Han pasado más de cuatro años desde que el soldado Ponce dejó el Centro de Formación de Tropa nº 2, ubicado en “San Fernando” (Cádiz), para ocupar su primer destino como militar en Cerro Muriano (Córdoba), en el Grupo de Caballería Acorazado «Almansa» II/10. Durante este tiempo ha demostrado ser un referente de fuerza y de entereza; su máxima es la superación y ésta, precisamente, es la que le ha llevado a lograr su propósito de convertirse en Guardia Civil.
Cuando ultima sus días en el Ejército, antes de incorporarse a la Academia de Guardias y Suboficiales de Baeza (Jaén), repasa su trayectoria y se muestra satisfecho por todo lo vivido: “Aquellos días duros de maniobras en “San Gregorio”, dice mientras echa la vista atrás.
Sabe que el sacrificio forma parte de la vida del militar, pero también es conscientes de otros valores que se incluyen en esta importante mochila y que hacen mucho más fácil el camino: “el compañerismo siempre estuvo ahí y ayudó hasta en los peores momentos”.
Aprobar la convocatoria de la Guardia Civil es un aliciente en su vida, ya que ha requerido de un importante esfuerzo: “He tenido que intentarlo dos veces”, asevera. Pero para ello dispone de una receta fundamental: “No lo logra quien es mejor, sino quien es más constante”. Ponce cree que el método pasa por centrar un objetivo y perseguirlo hasta conseguirlo.
Con esa máxima se ha convertido hasta en cinco ocasiones en campeón de España en la Federación Internacional de Asociaciones de Muaythai. Además, en 2015 se consagró como campeón de España Profesional en este deporte, conocido popularmente como “Boxeo Tailandés”.
Por si fuera poco, en 2016 se alzó como campeón de Europa Profesional Muay Thai (Consejo Mundial de Muaythai, WMC); en 2017 como campeón del Mundo Profesional (En la Liga Mundial de Kickboxing, WKL) y, un año después, se proclamó campeón internacional en la misma modalidad.
Tiene claro que los valores militares son compatibles con el deporte profesional. Algunos como el esfuerzo o el espíritu de sacrificio le sirven para lograr nuevas metas. Además, desde 2018 es miembro de la Selección de Boxeo Militar.
Cuando descubrió este deporte era solo un adolescente y, tras ganar en una competición, decidió seguir esforzándose para lograr sus objetivos. “Dedico muchas horas al día a entrenar, pero el apoyo de mis padres y mis hermanos es fundamental en todo lo que realizo”, asevera el soldado.
Además, le gusta compartir sus conocimientos con los demás y, actualmente, compagina su vocación de servicio a España con la de entrenador en diferentes tipos de boxeo.
Precisamente con sus alumnos y compañeros del gimnasio acaba de promover una iniciativa de recogida de juguetes estas Navidades para que ningún menor se quedara sin recibir la visita de los Reyes Magos.
Desde que era un niño sintió que su vocación era la de servir a España y desde entonces no ha querido dejar de frenar sus sueños. Ahora, que está a punto de cumplir los 30 años, está dispuesto a abrir un camino nuevo en el que se lleva su etapa en el Ejército de Tierra en el corazón.
«SIEMPRE RECORDARÉ EL APOYO DE LOS MILITARES CUANDO
JUGAMOS EN BOSNIA»
El pabellón de deportes de León ruge cada vez que los micrófonos anuncian el nombre de Manolo Cadenas (Valdevimbre, León; 1955). El entrenador del Balonmano Ademar encara su tercera época en este club, tras pasar por el Barcelona y el Granollers, además de otros equipos internacionales. Durante tres años, fue el seleccionador de balonmano de España y ahora dirige el de Argentina, que compatibiliza con el Ademar. Le apasiona tanto este deporte que sigue concienzudamente casi todos los partidos y reconoce que le cuesta dormir pensando en mejorar las jugadas. Solo basta hablar con él para saber que Cadenas no pide nada a sus jugadores que antes no se haya exigido a sí mismo.
Toda su vida ha estado dirigiendo desde los banquillos. Incluso cuando hizo la “mili”, en Zaragoza, ya le gustaba entrenar a balonmano a los demás reclutas. Sí, aunque fui jugador, pero no mucho tiempo. Yo quería ser entrenador para influir decisivamente en la marcha de un equipo. Llegué a jugar en el Vallehermoso (en Madrid), aunque éramos los últimos en la División de Honor de balonmano. Veía que no hacíamos un esfuerzo para salir de esas posiciones y pensé que como jugador era uno más, pero que como entrenador podía marcar la dinámica del grupo y por eso creo que nació ese deseo de entrenar.
Llama la atención que siempre ficha a jugadores muy jóvenes —es el segundo equipo más joven de la Liga—, que después acaban despuntando. Me atrae el perfil de un jugador que quiere algo más, que quiere desarrollar su potencial. Al final, compartir con ellos ese objetivo es con lo que disfruto: siendo una parte importante del desarrollo y del potencial de los jugadores. Creo que lo importante es que les doy el apoyo continuo y el entrenamiento adecuado para hacerles creer en sus posibilidades.
