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Militares que ‘exploran posibilidades’ en el mercado laboral: Narciso Michavila y Juan Gómez

Narciso Michavila (Presidente de la consultoría GAD3)

Puedes colgar el uniforme, 
pero nunca dejas de ser militar
Narciso Michavila es doctor en Sociología y magíster en Estadística Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid
Narciso Michavila es doctor en Sociología y magíster en Estadística Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid; especialista en Diseño de Investigación Social del Centro de Investigaciones Sociológicas y docente en varios másteres de postgrado de diversas universidades españolas. Ha sido profesor del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado” (UNED) y profesor visitante de la Universidad de Tromsø (Noruega). Cuando estaba en activo en las FAS, fue analista principal del Instituto de Estudios Estratégicos y responsable de proyectos en la Unidad de Estadística del ET.

   Hace nueve años que el comandante de Artillería Narciso Michavila optó por dar un salto al vacío.  Lejos de estrellarse contra el suelo,  se puede decir que su valiente decisión ha sido todo un éxito. Él solo creó de la nada GAD3, una consultora de investigación sociológica y de comunicación que se ha labrado un reconocido prestigio en el sector de la predicción electoral. Un prestigio recientemente refrendado por la precisión de sus pronósticos con respecto a los resultados de las pasadas elecciones al Parlamento andaluz.

   Superadas con mucho las incertidumbres y noches de insomnio de los primeros tiempos, Narciso Michavila reconoce que el momento más difícil de su aventura empresarial fue, al volver de las vacaciones, tras pedir la excedencia en el Ejército: «Ese día, cuando suena el despertador, te das cuenta de que no te espera nadie en ningún sitio.  Tienes una empresa por montar y todo depende de ti mismo. Entonces es cuando echas mano de lo aprendido en la milicia; aplicarte autodisciplina y método de trabajo es lo único que te puede ayudar».

   De hecho, el presidente de GAD3 asegura que uno «puede colgar el uniforme, pero nunca deja de ser militar». Para él, los conocimientos más útiles los adquirió en la Academia General Militar y en la Academia de Artillería: «Lo más difícil de ser empresario es saber seleccionar gente, crear equipos y motivar a todo el personal de tu empresa, y eso lo traje aprendido del Ejército».

   La filosofía que el artillero aplica a su empresa es sencilla y altamente eficaz: «Hay que tener claro que el trabajo fundamental es el del soldado. Sin el suyo, el del mando no vale para nada. En las encuestas, la labor clave no es la de los analistas, sino la de los entrevistadores. No puedes organizar la unidad de seguridad si antes no has hecho muchas garitas… Eso no lo enseña la universidad. Por eso, aquí todo el mundo hace encuestas y pone cafés si hace falta».

   Sin embargo, el presidente de GAD3 también es consciente de que es necesario asumir la decisión de despedir a alguien si, tras haberle dado la oportunidad de probar varios puestos, no encaja en el equipo: «Los ciclos en una empresa cambian y, por ende, sus necesidades; también cambia la motivación de las personas. Unas veces la pierden y, en otros casos, hay quien, pareciendo no estar en su sitio, de repente, despega».

   Entre tanto, entre investigaciones, encuestas, dinámicas de grupos…, Narciso Michavila reconoce en algunos momentos echar de menos sus años en el Ejército y, sobre todo, las misiones internacionales: «Son sentimientos de nostalgia, que no de arrepentimiento », matiza. También añade que, a nivel personal, el trabajo en el sector privado le roba más tiempo a su familia: «No te vas de misión, pero le echas muchas horas».

   Pese a todo, ahora, este empresario de corazón militar camina, con paso firme, hacia la cumbre de su carrera profesional.

Juan Gómez (Programa Eures de la Unión Europea)

Me llamaron loco por dejar 
el Ejército e irme a Alemania.
El soldado Juan Gómez está destinado en el Batallón de Helicópteros de Ataque I, en Almagro (Ciudad Real). En la actualidad, su situación administrativa es de licencia por asuntos propios
El soldado Juan Gómez está destinado en el Batallón de Helicópteros de Ataque I, en Almagro (Ciudad Real). En la actualidad, su situación administrativa es de licencia por asuntos propios, ya que, por llevar menos de diez años en el Ejército, no puede solicitar la excedencia. En los últimos años obtuvo el título de Bachillerato y ahora está matriculado en asignaturas de segundo curso de Ingeniería Informática en la Universitat Oberta de Catalunya. Ha estudiado francés e inglés en la Escuela Oficial de Idiomas; habla catalán y, actualmente, está perfeccionando el alemán.

