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ENTREVISTA A JOSÉ SOTO CHICA / HISTORIADOR

«La historia ha sido durante muchos años un cúmulo de datos»

Aunque firma sus investigaciones como José Soto Chica (Granada, 1971) asegura divertido que, en realidad, solo responde cuando le llaman “Pepe”, «si no, siento que están llamando a otro». Este doctor en Historia fue antes soldado profesional, pero un accidente durante unas maniobras con explosivos en Cerro Muriano (Córdoba) truncó su carrera, lo que le hizo replantearse el futuro para dedicarse a su vocación. Ahora, es profesor de la Universidad de Granada e investigador del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas. Su carácter optimista ante las adversidades es contagioso y, con 7 libros a sus espaldas —el último, Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura (Editorial Desperta Ferro)—, ya está trabajando en 2 más.

Su pasión es la historia, pero ¿cómo llegó a ser militar? Es muy curioso porque, en 1992, yo pensaba que iba a ser objetor de conciencia, pero mi padre (que era un hombre increíble que había vivido lo que llamaban la “mili larga”, ya que estuvo destinado en Marruecos entre 1944 y 1947) tuvo una experiencia maravillosa con el Ejército. Sabía que le iba a dar un mal día si decidía aquello, así que fui a hacer el servicio militar para no darle un disgusto. Me destinaron en Bótoa (Badajoz), en la actual Brigada (BRI) “Extremadura” XI, y fue una vivencia estupenda porque descubrí muchas cosas durante esos 9 meses y me enamoró el Ejército. Cuando terminé, me preparé y me presenté como militar de tropa profesional. A partir de ahí, para mí fue una experiencia realmente hermosa, a nivel de valores y de compañeros.

Estuvo también de misión. En Bosnia, desde enero hasta abril de 1995. Me presenté voluntario porque en ese momento estaba destinado en la BRI X (en Córdoba) y a Bosnia iba la BRI XI, pero necesitaban gente. Allí, realicé labores de escolta y policía militar, fue una experiencia muy especial. De hecho, a veces la vida te enreda un poco y yo creo que me estaba preparando para el accidente, un año después, porque allí aprendí muchas cosas a nivel humano y, sobre todo, creo que fue un proceso de maduración para mí.

Después, sufrió el accidente y tuvo que dejarlo… Sí. Había que reinventarse. Cuando yo estaba en el hospital después de 14 días en coma, tenía muy claro que lo que había sido mi trayectoria como soldado se había terminado. Desde pequeño, mi pasión real había sido la historia y estaba seguro de que en cuanto pudiera levantarme de la cama iba a empezar esa carrera. En octubre de 1997, empezaba mi primer curso de la licenciatura.

¿Por qué eligió historia? Cuando tenía 7 años, me regalaron un libro que no era para niños, pero fue una casualidad afortunada. Se llamaba La Anábasis, de Jenofonte, un autor griego, del siglo V a.C. que era soldado, además de historiador. Cuenta la aventura de unos mercenarios griegos y su intento de volver a casa a través de medio mundo. Aquella historia se me quedó grabada y a esa edad me convertí en lector compulsivo de historia.

Precisamente, ¿cómo se inculca a un niño la historia? La historia es vida y continuidad. Si se sabe contar, siempre va a ser atractiva y fascinante. Estos mercenarios griegos del siglo V a.C. eran igual que nosotros: tenían las mismas actitudes y sentimientos, había heroísmo, pero también envidia, ambición… El ser humano es constante, pero cambian las cosas, las armas, los equipos o el paisaje. Si sabes contar una historia y hacerla presente, el pasado siempre te va a preparar, te va a enseñar algo, pero hay que saber hacerlo. Desgraciadamente, la historia ha sido durante mucho tiempo un cúmulo de datos y fechas que nos dejaba indiferentes, porque los historiadores no sabíamos trasladar lo que es su vitalidad, es decir, ese pulso, el que realmente te sientas dentro de un tiempo o de un hecho histórico. Cuando leí aquel libro, me sentí compañero de esos mercenarios para los que su única ilusión era sobrevivir cada día y acercarse un poco más al mar, porque para ellos significaba llegar a casa. Cuando ellos llegan, gritan: “¡Thalasa, thalasa!” que, en griego, significa “mar”. Esa palabra se me quedó grabada en el corazón. No he vuelto nunca al mar sin escuchar ese grito. Creo que la historia es algo fascinante, pero hay que saber acercarla. Para mí, la historia antigua y medieval siempre me ha atrapado más que la Contemporánea, aunque no sabría decir por qué.

