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Entrevista a Rosa Villacastín, escritora y periodista.

Rosa Villacastín (Ávila, 1947) acaba de ver estrenada en abril, en la pequeña pantalla, la adaptación de su novela La princesa Paca —escrita junto con Manuel Francisco Reina—, que cuenta la historia de amor entre su abuela, la española Francisca Sánchez, y el poeta nicaragüense Rubén Darío. La escritora ve así culminadas dos décadas de trabajo —que ha pasado buceando en el archivo que se conserva del escritor en la Universidad Complutense— con dos productos de los que se encuentra muy satisfecha.

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¿Cómo era su abuela Francisca Sánchez, la princesa Paca?

Muy dulce, comunicativa, con mucho carácter. Tenía 73 años cuando nací yo; ya se había muerto José Villacastín, su segundo marido y mi abuelo. Dos años después fallecía Rubén Darío Sánchez en Managua, el único hijo que le quedaba de los tres que tuvo con el poeta. Fue un golpe muy duro. Recuerdo a mi abuela rota de dolor. De los cinco hijos que tuvo, solo le quedaba mi madre y vivió con ella hasta su muerte, en 1963, en Madrid. Desde mi nacimiento volcó toda su ternura, todo su amor, en mí y en mi hermana Ángeles.

Supongo que tuvo que ir “contracorriente” y sufrir mucho para vivir una relación amorosa (y tener varios hijos) con un hombre ya casado, teniendo en cuenta la mentalidad de la sociedad española de principios del siglo XX…

Ella demostró que el amor puede mover montañas, que cuando estás enamorada poco importan las diferencias sociales o culturales. Hay valores que no se enseñan en los libros y eso es lo que supo apreciar Rubén Darío en ella. Por eso la hizo su mujer ante el mundo. Convivieron 16 años, tuvieron tres hijos y, lo más importante, él nunca la ocultó. Ella le acompañaba a las tertulias, en su casa recibían a los escritores más importantes de la época (los hermanos Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Emilia Pardo Bazán…).

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Villacastín, en la infancia, junto a su abuela

¿Qué hizo que se enamorara de ella un hombre culto y cosmopolita como Rubén Darío? ¿Cuál cree que era el fundamento de su relación?

Mi abuela le dio un hogar, mucho amor, una entrega total, comprensión en los momentos de sequía intelectual, o de dudas, y unos hijos que perdieron. Una tragedia que, al contrario de lo que suele ocurrir, a ellos les unió más.

¿La novela es un desagravio ante lo que decían de ella («mantenida», «analfabeta») los biógrafos del poeta?

Analfabeta sí era, porque no sabía leer ni escribir cuando le conoció, pero tuvo los mejores maestros: Rubén Darío y Amado Nervo. Entonces era analfabeta el 90 por ciento de la población española y, es posible, que el porcentaje entre las mujeres fuera mayor, porque se las preparaba para contraer matrimonio y tener hijos. Mantenida, en el sentido peyorativo del término, no. La novela es un homenaje, porque he querido poner el foco en todas esas mujeres que han formado y siguen formando una parte importante de la vida de los grandes hombres (escritores, políticos, etc.), y a las que la historia o la sociedad trata de ocultar por el hecho de ser mujeres. Sin ellas, es posible que muchas obras de estos hombres no hubieran visto la luz. Es el caso de Francisca, que podía haber vendido el legado literario de Rubén, pero no lo hizo, aun necesitándolo. Varios países se interesaron por el famoso baúl azul, donde ella guardó, durante más de 40 años, su legado. En vez de venderlo, quiso donarlo al Estado español, porque creía que era en su país, al que tanto quiso el poeta y escenario de su amor, donde debía permanecer.

«La novela es un homenaje a todas esas MUJERES que han formado y forman una parte importante de la vida de los grandes HOMBRES»

¿De qué manera influyó ella en la obra del literato? ¿Y en su vida?

