Amaya Valdemoro (Ex jugadora de baloncesto): La autora de una página de la historia del baloncesto

«La retirada, en mi caso,
ha llegado
por una cuestión física,
porque tengo el cuerpo
reventado»

Amaya Valdemoro (Alcobendas, 1976), con sus 182 centímetros de estatura, está con­siderada como la mejor jugadora españo­la de baloncesto de la historia. Hace un par de años decidió que era el momento de dejar las canchas y empezar una nueva etapa. Y lo ha hecho con valentía y mucha alegría, como es ella. Natural y espontá­nea, cuando la jugadora habla, revela la gran persona que su apasionante, y nada común historia vital, ha forjado.

Amaya Valdemoro
La alero madrileña ha ganado tres anillos de la WNBA, numerosos trofeos y ha participado en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008. Ha sido la única jugadora en conseguir entrar en el Top 5 de mejor jugadora europea durante seis años consecutivos. Es la deportista española más veces (258) internacional abso­luta de la historia.

¿Ha tenido alguna relación personal con el Ejército? ¿Qué opinión le merece el papel de este en nuestra sociedad?

Recuerdo que dos compañeras mías de vestuario, al dejar el baloncesto, ingresaron en las Fuerzas Armadas. El papel del Ejército me parece fundamental en cualquier país y, en mi opinión, tiene que es­tar bien entrenado y muy preparado.

Se refieren a usted como «la mejor ju­gadora española de baloncesto de to­dos los tiempos». ¿Cómo lo lleva?

Yo siempre digo que otras vendrán que me harán peor. Que digan eso de ti es algo que va en gustos y, en mi caso, ha habido gente a la que le ha gustado mi forma de jugar. Disfruto del “título” mien­tras dure; lo que sí es cierto es que formo parte de la historia del baloncesto y eso es muy reconfortante.

¿Cómo se reconoce que ha llegado el momento del retiro?

Es un momento muy difícil. Algunos de­portistas profesionales toman la deci­sión de retirarse por motivos psicológi­cos, pero en mi caso ha llegado por una cuestión física, porque tengo el cuerpo reventado.

¿Y cómo lo ha afrontado?

Cuando te dedicas al deporte profesio­nal eres consciente de que tiene un fin. Llevo dos años trabajando en la Fede­ración Española de Baloncesto (FEB) y como comentarista en Movistar Plus. Ahora estoy fenomenal pero me ha cos­tado. Evidentemente, no encuentro la sensación que se tiene cuando vas a ju­gar una final, una sensación que es, por otra parte, adictiva, pero poco a poco lo he ido llevando cada vez mejor. La reti­rada siempre es triste, pero tomé la de­cisión en un momento muy feliz, cuando ganamos el Oro en el Eurobasket. Eso también me ayudó.

¿Qué ha sacrificado y qué se ha dejado por el camino?

Muchas cosas. Para empezar, los estu­dios. Quería haber estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF), pero jugaba en Salamanca y allí no exis­tía esa carrera, así que comencé a hacer Magisterio en la especialidad Educación Física. Por circunstancias tuve que interrumpirlo y ya nunca lo retomé. También he sacrificado tiempo libre y estar con mi familia, pero si lo pongo todo en una balanza, aún así, veo que ese sacrificio no ha sido tanto. Siempre se sacrifican cosas. Hay que asumir que, en la vida, no se pue­de tener todo.

En contrapartida, ¿qué puede decir que le ha aportado el baloncesto?

Me ha formado en valores, ha aumentado mi cultura porque me ha llevado a lugares tan dispares como Estados Unidos, Rusia, Brasil o Turquía y, sobre todo, me ha he­cho crecer como persona.

¿Cuál ha sido la experiencia o el momento más duro durante su carrera?

Mi estancia en Rusia, de 2007 a 2010, un auténtico choque cultural y climático. Al principio estuve en Samara, allí estabas a -30 ºC pero había días soleados; sin embargo, en Moscú, ni siquiera veías el sol. Hacía tanto frío que apenas salías a la calle, por lo que pasaba mucho tiempo sola. Continué porque me compensaba estar ahí y la gran enseñanza que saqué fue aprender a estar conmigo misma; no todo el mundo sabe. También hubo otros momentos, como cuando no nos clasificamos para las Olimpiadas de 2012 o la muerte de mi madre. No todo es el deporte.

¿Su fortaleza y su mentalidad ganado­ra le han ayudado a afrontar estas si­tuaciones?

Cada uno les hace frente como puede. Es importante ir adquiriendo herramientas que te ayuden a superar el dolor. Yo soy muy fuerte, es cierto, pero también muy sensible. Lo bueno que tengo es que sé pedir ayuda y apoyarme en la gente que me quiere cuando lo necesito para supe­rar las dificultades.

Y entre todas las victorias, medallas, aplausos y reconocimientos, también habrá habido…

Sí, decepciones: gente que se arrima a ti por lo que haces y no por lo que eres. La vida te da palos que te ayudan a des­cubrir quiénes son los que están contigo siempre.

