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Entrevista a…KICA ECHANOVE, enfermera y participante del  «RETO PELAYO VIDA PATAGONIA 2023».

Texto: Juan Diego Tobajas (Madrid)

Fotos: Bg. J. M. Dueñas

Enfermera de geriatría, madre de dos hijos y mujer marcada por la capacidad de superación, Kica Echanove (Madrid, 1977) fue una de las cinco seleccionadas para el Reto Pelayo Vida Patagonia 2023, tras superar un cáncer de mama. La suya es una historia de superación que trasciende lo personal: tras años de trabajo en primera línea, especialmente duros durante la pandemia, la viudedad y el agotador proceso oncológico, halló en la expedición a la Patagonia una oportunidad para renacer.

Procedente de una familia con raíces militares, reconoce que los valores que marcaron su educación —la disciplina, la entrega, el compañerismo— han sido determinantes para superar las adversidades y afrontar este desafío extremo. Hoy impulsa, junto a sus compañeras del reto, la asociación Montañas de Vida, un proyecto que busca ayudar a pacientes oncológicos a través de la montaña y el contacto con la naturaleza.

Con una mezcla de humildad y entusiasmo, Kica relata lo que significó ser parte de esta aventura, el aprendizaje humano que le dejó y el mensaje de esperanza que quiere transmitir a quienes luchan contra la enfermedad.

Usted fue elegida para participar en el Reto Pelayo Vida Patagonia 2023. ¿Qué sintió al recibir la noticia?

Venía de una época muy dura: la pandemia, mi trabajo en una residencia de mayores, la viudedad y, finalmente, el diagnóstico de un cáncer de mama. Cuando me llamaron, recién terminada la quimioterapia, no me lo podía creer. Siempre había pensado que tenía mala suerte y, de repente, me tocaba algo bueno y extraordinario. Fue una emoción absoluta, una sensación de llegar a un lugar muy importante.

¿Qué ha supuesto para su vida enfrentarse a un desafío en condiciones extremas tras superar un cáncer?

Un cambio radical. Para mí lo más valioso han sido las personas que este reto me ha traído. Mujeres increíbles, con historias de vida impresionantes, que hoy forman parte de mi camino. He aprendido a vivir más en el presente, a atreverme a hacer más cosas y a valorar la vida de otra forma.

¿Qué momento recuerda como el más duro de la expedición? ¿Y cuál fue más emotivo?

El más duro fue el día de ascenso, con 13 horas de caminata y yo afectada por una gastroenteritis. Estaba deshidratada, agotada, pensé que no podría seguir. Pero una compañera me dijo: «O subimos todas o no sube ninguna». Esa frase me dio fuerzas. El más emotivo fue llegar a la cumbre todas juntas, llorando, leyendo poemas, incluso con algunas compañeras esparciendo cenizas de seres queridos. Fue espectacular, un momento de unión y trascendencia.

No resulta fácil a una mujer dejar su casa e hijos para afrontar un reto tan extremo.

El reto buscaba mandar un mensaje a quienes hoy luchan contra la enfermedad. ¿Qué les diría desde su experiencia?

Que hay mucha vida, incluso durante la quimioterapia. El camino oncológico te enseña y te trae gente maravillosa. A veces no se puede hacer todo, por eso hay que investigar más, pero se puede vivir intensamente. Mi mensaje es de esperanza y constancia: se puede estar muy vivo después de un cáncer.

En esta aventura la resistencia mental fue tan importante como la física. ¿Cómo se preparó para ambas?

La preparación mental provino del propio proceso oncológico. Pasar por un cáncer te entrena para el sufrimiento, para la aceptación y para la resistencia. Eso te da una fuerza extra. La física fue bastante dura, porque después de la “quimio” estaba muy débil, pero poco a poco lo conseguí. Volver a poder hacer algo así en cuestión de seis meses fue alucinante.

¿Qué papel jugaron el compañerismo y el trabajo en equipo para lograr el objetivo?

Fundamental. Sin el equipo no lo hubiéramos logrado. Desde el primer día tuvimos claro que aquello no era una competición. Nos apoyamos unas a otras, incluso con los cámaras había muy buen ambiente. Esa hermandad fue tan fuerte que al volver decidimos crear la asociación Montañas de Vida, para ayudar a otras personas en su proceso oncológico a través de la montaña.

A lo largo del documental Voces en el Hielo —disponible en Amazon Prime Video— se subraya la fuerza femenina y la resiliencia. ¿Qué le gustaría que se llevara el espectador al verlo?

Un mensaje de esperanza. Que se vea que la vida es dura, que hay momentos de flaqueza, pero que el trabajo en equipo y el apoyo son claves. También visibiliza la fuerza de las mujeres, porque no resulta fácil dejar tu casa e hijos durante semanas para afrontar un reto tan extremo. Si encima vienes de superar una enfermedad, la experiencia se vuelve todavía más transformadora.

Después de conquistar la Patagonia, ¿qué nuevos retos le gustaría afrontar?

En lo personal, ya he hecho un triatlón y una maratón de Roma, que eran sueños que tenía pendientes. Pero lo más importante ha sido fundar la asociación Montañas de Vida, que está creando una comunidad preciosa de pacientes y supervivientes oncológicos. Queremos que la montaña siga siendo un lugar de recuperación y de unión. Ver cómo alguien llega todavía en quimio y, poco a poco, recupera fuerza y ganas, es algo que emociona.

