Academia de Caballería tiene previsto organizar, entre los meses de octubre y noviembre, distintos actos conmemorativos en la ciudad de Valladolid. Entre ellos, destacan una Jura de Bandera para personal civil, un concierto de música militar, una exposición sobre la evolución de los uniformes de los alumnos durante estos 175 años, así como un acto militar en el exterior de su sede.

A mediados del siglo XIX, la nueva institución de enseñanza nacía con el objetivo de ofrecer la instrucción específica necesaria a los oficiales destinados al Arma procedentes del Colegio General Militar. Este Colegio de Caballería —luego Academia— se instala en un antiguo edificio universitario de Alcalá de Henares (Madrid) donde, el 1 de enero de 1850, inicia su actividad docente bajo la dirección del teniente general Shelly, director general del Arma. La formación de los cadetes durará tres años y medio: los primeros dos años y seis meses serán impartidos en el Colegio y el año restante, en los cuerpos a los que fueran destinados para prácticas.

Sin embargo, esta no era la primera vez que surgía la necesidad de crear un centro docente para la enseñanza de la Caballería. En 1842, ya se había fundado en Alcalá de Henares la Escuela General de Instrucción de Caballería, renombrada en 1843 como Establecimiento Central de Instrucción de Caballería, con la finalidad de difundir, generalizar y uniformar la instrucción de todos los militares de Caballería del Ejército. No obstante, el primer intento de organizar un centro de enseñanza militar moderno y completo para el Arma había tenido lugar en el siglo XVIII por iniciativa del general Ricardos, quien, en 1775, funda la Real Academia y picadero de Ocaña, en Toledo.

El antiguo Colegio de Caballería nació en 1850 y tuvo su sede en Alcalá de Henares (Madrid)

El Colegio de Caballería no tardará en marcharse de Alcalá. En 1852, apenas dos años después, se traslada a Valladolid. En la ciudad castellana comienza su actividad, con 39 cadetes, en un edificio cedido por el Ayuntamiento que iba a servir primero como Prisión Modelo, en los terrenos conocidos como Campo de la Feria. Este edificio, conocido como «El Octógono», por la forma de su planta, ocupaba el mismo lugar en el que hoy en día se erige la Academia de Caballería tal y como la conocemos. 

Posteriormente, en 1862, se reúnen en un solo cuerpo el Colegio de Cadetes y la Escuela General para formar el Colegio y Escuela General de Caballería, bajo el mando de un coronel. El nuevo centro contaba con dos unidades: una, dedicada a la formación de los cadetes aspirantes y otra, a la instrucción de la tropa como herradores, forjadores, picadores y desbravadores. Finalmente, en 1867, el Colegio y Escuela General de Caballería se transforma en Academia, que alcanzó su plena efectividad en 1868.

En 1884, la Academia recibe a los primeros alumnos que, procedentes de la Academia General Militar —creada dos años antes— habían obtenido plaza en Caballería. «El Octógono» se somete a una importante reforma para acoger la Escuela de Equitación, que finalmente fue disuelta en 1893. En 1915, el edificio es devorado por un incendio y, a pesar de la situación adversa, se encuentran diversas soluciones para el alojamiento y vida de los alumnos por lo que las clases no se interrumpen. El 4 de mayo de 1921, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia presiden la colocación de la primera piedra del edificio actual de la Academia de Caballería, uno de los más emblemáticos e imponentes de Valladolid.

Un centro docente de primer orden.

En la actualidad, la Academia de Caballería alberga la Enseñanza de Formación y Perfeccionamiento concerniente al 5.º curso de la Enseñanza de Formación de Oficiales de ingreso sin titulación; el 2.º curso de la Enseñanza de Formación de Oficiales de ingreso con titulación y 1er, 2.º y 3.er curso de la Enseñanza de Formación de Suboficiales de ingreso sin titulación.

Además, en la Academia se imparten el Curso Avanzado de Unidades Acorazadas/Mecanizadas de Caballería, el Curso de Instructor Avanzado de Tropas Acorazadas y Mecanizadas y el Curso de Actualización para el ascenso a cabo primero. 

Asimismo, el centro de enseñanza realiza jornadas y seminarios como las Jornadas de Actualización de Toques de Caballería. En sus instalaciones, los alumnos de Enseñanza de Formación de Oficiales también realizan ejercicios interarmas con los alumnos de la Academia de Artillería, y existe un Núcleo de Formación Profesional por el que los alumnos de la Enseñanza de Suboficiales obtienen un título de Grado Superior en Asistencia a la Dirección.

Para su director, coronel Francisco Javier López Villar, la Academia de Caballería actual «es una institución moderna, adaptada a los desafíos del siglo XXI, pero fiel a la tradición y valores del Arma. Su misión principal es la formación de los futuros oficiales y suboficiales de Caballería del Ejército de Tierra, proporcionándoles los conocimientos tácticos y técnicos necesarios para el ejercicio del mando en unidades del Arma, pero sin olvidar nunca la formación moral y en valores, que en definitiva es lo que les va a permitir forjarse como líderes y ganarse la confianza y respeto de sus subordinados».

En este sentido, el coronel López Villar, señala que uno de los aspectos que caracterizan a la Academia de Caballería es la impartición de «una enseñanza de excelencia y adaptada a los nuevos tiempos, inspirados por el lema del Mando de Adiestramiento y Doctrina, «El conocimiento, nuestro valor». Según su director, «la Academia combina la formación teórica con un intenso adiestramiento práctico. Además de la instrucción tradicional en materias como táctica, técnica y liderazgo, ha incorporado nuevas metodologías como el uso de simuladores avanzados, que permiten un aprendizaje realista y eficiente, y con el objetivo constante de alinear el Centro con conceptos como el de Transformación Digital del Ejército de Tierra».

