Héroes sin rostro

Durante esta pandemia que nos asola, el personal uniformado se ha visto doblemente recompensado en el desarrollo de sus cometidos. En primer lugar, por el orgullo de servir a nuestra sociedad cuando lo necesita y, en segundo, por el reconocimiento que esta nos devuelve desde los balcones a las ocho de la tarde, los comentarios que leemos en las redes sociales y las llamadas de ánimo y agradecimiento de familiares, amigos y vecinos.

Por personal de uniforme no sólo me refiero al de las Fuerzas Armadas sino también al resto de personal esencial para que la sociedad funcione (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos, transporte público, trabajadores de los supermercados, transportistas, limpiadoras, etc. y sobre todo personal facultativo de la sanidad, la primera línea de combate). Todos ellos, todos nosotros, como he dicho, hemos sentido esta doble recompensa que nos anima a seguir adelante redoblando esfuerzos.

Pero… ¿estamos todos? Nosotros sí; otros, no del todo.

Me refiero por otros al personal civil del Ministerio de Defensa. Más concretamente, en el caso que me atañe en este frente de apoyo y sostenimiento de la operación “Balmis” en Madrid, al de la Agrupación de Apoyo Logístico (AALOG) nº 11, sita en Colmenar Viejo.

Nuestro personal, con una media de edad bastante elevada, de alta valía y escasa reposición, está mostrando una entereza y una voluntariedad dignas de mención. El personal funcionario, el laboral, los especialistas en sus talleres y en la lavandería, los administrativos en sus oficinas… están dando grandes muestras de generosidad, sabiendo que desde sus puestos de combate, sus silenciosos cometidos son necesarios para que la parte y el todo de la organización y de sus misiones, en la base logística “San Pedro” y, especialmente, extramuros (en el “Gómez Ulla”, IFEMA, el 12 de Octubre, la Fira de Barcelona…), se puedan sustentar.

Hablo de mi unidad, la AALOG 11, pero lo mismo sucede en otros órganos logísticos, unidades, centros y organismos técnicos y especializados, en los órganos de gestión del Ejército, de las FAS y del Ministerio de Defensa, a las que aludió la señora ministra en su carta de 02 de abril a todo el personal de su Departamento.

Mi especial mención y reconocimiento para aquellos que, teniendo la consideración de personal de riesgo (por edad o patología) y pudiendo estar en sus casas, han solicitado motu proprio su incorporación a determinados puestos críticos para la operación “Balmis”. Eso sí, tras un riguroso y exhaustivo estudio de la oficina de Prevención de Riesgos Laborales para la adopción de medidas contra la COVID-19 en sus puestos de trabajo específicos.

No digo sus nombres. No pongo sus caras. Hoy estamos todos tras una mascarilla. Acordémonos solamente de que ellos también son héroes sin rostro.

Coronel Bordonado

«Nunca podré olvidar las caras de felicidad de la gente al vernos llegar»

La soldado Martín agradece las muestras de cariño de los ciudadanos

undefinedLa participación del Ejército durante estos días en la lucha contra la expansión del Covid-19 es reconocida y agradecida por la población. Son muchos los que aplauden la actuación de los militares en vías públicas, centros de salud o residencias de mayores, que están siendo las más afectadas por las consecuencias de la pandemia.

Esos rostros de emoción son difíciles de borrar. Así lo reconoce la soldado Martín, que desarrolla su labor en la Unidad de Capacitadores del Batallón de Cuartel General de la Brigada “Canarias XVI”. «Nunca podré olvidar las caras de felicidad de la gente al vernos llegar», asegura. Si para ellos la actuación exige de mucho esfuerzo, personal y profesional, la gratitud que les están demostrando los ciudadanos es algo que, desde su punto de vista, no se puede pagar.

La soldado se encuentra comisionada en Tenerife, donde trabaja junto a un equipo de 5 personas en la descontaminación de centros de salud, principalmente, aunque también de residencias de mayores u otros lugares en los que se requiere su actuación. Canarias dispone de una única unidad específica de equipos de descontaminación NBQ, donde está encuadrada esta soldado en Gran Canaria. Por ello se han desplazado hasta Tenerife, para extender su actuación a otros puntos del archipiélago canario.

«Nuestra trabajo se centra fundamentalmente en aquellos lugares donde ha habido algún positivo en COVID-19, por lo que utilizamos protocolos muy estrictos para proceder a la descontaminación», explica. La soldado manifiesta que se encuentra muy contenta de poder ayudar a tanta gente y del trabajo que realizan todos sus compañeros, aunque se ha tenido que distanciar de su hija y su pareja, para cumplir con su labor de servicio a España.

Durante estos días pone en práctica toda la instrucción que ha recibido a lo largo de sus 11 años en el Ejército, pero también la específica para este tipo de casos: «Nuestra unidad nos ha formado con diferentes cursos, y día a día en el Cuartel hemos simulado situaciones reales», asegura. Todo ello le ayuda a conocer cómo dirigir su actuación, a pesar de la excepcionalidad de una situación como ésta, con la que nadie contaba hace unos meses.

Natural de Málaga, la soldado Martín es amante del deporte, principalmente de las carreras de montaña y orientación, en las que ha cosechado buenos resultados. Aunque la jornada de trabajo se extiende durante todo el día, reconoce que también intenta dedicar un tiempo para entrenar junto a sus compañeros, siguiendo las directrices marcadas por el confinamiento.

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