HOMBRO CON HOMBRO

La gota fría o Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que afectó a amplias zonas de Baleares, Valencia, Alicante, Murcia, Almería y centro peninsular, del 9 al 16 de septiembre, va a pasar a la historia como una de las más devastadoras y catastróficas de la España moderna. Ríos desbordados, poblaciones y campos anegados, carreteras intransitables, personas incomunicadas, seis muertos y 4.000 evacuados es el balance que arroja este fenómeno.

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Para los que han vivido en primera persona los efectos de este temporal, ver aparecer los uniformes de las Fuerzas Armadas en medio del caos era un alivio. Y es que el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire han estado en las zonas más afectadas en los momentos críticos, en apoyo a la Unidad Militar de Emergencias (UME).

En la Vega baja de Alicante, los componentes del Mando de Operaciones Especiales (MOE) evacuaron a más de 400 personas en distintas poblaciones. Ellos podían llegar a zonas donde otros no lo conseguían, gracias a su material y a la preparación con la que cuenta su personal. Hasta 70 de sus componentes estuvieron desplegados al mismo tiempo en diferentes puntos, incluido el equipo de buzos que se encontraba en el destacamento de cabo Roig y que, además de ser expertos en moverse en el agua, disponen de embarcaciones neumáticas. Estas fueron utilizadas para el traslado de personas que habían quedado aisladas en sus domicilios, entre las que se encontraban también varios niños.

Pero los rescates no fueron la única misión que se les encomendó a “los boinas verdes” durante esos días. También se vieron implicados en la búsqueda de un motorista que había desaparecido arrastrado por la corriente y que encontraron, desgraciadamente, ya sin vida; en la recuperación de un camión de bomberos que se averió; así como en el reparto de agua y comida.

La colaboración del MOE estuvo coordinada desde el dispositivo táctico que la UME estableció en Orihuela, formado sobre la base del Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM) III. Desde el otro dispositivo táctico, montado en Murcia a partir del BIEM I,  se organizaron las acciones de apoyo de la Brigada “Rey Alfonso XIII”, II de la Legión y de la Brigada “Almogávares”, VI de Paracaidistas.

La primera intervención de la Brigada II se produjo el día 12 por la noche, con la evacuación de un camping en cabo de Gata. En los días posteriores, su Batallón de Ingenieros colaboró con una unidad de máquinas en las tareas de retirada de lodo, limpieza de viales, y contención del agua.

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Los componentes de la Bandera de Infantería Protegida “Ortiz de Zárate” III se encargaron del desalojo de un hotel, del reparto de mantas y comida, y de achicar agua. Pusieron a disposición de la UME una compañía reforzada y 15 vehículos entre BMR, VAMTAC y camiones.

Nivel 2 de emergencia

Las actividades de apoyo del Ejército a la UME, dentro del nivel 2 de emergencia decretado, contemplaron también el despliegue de dos pelotones de Policía Militar —uno procedente del Batallón de Policía Militar I y otro de la Brigada II— para colaborar con la Guardia Civil en tareas de control y regulación del tráfico.

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Asimismo, el Regimiento de Especialidades de Ingenieros nº 11 desplazó una Unidad Técnica de Ingenieros desde Salamanca para la evaluación de daños y riesgos, y la Agrupación de Transporte montó un equipo para trasladar material de la UME. También estaba listo por si había que llevar a las zonas afectadas las 3.000 raciones de previsión que el Ejército había puesto a disposición de la UME —que había consumido su reserva—, y que finalmente no tuvieron que ser utilizadas.

En reserva, por si los peores pronósticos se cumplían, el Ejército tuvo unidades alertadas en todo el Levante —de las Brigadas II, VI, el MOE y el Mando de Transmisiones— y también en Baleares —de la Comandancia General de Baleares—. Por suerte, la situación fue mejorando y el día 19 por la noche se dio por finalizado el apoyo.

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Atrás quedaban días intensos, de duro trabajo, compensado con el agradecimiento de la gente, que despidió con aplausos su retirada, conscientes de que el Ejército había arrimado el hombro cuando más falta les hacía.

EL CORONEL DE LA TORRE Y LA ESCUELA DE INGENIEROS DE MONTES

Coronel De La Torre

Bernardo de la Torre y Rojas inició su carrera militar en el Arma de Infantería, aunque más tarde optó por Caballería, con la que desempeñó su carrera militar. Este militar destacó, especialmente, en el campo jurídico y el de la ingeniería, ya que, en España, fue el fundador de la primera Escuela de Ingenieros de Montes. Quienes han estudiado su vida, le describen como una persona con gran tenacidad y habilidad política, unas virtudes que supo aprovechar a lo largo de su carrera castrense y civil.

