«SIEMPRE RECORDARÉ EL APOYO DE LOS MILITARES CUANDO
JUGAMOS EN BOSNIA»
El pabellón de deportes de León ruge cada vez que los micrófonos anuncian el nombre de Manolo Cadenas (Valdevimbre, León; 1955). El entrenador del Balonmano Ademar encara su tercera época en este club, tras pasar por el Barcelona y el Granollers, además de otros equipos internacionales. Durante tres años, fue el seleccionador de balonmano de España y ahora dirige el de Argentina, que compatibiliza con el Ademar. Le apasiona tanto este deporte que sigue concienzudamente casi todos los partidos y reconoce que le cuesta dormir pensando en mejorar las jugadas. Solo basta hablar con él para saber que Cadenas no pide nada a sus jugadores que antes no se haya exigido a sí mismo.
Toda su vida ha estado dirigiendo desde los banquillos. Incluso cuando hizo la “mili”, en Zaragoza, ya le gustaba entrenar a balonmano a los demás reclutas. Sí, aunque fui jugador, pero no mucho tiempo. Yo quería ser entrenador para influir decisivamente en la marcha de un equipo. Llegué a jugar en el Vallehermoso (en Madrid), aunque éramos los últimos en la División de Honor de balonmano. Veía que no hacíamos un esfuerzo para salir de esas posiciones y pensé que como jugador era uno más, pero que como entrenador podía marcar la dinámica del grupo y por eso creo que nació ese deseo de entrenar.

Llama la atención que siempre ficha a jugadores muy jóvenes —es el segundo equipo más joven de la Liga—, que después acaban despuntando. Me atrae el perfil de un jugador que quiere algo más, que quiere desarrollar su potencial. Al final, compartir con ellos ese objetivo es con lo que disfruto: siendo una parte importante del desarrollo y del potencial de los jugadores. Creo que lo importante es que les doy el apoyo continuo y el entrenamiento adecuado para hacerles creer en sus posibilidades.
Ha ganado casi todos los campeonatos. ¿Le queda algún logro por conseguir? Muchos. Digamos que los logros deportivos son, por supuesto, importantes, pero lo son más cuando un equipo crece y supera las expectativas, y sobre todo el desarrollo de los jugadores. Saber que has sido importante, que les has convertido en grandes jugadores y personas —como a veces me reconocen algunos—, es una de las grandes satisfacciones.
De alguna forma, usted también ha madurado con ellos. Sí (ríe). Para mí, es una gran ayuda personal estar con gente joven y tener que evolucionar con el tiempo, no quedarse con las ideas con las que empecé a entrenar hace 45 años. Creo que me ha ayudado mucho en la vida el mantenerme con la mente abierta y joven, además de estar y convivir con generaciones distintas.
Tiene vínculo directo con las Fuerzas Armadas: uno de sus jugadores, Andrew Donlin, es militar. Sí. Es capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y es un ejemplo. En mi vida había tenido un jugador que entrenase con esa intensidad, da gusto, además de por su formación y educación. Aunque no tiene una gran incidencia en los partidos, en el día a día del equipo posee unos valores que todos deberíamos copiar.
¿Cómo encara esta temporada, con un equipo completamente renovado? Siempre hay que adaptarse y el equipo que lo hace es el que más beneficios puede sacar en ese sentido. Intentamos ver cómo actuar en estos tiempos de crisis y estoy contento porque, a pesar de la situación, el equipo muestra mucha ilusión. No nos podemos dejar influir por los aplazamientos de partidos o por la situación económica —que nos afecta también—, sino que debemos intentar dar lo máximo y así, por lo menos, tendremos la satisfacción deportiva de prepararnos para ganar partidos y disfrutar. La razón básica por la que jugamos a balonmano es porque nos gusta y, pase lo que pase, eso nunca se debe perder.
¿Cuál es su mejor recuerdo con el Ademar? Por supuesto, cuando ganamos la Liga ASOBAL, en 2001. En nuestro caso, todos queremos ser héroes deportivos y, entonces, el equipo del Ademar batió al Barcelona, que llevaba ganadas cinco ligas consecutivas. En un momento que parecía de crisis –al principio de la temporada–, tuvimos tanto miedo de no ser competitivos y no corresponder a las expectativas, que aprovechamos esa energía y acabamos siendo campeones de la Liga. Lo importante es que batimos al Barcelona, lo que, en aquel momento, era algo impensable para la mayoría de los equipos.
¿Qué significa para usted el Ademar? El Ademar es el equipo de mi vida y fue uno de mis grandes deseos cuando empecé a entrenar. Ya llevo 15 temporadas y, por tanto, he ido cumpliendo ese objetivo que me planteé cuando era joven.
También es seleccionador del balonmano argentino. Me imagino que habrá diferencias entre esta competición y la española. Sí, en el caso de España podías aspirar a ganar a cualquier equipo del mundo. Con Argentina, aunque es un equipo de segundo nivel, también tienes grandes objetivos, como la clasificación que conseguimos para ir a las Olimpiadas, ante un equipo como Brasil, superior a nosotros. Con lo cual, para Argentina es lo máximo. Básicamente, es lo mismo, dentro de las posibilidades de cada grupo: hacerles crecer y llevarles más allá incluso de lo que la gente piensa. Ese es el objetivo.
EL ADEMAR Y EL EJÉRCITO DE TIERRA
El 9 de abril de 2005, el Ademar se batió contra el Ljubuski, en Bosnia, para luchar por la Recopa de Europa. No fue un partido cualquiera y los jugadores sintieron que estaban más cerca que nunca de España: desde las gradas, dos centenares de militares aplaudían y vitoreaban al equipo leonés, equipados con bufandas, camisetas, carteles… Cada gol ademarista era un grito de quienes vestían el uniforme. Previamente, la expedición había compartido unas horas con los casi 500 efectivos del Ejército de Tierra —una gran mayoría procedentes del Mando de Artillería de Campaña, de León— destinados en la base “Europa”, en Mostar, donde los jugadores conocieron el día a día de la misión.
Cadenas lo rememora: «El balonmano es un deporte minoritario y el Ademar es un club conocido en Europa, pero no es un deporte significativo en el panorama mundial. Por eso, siempre que sales fuera y te encuentras con gente que sigue al Ademar… Para nosotros fue muy emotivo. En aquel caso, estábamos jugando en Bosnia y tener el apoyo de los militares, además de visitar su base… Desde luego que fue una satisfacción, y una motivación para ofrecerles la victoria ante el Ljubuski. El ambiente del Ademar lo tuvimos allí, en Bosnia. Es un recuerdo para toda la vida».