Su último libro es Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura, ¿qué representa esa época? Es una manera de nombrar un periodo griego muy importante en la Historia Universal, de la Edad Antigua a la Edad Media. Recibe este nombre porque, en el siglo XIX, había muy pocas herramientas para acercarnos a esta época, que es de cambios, de transformación, de las invasiones bárbaras, es el comienzo del islam y su gran expansión. De hecho, si miramos un mapa geopolítico, el mundo actual sigue siendo el mismo: Occidente, la Europa Oriental (que hoy es Rusia, lo que antes era Bizancio) y el islam. El Mediterráneo, que es donde se ha configurado nuestro mundo, sigue estando exactamente igual que en la Edad Oscura, que va desde la caída de la Roma de Occidente hasta la consolidación del islam y del Imperio carolingio.

Su especialidad es el Imperio bizantino… En realidad, es una creación que hemos hecho los historiadores y nunca existió como tal, porque era Roma. Duró más de 1.000 años porque, al final, era la continuación de Roma, de un Estado muy fuerte, con una estructura administrativa muy potente y con un ejército con una tradición increíble. Atesoraban un conocimiento de siglos y eran conscientes de esa historia, estaban orgullosos de ella y tenían esa ventaja, que era el saber y la capacidad de organización.

¿Qué llevó a su derrota? Evidentemente, Bizancio fue “el gran dique de Europa”, deteniendo las embestidas árabes y turcas durante siglos, pero no hay muro que pueda sostenerse indefinidamente contra todos los ataques. Al final, tuvo más enemigos que fuerzas y se vio acosado, tanto por algunos pueblos europeos como asiáticos, por lo que no pudo resistir la presión. Siempre digo lo mismo: retrocedamos en nuestra historia 1.100 años y pensemos que en todo ese periodo ha habido un Estado centralizado, organizado, con una cultura, un gobierno bien estructurado… Nos parecería increíble, como ha pasado en un siglo en España, por ejemplo.

¿Qué elementos de esa época siguen presentes en la sociedad actual? Bizancio fue, ante todo, el gran custodio y transmisor de Roma. Si en Europa occidental se recupera el derecho romano en el siglo XII, es gracias a este, igual que la mayoría de los conocimientos, como la medicina. Se habla del islam como el transmisor de la cultura grecolatina, pero realmente el islam deriva de Bizancio, es el foco. En nuestra Historia, va desde las leyes hasta la concepción del Estado.

Muchos inventos se han creado en la guerra, como la radio, ¿y en esta época? Sobre todo, han quedado conceptos, porque era una época de transformación en la que los ejércitos eran fundamentales, como la idea del ejército profesional, que pertenece en gran medida a este periodo. Hubo muchos inventos y dinamismo, se empieza a utilizar el estribo, determinante para la caballería, aunque el gran invento es el fuego griego (un tipo de arma incendiaria), una especie de precursor de la artillería y el lanzallamas y del cual se ha perdido el secreto, por cierto. Seguimos sin saber exactamente qué era, pero sí que cambió la historia porque, gracias a su uso, Constantinopla sobrevivió a los dos grandes asedios árabes. Podemos decir que las guerras han cambiado el mundo.

La guerra acaba siendo un recurso en el tiempo. Es inevitable. Un tratadista militar de este periodo, el hispano Flavio Vegecio Renato, tiene una obra sobre la guerra que probablemente ha sido la más influyente en la historia. Hay una frase de él muy conocida: “Si quieres la paz, prepara la guerra”, que escribió hacía el año 413, aproximadamente. En última estancia y aunque pueda parecer menos agradable, la supervivencia de un Estado se basa en que, si no tienes fuerza para defender tu libertad, la pierdes.

