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El caballero que afrontó el reto de conocer los tercios

René Quatrefages

Historiador.

René Quatrefages ha escrito tres libros sobre historia y organización de los tercios.
René Quatrefages ha escrito tres libros sobre historia y organización de los tercios.

 

ES, PARA MUCHOS, EL HISTORIADOR QUE MEJOR CONOCE LOS TERCIOS.  Sin embargo, René Quatrefages (Aveyron, Francia, 1944) estudió Derecho y empezó a trabajar antes de satisfacer el “gusanillo” de la Historia, que le venía desde antiguo. Su aptitud para esta disciplina quedó pronto patente al obtener el doctorado en Historia y el título de docteur d’État ès lettres (grado universitario más alto que se puede alcanzar en Francia, necesario para ser maestro de conferencias o investigador).

A la hora de hacer su tesis de Historia, su director, Pierre Chaunu, y el historiador Fernand Braudel le animaron a que fuera sobre los tercios… ¿Qué conocía usted en aquel momento de ellos?
Casi nada hasta la licenciatura, salvo las lógicas menciones en clases de Historia moderna. Sin embargo, y a instancia de un asistente del maestro Roland Mousnier —fundador del Centro de Estudios sobre la Civilización de la Europa Moderna, en 1958 (actual IRCOM en La Sorbona)—, acepté hacer una tesina sobre Las autobiografías de soldados españoles del siglo XVII (Castro, Contreras, Estrada y Pasamonte), lo que me permitió aproximarme a la temática de esos siglos en España.

¿Cuál fue la “gran atracción” que ejercieron los tercios sobre usted para que decidiera dejarlo todo (tenía empleo y estaba casado), solicitar un préstamo y estar un año en Simancas (Valladolid) estudiando sobre el tema?
Fueron un conjunto de razones, siendo la principal el empuje de los maestros Braudel y Chaunu. Después, y ademas de la notoriedad de la sola palabra ‘tercio’, la novedad que significaba: ¿quién se había sumergido antes en este tema? Añado la nobleza del tema a tratar… ¡y el reto que representaba para mi propio espíritu de superación!

Museo del Prado
La rendición de Breda de Velázquez

En su artículo “Mis investigaciones en España: procedimientos y resultados”, en la Revista de Historia Militar, comenta que las cuentas del tesorero y pagador del ejército de Flandes, Francisco de Lexalde, era una serie no catalogada y algo trastornada por la guarnición napoleónica… ¿Por qué comenzó por
ahí su estudio?
Como alumno y discípulo de Chaunu, mi investigacion archivística “debía” enmarcarse en la llamada Histoire serielle, la Historia compartimentada. Empecé con una “serie” de contaduría porque, como hoy, para cualquier asunto privado o público el examen de las cuentas revela su funcionamiento. Elegí las cuentas del pagador
Francisco de Lexalde, cuyo cargo coincidió con el decenio 1567-1577, a saber: entrada y salida de los tercios de los Países Bajos, con el duque de Alba al inicio. Como curiosidad, la sección de la Contaduria Mayor de Cuentas fue de las que sufrió mas trastornos durante la ocupación francesa del Castillo-Archivo de Simancas. Los legajos fueron utilizados como paja en las cuadras, según Tomás González, director del Archivo en aquel momento. Puedo asegurar que, efectivamente, me he encontrado paja estercolada entre los documentos.

Museo del Prado
La rendición de Breda de Velázquez

Cuando lo nombran miembro de la sección científica de la Casa de Velázquez pudo preparar la tesis d’État ès lettres. ¿Qué implica este tipo de tesis?
Es la cumbre del curso universitario en las facultades de Letras. Necesitaba años de trabajo, de escudriñamiento archivístico. Consideré la sugerencia de Braudel de investigar la génesis del modelo del tercio —“¡antes de Carlos V!”, insistía— entre las propias raíces del naciente Estado moderno español, cuyo núcleo era Castilla. Ello exigía ampliar la investigación a temáticas conexas; para decirlo sencillamente, había que entender y explicar el cambio del sistema militar medieval al moderno, y el porqué de que fuera Castilla la que lo realizó con el éxito consabido. Lo maravilloso era que la Casa de Velázquez permitía una total dedicación a la tarea, aliviado de preocupaciones materiales.