Por entonces, la legislación dictaba que el tiempo efectivo en el que los militares habían combatido en la Guerra de la Independencia —como en el caso de De la Torre— se les podía reconocer como años de estudio en las diferentes carreras del Estado. Gracias a esto, se examinó para optar al título de abogado, que consiguió en 1814. Además, participó en la campaña de expedición del Perú, en 1817, aunque le hirieron y, como consecuencia, quedó manco. Sin embargo, esto no supuso un impedimento y el coronel no perdió tiempo para desarrollar otra faceta profesional por la que, a día de hoy, se le recuerda.

Posteriormente, amplió su horizonte y, al estar en posesión del título de abogado, pudo formar parte del Tribunal Superior de Guerra y Marina. En esta nueva labor jurídica, fue miembro de la junta que preparó el Tratado de Londres de 1828, así como también participó en el proyecto de creación del Código Civil, la reforma de las Ordenanzas Militares o el Concordato con la Santa Sede. Más tarde, fue auditor de Guerra, fiscal togado y ministro togado del Tribunal Superior de Guerra y Marina, cargo con el que se jubiló de la carrera militar, en 1835.

La Escuela de Ingenieros de Montes

En 1848, cofundó —junto al ingeniero Agustín Pascual— la primera Escuela Especial de Ingenieros de Montes de España, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Eligió el castillo-palacio —construido en el siglo XV— de esa localidad porque formaba parte del patrimonio de la Casa de Chichón que él administraba. Esta fortaleza recuperó su uso militar en 1886 y, desde 1972, acoge el Archivo Histórico del Ejército del Aire. A pesar de que este coronel se dedicó a la parte más técnica de la Escuela, del mismo modo participó en su reglamento orgánico, en cuyas aulas los alumnos se preparaban durante cuatro años para después salir como ingenieros. En el primer curso, estudiaban matemáticas aplicadas a la ciencia forestal; en el segundo, la topografía y ordenación del terreno; en el tercero, las ciencias naturales; y en el último, abordaban plenamente las asignaturas forestales.

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Así, la primera promoción —de 29 alumnos, que se habían formado con cuatro profesores— egresó en 1852. Un año después, se creó el Cuerpo de Ingenieros de Montes, que contó con 45 miembros en sus inicios.

Hasta 1862, este militar fue su director —excepto entre 1853 y 1854— y encumbró el lema Saber es hacer, que dotaba a la Escuela de un sentido explícitamente práctico, lejos de un carácter más teórico. Precisamente, la revista Montes, que se publicó durante esa época, destacaba entre sus páginas que con ese lema se perseguiría devolver a la mitad del suelo español la cubierta vegetal perdida por siglos de incuria y codicia desenfrenada. De la Torre entendía que la Escuela debía formar a sus alumnos no solo con los conocimientos necesarios para ser un buen ingeniero de montes, sino que tenía que inculcarles el espíritu del trabajo que iban a desempeñar.

Con el caso del coronel De la Torre —de la misma forma que ha sucedido con otros—, la Historia vuelve a demostrar que no ha importado el resultado de las campañas y guerras o si los militares han quedado inútiles para dicho servicio. De la Torre continuó con su amor por España y sirvió de otra forma a la ciudadanía. Con su labor contribuyó a las primeras generaciones de ingenieros de montes, además de al campo jurídico. Un legado del que la sociedad se ha nutrido y que ha sabido aprovechar, gracias al gran trabajo que realizó.

 

TRAYECTORIA

Nació en Écija (Sevilla), en 1792.

Alcanzó el empleo de teniente con 16 años (en 1808), ya que ingresó muy joven en el Ejército.

Participó en la Guerra de la Independencia, encuadrado en el Ejército Central. Quedó inútil para el servicio militar durante una acción en Pampas del Rosario (Perú), en 1817. Tuvo que retirarse con el empleo de coronel, en 1835.

Fue socio honorario de la Academia de San Fernando; senador de forma interrumpida entre 1851 y 1868; y primer presidente de la Junta Consultiva de Montes, entre 1852 y 1856, entre otros.

Murió en Madrid, en 1875.

Blog oficial del Ejército de Tierra