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Conocer a… Sargento Hugo Pérez: ‘El boxeo es un deporte como cualquier otro’

Sargento y boxeador, ese es Hugo Pérez,
destinado en la Compañían de Transmisiones del Batallón de Cuartel General
 de  la Brigada “Aragón” I, en Zaragoza.

Al principio, a sus padres no les hizo mucha gracia la idea de que practicara el deporte de los puños, pero una vez que empezó siempre han estado a su lado y han celebrado sus logros. El último, el oro en categoría de menos de 71 kilos en Boxeo Olímpico, en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos (para miembros de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Fuerzas Armadas…) en Los Ángeles, el verano pasado.

Conocer a... Sargento Hugo Pérez: 'El boxeo es un deporte como cualquier otro'
Conocer a… Sargento Hugo Pérez: ‘El boxeo es un deporte como cualquier otro’

«Solo mi abuelo, a escondidas, me decía “si vas a hacerlo, hazlo, pero no pierdas el tiempo”. Es muy gracioso, porque el hombre es como un mánager despiadado y sin sentido del peligro que, cada vez que me siento a hablar con él y le digo ha salido una competición en…, o voy a ir a entrenar a…, sin dejarme acabar de hablar, ya me está metiendo los guantes en la mochila y mandándome al aeropuerto», explica el suboficial.

Aunque sus inicios estuvieron en las artes marciales, pronto le aconsejaron convertirse en púgil y, en eso, su llegada a la capital del Ebro fue decisiva: «Aquí he conocido a Alfredo Evangelista, Joan Pintor y Miguel Ángel Peña. Tanto Joan como Miguel Ángel son consagrados boxeadores profesionales que, desinteresadamente, me entrenan todos los días en el Club de Boxeo “Zaragoza”. Son un gran apoyo, y no solo en lo deportivo, porque desde el primer día que empezamos a trabajar juntos hubo una conexión especial».

Conocer a... Sargento Hugo Pérez: 'El boxeo es un deporte como cualquier otro'
Conocer a… Sargento Hugo Pérez: ‘El boxeo es un deporte como cualquier otro’

Para el sargento Pérez, «el boxeo es un deporte como cualquier otro, aunque la gente tenga otra opinión por desconocimiento». Asegura que para practicarlo y obtener buenos resultados es necesario sacrificio, constancia, humildad y un buen equipo. Un deporte que implica velocidad, reflejos, resistencia, una pizca de valor, fuerza y, «aunque mucha gente no lo crea, mucha inteligencia y destreza, puesto que una gran parte del juego es la estrategia». Por eso, el militar recomienda
vivamente su práctica a otros compañeros.

«Aunque mucha gente no lo crea requiere inteligencia
 y destreza, puesto que una gran parte del juego es
la estrategia»

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Conocer a… Sargento Hugo Pérez: ‘El boxeo es un deporte como cualquier otro’

 

Si algo destaca del sargento Pérez es su humildad: «No soy campeón mundial ni nada por el estilo. Simplemente fui a varios torneos y, entre ellos, en el de Estados Unidos fui el mejor esa semana. Simplemente fui el ganador ese día, en ese campeonato»

‘299 DÍAS EN LA OSCURIDAD’

Entrevista con Antonio Pampliega

Aunque era el decimosegundo viaje a Siria para el periodista Antonio Pampliega (Madrid, 1982), aquella vez presentía que iba a ser diferente. El reloj que, supersticiosamente, llevaba siempre en su muñeca se paró antes de cruzar la frontera entre Turquía y Siria, y lo guardó en su mochila.

Con una traición por parte del guía que les acompañaba comenzó el calvario para este free lance que fue secuestrado, junto a José Manuel López y Ángel Sastre. Confundido con un espía y separado de sus compañeros, comienzan los malos tratos y las amenazas de ejecución para el periodista, presionado hasta el punto de que intentara acabar con su vida. En la Oscuridad cuenta su testimonio, un libro que está dirigido a los que más sufrieron su cautiverio: su familia.

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Antonio Pampliega

EL SECUESTRO

 Tras haber padecido 299 días de secuestro, ¿cómo cambia la vida?

Te das cuenta de que ningún reportaje vale tu vida. Antes era capaz de jugarme la vida, priorizar mi trabajo por encima de mi familia, y cuando te ocurre algo así te das cuenta de que hay cosas más importantes que ser periodista de guerra. Desde que empecé a realizar crónicas de guerra, hace diez años, me he pasado cinco fuera. Me he perdido Navidades, cumpleaños… También he aprendido, con el secuestro, que los periodistas somos objetivo y no somos inmortales.

Durante la primera parte del secuestro cuenta que enseñó a jugar al ajedrez a uno de sus secuestradores, ¿había alguna estrategia detrás de esa partida?

