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Entrevista a jesús Alonso / Fiscal jefe de la audiencia nacional

“Los militares tienen una altísima preparación en todos los ámbitos

Texto: Selene Pisabarro / Madrid     Fotos: Sdo. Iván Jiménez (DECET)

Desde 2017, Jesús Alonso Cristóbal (Madrid, 1962) es el fiscal jefe de la Audiencia Nacional (AN), un tribunal en el que lleva más de 20 años. Aunque su vocación era la Arqueología, su padre le aconsejó estudiar Derecho y, posteriormente, decidió opositar para entrar en la carrera fiscal. Quizás es por eso que uno de sus libros de cabecera sea Meditaciones, de Marco Aurelio, y que diferentes fotografías de escultura griega decoren su despacho..

Se habla de la soledad del juez, ¿sucede lo mismo con el fiscal?

Frente a la soledad del juez, el fiscal tiene una ventaja: siempre actúa en grupo, independientemente de la responsabilidad que tenga para conocer un asunto o una materia. Muchas veces se dice: «Los fiscales actúan con dependencia jerárquica». Ésta es un principio instrumental, que va dirigido a conseguir la satisfacción del interés social y tenemos que solicitar lo mismo, ya sea en La Coruña, en Cádiz o en Barcelona. Evidentemente, la dependencia jerárquica y la unidad de actuación hacen que todo el Ministerio Fiscal solicite lo mismo o tenga la misma postura ante determinados problemas, para lo que la Fiscalía General del Estado (FGE) unifica los criterios. Es verdad que luego los tribunales pueden resolver de forma distinta porque son independiente unos de otros, pero para eso están los recursos. Los fiscales podemos abocarlos al Tribunal Supremo para que, efectivamente, se unifique la doctrina y la interpretación de los delitos en todo el territorio nacional.

Aun así, hay veces que la ciudadanía no entiende bien determinadas posturas.

Yo diría lo mismo que el poeta León Felipe: «Para enterrar, valen todos menos el enterrador». Nosotros tenemos la objetividad, porque no es lo mismo ver el problema desde fuera, sin conocer los entresijos del asunto. Es decir, para hacer determinados trabajos, la objetividad —que a veces se confunde con frialdad—, es buena y necesaria para hacer las cosas con ecuanimidad. El fiscal estudia el caso con mucha seriedad, y tiene que poner todo su conocimiento porque no se está representando a él, sino que actúa como un representante de la sociedad ante los tribunales. No es lo mismo conocer lo que tienes entre manos -porque tienes toda la documentación-, que simplemente conocer lo que sale en la prensa.

Jesús Alonso Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional

Una de las competencias de la AN es el terrorismo. Trabaja en esta Fiscalía desde 1998, ¿cómo ha visto la evolución?

En la AN se han vivido momentos muy, muy difíciles. La muerte de una compañera por un asesinato terrorista, atentados contra magistrados y fiscales… Se ha visto una evolución desde lo álgido y más duro: venías por las mañanas y te podías encontrar con la noticia del asesinato de un policía, un militar o un civil, con todo el drama que suponía. Afortunadamente, ese terrorismo nacional, gracias a la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE), ha ido desapareciendo hasta la derrota total de ETA, que no puede ser de otra manera que gracias a la actuación del Estado de Derecho y de sus policías, tribunales y con toda la sociedad detrás.

Y después surgió el terrorismo transnacional, la amenaza yihadista.

Sí, entonces se empezó a ver el nacimiento de otros fenómenos criminógenos, como el terrorismo yihadista. Es cierto que el nacional o transnacional siempre han existido, sobre todo de carácter político; actualmente, los países occidentales se encuentran en una situación buena porque lo han vencido, aunque pueden quedar residuos. Pero está el problema surgido con el yihadismo, el que más nos preocupa y el que consume gran parte de las funciones de prevención y seguridad por parte de los Estados.

Durante abril se han juzgado varios casos de yihadismo en la AN. Es el día a día.

Sí. Las FCSE estaban entrenadas cuando surgió esta amenaza, conocían cómo era actuar frente al terrorismo, no era nuevo. El bagaje de 30 años de lucha contra el terrorismo de ETA, los GRAPO o el FRAP ha dado un plus de conocimiento y de actuación contra el terrorismo que no tenían otras policías europeas occidentales.  Por eso, la respuesta de la policía española frente al fenómeno yihadista ha sido muy importante; aunque es verdad que hemos sufrido dos atentados muy graves, en 2004 y 2017. El Estado se ha preocupado de dotar a las FCSE y a los tribunales de las baterías jurídicas suficientes para luchar contra este fenómeno. Esto ha permitido que esa gran preparación técnica nos permita vivir en una sociedad con tranquilidad, dentro de la preocupación de que ellos intentan constantemente revertir el orden constitucional y el Estado está permanentemente en vigilancia y control para que eso no se produzca.

¿Cómo es esa cooperación judicial y policial?

