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HÉROES EN CAMPAÑA

CABO 1º ÁNGEL CANALES LÓPEZ
II Bandera Paracaidista

Era por mayo y era Ifni

 

Es mayo de 2019, y es Murcia, un lugar donde el primer paracaidista condecorado con la Medalla Militar Individual, a sus 87 años, repasa su larga vida sabiendo que es mayo y que una primavera de muchos años atrás vivió una épica aventura que por su parte tuvo una épica respuesta. Es mayo y sabe que los mejores que conoció se fueron un mes de mayo. Y recuerda…

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El Junker T-2 calienta motores. El teniente Calvo Goñi, como jefe de pista, se prepara para dar la salida al avión. La visibilidad es de unos cinco kilómetros, hay nubes por encima de los 500 metros y la fuerza del viento es de unos 12 nudos. Dentro, una patrulla paracaidista del Ejército de Tierra se dispone a realizar una misión de adiestramiento y un salto sobre Tiliuin. Es 8 de mayo de 1957 y es Ifni.

La patrulla pertenece a la 9ª Compañía de la II Bandera Paracaidista, y el cabo 1º Ángel Canales, con su equipo, no sabe en ese momento que su misión no consistirá en saltar en paracaídas sobre Tiliuin; sino que será una misión más arriesgada y dolorosa apenas a unos cientos de metros del lugar donde el avión calienta motores.

Sobre las 9.15 el Junker despega elevándose, pero a continuación inicia una maniobra que todos sienten como extraña, mientras que desde tierra ven cómo una humareda en el motor izquierdo señala el comienzo del desastre. Rápidamente, sin que la tripulación pueda hacer nada, el aparato cae y se estrella contra el suelo. Pronto comienza el incendio y el avión se ve envuelto en llamas. El cabo 1º Canales ha resultado herido de gravedad. Los tenientes Díaz y Lima, el brigada Chirino y el cabo 1º telegrafista Atienza (tripulación del aparato) han muerto. También han fallecido el teniente Cañadas, los cabos 1º Vargas y Cuesta, el cabo Cobos y los caballeros legionarios paracaidistas Zúñiga, Benítez, Tabares y Gómez (de la patrulla de salto); así como el comandante Escuín, de Tiradores de Ifni, que se incorpora a última hora al vuelo para reunirse con sus soldados en Tiliuin.

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El Junker se ha convertido en una bola de fuego, y Ángel, después de salir de la primera inconsciencia producida por la fuerte colisión del avión contra la tierra, se da cuenta de que tiene que actuar rápido y, aunque está gravemente herido, logra rescatar como puede al paracaidista Diego Fernández, alejándolo de las llamas. Sabe que si vuelve a entrar se va a quemar, pues su piel está llena de llagas, heridas producidas por el fuego y tiene quemaduras graves en cara y manos, que apenas puede utilizar por los dolores que le provoca cualquier roce; pero no va a cejar en el intento de salvar a sus camaradas simplemente por ese “pequeño motivo” de que pueda morir. Vuelve a adentrarse entre las llamas en el aparato, arrastrándose y empujándose con los codos, y saca al paracaidista Carlos Ramos, a quien salva la vida.

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En ese momento llegan el teniente Sagasta y tres paracaidistas, que desde tierra vieron el desastre. El teniente, al ver el estado en que se encuentra el cabo 1º Canales —casi ciego, achicharradas su piel y su alma—, le ordena que se retire para que lo evacúen. ¿Y qué hace Ángel? Pues como buen soldado le dice que no, que se quedará allí sacando a sus compañeros, aunque solo sea para decirles al oído que no se preocupen, que él sigue allí. Que siempre estará ahí. Gracias a su rápida actuación y a su valor, cinco caballeros legionarios paracaidistas salvan su vida.

