En la piel del reportero

Es casi media noche. La operación ha comenzado. El escenario de trabajo es diferente. No estoy en la  redacción del periódico Tierra, donde trabajo habitualmente. Nuestro pelotón se dirige a la zona en la que se va a desarrollar el despliegue táctico. El capitán Romay, quien está al mando de la compañía en la que se integra nuestro pelotón, ha tenido que asumir un papel importante y poco habitual: garantizar la seguridad de la operación, así como la de los acompañantes (25 periodistas empotrados en su unidad).

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En la piel del reportero

Veinticinco profesionales de la comunicación se han acercado al Ejército de Tierra durante las XIV Jornadas de corresponsales, organizadas por el Departamento de Comunicación del Ejército y la Escuela de Guerra.

Reptamos por el suelo frío de la noche, cuando ya es 19 de octubre, evitando ser descubiertos por el enemigo. Nuestro material periodístico se ha quedado en el campamento. No ha sido posible traerlo hasta aquí. Por otro lado, sería complicado dar utilidad a un bolígrafo y a una libreta en la oscuridad. Mientras nuestros militares coordinan el desarrollo de la operación, nosotros, como periodistas, mantenemos todos los sentidos atentos para tratar de recordar cada uno de nuestros pasos. Un despiste puede poner en peligro la operación o podríamos caer en manos del enemigo. Imagino por un momento la posibilidad de ser secuestrado y recuerdo los 299 días que sufrió en cautiverio el periodista español Antonio Pampliega (quien dio una conferencia durante las Jornadas). Sólo pensarlo me horroriza.

Entramos por una de las ventanas del sótano, accedemos a la primera planta por la escalera. Un silencio escalofriante envuelve la escena. De repente,  un tiroteo rompe la monotonía. Los tres periodistas  de mi pelotón nos tiramos al suelo. Parece que han abatido a un terrorista. Recuerdo las palabras del coronel G. Lodeiro: «No puedes relajarte en  zona  de  conflicto. El riesgo siempre está ahí». Avanzamos despacio y descubrimos que uno de los heridos es de los nuestros. Afortunadamente, parece que ha logrado cortar la hemorragia y le atiende el personal cualificado de la unidad. Cada minuto cuenta. Nos retiramos manteniendo la seguridad. El convoy nos devuelve al campamento. La operación se ha desarrollado con éxito. Periodistas y militares nos hemos metido en la piel del otro.

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En la piel del reportero

¿Sólo ha sido un simulacro? Quizá haya sido mucho más. Las XIV Jornadas de Corresponsales, entre el 16 y el 20 de octubre, han acercado a periodistas a la realidad del conflicto, pero también ayudan a nuestros militares a contagiarse del trabajo del reportero. Hemos sido una parte más de las operaciones que se han desarrollado.

Ha sido una gran oportunidad —hay tres solicitantes por cada plaza para realizar estas Jornadas— y no hemos desperdiciado ni un segundo. El rostro de Verónica Muñoz, periodista de Radio Nacional de España, explicaba todos esos sentimientos cuando despegaba por primera vez en un Chinook. «Algo que para ellos es muy habitual, para mí se ha convertido en un acontecimiento. Ha sido una sensación muy bonita, entre que no notas muy bien el ascenso y que en el vuelo íbamos viendo al Superpuma que teníamos justo detrás…».

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El grupo de periodistas realizó un vuelo en Chinook y Superpuma hasta las FAMET

Similar era la impresión del periodista de TVE Javier Gutiérrez al desplazarse en un vehículo TOA por el campo de maniobras “Los Alijares”, en Toledo: «Ha sido una sensación única por la capacidad que tiene este tipo de vehículo para recorrer cualquier terreno y la brusquedad con la que lo hacen».

Sin embargo, la emoción no podía dar lugar al despiste. Debemos recordar, en todo momento, que estamos en un ambiente de guerra. Lo sabe bien Adriana Alonso, de la productora Publi Ondas, quien aprendió a base de sustos a crear un cargador para móviles utilizando el cable del intermitente de un vehículo. Seguro que la próxima vez estará preparada si hay un cortocircuito.