La relación que tenemos la Fiscalía y la Judicatura con las FCSE es muy buena. Es una cooperación constante, permanente y que ha permitido luchar desde todas las vertientes. No solo desde el ámbito policial, sino también desde el judicial. El Estado de Derecho no puede desaparecer frente a la barbarie, y la diferencia es que nosotros creemos en el Estado de Derecho y aplicamos la ley, y ellos evidentemente no.

¿Cuál es el papel de la Fiscalía Europea?

Es un embrión de lo que será una justicia europea. La UE se mueve muy lentamente y a largo plazo, ya que hay que poner en común a muchos países con sistemas jurídicos distintos, con realidades culturales diferentes… Un elemento fundamental para la UE es la justicia, por eso se creó Eurojust, donde están representados los 27 países. Ha servido para agilizar y resolver todos los problemas que se podían producir entre diferentes países en el ámbito judicial. Esto permite que nos consideremos como parte del poder judicial europeo: si haces una petición a otro Estado miembro es como si lo solicitases al juez de Barcelona o Cádiz. Ese es el gran avance. La Fiscalía Europea tiene un carácter económico y surge como un embrión para luchar contra el fraude y contra la Hacienda comunitaria. No cabe ninguna duda de que es el origen de una Fiscalía europea a nivel más general que tendrá su sentido cuando su capacidad sea total para crear cuerpos únicos trasnacionales.

Jesús Alonso Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional

Una de las propuestas de la Fiscalía es modificar la Ley de Protección de Testigos, de 1994. ¿Por qué?

En el mundo en el que estamos viviendo, se requiere otra nueva ley, donde otorgar una mayor protección no solo a los testigos sino a todos aquellos que quieren participar para investigar o evitar la comisión de hechos delictivos. Tenemos que ofrecer derechos y garantías para que esas personas no tengan miedo a luego ser objeto de amenazas o acciones —o incluso contra familiares directos— por haber ayudado a la Administración de Justicia. Tengo en alta consideración el programa de protección de testigos de EE.UU. Tienen instrumentos que les permiten supeditarse a las necesidades de cualquier testigo: una nueva identidad, un trabajo, transportarle a cualquier parte del país o fuera… Son instrumentos con los que actualmente no contamos. Durante la instrucción de un procedimiento o la declaración en el juicio, podemos proteger la identidad del sujeto que ha declarado o colaborado con la justicia, pero a veces esas personas tienen miedo de que la protección visual o del nombre no sea suficiente. Saben que están muy cerca del grupo del que han obtenido la información y pueden averiguar que son quienes han dado la información. Es importante y es un paso más.

Con la pandemia, se usa más Internet, un espacio donde también se cometen delitos.

El cibercrimen y la ciberdelincuencia ya se tienen en cuenta desde hace tiempo. La Fiscalía General del Estado ya previó esta circunstancia y creó la Fiscalía de Sala del Ciberdelincuencia, que coordina y estudia todo este fenómeno criminal, en unión con los departamentos especializados de las FCSE. Nos enfrentamos a un crimen complicado porque tiene una escala global y el efecto puede producirse en España, pero el autor del delito puede estar ubicado en EE.UU., Rusia, África… La localización geográfica ya no es el elemento determinante, sino el uso de las armas del ciberespacio como lugar donde cometer delitos, e incluso emplearlo como instrumento.

Participó en el Curso de Defensa Nacional, ¿lo ha aplicado en su trabajo?

Para mí, ha sido un redescubrimiento del Ejército y me ha permitido conocer que los militares tienen una altísima preparación en todos los ámbitos —técnico, humanista, científico…—. He conocido facetas de las Fuerzas Armadas que he transmitido a mis compañeros porque he considerado muy interesantes, como la forma de trabajar, de organizarse y de ver los fenómenos, como la piratería o la lucha contra el crimen más allá de nuestras fronteras. ¢

EMMOE: 75 AÑOS EN LA CUMBRE

Desde su posición privilegiada a los pies de los Pirineos, la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales destaca por haberse convertido en un centro de excelencia durante los últimos tres cuartos de siglo

Texto: Ana Vercher

Fotos: EMMOE 

El 12 de abril de 1945 veía la luz la organización de la Escuela Militar de Montaña, antecedente de la actual Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), ubicada en Jaca (Huesca). En aquel momento, el objetivo era unificar las enseñanzas de montaña existentes, desarrolladas de manera muy precaria. Desde entonces y hasta la actualidad, la EMMOE no ha dejado de evolucionar hasta convertirse en un centro docente militar de referencia y de reconocido prestigio, tanto nacional como internacional, en el que se han diplomado más de 4.000 militares de 18 países diferentes, y que este año celebra un cumpleaños muy especial.

