ENTREVISTA A … SALVADOR AMAYA / ESCULTOR

Salvador Amaya (Madrid, 1970) siempre quiso ser militar, pero las circunstancias se lo impidieron. Sin embargo, ha sabido aprovechar su talento como escultor para ensalzar los valores del Ejército de Tierra a través de sus obras. La estatua a los Héroes de Baler —que se inauguró en 2020, en Madrid— o el coloso que está realizando actualmente para conmemorar el centenario de la Legión son una muestra de ello, pero en su trayectoria hay mucho más y cree que aún quedan multitud de homenajes, loas y gestas que necesitan ser puestas en valor.

Salvador Amaya ha representado a numerosos personajes históricos, entre ellos Miguel de Cervantes

Nos encontramos en Navalcarnero, donde se localizan algunas de las esculturas que ha realizado. ¿Qué siente un artista cuando contempla su propia obra?

Es un orgullo, la verdad. Suelo tomar distancia, sentarme en algún banco cercano y observar cómo reacciona la gente que pasa. Algunos no se fijan, a otros los ves mirar mientras caminan hacia su destino. A los que descubren la estatua por primera vez y a los turistas los identifico porque rápidamente sacan la cámara para fotografiarla, y los observadores más avezados se hacen notar cuando se sientan a mi lado y me preguntan si soy yo el autor de la obra. Entonces me dejo llevar por la pasión de mi profesión y me explayo contando anécdotas y detalles. No deja de sorprenderme que haya personas que se preocupen por conocer todo lo referente a los monumentos de su ciudad.

¿Cuándo nace esa pasión por este arte?

No recuerdo un momento concreto. Supongo que, al haber nacido en un ambiente artístico, he visto como algo normal un estilo de vida dedicado a la plástica y a la belleza. En realidad, yo quería haber sido militar, pero circunstancias familiares lo impidieron, así que, cuando llegó el momento de trabajar para ganarme la vida, la escultura surgió como algo natural, conocía perfectamente el oficio y tenía aptitudes para ejercerlo.

Su padre fue su gran referente

Solo de verle aprendí el oficio, ya que antes que maestro toca ser aprendiz. Cuando emprendí mi camino, también, tuve la fortuna de cruzarme con el escultor Juan de Ávalos, y si yo ya conocía todos los secretos de la escultura, me enseñó a amarla, a tratarla y a ilusionarme con ella.

¿Recuerda cuál fue la primera escultura que realizó?

Mi madre aún guarda un nacimiento en arcilla que realicé siendo muy pequeño, y creo que también hice una cabeza en jabón que no sabemos qué fue de ella. Siendo adulto copié algunas esculturas de mi padre y, tras el resultado, le perdí el miedo a modelar. Creo recordar que la primera obra, de cierta envergadura, fue una estatua de San Francisco de Asís para un particular. Era una obra con un cierto grado de esquematización, pero con un gran misticismo

¿Qué se siente durante todo el proceso de creación de una figura?

Cuando te enfrentas a una nueva obra, no sabes cuál será el resultado. Al principio la abordas con ilusión; cada nuevo proyecto te aporta la emoción de nuevos retos. Una vez que empiezo a montar la estructura y a poner las primeras pellas de barro, es una labor más mecánica, muy estresante, porque cualquier fallo en los primeros balbuceos de la obra puede suponer un problema a posteriori. El momento que vivo con más intensidad emocional es aquel en el que la figura ya está montada y puedo dedicar tiempo a darle vida en la mirada o a deleitarme con los detalles.

¿En qué medida queda expresado el sentimiento del autor en la obra?

En el caso de otros escultores no lo sé, pero yo voy dejando un trocito de mi alma en cada una de mis obras. Ellas (las esculturas) y yo conocemos secretos que han surgido durante el proceso y que nadie más conoce.

Tiene obras en muchos lugares, incluso en Estados Unidos

Es complicado proyectar tu obra fuera sin apoyo institucional o sin todo el conglomerado que conforma el “mundillo” del arte en España. La escultura que yo realizo tiene carácter monumental, por lo que queda excluida del ámbito de ferias y galerías. Por otra parte, mi estilo clásico y naturalista no entra dentro de los cánones actuales. Además de en Estados Unidos, tengo obras en México, Reino Unido y Suiza, pero son particulares quienes muestran interés por mi trabajo. A nivel monumental, solo he trabajado en España, cosa que me encanta porque hay muchísimo por hacer; multitud de homenajes, loas y gestas que necesitan ser puestas en valor.

Secreto de la estatua de Cervantes

Está en proceso de realizar una obra conmemorativa del centenario de la Legión. ¿Qué significa representar a una unidad tan valorada por la sociedad?

Ante todo una responsabilidad, pero también es cierto que el motivo me permite disfrutar, ya que tengo la oportunidad de imbuirme en el espíritu legionario para poder sacar, desde dentro de mi ser, todas las emociones positivas que me provoca ese espíritu de sacrificio, compañerismo y nobleza que les caracteriza.