   Un hombre con inquietudes; quizá esta sea la frase que mejor defina al soldado Juan Gómez, de 27 años. De hecho, desde que ingresó en el Ejército, en 2008, no ha parado de mejorar su currículum vítae. Eso ahora lo ha colocado en una situación inmejorable para ser seleccionado y beneficiarse del Programa EURES de movilidad europea, en colaboración con la Agencia de Empleo del Gobierno alemán. En septiembre —tras haber realizado un curso intensivo de alemán totalmente pagado—, cogerá un avión hasta Hannover y comenzará una aventura de tres años que, posiblemente, cambie su vida para siempre.

   Allí, en la capital de la Baja Sajonia, el soldado Gómez cursará el programa de la Formación Profesional Dual alemana, que supone el estudio de un Grado Superior (dos días de clase semanales), mientras se realizan prácticas remuneradas (tres días a la semana) en una empresa; 820 euros al mes libres de impuestos. «La propia empresa te busca alojamiento y también puedes comer del catering de la empresa (unos dos euros al día), así que no tienes problema para vivir allí. Luego tienes alrededor de un 90% de posibilidades de ser contratado por la propia empresa», explica el joven ciudadrealeño, que hará las prácticas en el Área de Informática del grupo turístico Tuigroup.

   El soldado Gómez asegura que, al principio en su familia, «me llamaron loco por dejar el Ejército, donde podía continuar hasta los 45 años, para irme a la aventura a Alemania». Sin embargo, él siempre tuvo claro que tenía que ir buscando una solución profesional para el futuro: «El JEME visitó mi unidad y nos comentó las dificultades que existen para convertirse en militar de tropa profesional permanente después de los 45 años. Nos dijo que teníamos que tener un oficio, porque nadie nos podía asegurar la permanencia. Eso me terminó por decidir». Acudió al jefe del Batallón, le expuso su idea y este le apoyó desde el primer momento.

   Así fue como el joven militar se lanzó a hacer entrevistas de selección previa (www.thejobofmylife.de). Los requisitos son tener menos de 27 años y haber superado la Enseñanza Secundaria Obligatoria; no es necesario tener nivel de alemán, aunque se valoran los idiomas. «También es importante estar muy motivado y que al candidato no le importe quedarse a vivir en Alemania; que le guste el país, la cultura… Yo no tenía problema; he tenido una novia alemana, he estado ya varias veces allí y sé que me gusta», asegura.

   Pero su ambición no se frena aquí. Una vez terminados los tres años, el militar sueña con acogerse al Estudio Dual —el mismo plan pero cursando un Grado universitario—también en Alemania. Con este ímpetu y afán de superación, no hace falta tener una bola de cristal para saber que al soldado Gómez le irá muy bien.

EL GRAN CAPITÁN, LA NUEVA NOVELA DE JOSÉ CALVO POYATO

José Calvo Poyato, historiador y novelista, habla con nosotros acerca de su nueva novela.

Este año los Premios Ejército, cuya Gala tendrá lugar el próximo 11 de junio, están dedicados a la figura de El Gran Capitán, el hombre que cambió la historia de Europa y del mundo; y que este año celebra desde Montilla, su tierra natal, a todos los lugares de España su quinto centenario. El Ejército, manteniendo su vocación de impulsor de la cultura y de apoyo al conocimiento de nuestra Historia y tradiciones, quiso hablar con el escritor e historiador José Calvo Poyato acerca de su nueva novela y volver a cabalgar con el Gran Capitán desde Granada a Ceriñola, viviendo sus triunfos, sus fracasos, sus desvelos y sus cuitas.

Desde luego no desaprovechamos la oportunidad de preguntarle sobre todo tipo de asuntos. Lean la entrevista, y lean el libro.

