CONOCER A… SOLDADO PÉREZ

“Al mando” de las letras de Ossyris

«No he estado más de dos años sin dedicar tiempo a la música. Es algo que llevo dentro y por lo que siento una gran pasión», explica Jonathan Lucer. Tras oír esta frase, nadie diría que quien habla es un militar: el soldado Pérez. Actualmente está destinado en el Cuartel General de la Fuerza Logística Operativa en Bilbao —unidad que surge de la adaptaciones orgánicas de 2015—; todos sus destinos han sido allí, en su ciudad natal, desde que se incorporó al Ejército en 2001.

No dejes que tus sueños no alumbren tu interior, ellos te guían… canta en una de sus canciones, acompañado por la potente música de dos guitarras, un bajo y una batería. Ellos componen el grupo de rock Ossyris —parecido en su estilo a Warcry—. La banda, que nació en 2003, había grabado maquetas y un EP —formato de grabación intermedio entre el sencillo y el álbum— con la anterior formación; tras los cambios de un guitarra, el bajo y, en el año 2014, del vocalista (puesto que ocupa el militar) empezaron a componer las canciones de lo que sería su primer disco: Renacer, que está teniendo muy buena aceptación entre sus seguidores y la crítica especializada.

CONOCER A... SOLDADO PÉREZ
CONOCER A… SOLDADO PÉREZ

Él tampoco era un novato en esto de las bandas de rock. Desde 1991 ha sido vocalista en diferentes grupos, como Arima, Eate y Dhenevola (en los que cantaba, sobre todo, en inglés). En Ossyris canta en español, salvo el tema Gure Lehia (Nuestra pasión), que es en vasco; una preciosa melodía dedicada a la música.

Sin embargo, no es su único sueño, pues el soldado Pérez tiene muchas inquietudes. Como actor, ahora se encuentra en la grabación de un Fan Film basado en la serie de televisión el Ministerio del Tiempo; su registro de voz es de tenor y «tengo la espinita de cantar en una coral»; como escritor tiene un libro publicado y otro en “el horno”… Pero, actualmente, está más centrado en su trabajo y la familia, y por ello todo el tiempo libre de que dispone se lo dedica a la música: «En ella confluyen muchas de mis aficiones; normalmente en el escenario tienes que interpretar tus canciones, escribir las letras es también una tarea exigente…», añade. Las canciones del último disco varían sobre diferentes temáticas: Montecristo (la historia del famoso conde), Conquistador (sobre Hernán Cortés)…

Sus comienzos no fueron sencillos: su madre los crió prácticamente sola hasta que él, el mayor de tres hermanos, empezó a trabajar en un obrador de pastelería a los 14 años y por las tardes estudiaba. Sin embargo, esos condicionantes lo que han logrado es aumentar su amor por la música (es la gran afición de su madre) y que aprecie mucho más lo que ha conseguido, a base de esfuerzo y trabajo.

Para su familia y sus compañeros militares, en el acuartelamiento “Juan de Garay”, no tiene más que palabras de agradecimiento, por todo lo que le han facilitado el camino para estar ahora viviendo su sueño. En su unidad siguen su trayectoria, compran sus discos… «Somos como una gran familia», concluye.

Entrevista a Azita Rafaat: ‘Las mujeres afganas nacen y mueren en silencio’

De la mano del fotografo Gervasio Sánchez y la periodista Mónica Bernabé, una exposición titulada ‘Mujeres. Afganistán’ (en el Centro Cultural Conde de Madrid, hasta el 27 de noviembre) nos recuerda que la vida de las mujeres en aquel país tiene muy poco valor. Discriminadas desde el nacimiento, educadas en la sumisión, destinadas a un matrimonio forzado, violadas y sometidas a todo tipo de violencia física y psicológica… Esa ha sido también la historia de Azita Rafaat, una afgana valiente que decidió alzar su voz contra la injusticia y cuyo testimonio ha acompañado varias visitas guiadas a esta exposición.

Entrevista a Azita Rafaat: 'Las mujeres afganas nacen y mueren en silencio'
Entrevista a Azita Rafaat: ‘Las mujeres afganas nacen y mueren en silencio’

 

¿Cuál es el propósito de su visita a España?

El propósito de mi viaje es compartir mi experiencia como política, como víctima de la violencia, como madre de cuatro hijas y también como activista. Además, ahora soy una refugiada que ha tenido que abandonar su país natal, ya que vivo en Suecia. Mi propósito es compartir toda esa experiencia con la sociedad española.

No todo el mundo conoce la situación que se vive en Afganistán ¿Podría contarnos cómo era su vida allí?

