Mientras mi voz me acompañe, ahí estaré

Texto: Luis Villaverde (Madrid)

Fotos: 33 producciones

Pastora Soler (Coria del Río, 1978) celebra tres décadas dedicadas a la música, pero su historia con el arte viene de mucho antes. Desde que apenas era una niña ya dejaba claro que lo suyo no era un capricho pasajero, sino una vocación arrolladora. Criada entre coplas, Pastora se formó vocalmente de la mano de Adelita Domingo, pianista y maestra de canto que albergó en su escuela a intérpretes de renombre como Isabel Pantoja o Rocío Jurado. 

Desde entonces, su voz —pura emoción, fuerza y verdad— ha ido conquistando corazones dentro y fuera de nuestras fronteras. Ha sabido reinventarse sin perder su esencia, ha tocado géneros, ha pisado el escenario de Eurovisión y ha llenado teatros con un repertorio que atraviesa generaciones. 30 años de carrera dan para muchos aplausos, para muchos silencios emocionados entre canción y canción, y, además, para muchas historias que hoy recordamos con ella.

Pastora Soler no solo canta, siente cada palabra. Y cuando ella siente, el público vibra.

¿Cómo fueron sus inicios? ¿Cómo ha sido la evolución de aquella niña que empezó cantando copla hasta convertirse en la artista que es hoy?

Mis inicios fueron los de una niña aficionada a la música, sobre todo a cantar como algo muy vocacional. Siempre con mi vida bastante ordenadita, compaginaba mis estudios en el colegio con una academia de música, de forma extraescolar, porque me gustaba mucho cantar. Ahí empezó todo poco a poco. Sin darme cuenta, y con 14 años, vino un productor a Sevilla a conocerme y a los 15 tuve mi primer contrato con una multinacional y mi primer disco, que era de copla. De ahí a la actualidad, estamos celebrando 30 años de ese momento. Ha sido un camino de mucho trabajo y evolución, de buscar mi propia identidad. Empezar con la copla es algo que ha marcado mi carrera, mi música, aunque siempre he intentado explorar mi camino y mi propio sonido. Subir escalón a escalón, hasta dar con esa forma de expresión musical que, desde hace 15 años, siento como propia y me llena plenamente. 

Como dice, sus inicios fueron cantando copla, ¿cómo ve la evolución del género en el siglo XXI? ¿Viviremos un concierto de Pastora Soler sin escuchar copla?

Fueron con la copla de Quintero, León y Quiroga, grabado con un estilo muy clásico, con una orquesta típica y perfectamente representativa del género. Es verdad que, aunque se fusionan los estilos, somos muchísimos artistas los que bebemos de la copla e intentamos incorporarlo a nuestro repertorio, pero no ha tenido una evolución tan positiva como el flamenco. Bajo mi punto de vista, la gente que consume copla quiere hacerlo según los fundamentos clásicos. Hay muchas canciones que canto en la actualidad, que yo las interpreto y las veo como coplas del siglo XXI, y quizá sea el público coplero el que no se abre a esa evolución del género. En mis conciertos siempre habrá una copla.

Inició los estudios universitarios de Historia del Arte, ¿a qué le hubiera gustado dedicarse de no haber sido cantante? 

Estudié Historia del Arte, pero mi carrera artística era mi prioridad y los estudios pasaron a ser vocacionales, mi profesión ya era la música. Si hubiera tenido que elegir una carrera para ejercer laboralmente, hubiera puesto todas mis fuerzas en subir la nota de selectividad y me hubiera decantado por el periodismo.

No podemos olvidar su paso por Eurovisión en el año 2012. ¿Cómo recibió la noticia? ¿Qué le aporta a un intérprete participar en dicho certamen?