Museo del Prado
Las Lanzas de Velázquez

En esos orígenes aparecen nombres como Alfonso de Palencia (hizo los primeros bosquejos), Alonso de Quintanilla (que presentó a la Junta General de la Santa Hermandad su informe en junio de 1495 y, por supuesto, los Reyes Católicos. ¿Hasta qué punto Isabel y Fernando cambiaron el curso de la Historia y ayudaron a que España entrara en la Edad Moderna?
Son muchos los historiadores que han escrito sobre los Reyes Católicos y su reinado. No aludiré aquí más que al contexto militar. Como he demostrado en mi tesis d’État ès lettres: La Revolución militar moderna. El crisol español, no fueron ellos en persona los que concibieron el proyecto y su desarrollo, pero sí, intuyeron la mutación y supieron rodearse de consejeros y ejecutores competentes…

La primera vez que se usó el término ‘tercio’ fue en la denominada Ordenanza de Génova (1536), por la que Carlos V definía la organización de su dispositivo militar en Italia, en espera de proyección internacional; ¿qué le sorprendió más: que unos hombres que venían de la Edad Media tuvieran una idea tan revolucionaria o que realmente pudiera llevarse a cabo (con lo que implica la logística necesaria para mantener a 100.000 efectivos a tanta distancia de la Península)?
En Francia, muy a menudo contestamos a este tipo de preguntas con la expresión “¡los dos, mi general!”. Si la idea de un retorno a la antigua primacía de la infantería era, en sentido propio, casi revolucionario, tampoco fue inédito durante la Edad Media un uso puntual de peones en las huestes. Mucho antes de los husitas u otros suizos, se pueden citar las batallas de Bouvines (1214), Falkirck (1298), Courtrai (1302) y Bannockburn (1314). Pero fueron hechos aislados, incluso la formación en protoescuadrones, y no podían todavía cuajar en el ambiente medieval. Solo el caso suizo posterior, con un asiento territorial pequeño pero coherente, pudo dar lugar a una defensa de cierta importancia frente a la caballería pesada. Faltaba una entidad estatal lo suficientemente importante para invertir el curso de las cosas; eso es lo que asombra: la inteligencia política. La maestría en la logística dimanaba bastante de la geopolítica y de los recursos de la Corona.

¿Qué otras investigaciones le llevaron hasta estas conclusiones?
No investigaciones peculiares, sino contactos, lecciones, conferencias, consejos, reflexiones… de diferentes personalidades, entre las cuales destaco al general Miguel Alonso Baquer.

Las series archivísticas de Simancas no guardan secretos para usted. ¿Ha descubierto algún asunto que haya abierto otra puerta a la investigación? 

¡Ojalá! Pero no es así. Afortunadamente, los fondos como los de Simancas son minas con valiosísimas vetas para generaciones de investigadores. Aprovecho la oportunidad para agradecer y subrayar el trabajo de catalogación, tan extraordinario como discreto, de los archiveros de Simancas, que, por cierto, cuando se publique enteramente revelara “secretos”.

¿A qué cree que puede deberse que este tema lo hayan estudiado con tanto ahínco historiadores de otros países? ¿Es más sencillo buscar la objetividad desde fuera o será por aquello de En casa de herrero…?
Después de la Segunda Guerra Mundial, había una gran diferencia entre la investigación histórica fuera de España y en España, por la lógica diferencia en la situación económica. Además, para los franceses existía y existe, en España, el apoyo de la Casa de Velázquez, de patronazgo diplomático francés, que servía a los historiadores en sus trabajos de investigación. Además, había otra diferencia en relación a las áreas de investigación.

Era la época del predominio de la visión marxista de la Historia, dogmáticamente dirigida hacia la visión socio-económica, y la Historia militar estaba reducida al estudio de las batallas; poco a poco se abrió a otras disciplinas, como la sociología, la visión institucional… Un ejemplo relevante fue el seminario “Armées et Sociétés”, del profesor André Corvisier, en La Sorbona en 1976. Este precursor, que presidió largo tiempo la Comisión Internacional de Historia Militar (CIHM), contribuyó mucho a atenuar la repulsa universitaria general para con la Historia militar; esta labor sería culminada por trabajos fructuosos, que llegarían, precisamente desde España, en los años ochenta.

La rendición de Breda de Velázquez
El asedio de Breda tuvo lugar en 1625

Fue protagonista de nuestras páginas «Miguel de la Quadra-Salcedo» en el año 1996

Se nos ha ido un aventurero, un reportero de guerra de los de antes, un atleta y sobre todo, una gran persona. Hemos rescatado de nuestro archivo la entrevista, que publicamos en el Boletín Tierra nº IV, el martes 15 de octubre de 1996.

