Un militar de la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra ha forjado una amplia trayectoria como mago desde que tenía 16 años
Felipe Pulido / Madrid
El teniente coronel Robredo ejerce como profesor en la Escuela de Guerra del Ejército, en Madrid. Sin embargo, con un poco de salsa, entrenamiento, algo de gracia y algunos juegos de magia, que él mismo ha personalizado, es capaz de pasar de militar a mago en solo cuestión de segundos.
Esta faceta es conocida por muchos en la institución, ya que el protagonista de esta historia, no solo no lo esconde, sino que tampoco duda en coger la baraja de cartas y dejar sorprendidos a sus compañeros.
No es algo casual, ni esporádico. Todo empezó cuando tenía 16 años y el mago Juan Tamariz logró hechizarle mientras lo veía en la televisión. Rápidamente compró su primer libro de magia y empezó a dar sus primeros pasos.
Aquello marcó el inició de una larga trayectoria, en la que este gaditano ha realizado cerca de 800 actuaciones. Ya en sus años de cadete en la Academia General Militar, en Zaragoza, realizaba algunos juegos de magia frente a sus compañeros, con los que captaba su atención y les servía de entretenimiento.
Durante su primer destino, en Melilla, en el empleo de teniente, se encontró con el mago Alfonso Ríos, que realizaba el servicio militar en la Ciudad Autónoma. También conoció en esta estancia a Emilio García Alemany, con quien mantiene buena amistad y colaboraciones.
En esta etapa, el entonces teniente, realiza interpretaciones ante el público en pubs y otros locales de ocio, incluso ya de forma habitual en algunos de ellos. Proseguirá en esta faceta con su cambio de destino a Badajoz, donde seguirá desarrollando cada vez más sus destrezas y habilidades.
Y llegaron las misiones en el exterior, cinco en diez años, que no le hicieron detener el ritmo. «Cuando estás desplegado todo tiene su momento, y vi que a los compañeros les gustaba lo que yo realizaba», explica el teniente coronel.
Aprovechaba los ratos más tranquilos para hacer disfrutar al personal, pero la cosa no quedó ahí: «durante las misiones en Bosnia actué en colegios y orfanatos ante niños que habían perdido a su padre durante la guerra», recuerda.
En 2011, se inscribe como socio en el Círculo Mágico de Madrid, que forma parte de la Sociedad Española de Ilusionismo.
En el ámbito del Ejercito ha actuado en diferentes lugares, ha amenizado reuniones de trabajo, en centros deportivos y de ocio militares y, también, en comidas y cenas.
Actualmente, como profesor en la Escuela de Guerra, utiliza las técnicas que le aporta esta faceta para captar la atención de los alumnos: «la magia y la labor como profesor tienen puntos en común y a mí, personalmente, me ayuda a mantener la atención de la audiencia, o que pierdan el miedo escénico», apunta.
Precisamente, la labor de docente ha sido la que le ha empujado a volcar todo su trabajo en el libro Magia en clave de aficionado, que se presentará el 14 de noviembre, en la Residencia Logística Militar “Infante Don Juan”, en Madrid. Está compuesto de dos volúmenes, con 16 juegos personalizados, un número que recuerda la edad con la que él empezó. «Aquí no hay trucos», recuerda, a lo que añade que todo son juegos de magia.
Y entre todos ellos, está el más especial: Mi reloj personal. Inspirado en un conocido juego de cartas, tiene un significado muy importante, ya que va dedicado a un teniente diplomado en montaña, que perdió la vida en 1993 durante una marcha militar. Para este juego utiliza el mismo reloj del militar fallecido. Cada vez que lo representa, la magia de la tierra conecta de una manera muy especial con la del cielo.
El teniente coronel recuerda que es solo un aficionado, y que no se dedica profesionalmente a ello, pero, a veces, la magia está en las pequeñas cosas y arrancar unas pocas sonrisas es el mejor hechizo para la felicidad.