Ha ganado casi todos los campeonatos. ¿Le queda algún logro por conseguir? Muchos. Digamos que los logros deportivos son, por supuesto, importantes, pero lo son más cuando un equipo crece y supera las expectativas, y sobre todo el desarrollo de los jugadores. Saber que has sido importante, que les has convertido en grandes jugadores y personas —como a veces me reconocen algunos—, es una de las grandes satisfacciones.
De alguna forma, usted también ha madurado con ellos. Sí (ríe). Para mí, es una gran ayuda personal estar con gente joven y tener que evolucionar con el tiempo, no quedarse con las ideas con las que empecé a entrenar hace 45 años. Creo que me ha ayudado mucho en la vida el mantenerme con la mente abierta y joven, además de estar y convivir con generaciones distintas.
Tiene vínculo directo con las Fuerzas Armadas: uno de sus jugadores, Andrew Donlin, es militar. Sí. Es capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y es un ejemplo. En mi vida había tenido un jugador que entrenase con esa intensidad, da gusto, además de por su formación y educación. Aunque no tiene una gran incidencia en los partidos, en el día a día del equipo posee unos valores que todos deberíamos copiar.
¿Cómo encara esta temporada, con un equipo completamente renovado? Siempre hay que adaptarse y el equipo que lo hace es el que más beneficios puede sacar en ese sentido. Intentamos ver cómo actuar en estos tiempos de crisis y estoy contento porque, a pesar de la situación, el equipo muestra mucha ilusión. No nos podemos dejar influir por los aplazamientos de partidos o por la situación económica —que nos afecta también—, sino que debemos intentar dar lo máximo y así, por lo menos, tendremos la satisfacción deportiva de prepararnos para ganar partidos y disfrutar. La razón básica por la que jugamos a balonmano es porque nos gusta y, pase lo que pase, eso nunca se debe perder.
Manuel Cadenas
¿Cuál es su mejor recuerdo con el Ademar? Por supuesto, cuando ganamos la Liga ASOBAL, en 2001. En nuestro caso, todos queremos ser héroes deportivos y, entonces, el equipo del Ademar batió al Barcelona, que llevaba ganadas cinco ligas consecutivas. En un momento que parecía de crisis –al principio de la temporada–, tuvimos tanto miedo de no ser competitivos y no corresponder a las expectativas, que aprovechamos esa energía y acabamos siendo campeones de la Liga. Lo importante es que batimos al Barcelona, lo que, en aquel momento, era algo impensable para la mayoría de los equipos.
¿Qué significa para usted el Ademar? El Ademar es el equipo de mi vida y fue uno de mis grandes deseos cuando empecé a entrenar. Ya llevo 15 temporadas y, por tanto, he ido cumpliendo ese objetivo que me planteé cuando era joven.
También es seleccionador del balonmano argentino. Me imagino que habrá diferencias entre esta competición y la española. Sí, en el caso de España podías aspirar a ganar a cualquier equipo del mundo. Con Argentina, aunque es un equipo de segundo nivel, también tienes grandes objetivos, como la clasificación que conseguimos para ir a las Olimpiadas, ante un equipo como Brasil, superior a nosotros. Con lo cual, para Argentina es lo máximo. Básicamente, es lo mismo, dentro de las posibilidades de cada grupo: hacerles crecer y llevarles más allá incluso de lo que la gente piensa. Ese es el objetivo.
EL ADEMAR Y EL EJÉRCITO DE TIERRA
El 9 de abril de 2005, el Ademar se batió contra el Ljubuski, en Bosnia, para luchar por la Recopa de Europa. No fue un partido cualquiera y los jugadores sintieron que estaban más cerca que nunca de España: desde las gradas, dos centenares de militares aplaudían y vitoreaban al equipo leonés, equipados con bufandas, camisetas, carteles… Cada gol ademarista era un grito de quienes vestían el uniforme. Previamente, la expedición había compartido unas horas con los casi 500 efectivos del Ejército de Tierra —una gran mayoría procedentes del Mando de Artillería de Campaña, de León— destinados en la base “Europa”, en Mostar, donde los jugadores conocieron el día a día de la misión.
Cadenas lo rememora: «El balonmano es un deporte minoritario y el Ademar es un club conocido en Europa, pero no es un deporte significativo en el panorama mundial. Por eso, siempre que sales fuera y te encuentras con gente que sigue al Ademar… Para nosotros fue muy emotivo. En aquel caso, estábamos jugando en Bosnia y tener el apoyo de los militares, además de visitar su base… Desde luego que fue una satisfacción, y una motivación para ofrecerles la victoria ante el Ljubuski. El ambiente del Ademar lo tuvimos allí, en Bosnia. Es un recuerdo para toda la vida».
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