La verdad es que la noticia me pilló totalmente por sorpresa, porque justo ese año Televisión Española (TVE) cambió la forma de elegir al candidato. Mi compañía discográfica —Warner— propuso mi candidatura y ni siquiera me lo había consultado. Finalmente, TVE apostó por mí. Mi primera respuesta fue negativa, pero poco a poco me fui convenciendo. Eurovisión es una gran plataforma de promoción. Ha sido una de las experiencias más importantes de mi carrera. Quitando los meses de presión mediática, el festival ha sido muy positivo en mi trayectoria profesional.

Esta gira con motivo de su 300 aniversario en el mundo de la música le está llevando por muchísimos puntos de toda la geografía española. ¿Qué lleva siempre Pastora Soler en su equipaje que nunca le puede faltar?

Estamos llevando a cabo una gira súper especial y muy bonita en la que doy un concierto con seis cambios de ropa, por lo que me he tenido que fabricar un baúl especial para transportar la ropa con el equipo técnico. Aun así, en mi maletita más personal llevo cosas que no me pueden faltar en los conciertos y que están relacionadas con el cuidado vocal —nebulizador, hidratación, alguna medicina de la alergia, elementos de calentamiento vocal— y los in-ears (auriculares profesionales que se usan en directo para escuchar la música y la voz con claridad), básicamente herramientas de trabajo para afrontar cada concierto.

¿Qué canción de su repertorio no puede faltar jamás en uno de sus conciertos?

Hay muchas canciones que no pueden faltar porque van marcando las distintas etapas de mi discografía. Si me tengo que quedar con una, elijo esa canción que, aunque han pasado los años, no ha hecho más que crecer en fuerza y en conexión con mi público, La mala costumbre

Son muchos los artistas con los que ha colaborado. Dígame alguno que le falte y que le haga especial ilusión.

Hay muchos a los que admiro y con casi todos he tenido la suerte de poder cantar: Raphael, Alejandro Sanz, Vanesa Martín, Manuel Carrasco, David Bisbal, David Bustamante… Muchísimos compañeros. Me haría especial ilusión cantar con Marta Sánchez o Mónica Naranjo, dos auténticas divas que admiro profundamente. Como sueño grande, estaría Luis Miguel, y si me dejo llevar del todo, Celine Dion. Eso ya sería tocar el cielo.

En su canción 30 veces, incluida en su último álbum, nos dice que «aún nos queda lo mejor». ¿Qué le falta por conseguir a Pastora Soler?

Cada vez que interpreto esa canción y llego a esa parte, pienso de corazón en que ojalá me queden otros 30 años más en esto, que ya es mucho decir. Y si los tuviera, sería señal de que todo ha ido muy bien: que tengo salud, que mi voz sigue fuerte y que el público sigue ahí. Yo siempre pido eso, salud, porque mi instrumento es la voz, y mientras Dios me la conserve, ahí estaré. Hay muchas canciones por escribir, muchas historias que contar y emociones que compartir. Mientras siga existiendo esa conexión tan mágica con mi público, no puedo pedir nada más. Si dentro de 10, 20, o 30 años sigo aquí, viviendo mi vida con mi familia y dedicándome a esta profesión que me hace tan feliz Entonces lo habré conseguido todo.

Ha sido galardonada con varios premios de la música, pero, además, para una cantante que lleva su tierra por bandera, ¿qué significó recibir el máximo galardón que se le puede otorgar a un andaluz cuando recibió la Medalla de Andalucía en 2019?

Como andaluza es uno de los reconocimientos más importantes que pueden existir y el que más me ha emocionado a lo largo de toda mi carrera. Justo ahora, he recibido el día 30 de mayo la Medalla de Sevilla, algo muy emocionante. Cuando los reconocimientos vienen desde casa te emocionan mucho más, así que yo siempre agradecida y emocionada por ello.

Es una de las mejores voces de este país, pero también es conocida por su faceta más altruista mostrando su lado solidario. ¿Con qué valores del Ejército de Tierra se ve más identificada?

Me identifico mucho con esa labor humanitaria que representa poner tu vida al servicio de los demás. La disciplina, la valentía, el espíritu de sacrificio y el esfuerzo constante son valores que admiro y que creo que deberíamos de destacar más a menudo. Entregar parte de tu vida por un bien común, con compromiso y generosidad, es algo que respeto sinceramente y con lo que me siento muy en sintonía. 