Usted es de Toledo y ya ha compartido esta experiencia con su ciudad. ¿Cómo fue ese reencuentro con su entorno?

Muy especial. El Ayuntamiento me ayudó a proyectar el documental y se volcaron conmigo. La gente lo recibió con orgullo, porque ven todo lo que he pasado y valoran que me lanzara a una aventura así. Fue emocionante compartirlo con los míos.

El Ejército de Tierra comparte con este reto valores como la disciplina, el esfuerzo colectivo y la resistencia en condiciones extremas. ¿Encuentra paralelismos?

Totalmente. He visto esos valores en casa desde niña: honestidad, trabajo, entrega y compañerismo. Mi padre, que fue militar y muy deportista, siempre decía que «la obligación va antes que la devoción». Para mí, ese ejemplo fue clave. Creo que he podido hacer este reto porque me enseñaron a ser resiliente y a trabajar en equipo. Esos valores, que también forman parte del Ejército, han sido los que me sostuvieron en el cáncer y en la montaña.

Conocer a…. Capitán Gómez

«Rugby, una escuela de valores»

Texto: Ana Vercher / Madrid

Fotos: Cap. Gómez

El rugby es un deporte que ha ido ganando cada vez más adeptos en todo el mundo. Desde que a mediados del siglo XIX se formalizó su primer reglamento en Reino Unido, su evolución ha sido constante y aunque en España su práctica no estaba tan extendida como en otros países, en los últimos años se ha ido popularizando, sumando cada vez más seguidores. 

El capitán Gómez, destinado en la Academia General Militar (AGM) de Zaragoza, es uno de esos aficionados que se enganchó al rugby con apenas 18 años. «Comencé en mi primer año en la universidad, animado por unos compañeros. En aquel momento no lo conocía demasiado, porque venía de jugar balonmano, pero enseguida me enamoré de este deporte. El compañerismo, la abnegación por el bien común y el apoyo constante al compañero son aspectos que me marcaron desde el inicio», explica el capitán Gómez. 

Desde entonces, el rugby le ha acompañado a lo largo de los años, incluso en su faceta profesional: «Ingresé en las Fuerzas Armadas en 2014 y en 2016 comencé con el rugby militar, al entrar en la AGM. Fue muy ilusionante y todo un reto participar en mi primer Campeonato Nacional Militar en Puerta de Hierro (Madrid), el cual ganamos al equipo de Montaña en la final», recuerda el capitán. Y es que para él, son evidentes los valores compartidos entre la milicia y este deporte, como la cohesión, abnegación, trabajo en equipo, compañerismo o espíritu de sacrificio. «Todos están presentes, tanto en el rugby, como en la vida militar. Es más, diría que el «espíritu de la General», que tanto inculcamos a nuestros futuros oficiales, se vive intensamente en este deporte». Incluso asegura que sirve como complemento a su formación, ya que desde el primer día se nota una mejora en el compañerismo. «El rugby es una auténtica escuela de valores que ayuda a formar mejores líderes, mejores compañeros y mejores oficiales», asegura el capitán Gómez.

No obstante, aunque son muchas las bondades de este deporte, no hay que olvidar que es una práctica muy exigente tanto física como mentalmente, no pudiendo bajar los brazos ni un segundo. Tanto es así que «una carrera de tu compañero que no acompañas o una acción defensiva en la que llegas tarde, puede echar por tierra el trabajo de todo un grupo. Esa responsabilidad colectiva también lo asemeja mucho al entrenamiento y la mentalidad militar».

En cualquier caso, las diferencias entre un equipo militar, como el de la AGM, y uno civil son mínimas, y el hecho de que cada vez sea un deporte más reconocido les ha permitido dar un salto de calidad importante. «Casi todos los eventos de la selección absoluta en España llenan el Estadio Central de la Universidad Complutense (Madrid), y la final de la Copa del Rey se ha jugado con estadios llenos como el José Zorrilla (Valladolid). En el ámbito militar, nos sentimos muy arropados, como se vio en el último partido contra Países Bajos, con una grada entregada desde el principio», asegura el capitán Gómez, quien tiene una dilatada experiencia en diversos equipos, tanto en el ámbito civil como militar. «He tenido la oportunidad de jugar a nivel territorial en Aragón y Andalucía, participar en la liga universitaria portuguesa durante mi Erasmus y participar en un Europeo Universitario de Rugby, un evento de gran nivel competitivo y personal. También he disputado numerosos torneos de rugby 7 y rugby playa en el ámbito civil. En el plano militar, he jugado el Campeonato Nacional Militar con la AGM y la Brigada «Guzmán el Bueno» X,  teniendo el honor de liderar la selección española militar en el último año. Actualmente, también llevo los equipos de rugby de la AGM como entrenador y responsable».

Sin duda, se trata de un deporte que le ha dado grandes satisfacciones, por ello no duda en animar a probarlo a todo aquel que sienta curiosidad, invitándole a que se informe dentro de su unidad. Asimismo, no olvida los próximos retos deportivos que tiene por delante: con la selección militar, el futuro partido contra Países Bajos en su casa; con la AGM, seguir formando en valores a través del rugby y hacer que los cadetes sigan creciendo año tras año, algo que no es fácil, especialmente tras los grandes resultados obtenidos esta temporada.