conocer a … cabos fernández y naharro

«El fitness te ayuda física y psicológicamente»

En la casa de los Fernández Naharro se hace deporte, y mucho. Los ejercicios de cardio y musculación son el pan nuestro de cada día para David y Melanie. O lo que es lo mismo: para el cabo Fernández y la cabo Naharro. Este matrimonio de treintañeros, padres de dos hijos y  destinados en el Batallón de Helicópteros de Maniobra IV, en Sevilla, no solo comparte profesión sino, también, pasión: el culturismo. Él practica la modalidad clásica y ella la de fitness, lo que explica que dediquen una media de dos horas diarias a entrenarse.

cabos Fernández y Naharro

«Desde muy joven me gustaba ir al gimnasio y el interés por mejorar me llevó al culturismo», comenta el cabo Fernández, quien a pesar de llevar toda la vida entre pesas no se planteó competir hasta 2014. Fue entonces cuando decidió entrenar con la máxima dedicación, y la verdad es que su entrada en el mundo de los campeonatos fue por la puerta grande: tan solo un año después, en 2015, conseguiría el primer premio en el Campeonato de Sevilla; en 2016, el segundo puesto en el Campeonato de Andalucía —una medalla de plata que revalidó en la edición de 2017— y, también en ese año, llegó a semifinales en el Campeonato de España.

La relación de la cabo Naharro con el fitness también viene de lejos, ya que con 16 años se introdujo en este mundo, al principio como un pasatiempo más. En 2017, apenas un año después de dar a luz a su segundo hijo, decidió que era el momento de tomárselo un poco más en serio: «Fue todo muy rápido. Mi primo, que es entrenador, me animó y en 2018 ya estaba compitiendo, incluso a nivel nacional, en el Campeonato Open Barbarian», apunta la cabo.

Así, Fernández y Naharro pasan gran parte de su tiempo en gimnasios: «Los buscamos con ludoteca porque nos llevamos a los niños: así podemos entrenar los dos a la vez», aseguran. No obstante, la COVID-19 ha obligado a suspender todos los campeonatos, a la vez que ha alterado su rutina deportiva. «Al no haber competiciones, el ritmo del entrenamiento puede ser más lento, pero nunca detenerse», puntualiza Fernández.

Y es que en este exigente deporte la constancia es fundamental, algo en lo que su profesión les ha ayudado: «El hecho de que lo primero que se haga en la unidad sea deporte facilita mucho el entrenamiento. El poder realizar cardio en ayunas y a primera hora de la mañana viene muy bien», señala Naharro. A esto se le unen los ejercicios de la tarde: 20 minutos más de cardio y aproximadamente una hora y media de musculación. Pero no es solo eso: «La dieta también es un pilar básico, así como seguir unos horarios de comidas muy pautados», aclara Fernández.

En lo que ambos no dudan es que el culturismo «es un gran desestresante». Naharro asegura que, a nivel personal, este deporte le ha ayudado mucho «física y psicológicamente», aunque no esconde que los comienzos fueron duros: «Al principio sobre todo, porque tienes que compaginar hijos, trabajo, entrenamiento y una dieta estricta. Eso, unido a que empecé a competir muy poco después de dar a luz junto a chicas muy jóvenes, que no habían sido madres, y sientes algo de nervios e inseguridad. Sin embargo, pronto empiezas a notar que mejoras, que tu cuerpo está más definido y ganas mucho en confianza y capacidad».

Unidos por la familia, el trabajo y el culturismo, los cabos Fernández y Naharro tienen claro que nada podrá separarles de este deporte que tantas satisfacciones les ha dado, ni siquiera la pandemia. Por eso, esperan que la “vieja normalidad” regrese pronto y puedan volver a competir.

