ENTREVISTA A… RAMONCÍN

“Mi primer disco lo grabé estando en la mili”

Texto: Miguel Renuncio / Madrid     Fotos: Sdo. Iván Jiménez (DECET)

José Ramón Julio Márquez, Ramoncín (Madrid, 1955), es mucho más que el cantante de rock que todos conocemos. Actor, escritor y presentador de televisión, recientemente ha sido nombrado embajador de la Marca Ejército, lo cual le llena de orgullo y le hace recordar, siempre con agrado, su paso por el servicio militar.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

Yo nací en un taxi en la Puerta de Alcalá —más madrileño, imposible—, porque mi madre se puso de parto y no le dio tiempo a llegar al hospital. En aquella época, ser madre soltera estaba muy mal visto, así que ella terminó yéndose de casa y yo me quedé con mi abuelo y mis tíos. Por eso, he tenido dos madres: la biológica y mi tita Engracia, a la que siempre consideré “mi vieja”. Vivíamos cerca de Atocha, rodeados de fábricas, en una época en la que todo el mundo tenía trabajo. Los chavales no éramos pobres; simplemente, no teníamos caprichos. En definitiva, tuve una infancia maravillosa.

¿Fue su abuelo quien le inculcó la pasión por la literatura?

Sí, él tenía la costumbre de leer en voz alta, y así es como yo escuché todos los clásicos. Nos leía el Quijote y, a la vez, nos lo iba explicando. Además, le encantaban Zorrilla y Espronceda. En el colegio también leíamos mucho: Cervantes, Lope de Vega… No creo que ninguno de nosotros dejara de leer el Lazarillo de Tormes o El Buscón. Luego yo leí a la Beat Generation (Kerouac y otros autores), y eso fue fundamental para mí. No tengo escritores favoritos, pero sí tengo pasión por Robert Louis Stevenson, a quien los nativos de los mares del sur llamaban Tusitala, “contador de cuentos”. Uno de los sueños que espero cumplir algún día es subir al monte Vaea para visitar su tumba.

¿Cómo fueron sus comienzos en el mundo de la música?

En 1976 vi un anuncio en la revista Disco Expres que decía: Se busca cantante para grupo de Vallecas. No importa que sea muy bueno pero que se lo monte bien en el escenario. Yo pensé: «Ese soy yo», y me presenté.

Al año siguiente le tocó hacer el servicio militar

Sí, hice el campamento en San Clemente Sasebas y, cuando terminé, me mandaron a la Plana Mayor del Regimiento “Jaén” nº 25, en Barcelona, y después a Madrid. Para entonces yo ya era padre, así que me rebajaron de servicio. Fui a Sanidad, donde estuve en la pagaduría, y aquello me trajo al Palacio de Buenavista. Aquí conocí al teniente coronel Gonzalo González de Lara, que entendió muy bien lo que yo estaba haciendo: fue uno de los primeros en ver la foto de mi primer disco… ¡Aquel disco lo grabé estando en la mili! Incluso fui a Barcelona al primer festival punk y me sacaron a doble página en Interviú.

Durante el servicio militar, se llevó algún que otro susto

Sí, una noche que tenía refuerzo se paró un coche justo enfrente de la garita. De él se bajaron dos tíos, que se tiraron cuerpo a tierra y cruzaron la valla. Yo llamé a mi brigada y rompí el foco de la garita —era un blanco muy fácil—. Les di el alto un par de veces, pero, como seguían avanzando, tuve que disparar: la primera vez al aire y la segunda a tierra. ¡Cómo suena un CETME a las cinco de la madrugada en Carabanchel! Entonces dieron media vuelta y, cuando ya huían, disparé a la parte trasera del coche, que posteriormente apareció abandonado con el impacto de bala. Nunca supe quiénes eran, pero en aquellos años podía ser cualquiera.

Seguro que también tuvo anécdotas más agradables

Por supuesto. Un fin de semana, durante el campamento, me fui con dos compañeros a ver a Dalí. Pensábamos que estaba en Figueras, pero resulta que estaba en Cadaqués, así que nos presentamos allí, a la puerta de su casa. Él nos recibió y nos trató de maravilla.

La fama le llegó con tan solo 22 años, gracias a una actuación en Televisión Española

Ya había sacado mi primer disco y se había hablado mucho de mí, pero la gente prácticamente no me había visto. Entonces, me ofrecieron ir al programa Dos por dos, que se emitía los sábados por la noche y tenía 18,5 millones de espectadores, algo impensable hoy en día. El tema elegido era Rock and roll dudua, pero yo decidí cantar Marica de terciopelo. Después nos fuimos a Francia, a pasar una semana tocando en el club más de moda que había en París, y al volver a España fue increíble: en los quioscos no había una sola revista donde no estuviera mi cara.

Sin embargo, poco después tuvo problemas con la discográfica

Cuando ya tenía terminado mi segundo disco, el director general me dijo que quería reescribir las canciones. ¿Perdona? Yo hubiera entendido que quisiera volver a grabar las guitarras, o meter unos teclados o unos coros. Pero las letras, no. ¡No las toca nadie! Entonces, decidí irme a otra compañía, pero él no quería darme la carta de libertad, así que un día me presenté con una lata de gasolina y debió de pensar: «¡Este me prende fuego!». Así que me dio la carta.

Seguramente el peor momento de su vida llegó en 2015, cuando tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados…

Yo creo en la justicia y, al analizar lo que estaba ocurriendo, me di cuenta de que me había convertido en el “pimpampum” de ciertas personas por mi defensa de los derechos de autor, que es algo que hoy en día todo el mundo entiende. Como estaba seguro de mi honradez, les dije a mis abogados que llegaran hasta el final, porque no iba a permitir que nadie dijera que yo me había llevado ni un solo euro. Y salí absuelto, pero reconozco que el juicio mediático fue demoledor. Si no fuera por el carácter que tengo, me hubiera hundido.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Personalmente, quiero que mis amigos y mi familia me recuerden como un buen tío. En cuanto a mi música, si me dijeran que tengo que elegir una única canción de mi repertorio, me quedaría con Miedo a soñar, porque en ella cuento lo que yo creo que es la vida. Ahora bien, sé que estaré más que muerto y la gente seguirá cantando Hormigón, mujeres y alcohol, de lo cual me alegro muchísimo. De hecho, ahora sales a la calle y le dices a un chaval: «Litros de alcohol…», y la sigue cantando. Eso no tiene precio.

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