La Academia de Caballería actual es una institución en constante evolución, que equilibra modernidad y tradición para seguir siendo un referente en la formación de los líderes del Arma de Caballería del Ejército de Tierra español —explica su director—, quien asegura que, «en estos 175 años, y a pesar de haber experimentado una evolución constante para adaptarse a los cambios en la doctrina, la tecnología y las necesidades operativas, el centro de enseñanza militar ha sabido mantener sus valores y tradiciones mientras se ha ido modernizando de manera constante».

A lo largo de sus 175 años de historia y, a pesar de los profundos cambios tecnológicos y doctrinales, la Academia «mantiene con orgullo las tradiciones del Arma de Caballería, inculcando en sus alumnos valores como el honor, la disciplina y el «espíritu jinete», y todo ello con una enseñanza que se adapta constantemente a los cambios doctrinales, de tendencia y a los nuevos equipos», concluye el coronel López Villar. «Desde los tiempos de la caballería montada hasta la actualidad, los jinetes han demostrado siempre su capacidad para actuar con rapidez, evaluar la situación sobre el terreno y tomar decisiones audaces con independencia y responsabilidad».

CADA LIBRO ES UNA SEMILLA PARA EL FUTURO .

Texto: Juan Diego Tobajas/ Madrid

Fotos: Bgda. J. M. Dueñas (DECET)

El teniente coronel Ruiz Lima, que ha dirigido el área de Publicaciones y el periódico Tierra durante 12 intensos años, ha vivido al mismo tiempo una etapa de transformación digital y evolución comunicativa en el entorno militar. Durante su gestión, ha afrontado desafíos que marcaron un antes y un después en la forma de comunicar la historia y las misiones del ejército. Así, recuerda que «fue necesario crear secciones de audiovisuales, blogs y podcast desde cero, además de reformular el periódico para convertirlo en una verdadera hemeroteca que recoge la esencia histórica del Ejército».

El teniente coronel se mostró especialmente orgulloso de haber cubierto, con rigor y sensibilidad, múltiples eventos y misiones, siendo su primer viaje a Mali en 2014 uno de los hitos más significativos de su carrera periodística. «Ese viaje supuso un aprendizaje único; nos permitió contar la realidad de las misiones en el extranjero con una honestidad y profundidad que siempre llevaré conmigo», afirma. Su labor en el periódico se ha caracterizado por un equilibrio impecable entre el rigor informativo y la comunicación institucional, logrando que «la verdad de los hechos siempre se plasme en nuestros contenidos, sin dejar de resaltar la imagen digna y comprometida del ejército». Además de su destacada labor periodística, el teniente coronel Ruiz Lima siempre albergó una vocación literaria. Desde sus días en la Academia General Militar, cuando pasaba horas en la biblioteca de la misma, descubrió su pasión por las letras. «La literatura siempre fue mi refugio y mi fuente de inspiración», confiesa. Este amor por la palabra lo llevó a estudiar Filología española, adentrándose en el universo de la literatura hispanoamericana de los años 60, 70 y 80. En palabras del propio teniente coronel, «siempre quise ser escritor; para mí, la pluma es tan poderosa como la espada».

Hoy, al pasar a la reserva y asumir el cargo de director de la Sala de Lectura del Cuartel General del Ejército de Tierra, Ruiz Lima vive una transición en la que suma su experiencia periodística a su pasión literaria. «Dirigir la Sala de Lectura del Cuartel General es, sin duda, volver a casa», explica. Según él, las bibliotecas son templos del saber, verdaderos custodios de la historia y la cultura, donde se conservan tesoros bibliográficos únicos. Entre estos, destaca con emoción la posesión de primeras ediciones y documentos históricos que son testimonio de la evolución del ejército y del país. «Cada libro, cada documento es un legado del pasado y una semilla para el futuro», subraya.

En esta nueva etapa, el teniente coronel no solo se concentra en la labor administrativa y de conservación, sino que también continúa cultivando su faceta de escritor. Actualmente, está inmerso en el desarrollo de una novela de ficción que refleja su visión personal del mundo, así como en un ambicioso proyecto editorial sobre escritores militares, una iniciativa que busca rescatar las voces de aquellos que han vivido en el fragor del combate y que han plasmado en la palabra la experiencia del servicio. «Quiero que estos relatos sean una fuente de inspiración y aprendizaje, porque la literatura tiene el poder de transformar y humanizar», comenta.

El exdirector de Tierra también destaca la importancia de la comunicación y la cultura en la formación integral del soldado. «Un militar no debe limitarse a la técnica; es fundamental que desarrolle un perfil humanista. La lectura y la cultura enriquecen el espíritu y dotan de valores que son esenciales en situaciones extremas», enfatiza. Así, considera que la fusión entre la experiencia en el campo y el acceso a un patrimonio cultural robusto es clave para formar soldados íntegros y comprometidos con la sociedad».

Ruiz Lima cierra este ciclo profesional con la convicción de que la cultura, la historia y la literatura son pilares indispensables para preservar la identidad del ejército y transmitir sus valores a las futuras generaciones. «A lo largo de estos años, he aprendido que lo que realmente perdura son las historias y los valores. Mi paso por Tierra y mi nuevo rol en la Sala de Lectura son dos caras de la misma moneda: la voluntad de conservar y transmitir nuestro legado», concluye.

Con este traspaso, Ruiz Lima abre un nuevo capítulo en el que la palabra y el conocimiento se unen para seguir contando la historia del Ejército. Su legado, periodístico y literario, promete seguir inspirando a quienes creen en la fuerza transformadora de la cultura y el compromiso con la verdad.

Blog oficial del Ejército de Tierra