Cabo 1º Ángel Canales López

En el texto de concesión de la Medalla Militar Individual, viene escrito: A pesar de haber resultado con heridas graves en accidente de aviación, el cabo 1º Canales no reparó en exponer su vida para socorrer a sus compañeros y tripulantes del avión en llamas, demostrando un gran valor al reservarse la actuación más difícil, gran espíritu de sacrificio y acendrado compañerismo; por cuyos hechos se le concede la Medalla Militar Individual (Orden Circular de 1 de agosto de 1959. Diario Oficial del Ejército nº 170).

Cuando lo evacúan al hospital, los médicos, al ver el estado de Ángel, aseguran que no salvará la vida debido a las graves quemaduras que tiene en la piel. Durante muchos días no podrá ver. Él piensa que se va a quedar ciego para siempre y los brazos los tiene completamente inutilizados; pero su mayor dolor no era ese, sino el recuerdo de sus compañeros que se quedaron camino de Tiliuin: José, Juan, Luis, Pepe, Diego, Manuel, José, Carlos, Adolfo, José, Eduardo y Agustín.

Volver a su vida no iba a ser fácil, el cabo 1º Canales pasó 103 días en el hospital de Sidi Ifni recuperándose con intensos dolores; y de esos días recuerda mucho los padecimientos y a una monja que estuvo cuidándolo todo ese tiempo y a quien siempre consideró como una segunda madre.

Esta vez sí que supuso que el mes de mayo de 2019 era su mayo, porque él sabía que en mayo se iban los mejores, aunque también sabía que los viejos soldados nunca mueren, tan solo se desvanecen.

Cabo 1º Ángel Canales López

Es mayo. Es el año 2019, mientras el primer legionario paracaidista condecorado con la Medalla Militar Individual se desvanece con ese toque sutil y valiente que tienen los viejos soldados: «Desde luego, a mí que no me incineren, que ya me quemé una vez, y no quiero volver a vivir esa experiencia».

El general Villalba y la gimnasia militar

Hubo un momento en la historia española en el cual la Educación Física era un concepto abstracto. Una idea a la que dio forma y desarrolló el general de Infantería José Villalba en su empeño por que los militares recibieran este tipo de enseñanza en las aulas para completar sus aptitudes físicas. Aunque una gran parte de su carrera fue operativa, invirtió mucho tiempo en el terreno académico. Por ejemplo, fue el impulsor de la Escuela Central de Gimnasia de Toledo —actual Escuela Central de Educación Física (ECEF)—.

El carácter afable que mostraba Villalba para la enseñanza y los altos conocimientos adquiridos le valieron para que en 1882 fuera destinado como profesor auxiliar a la Academia de Infantería de Toledo (ACINF), donde impartió clases de Geografía, Historia Militar o Contabilidad; y, posteriormente, formó parte del cuadro de profesores de la recién creada Academia General Militar hasta su cierre, en 1893, cuando los profesores se incorporaron a las Academias de su Arma. Él regresó a la ACINF y además fue el jefe de Instrucción Táctica, lo que evidenciaba cómo compaginó durante 16 años dos facetas con las que demostró la devoción que sentía por el Ejército y que transmitió a seis de sus hijos, que también fueron infantes.

Los diferentes destinos que ocupó dentro del centro de enseñanza le valieron para escribir cuando aún era teniente Táctica de las tres armas, en 1887. Una obra de la que se publicaron nueve ediciones y que recabó admiración tanto dentro como fuera de España, ya que fue texto académico durante 40 años. Sería el primero de los sucesivos documentos que publicó.

 

Educación Física en los centros

Villalba fue durante dos años jefe de estudios de la ACINF, hasta que en 1909 fue nombrado coronel director. Durante los cinco años que ocupó el cargo, destacó por sus ideas novedosas sobre la instrucción práctica que debían recibir los alumnos. Le dio una gran importancia a la condición física del cadete, por lo que propuso, entre otras medidas, el paso de pruebas físicas como requisito de acceso. La confianza que mostró por los futuros militares le llevó a proyectar una ampliación del campo de maniobras “Los Alijares”, además de dotar todas las instalaciones de luz eléctrica y agua potable.