La razón de ser de esta escuela reside, precisamente, en sus dos departamentos: Montaña y Operaciones Especiales. A través de ellos, se estructuran los diversos cursos que se imparten y que han convertido a la EMMOE en una “formadora de formadores” de referencia. En este sentido, la última incorporación a su oferta docente ha sido el Curso Básico de Montaña, destinado a tropa procedente de unidades de montaña. Precisamente, una de las variaciones que se han producido en los últimos años es que los cursos ofertados ya no se ciñen exclusivamente a los cuadros de mando.

«Sus cursos, de gran dureza física, psicológica y técnica, son reconocidos dentro y fuera del país»

Los cambios que se han vivido a lo largo de estos tres cuartos de siglo de historia han sido muchos, pero hay algo que se ha mantenido: hablar de instrucción en montaña o en operaciones especiales es hablar de excelencia. «Tanto en el caso de los cursos de operaciones especiales como en los de montaña, la dureza física es grande. Pero, además, en los primeros hay una carga psicológica importante, mientras que en los segundos es mayor la necesidad de dominio de aspectos técnicos», apunta el suboficial mayor Moliné, destinado en el centro. Una exigencia que llevó a reformular la selección del personal que va a formar parte de algunos cursos, como es el caso del de Aptitud Básica de Operaciones Especiales dirigido a tropa. Impartido por el Mando de Operaciones Especiales, bajo la dirección técnica de la EMMOE, su duración se ha incrementado hasta las 1.000 horas y sus participantes deben haber superado una serie de pruebas físicas, médicas, psicológicas y de decisión, pues la clave es que «quien dude si realmente ese es su camino, se dé cuenta antes de comenzar».

Para adaptarse a las necesidades técnicas que desarrollan los profesionales de la montaña, la actualización de los materiales ha sido una constante: botas de Gore-Tex, raquetas de nieve de plástico con un sistema de sujeción semiautomático o cuerdas de escalada de poliamida que aguantan cargas de más de 2.000 kg. Son algunas de las mejoras que se han incorporado a una equipación que debe proporcionar seguridad en los peores escenarios posibles, con condiciones ambientales que pueden llegar a ser muy complejas. «Hoy día contamos con los mejores materiales, acordes a los que se puedan necesitar en las unidades, desde transmisiones hasta armamento», señala el suboficial mayor Moliné. «Estamos en permanente colaboración con las unidades para que los alumnos puedan usar el material que después se van a encontrar en sus destinos», añade. Esto se vuelve fundamental si tenemos en cuenta que los riesgos a los que pueden enfrentarse son muchos, desde avalanchas hasta situaciones de aislamiento, pasando por la necesidad de optimización de medios.

En la época actual, la EMMOE también ha tenido que adaptarse a la nueva situación provocada por la pandemia de la COVID-19. Así, sus cursos se desarrollan con todas las medidas de seguridad establecidas por las autoridades sanitarias: la adecuación de las instalaciones para limitar el número de personas presentes a la vez, la división en grupos para llevar a cabo las pruebas físicas o la realización de PCR al personal son algunas de ellas.

Al hablar de este centro, no se puede olvidar el Equipo de Esquí del Ejército de Tierra. Este ha participado en numerosas competiciones militares fuera de nuestras fronteras —ha obtenido trofeos internacionales en Alemania, Argentina, Suiza o Estados Unidos, entre otros países—. También ha ayudado a difundir la cultura de Defensa en nuestro país, gracias a sus logros en torneos civiles, y se ha alzado con diferentes campeonatos nacionales de España en las modalidades de esquí de fondo, travesía, biatlón o triatlón de invierno.

Además, cabe destacar el Grupo Militar de Alta Montaña, creado con el objetivo de potenciar el mantenimiento del nivel técnico del cuadro de profesores y de servir de banco de pruebas para la experimentación de materiales, técnicas y procedimientos de montaña. El palmarés de este grupo es de primer nivel y se distingue por la consecución de los conocidos como “los tres polos” —travesía a los Polos Sur y Norte y ascensión del Everest— o “las siete cimas”—consistente en ascender las cimas más altas de los seis continentes (siete, si se diferencia entre Norteamérica y Sudamérica)—.

Sin duda, la EMMOE «marca carácter y, cuando se termina el curso descubres que eres otra persona diferente», asegura el suboficial mayor Moliné. «Eres capaz de hacer cosas extraordinarias pero siempre desde la humildad», finaliza.

ACTOS CONMEMORATIVOS

La situación de crisis sanitaria producida por la COVID-19 ha impedido que la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales celebre todos los actos que tenía previstos para su 75º aniversario. No obstante, siguen adelante algunas iniciativas como la publicación de un libro, que ya se está elaborando, donde se recogerán sus principales trabajos y novedades, y que se pretende que vea la luz el 12 de abril de 2021, cuando finaliza este especial aniversario.

Por su parte, el Museo de la EMMOE abrió sus puertas al público en julio, en la Ciudadela de Jaca. Constituye un espacio en el que los visitantes podrán conocer los inicios, evolución, logros y actividades de la escuela y en el que se trabaja para poder virtualizarlo y conseguir que llegue a todos los hogares.