Con un estilo aprendido de los pastores vascos, batió la plusmarca mundial de lanzamiento de jabalina en dos ocasiones
Con un estilo aprendido de los pastores vascos, batió la plusmarca mundial de lanzamiento de jabalina en dos ocasiones

Miguel de la Quadra-Salcedo, 10 años de intensa vida deportiva y 40 enamorado del Nuevo Mundo

Ha estado involucrado en decenas de conflictos bélicos, y no es militar.
Es conocido por sus reportajes en los lugares mas peligrosos y recónditos del mundo y, sin embargo, su titulación académica es la de perito agrícola. Pudo haber sido campeón de lanzamiento de jabalina en las Olimpiadas de Melbourne de 1956 y a cambio recibió un pasaje de avión para Puerto Rico. Desde entonces se siente tan americano como vasco, y tan vasco como español. Con un yelmo como cubrecabeza, vestido a la usanza del siglo XVI y con un florete al cinto sería la figura viviente de un conquistador español. Y en el fondo es un conquistador pero no de tierras, riquezas o corazones sino de culturas. Porque en los albores del siglo XXI, Miguel de la Quadra-Salcedo Gayarre está empeñado en dar a conocer a los españolesla riqueza humana y cultural que encierra Iberoamérica.

J.Pons. Madrid

Corresponsal de guerra en el sudeste asiático en más de
media docena de veces, Miguel de la Quadra-Salcedo ha acompañado a los soldados norteamericanos por las selvas de Vietnam en busca de “Charly”, los guerrilleros
del vietcong. «El comandante de la patrulla de doce hombres era un cubano de Miami, había un soldado negro y el resto eran todos chicanos. Yo vi muy pocos gringos con los ojos azules». «Una noche, cuando dormíamos en la selva protegidos por un campo de minas, vi llorar de miedo al soldado de color que, armado con una ametralladora, montaba guardia». Ha sido testigo también de cómo el pago al desertor del Vietcong, que hacía las veces de explorador, eran los dientes de oro de los enemigos. «Yo he visto como le rompían los dientes a culatazos a un Vietcong muerto».

¿Conoce lo que es el miedo?
Sé lo que es el terror. He llegado a sentir muchísimo miedo y en muchas ocasiones pero, eso si, nunca me ha paralizado. En el Congo
belga, por ejemplo, salté con los paracaidistas del ejército belga sin haberme lanzado nunca desde un avión. Iba solo, de reportero y de
cámara a la vez. Fue cuando recuperé un sagrario que tenían unas
monjas españolas que habían sido asesinadas.

¿Ha estado prisionero de alguna
guerrilla o ejército en alguna ocasión?

Sí, pero en ningún caso más de
una semana.

¿Sabe lo que es comer con auténtico
asco?

Sé lo que es «la vidilla», que es comer los vómitos de otros. Pero yo no tengo ningún problema en comer, aunque sea con asco. Gusanos o lo que sea. Pocos en España saben de verdad lo que es tener hambre. Con hambre se come todo.

Miguel de la Quadra-Salcedo,
¿aventurero?, ¿hombre de acción?

En el fondo soy un curioso. Tuve la gran suerte de estar seleccionado
para la olimpiada de Melbourne de 1956. El gobierno español quiso boicotear aquellos juegos como protesta por la invasión de Hungría, por los tanques soviéticos. En aquella selección española estaba el gran gimnasta español Joaquín Blume. Podíamos haber quedado primeros en jabalina porque habíamos inventado el llamado estilo español con el que había batido en más de 20 metros la plusmarca del mundo. Como compensación por habernos quedado con el billete de avión en la mano, la Federación Española me envió a Puerto Rico y allí tuve la gran suerte de descubrir América a los 22 años, y comprendí que Iberoamérica es una fábrica de hacer españoles.

¿En qué consistía ese nuevo estilo
de lanzar la jabalina?

Yo lancé 112 metros con un nuevo estilo que consistía en dar tres giros sobre mí mismo y después lanzar. La jabalina volaba longitudinalmente, muy baja pero con mucha velocidad. Esa forma de lanzar me la enseñó Félix Erauskin y es la forma en que los pastores vascos tiran una especie de varita a las ovejas. La plusmarca mundial de jabalina la tenía el noruego Daniel con 81’3 metros y yo la pulvericé, pero no le dieron validez oficial.