Simplemente se desarrolla en un momento concreto del secuestro, en el que nuestros captores van a cara descubierta. Llega un momento en el que te das cuenta de que no son yihadistas, no son soldados, sino que son personas normales a los que la vida les ha puesto en una determinada situación. El trato, en esta primera parte, era bueno. Él quiso jugar al ajedrez y yo le enseñé. Cuando vas jugando todos los días acabas conociendo a la persona que tienes enfrente. Descubres, entonces, que tiene 19 años, no había podido terminar sus estudios, y que la guerra le había hecho perder a parte de su familia. Él sólo quería vivir en paz y libertad. Llegas a comprenderle, pero no a justificarle.

Cambia cuando se queda sólo…

Sí, entonces a quienes tengo enfrente son fanáticos religiosos. Se jactan cuando hay atentados en París y Bruselas, nos dicen que los próximos vamos a ser nosotros, me intentan convertir al Islam. Aquí ni comprendes ni justificas.

En los momentos del secuestro, cuenta en el libro, que hablaba con Dios…

Cuando empecé a cubrir la guerra en Siria dejé de rezar, porque no entendía que Dios permitiese que hubiese niños destrozados por las bombas. Esto cambia en el momento en que a mí me separan de mis compañeros durante el secuestro. Estoy aislado, solo, y decido empezar a retomar la relación que había y todos los días hablo con él como si fuera mi amigo.

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Pampliega fue entrevistado para Tierra en la Escuela de Guerra del Ejército

¿Tenía la esperanza de que iba a regresar?

Llegas a perder la esperanza. Los primeros meses, al estar con tus compañeros y el trato no ser malo, mantienes la esperanza. En el momento en que me separan de ellos y cambia el trato, llegan las peleas, o simulan mi ejecución, piensas que no vas a salir.

Durante el secuestro le confunden con un espía, y le separan de sus compañeros, ¿qué cree que hubiera ocurrido si en lugar de ser periodista hubiese sido militar?

Me hubiesen ejecutado, porque ellos me lo decían sin ningún tipo de tapujos. Me decían que a los militares y a los espías les mataban sin contemplaciones.

LA DESESPERACIÓN

Llegó hasta tal punto que se planteó terminar con su propia vida…

Sabes quién te tiene y entonces dices “ya lo hago yo”. Me arrepiento de haber intentado quitarme la vida. Yo creo que, en esas circunstancias, cualquier persona se lo habría planteado.

Antes del secuestro había pasado varias Navidades sin su familia. Pero en 2015 lo hizo en Siria, secuestrado, y celebró el cambio de año comiéndose una mandarina. ¿Cómo vivirá la Navidad este año?

La pasaré en casa, con mi familia, disfrutando, no sólo de la Navidad, sino de todos los días de mi vida, que es algo que no valoramos hasta que nos ocurre algo de esto. Aquella Navidad de 2015 partí la mandarina en 12 gajos y me los empecé a comer para sentirme más cerca de ellos.

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299 días en la oscuridad

EL ANHELO

¿Cree que puede ser similar su sentimiento al de un militar que está en misión y siente el anhelo de su familia en esas fechas del año?

Sí, claro. Yo entiendo que, para los militares desplegados en el exterior, uno de los momentos más duros es la Navidad, porque es cuando se reúne la familia.

LA SUERTE DE SER ESPAÑOL

Si tuviera que dedicar el libro a un militar, ¿qué le pondría?

Que el miedo, la tristeza y la desesperación nunca te empujen hacia la oscuridad, porque siempre hay luz al final del túnel. A un militar, por supuesto, le daría las gracias por jugarse la vida por nosotros y por nuestra libertad. Son ellos los que están en primera línea luchando contra el terrorismo internacional.

¿Qué siente hacia su país, tras lo ocurrido?

Estoy orgulloso de ser español. Sabía que había gente trabajando por nosotros y que mi Gobierno no me iba a dejar sólo. Esa es la gran suerte de ser español.

EL LIBRO

 ¿El libro es una forma de dar las gracias su familia?

No quería escribir el típico libro de aventuras y desventuras de lo que ha sido un secuestro, sino mostrar quién hay detrás del corresponsal de guerra. Nosotros no somos personas ajenas al miedo, somos de carne y hueso. El corresponsal también llora. Pero, sobre todo, el libro es un regalo a mi familia.

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299 días en la oscuridad

 ¿Por qué se decidió a contarlo?

Al principio no me encontraba preparado, quería tomarme un tiempo para reflexionar. En caliente, la euforia te puede llevar a decir ciertas cosas de las que te puedas arrepentir, así que tardé un año en contarlo.

Dedicatoria al Ejército

 <<Que el miedo, la tristeza y la desesperación nunca te empujen hacia la oscuridad, porque siempre hay luz al final del túnel. >>

 Antonio Pampliega