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En la piel del reportero

Algunos ya contaban con ventaja, por haber estado empotrados, anteriormente, en misiones en el exterior. Ese es el caso de Luis Ruiz, cámara de Mediaset, que estuvo con tropas estadounidenses en Irak. Aquella vez vivió en primera persona «un ataque de proyectiles a la base». Reconoce que, después del Curso de Corresponsales, no olvidará incluir en su mochila un torniquete, ya que en ocasiones anteriores no lo llevaba consigo durante su empotramiento en zonas de conflicto.

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Los participantes aprendieron a desplazar a heridos con la Técnica Boa

Una experiencia entre aire y tierra; riesgo y calma; noche y día; militares y reporteros… en la que la información y la seguridad han convivido de la mano en un ambiente hostil. Y de telón de fondo la Bandera, la que representa a todos los españoles. Tras ella aguardan familiares, amigos y compatriotas que esperan el regreso de los que están lejos. En nuestra maleta nos llevamos una experiencia que, seguramente, nunca olvidaremos.

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Fotografía de familia de los participantes de las XIV Jornadas de Corresponsales

 

Lo que el misterio ha unido…

IKER JIMÉNEZ (VITORIA, 1973) Y CARMEN PORTER (MADRID, 1974) son los dos pilotos de la nave del misterio de Cuarto Milenio, el programa más longevo de Cuatro y uno de los de mayor audiencia de la cadena. Ambos comparten platós y también vida real, y se embarcaron juntos en la aventura de dar el salto de la radio —donde habían creado, en 2005, Milenio 3, el programa hermano que simultanearon con el televisivo hasta 2015— a la pequeña pantalla. Iba a ser por una temporada, 20 entregas, y los responsables de la cadena les preguntaron si tendrían contenido suficiente para todas. Ahora, después de más de 500 programas emitidos y recién inaugurada la 13ª temporada, está claro que el misterio da para mucho. 

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Lo que el misterio ha unido…

No es fácil que un programa dure tantos años en televisión. ¿Es que han descubierto la clave del éxito?

Con el público nunca se sabe lo que va a funcionar, nunca sabes cómo va a reaccionar. Cuando tratamos temas que dan mucho miedo, la gente se nos va, por ejemplo, con temas del demonio, la audiencia baja.

Así que creemos que la clave verdadera es que hacemos lo que nos gusta. Nosotros no llegamos a esto después de pasar por otros departamentos, este trabajo era nuestra vida y, cuando se acabe la televisión, seguiremos haciendo lo mismo porque nuestra pasión real es ésta y eso el público lo nota, quizá esa sea una de las claves.

¿Y cómo llegan a interesarse por estas cuestiones de lo sobrenatural y el misterio?

De niño, descubrí en la biblioteca de mi tío, casi a hurtadillas, un libro de esos raros que hablaba de ovnis y eso me impactó y me dio mucho miedo porque allí hablaban de ovnis de verdad. La misma noche después de ese descubrimiento, se produce un avistamiento en Vitoria. Al día siguiente, en casa de otro tío mío, que vivía en un ático, en el periódico aparece la noticia y se contaba que la gente había llamado a la policía porque hubo un apagón y todo. Y eso no pasa ni antes ni después, pasa en ese momento. Entonces montamos un grupo de investigación, con mi primo y un amigo, e íbamos con las bicis y una grabadora que había comprado mi primo a entrevistar a la gente. Imagínate cuando veían a esos niños —mi primo tenía 14 años y yo 11—, y nos presentábamos como el grupo ISO de investigación de sucesos ovni…

En realidad ya hacía un Cuarto Milenio, y ¡ponía hasta la misma voz! (risas). A mí me daba por ir a grabar psicofonías y usar la güija. Entonces vivía en Alicante y era lo típico de ir a la casa encantada que estaba al final del pueblo. Luego en la Universidad nos conocimos y, claro, teníamos que encajar. Además los dos empezamos a trabajar en la revista de Fernando Jiménez del Oso, que fue uno de los pioneros del misterio en España.

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Lo que el misterio ha unido…

Y surgió el amor… ¿Cómo se lleva lo de ser matrimonio y trabajar juntos?

Lo llevamos muy bien porque tenemos la misma obsesión y nos entendemos. Es cierto que en esto no desconectas. Yo hago cosas normales, como jugar al fútbol, pero mi forma de vivir es un ser curioso, y eso nunca lo apagas, no haces el off. Si tu compañero vital no te acompaña, no lo vive, es complicado. Pero nosotros somos dos que tienen un auténtico hobby que ha logrado ser su forma de vida. Y es apasionante porque aprendes mucho del otro y te criticas, y también te alegras cuando el otro descubre un dato interesante, o una filmación chula.