¿Qué nos falta por conocer de la historia? La historia es la gran maestra de la vida, ya lo decía Cicerón. Tengo a veces la sensación de que si nuestra sociedad y, sobre todo, nuestros dirigentes, tuvieran un mayor conocimiento de ella, probablemente cometeríamos menos errores. Tenemos la responsabilidad, como generación, de conocer lo que han vivido nuestros padres y abuelos, para no cometer errores y dejar un mundo mejor a nuestros nietos. Siempre pongo el ejemplo: si ahora perdieras el recuerdo de tu infancia y juventud, ¿qué clase de persona serías? Serías frágil, y eso es lo que les pasa a los pueblos que no conocen su historia. ¿Cómo vas a tomar decisiones coherentes como sociedad si no conoces tu pasado?

¿Con qué lección se queda, después de tantos años de trabajo? Por un lado, con la conciencia de continuidad, saber que soy parte de una cadena de vida, el heredero de una tradición y que, por tanto, tengo el deber de transmitirla. Y por otro lado, que la vida siempre se impone, por muy difíciles que sean las épocas que nos toquen o los acontecimientos. Al final, si mantenemos la cabeza en su sitio, se sale adelante de todo. La Edad Oscura es la demostración de que algo que parecía imposible, como la caída del Imperio romano, cayó, y la gente terminó sobreviviendo, buscando nuevas fórmulas políticas, sociales… Al final, la vida y el hombre se imponen.

Aprender para vivir. Efectivamente. Creo que esa es la clave: aprender, y para eso la historia es muy necesaria.

Bosnia, 1995

«Esta foto está hecha en un campo de refugiados, cerca de la localidad bosnia de Čapljina, adonde habíamos ido en más de una ocasión. Ese día fuimos escoltando un convoy y yo tenía la costumbre de rellenar con caramelos una parte de las trinchas del fusil porque, cuando me encontraba con los niños, siempre me los pedían. La niña de la imagen, Mirnesa, me había robado el corazón. Se ponía en la cola para recibir sus dulces y después corría en busca de sus padres, se cambiaba de ropa y volvía, con la pretensión de que no la íbamos a reconocer y se iba a llevar el doble de ración de caramelos. Un compañero me sorprendió en ese momento en el que descubrimos la travesura y nos estamos riendo. Tengo muchísimo cariño a esta foto». ¢

Testimonio de nuestros soldados durante la «Operación Balmis»

Testimonios de nuestros soldados de la Brigada Infantería «Galicia» VII, durante las labores que desarrollaron en la «Operación Balmis»

El cabo 1º Apellániz, de enfermar por el COVID-19, a combatirlo.

Cabo 1º Apellániz

El cabo 1º Apellániz, perteneciente a la Compañía de Defensa NBQ número 7, participó en el ejercicio “Ave Fénix” en Valencia, del 9 al 13 de marzo, de instrucción y adiestramiento para unidades NBQ, y a la vuelta, al haber pasado por Madrid y Valencia, se ordenó a todo el personal permanecer aislado durante 14 días como medida de prevención.

Al cabo de una semana comenzó a sentirse mal, con síntomas compatibles con el COVID-19, por lo que se le realizó la prueba pertinente, resultando positivos tanto él como su esposa.

Una vez recuperado, pudo reincorporarse a su Compañía, donde se unió a las tareas de desinfección de las diferentes residencias de mayores de Galicia, que ya realizaban sus compañeros desde hacía varias semanas.

Cabo 1º Apellániz

“En estos 25 años que llevo sirviendo a mi País, esta misión ha sido de lo más gratificante que hice como soldado. Solo me queda dar las gracias al servicio médico de la base, a mis jefes y compañeros, por la preocupación constante que tuvieron mientras estuve convaleciente”.

La Sargento de Artillería Noelia Carricoba López tuvo que cambiar sus hábitos de trabajo y forma de vida.

Sargento Carricoba

La pandemia que sufrimos supuso un nuevo escenario de actuación ante un enemigo desconocido e invisible frente al cual la BRILAT dio respuesta entre otras formas llevando sus equipos NBQ y de descontaminación por todo el territorio gallego.

Uno de estos Equipos estaba dirigido por la Sargento de Artillería Noelia Carricoba López, destinada en la Batería MISTRAL del GACA VII de la BRILAT, que tuvo que cambiar sus hábitos de trabajo y forma de vida, dejando momentáneamente “aparcado” su puesto de tiro MISTRAL para adaptarse al nuevo escenario al que se enfrentaba.

Un escenario que se planteaba con un enemigo que había que combatir centrándose principalmente en salvaguardar al colectivo más desfavorecido en esta pandemia, “nuestros mayores”.

