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Conocer a… SUBOFICIAL MAYOR LÓPEZ

Texto: Ana Vercher/ Madrid

Fotos: Sdo. Á. Expósito (DECET)

«Si no contamos nuestra historia, alguien lo hará por nosotros»

La pluma y la espada: ese clásico binomio que tanto ha contribuido a la Historia de España y que se mantiene hasta nuestros días. Muchos son los ejemplos de militares que han dedicado gran parte de su tiempo a las letras, como es el caso del suboficial mayor López, destinado en la Dirección de Asuntos Económicos del Ejército de Tierra. Con él hablamos de literatura y milicia a las puertas de su paso a la reserva y con dos novelas publicadas.

La inquietud por escribir siempre le acompañó, aunque su llegada al Departamento de Comunicación del Ejército, al ascender a subteniente, «hizo que surgiese la chispa, quizás por el ambiente o por disponer de más tiempo, familiarmente hablando, para dedicarlo a ello», explica el mayor López. Su motivación es la de contar historias, crear desde la imaginación y establecer un diálogo silencioso con el lector a través de las palabras: «Me parece maravilloso y muy interesante el proceso por cual el lector hace suyo tu relato, interpretándolo de una manera personal y dándole un sentido propio a la historia», señala el mayor.

Gracias a ese interés han visto la luz El paso de Sabsak y La sombra de los galeones, dos novelas históricas que nos acercan a épocas y lugares muy diferentes. Y es que el mayor López tiene claro que la novela histórica es «el género grande de la literatura» ya que este militar por vocación, quien ha dedicado más de 40 años a las Fuerzas Armadas, siempre ha rendido culto a la historia con mayúsculas. «Procuro, de una manera sincera y desapasionada, no desvirtuar con veladuras los hechos históricos, ya que conocer nuestra historia es fundamental para comprender nuestro presente y saber hacia dónde nos encaminamos. No hay edad para conocerla y contarla, porque si nosotros no lo hacemos, alguien lo hará por nosotros», asegura el mayor López.

Con este afán, ha llevado a cabo un estudio profundo de los acontecimientos y los personajes reales que aparecen en sus novelas, realizando una detallada y exigente labor de documentación previa. Todo ello, sin olvidar que aunque exista una idea, un argumento y una estructura iniciales, esto suele ir cambiando conforme la novela coge forma: «Siempre digo que tú eres quien comienza a escribir, pero a lo largo del proceso de creación los personajes te llevan por caminos que no tenías pensados».

En el caso de su última novela, La sombra de los galeones, se trata de un relato que trascurre durante la segunda mitad del siglo XVI, en el que se entrelazan las vidas de tres muchachos, de Cádiz, Flandes y Cuba, teniendo como telón de fondo la empresa de Inglaterra, la Guerra de Flandes, la lucha contra el turco en el Mediterráneo, la Guerra de Sucesión en Francia, así como contra la Armada inglesa y las flotas de la Carrera de Indias. Para lograr toda la documentación necesaria y escribirla ha tardado cuatro años —a lo que hay que añadir la fase de corrección, maquetación, diseño de portada, contraportada y gráficos, edición, distribución y publicidad—, sumergiéndose en los Archivos de Simancas y de Indias, la colección histórica «La batalla del Mar Océano», también en infinidad de tesis doctorales, libros de navegación o novelas del siglo XVI.

Ésta se une a su primera novela, El paso de Sabsak, ambientada en Afganistán y España, y en la que historia y fantasía se mezclan de la mano de sus protagonistas: un equipo de militares españoles de desactivación de artefactos explosivos.

Ahora que ha culminado su carrera militar en el empleo más alto de la Escala de Suboficiales —su pase a la reserva será a finales de enero de 2026— y habiendo pasado por distintas unidades y ciudades españolas, podrá dedicar más tiempo a la última novela que tiene en mente y en la que lleva un año. «Es una trama completamente diferente, un coctel de inteligencia artificial, nuevas tecnologías, espionaje, policía, cloacas del Estado, muertes misteriosas y controvertidos descubrimientos médicos», señala el mayor López. Estamos seguros que será una interesante lectura, y no la última con su firma.

Entrevista a…PABLO PUYOL, actor

Texto: Juan Diego Tobajas / Madrid

Fotos: Ricardo Rubio y Bgda. Jose Manuel Dueñas (DECET)

«Houdini me está llevando a un nivel de exigencia máximo »

Actor malagueño de amplia trayectoria en teatro musical, cine y televisión, Pablo Puyol (Málaga, 1975) vive uno de los momentos más intensos de su carrera con Houdini (Teatro Calderón, Madrid), un montaje que combina interpretación, disciplina física y técnicas de ilusionismo. Con casi tres décadas sobre los escenarios, el artista —recordado por series como Un paso adelante y por su versatilidad en formatos como Tu cara me suena— continúa encontrando en cada proyecto un nuevo desafío. Recientemente, participó en los Premios Ejército interpretando a un capitán de los Tercios de Flandes. Desde esa experiencia plural, reflexiona sobre su profesión, la cultura y el camino personal que le ha llevado hasta hoy.

Actualmente está protagonizando Houdini, un montaje exigente física y emocionalmente. ¿Qué ha significado para usted ponerse en la piel de un personaje tan icónico y qué retos le está planteando esta obra? Sin duda, es el reto más importante al que me he enfrentado en mi carrera, por varios motivos. Primero, por el propio personaje, que está lleno de contradicciones y que me ha llevado a explorar diferentes aspectos de mi propio yo. Además, está la propia dramaturgia, que va saltando de un momento presente —en el que el personaje está en su peor momento y cerca de la muerte— a momentos pasados de su vida en los que obviamente nada de eso le ocurre, y todo esto sin prácticamente un momento para pensar, ya que la obra es muy dinámica. Luego, el reto físico, puesto que Houdini era un súper atleta, con una forma física espectacular (de la cual presumía todo el tiempo) y que era la que le permitía hacer sus hazañas. Yo acabo de cumplir los 50 y, obviamente, cada vez se hace más difícil estar a tope para hacer un musical, y más este, en el que el esfuerzo físico es máximo. Y, por último, la magia. Jamás había trabajado la magia y para este personaje he tenido que trabajar duro, ya que la magia es muy puñetera, no permite el mínimo fallo.