Se lleva muy bien. Somos un equipo dentro y fuera del programa.

Ustedes empezaron en la radio, ¿cómo fue el salto a la televisión?

El salto fue por casualidad. Estábamos en la cadena Ser y Milenio 3 empezó para ser un programa de verano. Nos dijeron que no nos hiciésemos ilusiones, que para el resto de la temporada no tendríamos cabida porque la parrilla de la cadena estaba completa y era líder de audiencia en todas las franjas. Pero resulta que el programa al que sustituíamos —y eso sí que es un misterio—se cayó, y nos dicen que nos podemos quedar. Y ahí empezamos a tener un éxito tremendo. Vamos a los sitios a hacer el programa y nos tienen que poner en naves enormes porque se juntaban 5.000 personas para vernos. Y eso es lo extraño: ¡querían ver un programa de radio! Es cierto que hacía muchos años que no había un programa de este tipo y además, el programa conseguía reunir a la familia en torno a la radio, como hace muchos años. Eso era muy bonito.

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Lo que el misterio ha unido…

Pero entonces se crea Cuatro y les hacen la propuesta de pasar a la televisión…

Lo extraño es que un formato tan asociado a la radio funcione en un formato tan radicalmente distinto como es la televisión. Normalmente lo que funciona en la radio no funciona en la TV, hay muy pocos casos, como el de El Hormiguero de Pablo Motos, pero es raro y es difícil. Yo tampoco me lo explico muy bien y sigo siendo el primer asombrado por este fenómeno.

Y es a partir de entonces cuándo les conoce todo el mundo. ¿Cómo llevan que incluso les imiten?

La verdad es que nos imitan desde el principio, con mejor o peor saña, como, por ejemplo, nuestro amigo José Mota. Pero eso es síntoma de que hemos llegado al gran público. La época difícil fue esa del principio, cuando todavía teníamos el estigma de “¡pero éstos qué van a contar!”, y decíamos, “!pero que nosotros somos periodistas!”, solo que nos encantan estos temas del misterio. En nuestro programa no va a venir el tío de la túnica a echar las cartas —con todo el respeto—, o el que viaja a Marte En Cuarto Milenio tienen cabida también los sucesos, la arqueología, la historia,… y el público lo encajó. Son temas tan poderosos que, mínimamente bien tratados, tienen que interesar.

En alguna de las historias que han contado, los militares son protagonistas. ¿Cómo ha sido la relación con la Institución militar?

Siempre se ha portado fenomenal con nosotros. Hace tres años empezamos una temporada haciendo una historia polémica con el Ejército del Aire que fue el primer encargado en España de custodiar los informes relacionados con ovnis. Yo me dediqué años a investigar un suceso que ocurrió dentro de la base de Talavera la Real, y que pone extraterrestre con una interrogación. Les dije que quería llegar al fondo de esa cuestión, hasta donde se pudiera, y fue la primera vez que se permitió entrar en los archivos y filmar con ellos allí.

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Lo que el misterio ha unido…

Y para celebrar el programa número 500 eligen un campo de maniobras y tiro del Ejército de Tierra, el de “Los Alijares”, que alberga el palacio de Sisla, ¿por qué?

Porque allí pasaban cosas, había muchos rumores, y todos relataban prácticamente lo mismo sin conocerse, con lo cual pensamos que una noche de investigación con los militares ayudándonos sería una buena idea. Y resulta que nos pasaron cosas, que casi nunca nos ocurren cuando vamos a las investigaciones, pero allí justamente nos pasaron.

Yo tuve la duda de pensar que una parte del público no se lo iba a creer porque justo, en el programa del 500 aniversario, nos pasa todo esto, pero nosotros no hemos mentido jamás. Y lo que es alucinante es que a raíz del programa empiezan a escribirnos militares de toda España que han pasado por allí y nos dicen que es así, que allí pasan cosas.

¿Saben que a más de uno ya le han quitado el sueño cuando vaya a Sisla?

Sí, les hemos hecho una faena (risas). Pero como yo digo siempre: miedo hay que tenerle a los vivos. El misterio impresiona pero no te hace daño.

Blog oficial del Ejército de Tierra