Yo crecí en una familia con estudios, pero, lamentablemente, a principios de los años noventa comenzó la guerra civil y fuimos obligados a regresar a nuestra localidad natal. Luego obtuve una beca para estudiar en la Universidad de Medicina, pero no pude continuar debido a la guerra y a las luchas de poder entre los diferentes grupos de muyahidines. Después empecé a trabajar como profesora en un colegio, pero entonces llegaron los talibanes. De repente me vi obligada a casarme con un hombre y mi vida dio un giro de 180 grados. En 10 años de matrimonio, padecí mucha violencia y vi mucha violencia. Traté de quitarme la vida en tres ocasiones, pero un buen día decidí convertirme en activista y levantar la voz para hablar en nombre de las mujeres afganas que nacen y mueren en silencio. Sobre todo, en las zonas rurales remotas, en las que a nadie le importan las mujeres.

«Para que hubiera un cambio positivo, la comunidad internacional debería prestar más atención a la realidad afgana»

¿Cómo reaccionó su familia ante la decisión de dedicarse a la política?

Llegué al Parlamento muy joven, con 27 años, pero en casa no cambió nada. Yo seguía compartiendo vivienda con la primera mujer de mi esposo y sus hijos. Él me dio permiso para presentarme a las elecciones, pero a cambio tuve que firmar un contrato en el que establecíamos un intercambio de los papeles tradicionales, de modo que yo pasaba a ser el sostén de la familia. Además, tenía que darle a mi marido una paga con dinero de mi bolsillo. Por lo tanto, en realidad compré mi libertad para poder trabajar como política. Sin embargo, eso fue solo el principio. Cuando empecé a denunciar la situación de inseguridad e injusticia que existe en Afganistán, me convertí en blanco de los insurgentes, que vinieron a mi casa, me dispararon, me enviaron una carta amenazándome… Al final, cuando el peligro se volvió contra mis hijas y ellas se convirtieron en el blanco, decidí dejar mi país.

«Siempre vimos al Ejército español como una gran ayuda que nos ofrecía estabilidad»

Ahora vive en Suecia, donde la vida es muy diferente a la de Afganistán. ¿Echa de menos, en cierto modo, su país?

A pesar de la situación de seguridad tan complicada que existe en Afganistán, yo tenía allí una vida y, además, servía a mis compatriotas. Cuando lo dejé todo para proteger a mis hijas, por supuesto que echaba de menos mi vida diaria. Ahora soy profesora de Educación Secundaria en un colegio de Suecia. Pero, como madre, ¿soy feliz por haber tomado esta decisión?, ¿feliz de que mis hijas estén a salvo en un sitio seguro, crezcan haciendo lo que quieren y puedan perseguir sus sueños? ¡Por supuesto que soy feliz!

Entrevista a Azita Rafaat: 'Las mujeres afganas nacen y mueren en silencio'
Entrevista a Azita Rafaat: ‘Las mujeres afganas nacen y mueren en silencio’

En esta exposición fotográfica aparecen muchas mujeres y niñas valientes. ¿Cree que habrá una solución en el futuro para los problemas de las mujeres en Afganistán?

Para que hubiera un cambio positivo, la comunidad internacional debería prestar más atención a la realidad afgana. Tenemos un Gobierno muy corrupto, la situación de seguridad es muy inestable y las promesas de los gobernantes no tienen valor. Quienes más sufren son las mujeres, ya que pierden a miembros de sus familias y, si viven en zonas de guerra, están expuestas a ser atacadas, violadas, lapidadas y, en general, a sufrir una gran violencia física. Por otra parte, están los asesinatos de honor (la semana pasada hubo 25 casos en todo el país), y esa es también una cuestión que afecta a los derechos humanos fundamentales. Si la comunidad internacional mantiene las mismas decisiones y las mismas políticas que en 2002, no podemos esperar ningún cambio.

El Ejército de Tierra español ha trabajado durante muchos años en Afganistán. ¿ha tenido usted alguna experiencia con los militares españoles?

Sí la he tenido, porque el Ejército español desplegó en mi provincia, Badghis. Por supuesto, teníamos una buena relación con ellos, aunque también presenté mis críticas en las conferencias celebradas entre los Ministerios de Defensa de Afganistán y España. Lamentablemente, tuvimos dos problemas. El primero, que los coroneles cambiaban cada seis meses y, con ellos, todo el personal. Para nosotros, eso suponía tener que empezar prácticamente de cero cada seis meses. El segundo problema surgió el último año, por la mala gestión de determinadas empresas afganas que prestaban servicio a los españoles, lo que me afectó a mí como representante política. En cualquier caso, siempre vimos al Ejército español como una gran ayuda que nos ofrecía estabilidad.

Blog oficial del Ejército de Tierra