En su vida mucho: le dio tranquilidad, reposo, le prestó el hombro cuando lloraba… A Rubén le abandonaron sus padres, se crió con su tía Bernarda y su marido, pero qué duda cabe que echaba de menos los besos de su madre y sus abrazos, muestras de cariño que siempre tuvo junto a Francisca, pero no con sus dos anteriores compañeras.

¿Por qué decidió escribir una novela sobre la historia de amor entre su abuela y Rubén Darío? ¿Por qué lo ha hecho en coautoría con Manuel Francisco Reina?

Se lo debía a mi abuela. Desde el mismo día en que nací, dormí con ella hasta que la ingresaron en el hospital, muy enferma. Su historia siempre ha estado muy presente y tenía necesidad de rendirle este homenaje. Le ofrecí a Manuel Francisco la posibilidad de hacerla a cuatro manos para evitar que los sentimientos se interpusieran en la historia, tan rica ya en matices. Además, yo no soy novelista y él había escrito un libro muy interesante sobre Los amores oscuros de Lorca.

¿Qué opinión le merece el Ejército de Tierra y su labor?

Parecen un invento de Pérez-Reverte. El cambio ha sido brutal. Ahora, los militares son quienes mejor nos representan en el extranjero, por su labor y la buena imagen que proyectan.

¿Se esperaba que su novela saltase a las pantallas de televisión? Como autora, ¿está satisfecha con la adaptación?

Nunca me esperé el éxito que ha tenido el libro, y mucho menos que se convirtiera en película. Agradezco al director de La Cometa TV, y a todos los que han hecho posible este sueño —TVE, Joaquín Llamas (director), Irene Escolar (Francisca), Daniel Holguín (Rubén), etc.—, todo el cariño y la profesionalidad que han puesto en este trabajo para que la figura de Francisca se conozca tal como era, sin ropajes ni artificios.

Entrevista a Roberto Álamo y Raúl Mérida, actores de «Zona Hostil»

Este año no ha podido empezar mejor para el actor Roberto Álamo (Madrid, 1970). Con un nuevo Goya a mejor actor protagonista por su papel en Que Dios nos perdone —ya tenía otro como mejor actor de reparto, conseguido en 2013, por La gran familia española—, y dos películas en cartelera —Es por tu bien y Zona Hostil—, parece que los fantasmas de la falta de trabajo que le persiguieron tras recibir su primer “cabezón” se han disipado.

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¿Este segundo Goya ha venido con un pan bajo el brazo?

Pues la verdad es que ya en la post-gala me ofrecieron una película y un par de series, así que no se va a parecer a lo que pasó después del primero, que me tiré siete meses sin currar. No es que siempre pase eso, en mi caso fue una casualidad. Aunque yo creo que el Goya ni te da ni te quita profesionalmente, a veces hay buena suerte y a veces hay mala suerte.

Pero ¿se trabaja con más confianza después de un reconocimiento así?

Lo que sí aporta un Goya es que te sientes querido por la comunidad del cine. Y eso no te lo quita nadie. En realidad, yo me dedico a esto para sentirme amado.

En su caso tuvo claro que quería ser actor después de ver una película…

Sí, la película Días de vino y rosas, de Black Edwards, con Jack Lemmon y Lee Remick. Tenía doce años. Después de verla me tiré tres días llorando a escondidas, y me repetía una y otra vez a mí mismo que quería ser como Jack Lemmon, capaz de generar esas emociones en la gente. Cuando cumplí 18 años le dije a mi padre que había decidido ser actor; no le gustó mucho, pero me dijo que si yo me pagaba los estudios, adelante. Me puse a trabajar de camarero…y hasta ahora.

Su último estreno ha sido la película Zona Hostil, que le ha permitido saber algo del Ejército con el que nunca había tenido contacto…

Yo no hice la mili porque no me llamaron. Cuando tenía 18 años estaba esperando que me llegase la carta, pero nunca me llegó, así que nunca supe nada del Ejército. Por eso yo venía a este proyecto con cierta precaución, imaginaba que me iba a encontrar con un grupo de hombres y mujeres secos, ásperos, con un trato difícil, y para mí fue un descubrimiento. Me encontré con gente que era como yo, con una salvedad: gran parte de esa gente tenía una pasión que yo no tengo, jugarse la vida para salvar a otros seres humanos. Cuando estás al borde de la muerte, lo que hace el ser humano es escapar, pero esta gente lo que hacía era quedarse e intentar solucionar lo que pasaba. Descubrí que aquí hay gente de todo pelaje; he hecho cuatro o cinco buenos amigos.