Un deporte con espíritu militar

Texto: Paula Mozota (Madrid)

Fotos: MADOC

Durante décadas, el rugby ha sido un deporte oculto en el Ejército, casi un fantasma. Los militares lo jugaban, pero no estaba reconocido oficialmente. Sin embargo, desde que se incorporó, el Ejército viene ocupando una posición relevante en las competiciones. Parece lógico, ya que, en palabras de quienes lo practican, promueve valores fundamentales: la disciplina, el coraje, el compromiso y el trabajo en equipo.

INICIOS MILITARES

En 1925, se organizó el primer Campeonato Nacional de Rugby. Dos equipos llegaron a la final: el Fútbol-Rugby Club Barcelona y el equipo de la Academia de Infantería, este último tras vencer al Athletic de Madrid. Al día siguiente, pese a que ganó el equipo calalán, la prensa nacional tenía buenas palabras para los dos contrincantes. Periódicos como La Vanguardia o Mundo Deportivo, calificaban a los infantes de «entusiastas y fuertes», valoraba su defensa con las palabras «energía, valentía y decisión» y auguraba que «el equipo de los cadetes puede dar mucho juego».
Desde entonces, entre idas y venidas, el Ejército ha cosechado numerosas victorias. Este es el caso de la Escuela de Automovilismo, que en la temporada 1963-64 consiguió el oro en la categoría juvenil del Campeonato de España. Un ascenso al podio que se repitió en otras tres ocasiones a lo largo de esa década. Por su parte, el equipo de la Academia General de Zaragoza ganó el torneo regional de Aragón en cuatro ocasiones, en los 90, aunque después rechazó participar en la competición nacional.

EL RUGBY MILITAR EN LA ACTUALIDAD

No hay que irse tan atrás para encontrar grandes momentos en el rugby militar.
Una de las fechas más importantes se dio en 2013. Concretamente, el 7 de junio, día en el que se inauguró el primer Campeonato Militar de Rugby, avalado por la Federación Española de Rugby (FER). Este partido fue clave para que se convirtiera en uno de los deportes oficiales contemplados dentro del Ejército de Tierra.
Desde esa primera competición y hasta 2020, se convocaron campeonatos militares de rugby anuales. En ellos, la participación fue creciendo: se pasó de 200 jugadores, a principio de la década, a 400, en 2019.

Además, ha servido como vínculo entre el Ejército de Tierra, el Ejército del Aire y del Espacio, la Guardia Real o la Armada. Con esta última, el Ejército de Tierra organizó «Combate el cáncer» en 2017, considerado el primer encuentro benéfico de rugby. El equipo de Tierra resultó el vencedor de este amistoso.
Tras 11 años de campeonatos en la modalidad de rugby 15, en 2024, llega otro hito: se inaugura la primera edición del Campeonato de Rugby 7. En él compitieron 21 equipos, lo que equivale a más de 200 participantes. Este año, 2025, se ha vuelto a celebrar en Valladolid, con el mismo éxito que en la anterior edición.
En el panorama internacional, tanto la selección de rugby militar masculina como la femenina participaron, en 2023, en el Campeonato Mundial militar de rugby 7 celebrado en Agen (Francia). Ese fue un periodo deportivo muy completo, ya que la selección militar masculina de rugby 15 también compitió por el podio del Campeonato del Mundo Militar de Rugby 15, en Bretaña (Francia).

El rugby se va abriendo paso poco a poco en la agenda deportiva del Ejército de Tierra y no es de extrañar. Esta disciplina mezcla el deporte de combate con un gran componente de juego táctico, dos particularidades que llaman la atención en el mundo militar. Tal y como declara el coordinador del campeonato de rugby 7 en 2025, el teniente coronel Segura, «el rugby militar no solo fortalece el cuerpo, sino también el alma del soldado.

Blog oficial del Ejército de Tierra