Acaba de publicar una novela sobre Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. ¿Qué es lo que más le atrae de este personaje histórico?

Gonzalo Fernández de Córdoba me atrae por varias razones. La primera por ser ejemplo de lealtad a sus reyes. Llegó incluso a realizar actos de los que se sintió poco satisfecho, por cumplir sus mandatos. También me resulta muy atractivo el que llegara a la cima, gracias a su esfuerzo y su valor personal. Gonzalo era un segundón en su linaje familiar y se encumbró a la cúspide de la sociedad: virrey en Nápoles, titular de la Rosa de Oro —la máxima condecoración pontificia—, duque de Sessa, de Terranova o de Santángelo; aclamado por sus hombres como el “Gran Capitán” de su tiempo… Es una de las grandes figuras de nuestra Historia.

El Gran Capitán puso las bases para el desarrollo de los famosos tercios

 

¿Cómo definiría al Gran Capitán desde el punto de vista humano, militar y político?

Desde el punto de vista humano era un caballero, formado en los principios morales sostenidos por Diego de Valera en su Espejo de verdadera nobleza. Representa los valores del caballero: protección del débil, virtuoso, defensor de los desvalidos… Como militar tenía el carisma de los grandes jefes, al que sus hombres están dispuestos a seguir adonde ordene. También descubre la importancia de la Infantería en el combate; convenientemente armada y empleando la táctica adecuada, puede vencer a la Caballería pesada. Revolucionará el arte de la guerra y será quien ponga las bases para el desarrollo de lo que años más tarde serán los famosos tercios de Infantería española. Como político demostró personalidad cuando fue virrey de Nápoles. Tuvo iniciativa e incluso se resistió a cumplir órdenes del rey que consideraba graves errores, como la de expulsar a los judíos del Reino de Nápoles.

Nacido en Cabra (Córdoba) en 1951, José Calvo Poyato es catedrático de Historia y doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada
Nacido en Cabra (Córdoba) en 1951, José Calvo Poyato es catedrático de Historia y doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada. En 1995 publicó su primera novela —a la que siguieron muchas otras— y ahora acaba de ver la luz El Gran Capitán.Es colaborador asiduo de revistas como La Aventura de la Historia e Historia y Vida. José Calvo ha sido alcalde de Cabra (1991-2000) y diputado del Parlamento de Andalucía (1990-1994 y 2000-2005). Desde 2008 mantiene una columna de opinión semanal en la edición cordobesa del diario ABC.

 

Este año la ceremonia de entrega de los Premios Ejército estará dedicada al V centenario del Gran Capitán, ¿qué le parece la iniciativa?

Creo que los españoles somos poco dados a ensalzar a las gran- des figuras de nuestra Historia. Ejemplos como los de Blas de Lezo, Hernán Cortés, Pizarro… algunos de ellos incluso denostados, me parecen sangrantes. Otro tanto ocurre con los acontecimientos. Somos más dados a recordar las derrotas que las victorias. Trafalgar, Rocroy, la Invencible —por cierto, el nombre de “invencible” se lo pusieron los ingleses para referirse con sorna a la Gran Armada, que era como se denominó a la flota que Felipe II envió contra Inglaterra—, pero Nördlingen, Cartagena de Indias o Ceriñola son hechos menos conocidos. Todo lo que sea rendir homenaje a quienes escribieron páginas muy importantes de nuestra Historia —que también incluye momentos dramáticos y hasta trágicos— me parece adecuado. Que este año se recuerde a un personaje como el Gran Capitán es todo un acierto.

Otro aniversario reciente ha sido el del nacimiento de Juan Prim (1814), a quien usted dedicó la novela Sangre en la calle del Turco. ¿Qué le llama la atención de él?

Prim es mucho más que un “espadón” de los que marcaron buena parte de nuestro siglo XIX. Además de un prestigioso militar, fue un notable político con un concepto muy claro de lo que debía ser España. Partidario de una monarquía parlamentaria, defensor de las libertades ciudadanas —libertad de prensa o derecho universal de sufragio masculino— y de la separación de poderes, buscó dar un sesgo a la vida política española, pero murió en el empeño. Quizá si hubiera logrado su propósito… tal vez…

El Museo del Ejército ha dedicado al general Prim una de sus ex- posiciones temporales más importantes. ¿Qué le ha parecido?

