Residencia Militar Virgen del Puerto: «Garantía de éxito»

La preciosa villa cántabra de Santoña acoge la Residencia Militar de Acción Social de Estudiantes “Virgen del Puerto”, uno de los 33 centros que la Dirección de Asistencia al Personal —del Mando de Personal—tiene distribuidos a lo largo de toda la geografía española para servir de apoyo a los componentes del Ejército y a sus familias. Al igual que la Residencia Militar “Virgen de la Paz” de Ronda (Málaga), su razón principal de existencia es la preparación y formación de los militares de tropa para su ingreso por promoción interna en la Academia General Básica de Suboficiales, lo cual hace que ambas residencias sean «especiales y diferentes», tal y como apunta el director de la de Santoña, coronel Bermejo.

Además, si bien la preparación que en ellas se da va dirigida al acceso a la Escala de Suboficiales, «el contenido y nivel de las materias que se imparten permite a los alumnos presentarse también a la Academia General Militar de Zaragoza y acceder a la Escala de Oficiales», añade el
coronel.
En un principio, esta Residencia Militar comenzó su andadura en 1960 como Instituto de Enseñanza Media para hijos y huérfanos de militares en régimen de internado, así como para estudiantes civiles —de Santoña y de otras localidades cercanas—, ante la falta de centros en la zona. En el año 1988 se amplían sus servicios con la creación de la Sección de Preparación dentro del Patronato, germen del actual “Curso de Preparación para el Ingreso en los Centros de Formación del Ejército de Tierra”.

No obstante, y aparte de su función principal de preparar y formar a los soldados para que afronten con garantía de éxito sus exámenes de ingreso en las academias militares del Ejército, «ofrece alojamiento y manutención como residencia de acción social (con capacidad de alojamiento para 56 residentes) a los militares y a sus familias, y acoge en verano campamentos de niños y jóvenes hijos de militares», apunta el coronel Bermejo, quien está al frente de la Residencia desde febrero de este año.

En los más de 30 años que lleva en funcionamiento como centro de preparación, han sido 5.400 los alumnos que por ella han pasado. En concreto, en este curso 2021-2022 son 100 alumnos procedentes de distintas unidades del Ejército de Tierra.

Organización

Respecto a su organización, cabe destacar que la plantilla cuenta con 28 personas, de las cuales 8 son militares, y se distribuye en dos bloques principales: «El Área de Administración y Gestión, con un capitán al frente —la cual realiza todas las tareas necesarias que conlleva el funcionamiento de la Residencia—, y la Jefatura de Estudios, encabezada por un teniente coronel jefe de estudios y que cuenta con un capitán jefe de la unidad de alumnos, un brigada auxiliar y dos civiles de apoyo a tareas administrativas. Sin olvidar al experimentado y prestigioso cuadro de profesores», señala el coronel, quien se muestra satisfecho del renombre con el que cuenta esta institución y «el cariño que se le tiene en esta tierra». Algo, sin duda, a lo que él quiere contribuir de forma personal con «jornadas de puertas abiertas o visitas de colegios» que ya están preparando.

Estudiar en Santoña es una garantía de éxito para todos aquellos que han podido obtener plaza —y quienes cursan sus estudios en situación de “comisión de servicio no indemnizable”, sin perder su plaza en su unidad de origen—. Los números así lo demuestran: en el curso 2020-2021, un 98’8% de sus alumnos consiguieron entrar en las academias militares. Un porcentaje que no es algo puntual, ya que en los últimos años siempre han conseguido aprobar las oposiciones más del 90% de sus residentes. El secreto para conseguirlo está en la férrea disciplina con la que trabajan, en la que los alumnos viven en régimen de internado y absolutamente dedicados al estudio: «Funciona como una verdadera academia militar, en la que al alumno se le exige rigor, disciplina, excelente comportamiento y rendimiento en sus estudios, sin descuidar su formación física. Los internos reciben clases durante toda la mañana, seguidas de estudio y tutorías por las tardes, exámenes trimestrales de control…», asegura el coronel Bermejo. Junto a esto, la intención del director es que los estudios se compaginen con ciertas actividades culturales que también les hagan conocer el maravilloso entorno que les rodea.

Asimismo, se busca que la formación que reciben en esta Residencia sea lo más completa posible. Por eso, los alumnos también van a poder asistir a charlas orientativas sobre diversos temas, como salud y nutrición o valores militares.

Una forma de trabajar que le ha proporcionado a esta institución un gran prestigio, a lo que también ha contribuido el buen estado de sus instalaciones, con seis aulas bien equipadas, un aula de informática dotada de 24 ordenadores, servicio wifi, un gimnasio completo, pistas de pádel y frontón. Además, dispone de cafetería con terraza, sala de juegos, salón de actos, de conferencias, sala de televisión, capilla, biblioteca y zona de aparcamiento.

Inauguración del Curso

El acto de inicio del curso académico 2021-2022 se llevó a cabo el 15 de octubre, en el Patio de Armas de la Residencia “Virgen del Puerto” y bajo la presidencia del director, coronel Bermejo. En esta ocasión, el acto recuperó el tradicional desfile de la compañía de alumnos en el exterior del recinto militar, que pudo ser contemplado por numeroso público. Asimismo, se realizó una visita a la parroquia de Santoña, que precedió a la parada militar, en la que los alumnos realizaron una ofrenda floral a la Virgen del Puerto, patrona de la localidad.

