COLOMBIA Y ESPAÑA, JUNTOS DESDE QUE LAS COSAS CARECÍAN DE NOMBRE

En la ciudad de Santa Fé, a veinte de julio de mil ochocientos diez, y hora de las seis de la tarde, se juntaron los S.S. del M.I.C. en calidad de extraordinario, en virtud de haberse juntado el pueblo en plaza pública…, así comienza el acta del cabildo extraordinario de Santa Fé, donde se proclamó la independencia de Colombia.

COLOMBIA Y ESPAÑA, JUNTOS DESDE QUE LAS COSAS CARECÍAN DE NOMBRE
COLOMBIA Y ESPAÑA, JUNTOS DESDE QUE LAS COSAS CARECÍAN DE NOMBRE

Doscientos seis años después, un veinte de julio, en la ciudad de Sevilla, la cónsul colombiana doña Lucía Madriñán Saa celebró el acto conmemorativo del día de la independencia de su país; y este año quiso celebrarlo acompañada del ejército español  y haciendo un reconocimiento especial a los soldados colombianos que forman parte de las Fuerzas Armadas Españolas.

Entre ellos se encontraban el cabo de infantería Andrés Torres Arizmendi nacido en Palmira, Colombia que llegó a España junto su familia en el año 2000, y aquí echó unas raíces que lo convirtieron en uno de los nuestros. Decidió ingresar en las Fuerzas Armadas Españolas en el 2002. Desde ese momento hasta el día de hoy ha tenido varios destinos, entre los que se encuentran  la Brigada Paracaidista y la USBA El Copero donde está actualmente destinado. Durante este periplo ha participado en diversas misiones como puede ser la limpieza de las costas gallegas tras el desastre del Prestige, estuvo de misión internacional en Afganistán y, también en diferentes maniobras internacionales junto a Ejércitos como Portugal, EE.UU e Italia.

COLOMBIA Y ESPAÑA, JUNTOS DESDE QUE LAS COSAS CARECÍAN DE NOMBRE
COLOMBIA Y ESPAÑA, JUNTOS DESDE QUE LAS COSAS CARECÍAN DE NOMBRE

Diego Armando Motato Rodas es otro ejemplo de integración en nuestras filas. Soldado de Infantería, llegó desde Manizales (Colombia) junto a su madre en 2004. En el 2007 decide ingresar en el Ejército encontrando destino en el C.G FUTER (Sevilla) donde ha sido condecorado con una medalla al Mérito Militar distintivo Blanco. Además, actualmente, sin dejar de lado sus obligaciones como militar en estos momentos oposita a la Guardia Civil.

Ellos son la representación de otros muchos soldados que vinieron de las tierras hermanas de América para servir bajo nuestra bandera, y que recibieron el homenaje del consulado de Colombia. Esa es nuestra fuerza, la unión de todos y la lucha por los mismos valores de libertad; porque como dice el acta de independencia de Colombia: de la recíproca unión de los americanos y los europeos debe resultar la felicidad pública.

Ellos llegaron atravesando un océano a la que fue siempre su tierra, España. Y ahora Colombia les rinde un homenaje, en un acto al que acudieron autoridades civiles como el alcalde de Sevilla, el cuerpo consular acreditado en la ciudad, representantes de las universidades sevillanas y diversos directivos de empresas y entidades.
La representación militar estuvo encabezada por el Teniente General Jefe de la Fuerza Terrestre; asistieron también el Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Terrestre y el Comandante Naval de Sevilla.

Gracias, Colombia, siempre hemos estado juntos; desde aquel día en que el mundo era tan reciente que las cosas carecían de nombre; y Macondo era una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas blancas y enormes como huevos prehistóricos.

Una vida sobre ruedas

El teniente Pedraza destinado en el Regimiento "La Reina" nº2
El teniente Pedraza destinado en el Regimiento «La Reina» nº2

Los vehículos están muy presentes en la vida del teniente Pedraza: en su profesión, porque trabaja con los Pizarro —en la 7ª Compañía del Batallón “Lepanto” del Regimiento “La Reina” nº 2—; y en su tiempo libre, cuando pasa muchas horas montado sobre su moto de enduro (una modalidad del motociclismo de gran dureza).
Aunque sólo hace tres años que se pasó a este deporte —antes practicaba trial— ya ha cosechado triunfos: un Campeonato y un Subcampeonato de Andalucía en la modalidad Cross-country (donde los circuitos son más extensos), un Campeonato de Enduro Andaluz, un tercer puesto de Enduro Indoor regional, y un Subcampeonato
de España de Cross-country por equipos.
Este año dio el salto a la competición nacional individual y, a falta de una prueba que se disputará en septiembre en Santiago de Compostela, ocupa la octava posición de la clasificación. «Rompí la rueda dos veces en dos de las pruebas y eso me hizo bajar puestos, pero confío en escalar alguno en Santiago. De todos modos, para ser mi primer nacional, creo que quedar entre los diez primeros sería una gran posición», explica.
Sus jefes y compañeros de unidad conocen su afición y le apoyan en todo lo que pueden para facilitarle acudir a las competiciones, que se celebran por toda España. Por ejemplo, a la última prueba, que se disputó en Lalín (Pontevedra), pudo acudir gracias a que otro teniente le cambió el servicio.

El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro
El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro.

El enduro es un deporte de gran exigencia física, porque hay que pasar muchas horas sobre la moto —las competiciones
suelen durar de 5 a 6 horas—, por terrenos muy accidentados, que machacan todos y cada uno de los músculos del cuerpo, con lo que se llega «hasta la extenuación». Su profesión le ayuda a afrontarlo, porque le mantiene en buena forma —aunque tiene que compaginar la instrucción militar con el entrenamiento específico y las horas de conducción—, y le ha acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo. «Aquí un día te diluvia, otro hace un frío increíble y otro te asas de calor, igual que pasa en la profesión militar cuando te vas de maniobras», subraya. Además, la simbiosis que debe existir entre máquina y piloto es muy similar a la que se produce entre el Pizarro
y su tripulación. «Sois tu máquina y tú; los dos tenéis que estar bien para conseguir la victoria», bromea.
Junto al sacrificio personal que exige el enduro, está también el económico. Al ser un deporte minoritario, los patrocinadores
no abundan. El teniente cuenta con dos colaboradores —un concesionario de motos y un centro de fisioterapia— pero, aún así, el grueso de la financiación sale de su bolsillo. El gasto en ruedas —un juego por cada carrera—, equipo, gasolina y viajes es «brutal» pero queda en un segundo plano, comparado con la descarga de adrenalina que aporta la competición. «Como en todos los deportes extremos, cuando acabas estás reventado, pero al día siguiente ya tienes ganas de volver», afirma. Como dice el refrán: sarna con
gusto no pica.

Blog oficial del Ejército de Tierra