La exposición, que tuve la oportunidad de ver con mucho detalle de la mano de su comisario, el coronel Fernández del Barrio, me pareció completísima. Ofrecía tanto la visión del militar como la del político. La encontré muy didáctica e instructiva. Además, al reunir numerosos objetos que pertenecieron a Prim o eran de la época —documentos, armas, cuadros, uniformes… la carroza don- de iba cuando atentaron contra su vida—, resultaba muy atractiva. Fue todo un acierto.

En el Museo del Ejército impartió usted la conferencia El asesinato de Prim y sus consecuencias políticas. ¿Qué se sabe realmente de la muerte del general?

Prim es el único de los cinco presidentes del Gobierno de España que han muerto asesinados cuya muerte continúa envuelta por un velo de misterio. No hay un culpable condenado por una sentencia judicial. Desde los mismos días del atentado se tuvieron sospechas muy fundadas sobre quiénes fueron sus autores. En mi opinión, hay que distinguir entre los autores materiales, los que estuvieron en la calle del Turco el 27 de diciembre de 1870, y los que denominaríamos autores intelectuales. Lo que no comparto, en absoluto, son las últimas afirmaciones sobre estrangulamientos y otras especulaciones sin fundamento.

Sus investigaciones como historiador se han centrado principalmente en el fin de los Habsburgo en España y la llegada de la dinastía Borbón, ¿Qué importancia tuvo ese cambio dinástico?

En mi opinión, la mudanza de dinastía supuso un cambio de modelo de Estado. Frente a la monarquía descentralizada de los Habsburgo, el primer Borbón español configuró, como consecuencia de la Guerra de Sucesión —me parece muy importante puntualizarlo—, un Estado mucho más centralizado. También el cambio dinástico supuso un giro para la política exterior española. A lo largo del siglo XVIII, estuvo marcada por las alianzas —los llamados Pactos de Familia— entre los Borbones de España y Francia, países que habían sostenido largas y duras contiendas a lo largo del siglo XVII.

La Guerra de Sucesión no es, en general, uno de nuestros episodios históricos más conocidos, a pesar de su dimensión internacional y de las importantes pérdidas territoriales que supuso para España. ¿A qué se debe ese cierto desconocimiento?

No sabría decirle por qué. Dediqué uno de mis libros a la Guerra de Sucesión y otro, más específico, a la Guerra de Sucesión en Andalucía. Pero le diré que, más que ese… desconocimiento, me preocupa la tergiversación que algunos están haciendo de una guerra que, en su dimensión de guerra civil entre partidarios de los Austrias y de los Borbones, se quiere presentar desde otra perspectiva. Hay quienes la consideran como una guerra de secesión. No lo fue en ningún caso.

¿Realizó usted el servicio militar obligatorio? ¿Qué recuerdos guarda de aquella etapa?

Sí, lo hice en la Instrucción Militar para la Escala de Complemento. Fue en la segunda mitad de la década de los años setenta. Estuve en 1975 en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) “Álvarez de Sotomayor”, luego en la Academia de Infantería en el verano de 1976 y, más tarde, en 1979, en el CIR nº 4 de Córdoba, como alférez de Infantería. Guardo gratos recuerdos de momentos y compañeros. Sobre todo de mi paso por la Academia en Toledo, con arrestos incluidos y los jolgorios vividos.

¿Cómo ve al Ejército de Tierra en la actualidad?

Por lo que puedo observar desde fuera, lo veo muy diferente al que yo conocí. Tengo la impresión de que tiene muy claro el papel que ha de desempeñar en una sociedad democrática. Me parece un Ejército mucho más internacional en sus relaciones. El que yo conocí era muy cerrado. Lo veo formando parte de la sociedad a la que pertenece y manteniendo valores que, conforme cumplo años, me parecen más importantes. No me extraña que se haya convertido en una de las instituciones más valoradas por los españoles. Algo impensable hace 40 años.