«María Cristina»: colegio de huérfanas a Campus Universitario

El colegio “María Cristina” de Guadalajara cierra el ciclo de reportajes realizados con motivo del 150º aniversario del Patronato de Huérfanos del Ejército de Tierra. Un centro puntero, inaugurado en 1971, que acogía a las hijas de militares fallecidos

«Una unión como la que conseguimos allí es imposible de romper». Así habla Patricia Martínez de Tejada de sus compañeras del “María Cristina”, uno de los colegios que formaban parte de la red de centros destinados a acoger y apoyar a los huérfanos del Ejército de Tierra. Ella fue una de las cientos de niñas y jóvenes que por allí pasaron y a las que se conocía como “las Cristinas”, en alusión al nombre del mismo.

Tras el fallecimiento de su padre —comandante de Caballería— y con su madre ingresada en el hospital, Patricia cruzaba con tan solo 11 años y junto a sus cuatro hermanas las puertas del “María Cristina” en el que era su primer emplazamiento: Aranjuez (Madrid). Se acababa de iniciar la década de los 70 y en aquel entonces el colegio estaba en muy mal estado, ya que el edificio en el que se ubicaba databa de 1758. Se trataba, concretamente, de las Cocheras de la Reina Madre: una construcción civil que Fernando VI mandó levantar para albergar allí las caballerizas de su madrastra, Isabel de Farnesio.

Sería en 1965 cuando el conocido entonces como Ministerio del Ejército tomase la decisión de construir un nuevo colegio para huérfanas en una capital de provincia próxima a Madrid y que contase con Instituto, Escuela de Magisterio y Centros de Enseñanza. De esta manera, la ciudad escogida fue Guadalajara y la ubicación exacta para el centro, la antigua Academia de Ingenieros.

Tres años después, «comienza la construcción de un proyecto ambicioso, funcional y moderno que se levantó gracias al Servicio Militar de Construcciones y al aporte económico que supuso la venta en subasta pública del edificio de Aranjuez, así como a las aportaciones del Ministerio del Ejército y del Ayuntamiento de Guadalajara», apunta el coronel Nalda, del Órgano de Apoyo al Patronato de Huérfanos (PAHUET).

Inauguración del colegio

El nuevo centro fue inaugurado en 1971, con 328 alumnas —a pesar de tener capacidad para 500— y haciéndose cargo del mismo el Patronato de Oficiales del Ejército. En esa inauguración estaba Patricia: «Nos recuerdo vestidas con el uniforme del colegio; incluso salió en el NO-DO». El complejo, de 20.000 m2, contaba con un edificio central para la Dirección y Administración; dos edificios a la derecha para comedor y cocina, así como dormitorios y clases para las mayores; y otros tres edificios a la izquierda para enfermería, lavandería, sala de calderas, salón de actos-capilla y las clases de las alumnas de primaria. Las alumnas se podían desplazar de una dependencia a otra siempre por lugares cubiertos y dotados de calefacción, de lo que sin duda se carecía en Aranjuez. Además, dos tercios del complejo estaban dedicados a jardines y zonas deportivas —incluidas una pista de atletismo y dos piscinas, una de ellas climatizada—. Las habitaciones de las alumnas eran cómodas y esencialmente funcionales, y además había un gran salón de actos, varios hogares con televisión, separados por edades, una nutrida biblioteca y sala de proyección de vídeos.

«El colegio era precioso y aunque la situación era muy dura, porque te encontrabas sin padres y en un sitio extraño, lo cierto es que menos mal que existía esa posibilidad», apunta Patricia. Sin duda, una experiencia que marcó su carácter, como el de tantas otras alumnas: «Me hizo más fuerte y nada miedosa. Además, aprendí a convivir con otras niñas como yo». Unas niñas con las que ha mantenido el contacto a pesar de los años. «Seguimos muy unidas, hablamos y nos reunimos a menudo, y si una nos necesita, allí vamos todas», explica.

«La protección, formación y educación de las huérfanas en la primera década desde su inauguración fue a cargo de las Religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos y posteriormente del profesorado del Ministerio de Educación», explica el coronel Nalda. Unas monjas «estrictas y algo frías, pero modernas para la época», recuerda Patricia Martínez de Tejada.

Como ha ocurrido con otros centros de este tipo, la función del “María Cristina” fue variando con los años. Así, en 1982, además de internado para huérfanas e hijas de militares del Ejército de Tierra, se convirtió en un colegio público mixto. Posteriormente, con la apertura de las Fuerzas Armadas a la mujer, allí se prepararon un buen número de licenciadas para ingresar en los cuerpos Jurídico y de Intervención, Intendencia y Sanidad Militar, «manteniéndose la tradición de que los colegios de huérfanos eran un vivero de vocaciones militares», señala el coronel Nalda. Y así, hasta su adiós oficial en 2019, cuando el Ministerio de Defensa cedió de forma gratuita las instalaciones a la Universidad de Alcalá, para instalar un campus universitario que llevará el nombre de Campus “Las Cristinas”.

PAHUET: 150 años de historia

El PAHUET ha celebrado en este 2021 su 150º aniversario. Con motivo de esta importante efeméride, el 1 de octubre se llevó a cabo en el Salón “Buenavista” del Cuartel General del Ejército (Madrid) un acto conmemorativo, presidido por el entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general de ejército Francisco Javier Varela. En él, resaltó la gran labor que la institución lleva realizando durante este tiempo, «amparando a los hijos de nuestros compañeros fallecidos, y gracias a la solidaridad de todos los militares que forman parte del Ejército de Tierra».

Blog oficial del Ejército de Tierra