«EL BALONCESTO HA AUMENTADO MI CULTURA Y, SOBRE TODO, ME HA HECHO CRECER COMO PERSONA»

Después de tantos éxitos deportivos y tantas experiencias dentro y fuera de las canchas, ¿qué mujer ha llegado a ser Amaya Valdemoro?

Soy una persona con mucho carácter. Re­conozco que tengo un punto muy malo, y que a veces estallo como una botella de champán. Sin embargo, soy consciente de que he llegado hasta donde he llega­do también en parte por mi forma de ser. Me gusta estar tranquila y no me importa pedir perdón. Soy una persona alegre y buena amiga.

¿Cómo ve el panorama actual del ba­loncesto femenino en España?

Mejor que cuando jugaba yo, con posibili­dades de medalla en los próximos Juegos Olímpicos (en Río de Janeiro, en 2016).

¿Qué consejo daría a esas chicas que ahora forman nuestra numerosa y talentosa cantera?

Que se diviertan y, si no, que lo dejen. Hay que jugar con pasión y alegría. Luego su talento les colocará donde deban estar; en el baloncesto profesional, amateur o como hobby… Que no hagan sacrificios si no les gusta. Porque, además, a quien disfruta se le nota y eso, a la larga, te hace ser más exitoso.

Caballero cadete Santiago Cubas ‘Rastreador del subsuelo’

La búsqueda de los restos mortales de Cervantes o de Marta del Castillo son algunos de sus trabajos

El caballero cadete Santiago Cubas, anteriormente conocido como soldado Cubas, tiene una afición no muy común. En el tiempo libre que le deja el servicio, se de­dica a rastrear el subsuelo con un georradar. Y aunque sea una tarea poco usual, en realidad es de mucha utilidad. Lo hace con la empresa Falcon Hightech, la única en España que cuenta con sistemas de ex­ploración no destructiva del subsuelo, ta­les como georradares o gradiómetros. Esta colaboración, no remunerada, ha llevado al militar —madrileño, de 28 años y arquitecto— a buscar los restos de Miguel de Cervantes, Marta del Castillo o del piloto cuyo Eurofighter se estrelló en Morón de la Frontera, entre otros conocidos y me­diáticos casos.

Caballero cadete Santiago Cubas 'Rastreador del subsuelo'
Caballero cadete Santiago Cubas ‘Rastreador del subsuelo’

«Desde siempre me han atraído la histo­ria y la arqueología. Antes de terminar la carrera, me saqué el título de técnico en georradar y empecé a colaborar con esta empresa, como fruto de la afinidad que
surgió entre su director, Luis Avial y yo», explica el alumno de la Academia Gene­ral Militar (AGM). Además de los mencio­nados, otras colaboraciones se han cen­trado en trabajos de cooperación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Esta­do y la judicatura, así como en investiga­ciones históricas.

«La diferencia entre ambos tipos de traba­jos es que, en los primeros, se impone la premura; es importante localizar los res­tos físicos cuanto antes para que se pueda dar paso a las actuaciones forenses. En los históricos prima no estropear nada, man­tener el estado de conservación; el tiempo no presiona tanto. Aunque ambos se abor­dan con igual rigor, cuando buscas a una persona que ha fallecido por causa violen­ta existe un factor emocional que le añade cierta tensión», asegura el cadete Cubas.

Caballero cadete Santiago Cubas 'Rastreador del subsuelo'
Caballero cadete Santiago Cubas ‘Rastreador del subsuelo’

Mientras se encontraba destinado en el Regimiento “Tercio Viejo de Sicilia” nº 67 o se preparaba en el Centro de Formación de Tropa nº 1, trató de llevar esta faceta de su vida con discreción: «Siempre lo he hecho cuando las exigencias del servicio me lo han permitido y a título particular, pero aún así sabía que era una actividad que, en mi entorno profesional, causaba cierta perplejidad».

En cuanto a la búsqueda de Cervantes en el monasterio de las Trinitarias Descalzas de Madrid, el militar afirma que los traba­jos fueron complejos y se prolongaron en el tiempo más de lo previsto, «pero se lo­gró finalmente el objetivo de que los res­tos de Cervantes estuvieran debidamente localizados y enterrados con los honores que corresponden a un soldado de la In­fantería española». La tarea consistió en la obtención de datos y su interpretación, de manera que se pudieran delimitar las zonas en las que había posibilidad de que existieran restos óseos en el subsuelo.

Caballero cadete Santiago Cubas 'Rastreador del subsuelo'
Caballero cadete Santiago Cubas ‘Rastreador del subsuelo’

Otro trabajo fue una colaboración con la Policía Autónoma Vasca, tras el hundi­miento de un edificio en San Sebastián. El resultado fue absolutamente inesperado: en el subsuelo se hallaron restos humanos que, después se determinó, databan de los sitios sufridos en el siglo XIX.

 

El caballero cadete Cubas ha ingre­sado en la AGM en septiembre; cuan­do su formación militar se lo permi­te, colabora (como parte de Falcon Hightech) con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la bús­queda de restos humanos.

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