Ha participado hace poco en los Premios Ejército 2025 interpretando a un capitán de los Tercios de Flandes. Desde su experiencia artística, ¿qué cree que puede aportar la cultura a la misión de inspirar servicio, compromiso y unidad en la sociedad actual? La cultura siempre ha sido un vehículo perfecto para llevar ideas a los espectadores. A través de la música, el teatro o cualquier forma artística se llega al corazón de los espectadores. Cuando un espectador entra en una sala de teatro, o ve un cuadro, esa idea que la propia obra quiere enfatizar llega al espectador sin filtro y a través de un camino muy distinto al que puede ser un simple discurso.

Usted comenzó estudiando la carrera de Biología antes de dar el salto al arte dramático. ¿Qué fue lo que le hizo tomar la decisión de cambiar de rumbo y apostar por la interpretación? Pues el simple hecho de que, desde que me subí a un escenario por pura casualidad, me sentí en mi espacio. Sentí que eso era lo que quería hacer. Durante mi etapa de estudiante había dado tumbos buscando a qué quería dedicarme en el futuro. Entré en Biología por descarte, pero cuando probé la interpretación lo tuve claro: supe que eso era a lo que me quería dedicar, y a partir de ese momento me dediqué en cuerpo y alma a prepararme para ello.

En su trayectoria, el teatro musical ha tenido un peso importante. ¿Qué le aporta ese formato que no encuentra en otros géneros? El musical es un género tremendamente difícil y sacrificado, pero que permite a los actores que, además de la interpretación, tienen entre sus habilidades cantar y bailar, el poder expresarlo todo a través de cualquiera de esos tres vehículos. Siempre he dicho —y me reitero— que un actor de musical puede hacer cualquier otro tipo de obra de teatro, serie o película; sin embargo, la mayoría de actores que vemos en televisión o en el cine difícilmente podrían estar en un musical. Digo esto porque, al hacer musicales, he sentido muchas veces cómo la propia profesión trataba con menosprecio el género, y sin embargo, al trabajar tantas veces en musicales, me he visto rodeado de artistas de enorme talento a los que, por el simple hecho de dedicarse a este género, se les cierran puertas en el mundo audiovisual.

Un paso adelante marcó un antes y un después en su carrera. ¿Cómo ha evolucionado su relación con aquel fenómeno que aún mantiene un enorme recuerdo en el público? Ha evolucionado muchísimo, ya que al salir de la serie llegué a odiarla con todas mis fuerzas. Odiaba todo lo que tenía que ver con ella, y que la gente me la recordara me hacía sentir muy mal. Pero poco a poco ese sentimiento fue cambiando y evolucionando hasta lo que es ahora: un recuerdo muy cariñoso y un ser consciente de lo mucho que aprendí y que me dio aquella serie. Fueron tres años y pico de trabajo durísimo, probablemente lo más duro que se haya hecho a nivel audiovisual en este país. El fenómeno fan y, sobre todo, la visión del propio mundo del espectáculo hacia los que estábamos en esa serie fueron los detonantes de que al salir no quisiera ni recordarla. Pero poco a poco eso se ha ido desvaneciendo y quedando solo lo positivo, que fue mucho.

Actor, cantante y bailarín. ¿Cómo consigue usted gestionar esa triple exigencia sin que ninguna faceta pierda fuerza? Yo amo mi profesión, y como dije antes, desde que tuve claro a lo que quería dedicarme, me autoimpuse una disciplina de trabajo que a veces ha sido desmedida, pero que también ha hecho que mejorara mucho en todas las facetas. Aunque, como he dicho, también ha habido veces en las que esa autocrítica feroz me ha traído más perjuicios que beneficios. El balance entre la autocrítica y la autocomplacencia tiene que estar bien nivelado. Mucho de cualquiera de ambas es tremendamente negativo para el crecimiento tanto personal como artístico.

Participó en Tu cara me suena, mostrando una notable versatilidad. ¿Qué aprendió allí que haya incorporado después a su trabajo? ¡Muchísimo! Aprendí a no autoflagelarme, como decía antes, y a ser menos crítico conmigo mismo. Y al trabajar tantas formas diferentes de cantar, aprendí a usar mi voz en registros que no sabía que tenía y que me han hecho mejorar mucho como cantante.

Málaga sigue siendo una brújula emocional en su carrera. ¿Qué representa para usted volver a casa, a sus orígenes? Todo. Para mí, la familia y los amigos son lo más importante, mi pilar y mi fuerza. Sin ellos dudo que hubiera podido aguantar en este mundo tan inestable en lo emocional. Se necesita tener esos anclajes fuertes a la tierra para que la propia locura que genera este mundo no te lleve por delante.

Lleva tres décadas sobre los escenarios. ¿Cómo se mantiene la ilusión cuando ya se ha vivido de todo en la profesión? Cuando tu profesión no es solo eso, sino que es tu pasión, resulta todo mucho más sencillo. Además, siempre hay nuevos retos a los que enfrentarte, y para muestra está Houdini, que me ha llevado a un nivel de exigencia máximo y que me ha supuesto un gran desafío. Así que, mientras sigan apareciendo este tipo de personajes en mi carrera, la ilusión se mantendrá intacta.