¿Qué le parece la historia que, además, es un hecho real?

Más allá del hecho trágico que fue lo que pasó con este grupo de militares españoles, como actor, para mí, lo interesante era saber qué sentían los personajes en ese momento. Al ser cine, se trataba de humanizar a los personajes para que se creara cierta empatía con el espectador, y eso era lo que más me llamaba la atención.

¿Qué impresión se ha llevado del Ejército después de esta experiencia con militares?

Lo que me más me ha fascinado de esta experiencia ha sido que la palabra individual no existe. Todo lo hace el equipo, hombro con hombro, es todo colectivo; incluso en la toma de decisiones hay un proceso compartido. Eso me fascinó y me hizo pensar en que a mí, como civil, me falta valentía para hacer lo que estos tipos hacen y con esa pátina de equipo, de conjunto.

Raúl Mérida (Granollers -Barcelona- 1988) estaría realizando patrullas por las calles con el uniforme de la Policía Nacional si esto de ser actor no hubiese ido para adelante. De hecho, había superado la primera parte de las oposiciones cuando le llamaron de un casting y, a partir de entonces, no ha parado de encadenar proyectos. Conocido por el gran público tras su papel de Felipe el Hermoso en la exitosa serie televisiva Isabel, en su último trabajo se ha metido en la piel de un teniente de la Legión en apuros.

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Policía y actor, ¿eso cómo se come?

Yo desde pequeño quise ser actor. En mi casa siempre imitaba a los actores y, desde muy jovencito, asistí a clases de interpretación. Pero cuando cumplí los 18 empecé a pensar en un plan B y a prepararme las oposiciones para Policía, aunque sin dejar mis clases.

Y desde entonces las cosas han marchado bien…

Pues sí, y cuesta asimilarlo. En mi primera serie de televisión tuve que trabajar con Toni Cantó y yo estaba “acojonao”, pero no deja de ser un privilegio. Ahí es donde más se aprende, trabajando con grandes actores como he tenido la suerte de vivir en estos nueve años de profesión. Aún me emociona y me siento muy afortunado de haber llegado hasta aquí sin nadie a mi alrededor que fuese artista.

¿Le cuesta verse en pantalla?

Verse a uno es una cosa que no me gusta. Al principio me ponía muy nervioso y me daba mucha vergüenza verme delante de la gente.

Pues en el caso de Zona Hostil ha visto la película incluso junto a los que le ayudaron a preparar el papel…

Sí, en Almería (donde también se realizó un pre-estreno). Estaba muy nervioso porque para mí era muy importante la opinión de los militares, y ellos están encantados. El primer reto era gustarles a ellos; ahora, a ver qué dice el resto del público. Algunos, después de verla, se acercaron a mí emocionados y me dijeron que, gracias a esta película, sus familias iban a poder entender qué es lo que hacen ellos en su trabajo o cuando van de misión, porque a veces les cuesta explicárselo.

Lo más complicado de interpretar al teniente Conte, ¿qué ha sido?

Lo más difícil ha sido intentar sentir mínimamente lo que ellos pueden sentir cuando están en una situación de riesgo donde se están jugando la vida, que para mí es algo muy lejano. Por mucho que yo me lo imaginara, por mucho que estuviera rodeado de helicópteros y hubiese disparos, llegar a ese punto de transmitir lo que sienten es complicado, pero creo que está bastante bien conseguido en la película.

¿Y cómo ha resultado la experiencia de trabajar con el Ejército de Tierra?

Para mí era un gran desconocido, pero aquí he conocido a gente maravillosa, entregada, con vocación, que no se queja nunca, gente de todo tipo… Ha sido un gran descubrimiento.