Recientemente ha sido condecorado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco por sus actividades meritorias relacionadas con la Defensa nacional

Confieso que me sentí muy emocionado. No pude ser militar, pero conseguí compaginar mi profesión con el Ejército, tratando de elevar los valores militares a la categoría de arte (o así me gusta pensarlo). Me he sentido muy honrado de que me hayan considerado merecedor de esta recompensa. Procuraré estar a la altura y seguiré dando lo mejor de mí para enaltecer la labor del Ejército.

MODERNIZAR LA HISTORIA

El Instituto de Historia y Cultura Militar ha digitalizado todos los historiales de los cuales es depositario: casi 10.000 archivos que ahora se encuentran a disposición del público en general

Hay ocasiones en las que un acontecimiento concreto de alguna de nuestras unidades queda grabado en la historia colectiva. En otros muchos casos, el volumen de acciones y curiosidades es tan amplio que es imposible de retener y, sin embargo, hacerlo supondría una gran riqueza histórica y cultural. Precisamente para proteger, conservar, investigar y divulgar el patrimonio histórico, cultural, documental y bibliográfico del Ejército de Tierra se creó, en 1997, el Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) —sucesor del Servicio Histórico Militar, que vio la luz en 1939—.

Este Instituto es el garante de nuestra memoria, ya que a él se remiten anualmente los historiales de las distintas unidades del Ejército. Una práctica que, si bien está regida por su última normativa de 2012, se realiza desde mucho antes, ya que desde el siglo XVIII existen Reales Ordenanzas respecto a la conservación de los historiales, y han sido múltiples las normativas e instrucciones que ordenaban su redacción y actualización.

En la actualidad, el IHCM cuenta con una colección de historiales cercana a 600 carpetas, legajos y libros; es decir, unas 300.000 páginas aproximadamente cargadas con el presente y el pasado de todas las unidades que han existido en el Ejército de Tierra. «La historia de las unidades es la historia del Ejército. Relacionar sus contenidos daría para una enciclopedia», asegura el coronel Martín-Cleto, del IHCM.

Como cabe imaginar, un volumen semejante de material requería de su digitalización para poder conservarse y consultarse en condiciones óptimas. A eso ha dedicado parte de su tiempo el Instituto en los últimos años desde 2012, finalizando esta ingente labor en 2019, con la digitalización de la última remesa de libros y legajos, gracias al mecenazgo del BBVA y a una pequeña dotación presupuestaria extraordinaria. Así, en estrecha colaboración con la empresa Digitalizan, ya se encuentra en formato digital toda la colección del IHCM, que asciende a un total de 9.849 archivos distribuidos en casi 2.000 directorios y subdirectorios. Una vez digitalizados, los historiales más antiguos han sido remitidos a la Biblioteca Central de Madrid a excepción de los libros que contienen historiales de 1969 en adelante, que se mantienen por el momento en el despacho de la Sección de Historiales del Instituto.

La riqueza de esta colección es incalculable, formando parte de ella libros que datan del siglo XVIII. «El contenido varía mucho, pues depende del mayor o menor detalle y cuidado que en su redacción pusiese la correspondiente unidad, pero tenemos algunas curiosidades destacables. Es el caso del Libro de Oro o de Honor del Regimiento de Infantería “España” nº 18, con una simpática dedicatoria del escritor Camilo José Cela, así como una curiosa fotografía del rey Alfonso XIII con su hijo el Príncipe de Asturias», apunta el coronel Martín-Cleto.

Así, se pueden encontrar auténticas joyas, como los historiales manuscritos del primer regimiento en América (el Regimiento de La Habana) o ampliaciones y complementos para los historiales de diversas unidades como, por ejemplo, dos libros históricos de 1910 y 1911 sobre el Regimiento Inmemorial del Rey” nº 1. No son los únicos, puesto que también hay varios manuscritos de gran interés de Regimientos de Infantería, como el Cantabria”, “Granada” “Almansa”, “Bailén” y “Gerona; de Caballería, como el “Rey”, “España” o Castillejos, o el 3º de Montaña de Artillería. «Documentos que datan del siglo XVIII y XIX respecto a unidades que se remontan, en algunos casos, a los siglos XVI y XVII. Es decir, una cosa es la antigüedad del documento y otra la de los historiales que recoge», aclara el coronel.

CÓMO HACER UNA CONSULTA

Este rico patrimonio está abierto a la consulta del público en general. Así, para trabajos de investigación particulares, el procedimiento actual es solicitar cita previa al Archivo General Militar de Madrid (agmmadrid@et.mde.es). Para estas peticiones particulares, si son muy puntuales, concretas y bien definidas y acotadas, también existe la posibilidad de solicitar la consulta a través de la Oficina de Comunicación del Instituto (ihycm@et.mde.es).Evidentemente, el archivo está abierto a que cualquier unidad pueda solicitar la información o documentación que desee relacionada con su historial, dirigiéndose directamente al IHCM vía Sistema de Mensajería de Defensa

Blog oficial del Ejército de Tierra