EL GENERAL ÍÑIGUEZ DEL MORAL, CAMINO DE LAS NUBES

Ya cumplidos los noventa y dos años, después de atravesar todos los lugares y los días que arman la vida de un soldado, el teniente general Miguel Íñiguez del Moral, Jefe de Estado Mayor del Ejército desde el año 1986 al año 1990 , ha hecho su mochila de combate, ha recogido sus recuerdos, y ha guardado en su memoria y en la nuestra aquellos momentos que le dieron esos retazos de fama que nunca ambicionó, y por las montañas, en cuyos valles y cimas también estuvo destinado, ha tomado el camino de las nubes.

“Analizo, comparo y veo”, así se presentó en una entrevista a un medio el general Íñiguez del Moral, un hombre que le tocó dirigir cambios fundamentales en el Ejército en una época nada fácil para aquellos que en aquellos momentos les tocó conducir los destinos de España.

Como Jefe de Estado Mayor del Ejército, JEME acometió la siempre comprometida Ley de Función del Militar, “hay un enorme interés con respecto a cómo será la Ley de la función del Militar”; dirigió una profunda reorganización del Ejército, cuyo eje principal fue el Plan META, “estamos cumpliendo los plazos que nos marcamos el año pasado. Tenemos estructurada la Fuerza, nos falta algo del apoyo a la Fuerza y la definitiva restructuración del Cuartel General”; puso los cimientos del nuevo Ejército que durante su mandato daría los primeros pasos en la OTAN, “estamos experimentando una actividad enorme de intercambio. Cuando nuestros oficiales y suboficiales salen a países extranjeros para realizar cursos quedan espléndidamente. Parece ser que, al menos, a nivel técnico la preparación es muy parecida”; y se batió con todos los frentes que se le aparecían, con calma, tranquilidad y sosiego como buen oficial de Ingenieros; de la misma manera con la que se ha ido, después de atravesar todos los lugares y los días que arman la vida de un soldado.

También peleó contra los tópicos que esos años se enredaban en la conciencia de muchos; “ése es un tópico que pertenece a una página pasada de la Historia”.

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El teniente general Íñiguez del Moral se ha desvanecido como hacen los buenos soldados; pero su trabajo permanece en nuestra memoria y sus palabras, escondidas en viejos anaqueles del Departamento de Comunicación, siguen latiendo para todo aquel que quiera oírlas; pues poco antes de irse camino de las nubes concedió al Tierra una entrevista larga, pausada, y rica en contenidos y continentes.

Siempre a la orden, mi general, camino de las nubes.

 

ALBERT BOADELLA

DRAMATURGO Y DIRECTOR ARTÍSTICO

El actor, director, escenógrafo y dramaturgo Albert Boadella (Barcelona, 1943) no necesita presentación. Siempre crítico, polémico e inconformista desde que estuviera al frentede la compañía catalana Els Joglars; siempre coherente con sus ideas, clarividente y certero en sus consideraciones, sin temer las consecuencias. Así es este controvertido y famoso intelectual catalán que, a finales de junio, ha dejadode estar al frente de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid.

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Albert Boadella

 Termina etapa tras casi ocho años como director artístico de los teatrospúblicos madrileños, ¿qué sentimiento le suscita?, ¿qué va a hacer después?

Es el fin de una etapa en la que he trabajado muy a gusto. Sin embargo, ahora voy a hacer cosas más parecidas a las de antes. Por ejemplo, voy a escribir un libreto para una obra sobre Picasso, en la que Juanjo Colomer pondrá la música, en una coproducción entre los Teatros del Canal y el Teatro Real. También voy a representaruna obra de Molière con la orquesta barroca Les Arts Florissants o voy a hacer cuatro representaciones de El sermón del bufón (sobre el juego del arte y la vida), como proyectos más inmediatos. Los Teatros ya funcionan a velocidad de crucero, así que voy a saltar de un transatlántico a una barca de remos que me permita recuperar libertad personal. Estos últimos ocho años me he dedicado, sobre todo, a prestar un servicio público.

¿Un servicio ejercido con libertad?