EL NOVIO DE LA MUERTE, LA ETERNIDAD Y EL AZAR

La eternidad juega, a veces, sus cartas con manos de tahúr; y casi nunca llega sin un poco de suerte y, por supuesto, sin versos

Texto: Norberto Ruiz Lima / Madrid

Fotos: Stte. Jesús de los Reyes (DECET)

Este artículo habla de eternidad y de versos, ahora que se ha cumplido el centenario de la Legión española. Una eternidad que vive colgada de los labios de los legionarios, aunque la primera intención de su creador fuera destinarla a ser cantada por las cupletistas en los cabarés. Nada más poético y nada más natural para un himno militar que nacer en esos románticos lugares de antaño; así ha ocurrido con todas las canciones más escuchadas del repertorio castrense, como el pasodoble La Bandera, Los voluntarios o La bejarana, que nacieron inicialmente para el mundo del espectáculo, por donde suelen pulular inmortales artistas escondidos.

Este periódico, una vez terminado el centenario de la Legión, quiere rendir un homenaje a la persona que escribió una canción que todo el mundo reconoce y sabe tararear, una canción que ha ido más allá de la unidad militar que la hizo suya, una canción que ha sido una obra maestra de comunicación eficaz, tanto interna como externa, tanto espiritual como moral. Una canción que, fruto del azar, se ha convertido en algo con lo que nunca soñó su autor.

Sin duda, solo los poetas escriben sobre el mármol para la eternidad; pero Fidel Prado Duque, autor de cuplés y escritor de novelitas populares del Oeste o de espías, y que firmaba como F.P. Duke, no sabía entonces que él escribiría unos versos para la eternidad.

Ni siquiera lo sabía cuando leyó, trabajando para el Heraldo de Madrid, la historia del legionario Baltasar Queija de la Vega, uno de los primeros muertos de la Legión, entonces llamado Tercio de Extranjeros. Baltasar Queija había muerto el 7 de enero de 1921 en combate; y, cuando sus compañeros encontraron su cadáver, en uno de sus bolsillos había una carta llena de poesía dirigida a su amada ya fallecida, en la que expresaba su deseo de reunirse con ella.

Y cuando un escritor, ya sea de poesía, de novela, de folletines o de cuplé, encuentra una historia así, no puede menos que hacerla suya y darle forma de alma. Con esa letra en la mano, anduvo Fidel Prado Duque buscando su músico. Lo encontró en Juan Costa y, entre los dos, crearon la canción que invoca al sentido de la vida y de la muerte en el amor.

Con esa canción en la mano, Fidel Prado Duque, autor de cuplés, o F.P. Duke, escritor de novelitas populares y de folletín, que eran la misma persona, se cruza por azar en la calle Montera con Lola Montes, canzonetista; y le cuenta que lleva una canción maravillosa y que si quiere oírla lo acompañe a casa del maestro Modesto Romero, en la calle Luchana número 10. Y allá que se van los dos; y en esa casa y en esa calle se oyen por primera vez los sones de El novio de la muerte. Era el mes de julio de 1921.

Lola Montes, nada más oír los primeros compases, se enamora de la canción y la incorpora a su repertorio, cantándola en Málaga primero, en el espectáculo de variedades del teatro “Vital Aza”, y luego en Melilla. A nadie deja indiferente y el éxito fue inmediato. En Melilla, por esos derroteros que provoca nuevamente el azar, la escuchó el fundador de la Legión, el teniente coronel Millán-Astray, que rápido entendió que ese cuplé no podía ser más que de la Legión. Desde entonces hasta ahora, esas notas son reconocibles en cualquier lugar del mundo. Algo mágico tendrá en su fórmula transcendente.

Pero este artículo quiere traer en el centenario a ese versificador olvidado, Fidel Prado Duque, que escribió, para la Legión y para Lola Montes, la que ella consideraba la canción más bonita del mundo. Por eso, el periódico Tierra ha ido al cementerio de Santa María, en el madrileño distrito de Carabanchel, a mostrarle sus respetos a este versificador de sueños; mientras se oye como una letanía: «Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera…». 

Lola Montes se enamoró de la canción nada más oír los primeros compases

Blog oficial del Ejército de Tierra