La Sargento Carricoba se encontraba al mando de uno de los Equipos de desinfección del GACA VII de la BRILAT, habiendo sido formada para llevar a cabo su misión por el equipo de especialistas en NBQ del Batallón de Cuartel General de la BRILAT.

Sargento Carricoba

Desde el primer momento la incertidumbre ante lo que podía encontrarse la acompañaba en cada misión.

Durante los largos días en los que se pasaba junto a su equipo más de 5 horas, enfundados en los trajes de protección, resistiendo altas temperaturas y sensación de agobio, ella y su equipo desinfectaron desde residencias de ancianos hasta centros penitenciarios como el de “A Lama” (Pontevedra).

Uno de los mayores temores de la Sargento Carricoba era el riesgo a infectarse y llevar el virus a otros centros.

En todo momento seguía de manera seria y responsable las pautas de seguridad e higiene, dando directrices precisas al personal a su cargo para preservar su seguridad así como a los empleados civiles que se ocupaban de las residencias de mayores, de manera que una vez terminada la desinfección mantuvieran las medidas higiénicas para preservar su salud y la de sus ancianos.

La experiencia vivida durante las misiones de desinfección y las muestras de agradecimiento que en todo momento le expresaban los ancianos y sus cuidadores cubre con creces las horas de desinfección pasadas. Su vida ha cambiado y la labor que ella y su equipo han realizado sigue vigente.

Miedo a lo desconocido

En mis 15 años de servicio como soldado experimentado en el Regimiento “Farnesio”, creí estar preparado para sobrellevar los momentos difíciles que surgen cada día. Nada más lejos de la realidad. Cuando empezó la Operación “Balmis”, mi mujer estaba embarazada de unos meses. La preocupación e incertidumbre a lo desconocido fue inmediata.

Sargento 1º Rodriguez

Jamás me perdonaría que mi mujer o mi futuro hijo corrieran algún peligro por mis descuidos.

Desde el primer momento el protocolo de desinfección desde que salía hasta que llegaba a casa era muy estricto. Me llevaba un buen rato estar en condiciones para entrar en casa, lo cual provocaba más de una sonrisa a mi esposa, pero sé que la reconfortaba y le daba mucha tranquilidad.

Ahora que se va acercando el momento de ver por fin a mi pequeño, no puedo, no debo bajar la guardia, por eso, con bastante más soltura que al principio, aún extremo todas las medidas de protección.

Acercándose el final de este camino, puedo decir que ha merecido la pena este esfuerzo, participar en la operación “Balmis”, un Honor; la de proteger a mi familia, un Orgullo.

El soldado Zapico del Regimiento de Infantería «Príncipe» nº 3, un ejemplo de ayuda a los demás.

Soldado Zapico

No hay duda de que durante el periodo de cuarentena motivado por la pandemia COVID 19 mucha gente se vio afectada, de una u otra manera, en su quehacer diario. Este detalle no pasó desapercibido para el Soldado D. Óscar Zapico Carrocera, destinado en el Regimiento de Infantería «Príncipe» nº3, de la Brigada «Galicia» VII (BRILAT). Sin pensárselo dos veces el Soldado Zapico se anunció por su barrio, en Avilés (Asturias), para ayudar a todo aquel que necesitara sus servicios. En un principio lo hizo pensando en las personas mayores o incapacitadas que no pudieran desarrollar su día a día con normalidad pero rápidamente su propuesta se hizo conocida y pasó a realizar los más variados encargos desde compras en el supermercado hasta el traslado de productos entre vecinos, no habiendo día que, durante la parte más severa de la cuarentena, no tuviera que realizar algún tipo de ayuda.

El Soldado Zapico presta sus servicios en la Compañía MAPO del Batallón de Infantería Protegido «Toledo» II/3, como conductor. Esta Unidad participó de forma muy activa en la Operación Balmis dentro del Principado de Asturias en labores de desinfección, por lo que su proyecto de ayuda tuvo que desarrollarlo en el poco tiempo libre que esta especial situación le permitió, llevando a gala su condición de Soldado y ayudado sin duda por el Espíritu BRILAT, que caracteriza a todos sus componentes, reflejado fielmente en su artículo 10 del Decálogo BRILAT: Jamás abandonaré a un compañero que precise ayuda.