JOSÉ VILLALBA RIQUELME CON EL COLLAR CONCEDIDOPOR S. M. BRITANICA DE LA ORDEN DE SAN JORGE
José Villalba Riquelme, con el collar concedido por S. M. Británica de la Orden de San Jorge (foto: Gen. Casteleiro Villalba)
GRAL VILLALBA DESPUES DE LA TOMA DE MEGARET EN LARACHE
El general Villalba, después de la toma de Megaret, en Larache (foto: Gen. Casteleiro Villalba)

Este militar incidió en que los cadetes tuvieran una buena forma física, además de conocimientos sobre la gimnasia y deportes, como el atletismo. Por eso, aprovechó su puesto para propiciar competiciones deportivas que se organizaban durante las prácticas en “Los Alijares”: tiro de fusil, gimnasia, hípica, ciclismo o balompié, entre otros. Cualquier modalidad era válida para fomentar la actividad física entre los futuros oficiales e instruir de la forma más óptima a los soldados. Como curiosidad, la ACINF consolidó un equipo de fútbol que llegó a competir con las principales formaciones nacionales y participó en el Campeonato de España.

Además, el general realizó viajes en comisión de servicio a Francia, Suecia, Alemania e Italia en 1926 para conocer la organización de la Educación Física en el ámbito militar y así aplicarla en España. También becó a dos profesores de la Academia para que visitasen Francia y Suecia, con el objetivo de que informasen de los métodos que seguían esas academias militares —finalmente, aplicó el modelo sueco—. Su alta implicación con la formación militar le llevó a involucrarse más con la de los cadetes para que incrementasen su fuerza, resistencia y destreza.

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«Un cuerpo sano y robusto es productor de los grandes hechos y de los grandes ideales» (General Villalba)

Formación intelectual, física y moral

Trató de dispensar a sus alumnos educación intelectual y física, pero también incidió en la moral. Un triángulo mediante el cual Villalba modernizó la enseñanza militar. Por eso, impulsó la creación del Museo de Infantería —que, en sus inicios, formó parte del Museo del Ejército— y un catálogo de la biblioteca académica que ganó una Medalla de Oro en la Exposición de Valencia y en la Universal de Bruselas en 1910.

Como colofón a esta etapa, proyectó en 1913 la Escuela Central de Gimnasia de Toledo —adscrita a la ACINF—, que finalmente vio la luz en 1919. Creía que supondría un avance necesario para la Academia, donde se formarían los profesores militares de Educación Física. Tampoco olvidó a los civiles: como muchos maestros realizaban allí el servicio militar, aprovechó la oportunidad para que así aprendieran y después instruyeran a los jóvenes en esta asignatura.

1911 GIMNASIA ACINF 01De su carrera también es reseñable que, como ministro de la Guerra, firmó la creación del Tercio de Extranjeros en 1920, que posteriormente sería la Legión. Además, impulsó el servicio de intérpretes de árabe y reorganizó el Cuerpo de Sanidad Militar.

Asimismo, cuando pasó a la reserva, Villalba fue presidente de la Comisión para el estudio y reglamentación de la Educación Física nacional. Sin duda, el general se dedicó en cuerpo y alma a su pasión, el deporte, con el que mejoró la vida e instrucción de los militares.

TRAYECTORIA

Nació en Cádiz, en 1856.

Ingresó como cadete con 14 años en el Batallón de Infantería de Puerto Rico, donde estaba destinado su padre, que fue inspector médico de primera del Cuerpo de Sanidad Militar.

En 1875 se incorporó como teniente al Ejército de la Península.

Participó en las guerras de Cuba, la III Carlista y Marruecos.

Fue ministro de la Guerra entre 1919 y 1920; y diputado en el Congreso entre 1927 y 1929.

Escribió otras obras, como Elementos de Logística, que le valieron distintos reconocimientos.

Posee la Placa de la Gran Cruz o encomienda de número de la Orden Civil de Alfonso XII.

Fue miembro de la Orden Militar de Santiago de la Espada (Portugal); y reconocido con la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo y la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Le nombraron hijo predilecto de Algeciras y Melilla. Murió en Madrid, en 1944.