Absolutamente, y eso que he trabajado con tres presidentes de la Comunidad diferentes. Ninguno de ellos me ha dicho nunca lo que tenía que hacer. Los Teatros del Canal son un teatro público pagado con el dinero de todos los contribuyentes, que tienen gustos muy diversos. Es un servicio, además, que pagan dos veces: una, con sus impuestos; otra, cuando compran la entrada. Ambas razones obligan a ser extremadamente respetuoso. Por eso no he coaccionado ninguna libertad, no he priorizado mis gustos; mi único filtro para decidir qué se representaba o no ha sido la calidad. De hecho, soy de la opinión de que, con calidad, se puede tocar cualquier tema. Un claro ejemplo es La naranja mecánica de Stanley Kubrick, una obra maestra que, sin embargo, hace apología de la violencia. El problema sur ge cuando una obra aborda un tema polémico sin delicadeza, de una forma burda, grosera, entonces es cuando se hieren sensibilidades.

Dramaturgo y director artístico
Dramaturgo y director artístico

Entonces, a su entender, ¿la calidad lo justifica todo? 

Hasta lo más arriesgado. Luego están las leyes, a las que los artistas también están sujetos. Es el juego del ratón y el gato, que además es un continuo en la historia de la civilización. Ya lo hizo, por ejemplo, una compañía de teatro italiana en la Francia de Luis XIV, que representaba una obra sobre la amante de turno del monarca… El artista cumple una función esencial, que es mostrar la realidad profunda de las cosas y no la epidérmica, ir a contracorriente de la sociedad, desmontar los tabúes. El artista es, socialmente, un anticuerpo.

¿Y nunca se ha autocensurado durante este tiempo como director de los Teatros?

No soy partidario de vetar. Por ejemplo, hoy en día, cualquier obra que tenga unelemento satírico sobre el Islam, se puede considerar de alto riesgo. Cuando seha dado el caso, lo que hemos hecho ha sido tomar las precauciones necesarias. A veces hemos requerido la presencia de policía para el control de los accesos al teatro. Pero no por ello hemos dejado de representar.

Supongo que a toda esta libertad de actuación también ayuda la evoluciónde los tiempos. Estoy pensando en La torna, la obra de Els Joglars que le llevóa enfrentarse a un consejo de guerra en 1977. Espero que su opinión sobre el Ejército haya cambiado desde entonces…

Desde luego. Estamos hablando de un Ejército preconstitucional, que hizo, de una obra de teatro, un conflicto de Estado. El propio Rey don Juan Carlos solicitó mi libertad a petición de la Princesa (luego Reina) Beatriz de Holanda. A partir de ahí, mi relación con el Ejército entró en otra fase. Soy un ciudadano responsable, partidario de la Constitución y las libertades, y entiendo que el Ejército es un estamento esencial en un país moderno. Por eso, soy respetuoso con el Ejército constitucional y tengo una relación que puedo adjetivar, incluso, de cariñosa. No he jurado la Bandera porque creo sobradamente demostrada mi fidelidad pública y notoria a España, sobre todo frente a lo intentos que existen de fraccionarla.

¿Y qué consideración hace de su actual participación en escenarios en el exterior como Irak, República Centroafricana, Mali, Somalia, etc.?

Creo que en el exterior, el Ejército está jugando un papel trascendental. Se trata de la defensa de una civilización, no de intereses puramente económicos o territoriales, como ha ocurrido en otros conflictos o momentos de la historia. Estamos ante el choque de unas formas medievales de vida y organización contra las formas de unas sociedades evolucionadas. En mi opinión, es un escenario enormemente peligroso para nuestro futuro y los países más avanzados deberían mantenerse unidos y hacer un frente común. El papel del Ejército español me parece crucial.

He demostrado sobradamente mi fidelidad pública y notoria a España
He demostrado sobradamente mi fidelidad pública y notoria a España

Sigue siendo una persona que expresa claramente lo que piensa, aunque le acarree consecuencias no muy agradables. ¿Es difícil vivir así o a todo se acostumbra uno?

Decir lo que uno piensa, sea verdad o sea mentira, tiene unas contrapartidas: laborales, familiares, públicas… Empecé a decir lo que pensaba del problema catalán con Els Joglars y, posteriormente, la creación de Ciudadanos me costó carísimo porque acabó con el público de la compañía. Sin embargo, no voy a ceder. Mi domicilio sigue estando en Cataluña, donde nací, y, aunque mucha gente me odie allí, estoy decidido a convivir con ello. Hay cuestiones sobre las que se puede mirar a otro lado, pero hay otras que no, porque son esenciales.

 

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