Conocer a…Soldado Campos

Nos dejamos la piel para llevar al hockey gallego a lo más alto

Texto: Ana Vercher

Hablar del hockey sobre hierba es hacerlo de un deporte poco conocido en España que, sin embargo, está muy extendido en otras partes del mundo y cuyo origen es milenario. Ya en el antiguo Egipto hay constancia de su práctica, como puede apreciarse en un bajorrelieve datado en el 2000 a. C. en el que aparecen dos personas utilizando palos con una pelota entre ellos. De igual manera, existe una escultura irlandesa del siglo II a. C. en la que se representa esta actividad a la que los griegos llamaban keretízein y los romanos paganica.

Todas ellas son variantes de un deporte que, si bien —como decíamos— no es mayoritario en nuestro país, sí que ha ido ganando cada vez más adeptos. Uno de ellos es el soldado Campos —destinado en el regimiento «Isabel la Católica» nº 29, perteneciente a la Brigada «Galicia» VII—, quien comenzó a practicarlo con apenas 14 años, en su Vigo natal.

«Acostumbrado a que lo normal en educación física fuese el baloncesto, fútbol, etc., lo que más me llamó la atención fue el stick —o palo— y el hecho de que tuviese una herramienta que fuese necesario dominar para
poder siquiera darle a la bola. Eso, junto con las reglas básicas, hizo que me enganchara», explica el soldado Campos, quien lo conoció gracias a una visita que el presidente del club Vigo Hockey hizo a su instituto.

A partir de ahí, ha pasado por muchos equipos en estos más de 20 años que lleva dedicándose a él: desde el propio Vigo Hockey hasta fichar por equipos como el Athletic de La Coruña o el Cudeiro de Orense, donde competía en la primera división gallega. Ahora, ha dado un paso más en su interés por dar a conocer este ejercicio que tantas satisfacciones le ha dado y, junto a otros tres amigos, ha creado el H.H. Vigo Stick, un equipo con el que juega en segunda división y en cuya promoción se encuentra inmerso.

«El primer motivo por el que cuatro locos decidimos crear este club fue la misma razón que tienen la mayoría de los que apoyamos este deporte: darle más visibilidad en mi ciudad y que así crezca el hockey gallego. Nos juntamos en la terraza de un bar, donde comenzamos a hablar de cómo podíamos hacerlo, y de ahí salieron los estatutos, actas y demás papeleos burocráticos para que este club se iniciase. Con eso y un trabajo previo para reunir a la gente, conseguimos sumar 18 fichas, y así poder participar en la liga», comenta el soldado.

No obstante, este proyecto, aunque ilusionante, no está exento de dificultades. Entre ellas se encuentra el hecho de que el hockey requiere de una equipación específica que el jugador debe llevar, por ello «lo más difícil de todo está siendo darse a conocer en las escuelas e institutos, pues no es como otros deportes donde solo se necesita una pelota y ganas. El tema del material para un club sin presupuesto y empezando de cero supone un gran inconveniente». Afortunadamente, la Federación gallega les está ayudando para, poco a poco, ir avanzando y cumpliendo objetivos.

Asimismo, el hecho de tratarse de una actividad minoritaria es otro hándicap en cuanto a espacios para el entrenamiento se refiere: «Utilizamos espacios públicos de fútbol, donde poder dedicarle un par de horas, dos días a la semana, aunque es difícil encontrar un campo vacío», asegura.

Para intentar solventar este problema, se encuentran en negociaciones con una asociación vecinal de Vigo. «Cuentan con un pequeño campo de unos 40 x 20 metros, de corcho muy desgastado, el cual queremos rehabilitar con la ayuda de la Federación gallega, para así poder ponerle un tapete de hierba artificial por encima. Esto sería casi lo más cercano a un campo de hockey que tendría Vigo y podríamos paliar la carencia de este tipo de espacios en la ciudad», aclara el soldado Campos.

Se trata de un «pequeño gran proyecto» en el que este soldado, militar desde 2008, tiene puestas muchas esperanzas, con la ilusión de que se haga cada vez más grande: «En estos deportes minoritarios, los causantes de que no desaparezcan en Galicia son unos pocos “guerreros” que, sin ánimo de lucro y por intentar llevar el hockey gallego a lo más alto, se dejan la piel para verlo crecer cada vez más y más», finaliza el soldado Campos.

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