¿Por qué no fue válida la plusmarca?

Como entonces «no pintábamos nada» en el deporte mundial, la Federación Internacional de Atletismo cambió el reglamento y, con carácter retroactivo, dio por nula la marca. Al prohibir los giros en el lanzamiento, en 1957 en Filadelfia y Puerto Rico lancé 92 metros y la Federación volvió a hacer lo mismo, exigiendo que la punta de la jabalina debía mirar en todo momento la zona de lanzamiento. No fue una interpretación del reglamento, sino que lo modificaron por dos veces y además aplicaron los cambios con carácter retroactivo.

Miguel de la Quadra-Salcedo
Miguel de la Quadra-Salcedo en el Cuartel General del Ejército. Autor: Ángel Martínez

¿Donde cumplió el Servicio Militar?

En el Regimiento de Infantería “Wad-Ras” 55 y en el “León” 38. Entonces tenía 17 años y la ocasión de hacer mucho deporte y atletismo.
Nos entrenábamos con asiduidad y guardo un gran recuerdo de aquellos años. Mis primeros triunfos importantes fueron en Toledo, en los campeonatos militares. Allí me hice muy amigo de los legionarios que entonces «pitaban» mucho en atletismo. Aunque parezca un tópico, en mi opinión, el Servicio Militar es una buena escuela para los jóvenes. Mi hijo la hizo en Burgos.

¿Cual es el personaje histórico
que más admira?

«Un hombre llamado caballo». Esa película es la historia del español
Alvar Núñez Cabeza de Vaca que fue esclavo de los indios, jefe y brujo, y estuvo siete años andando desde el atlántico al pacífico conviviendo con indígenas. Como luchó contra los encomenderos españoles que explotaban a los indios, fue traído prisionero a España, donde murió. Fue el primer amigo verdadero de los indios al haber vivido íntimamente junto a ellos.

De la Quadra salvó la vida del Rey Católico
Miguel de la Quadra-Salcedo fue el último periodista que logró hablar con
el emperador de Etiopia, Haile Selassie, antes de su derrocamiento y el
primer español en entrevistar al jefe del gobierno chino
Chu-En-Lai y al presidente de la Unión Soviética, Nicolai Potgorny. Personalidades
políticas como la primera ministra de la India, Indira Ghandi, el presidente
egipcio Gamal Abdel Nasser, el líder de la OLP, Yasser Arafat, han contestado
a sus preguntas. También fue el primer periodista español en dialogar con los
dirigentes del Frente Polisario y, lo que era más difícil, logró convencer a las autoridades
españolas para emitir las imágenes por TVE.
Nacido en Pamplona en 1934, De la Quadra-Salcedo está galardonado con
varios premios nacionales de periodismo y televisión y con dos internacionales: el
de crítica de televisión en el Festival de Cannes por su reportaje “La muerte de Che
Guevara” y con el de televisión de 1973 por el titulado “La larga marcha de los eritreos”,
en el que acompañó a una fuerza del Frente de Liberación de Eritrea a lo
largo de mil kilómetros, andando de noche y ocultándose de día. Posteriormente
se hizo famoso por sus series histórico–geográficas como “La ruta de Marco
Polo”. En la actualidad es el organizador y director de la “Ruta Quetzal”, que ha
llevado a Iberoamérica a más de cinco mil jóvenes de 35 naciones en una gran expedición
cultural. Navarro de origen y vasco de cuna, Miguel de la Quadra-Salcedo
pertenece a una antigua y noble familia vizcaína que desciende del valle de Salcedo,
cerca de Bilbao, donde se alza la torre de los Quadra.
Uno de sus antepasados, don Iñigo de la Quadra, salvó al rey Fernando el Católico
de un atentado en Barcelona. Don Iñigo murió a consecuencia de las heridas
recibidas en el brazo que detuvo la espada que iba dirigida al rey. Meses después,
cuando la reina Isabel acudió a Somorrostro, Vizcaya, a jurar los Fueros,
pidió ser llevada al solar de los Quadra, donde se arrodilló y besó la tierra.
La isla de Vancouvert, en Canadá, se llamó Quadra y Vancouvert, y así figura
en todos los mapas del siglo XVIII, en memoria de otro de sus antepasados.