El alba se despereza aún tímida, y deja paso a otro día nublado y frío. El silencio se rompe por el sonido ronco de los motores, que parecen despertar también del sueño. Tras repasar los últimos detalles del planeamiento, los jefes suben a sus vehículos. Cuatro TOA,s salen en fila india del vivac con dirección sur.

Minutos después, además de la cabeza del jefe y la del tirador, se ven otras que asoman de vez en cuando atentas al despliegue y a quien lo manda. “Ahora ha mandado cuña”, dice uno que ve la seña que el jefe de sección hace a sus compañeros, al tiempo que escucha como otro informa por radio para que no haya duda. A continuación se oye “de PAPA 0 para toda la malla, despliegue en línea’, y de nuevo los vehículos pivotan sobre el base adoptando el nuevo despliegue. En cuestión de segundos estos avanzan en guerrilla haciendo vibrar el suelo. Empiezan los saltos hasta que, de repente, el jefe ordena prepararse para desembarcar. Al poco, los portones se abren y de su interior salen los fusileros corriendo como locos a conquistar la posición, acompañados por el fuego de apoyo de los vehículos que dejan atrás. Una vez tomada esta, vuelta a empezar.
Este es solo un pequeño ejemplo de los ejercicios que los alféreces de cuarto de Infantería de la Academia General Militar hemos realizado durante dos semanas de instrucción y adiestramiento; dos semanas intensas en las que hemos visto la premura que se exige al teniente para planear, organizar, coordinar y ejecutar las acciones que conlleva una misión, que se le puede encomendar en cualquier momento, incluso nada más cumplir la anterior, con la misma o con mayor exigencia que la última y, por supuesto, sin tener en cuenta el sueño o el cansancio acumulado.

El planeamiento y la posterior ejecución de temas tácticos ha sido la constante de casi todos los días de maniobras, ya que es el trabajo al que fundamentalmente nos enfrentaremos como tenientes. Dicho planeamiento se basa principalmente, y más para la infantería, en el estudio del terreno, ya que de su conocimiento puede depender la supervivencia en las operaciones en el exterior. No obstante, también hemos aprendido que el planeamiento no es algo cerrado, estático o absoluto, y que, en su conducción, el saber adaptarse a la situación cambiante es un aspecto que debemos tener en cuenta. Además, los caballeros alféreces cadetes que han tenido la suerte de liderar los temas tácticos han comprobado lo difícil que es mandar una sección mecanizada. En su caso, a todo lo aprendido sobre la infantería ligera hubieron de sumar un elemento más: los vehículos, llámense Pizarro o TOA. Incluso alguno tuvo el privilegio de montar en carros de combate Leopardo 2E. El añadir este elemento a la maniobra agrega a la táctica una variable que, bien usada, es un potenciador de la capacidad de combate de la infantería.
No obstante, el aprendizaje de los infantes de la AGM no terminó con el mando de las unidades mecanizadas, puesto que, si de algo nos han servido estas maniobras, es para tomar conciencia de que la infantería cuenta con más medios de los que a simple vista puede parecer, y que todos requieren de un alto conocimiento y preparación técnica para sacarles el máximo rendimiento y lograr cualquiera de los objetivos que se nos encomienden.

De ese modo, la instrucción en el tiro de armas colectivas ocupó gran parte de la segunda semana. Aprovechando las posibilidades que ofrecía el campo de maniobras de Cerro Muriano (Córdoba), hubo tiro con ametralladoras, con la novedad para nosotros, los cadetes, de hacerlo sobre trípode. Pero el esfuerzo principal se centró en el tiro de mortero. Las posibilidades que esta arma da al apoyo de la maniobra de las pequeñas unidades de infantería la hacen fundamental para el éxito de las misiones. Asentar la pieza, apuntarla y disparar no es nada fácil, y requiere de un alto nivel de instrucción y preparación. En este sentido, los futuros tenientes aprendimos que las claves para emplear los morteros eran papel y boli, el plano, el cordinatógrafo y la calculadora Calmor.
Pero, sin duda, la experiencia más enriquecedora que nos llevamos los alféreces de este último periodo de instrucción y adiestramiento ha sido la posibilidad de haber estado con los tenientes de las unidades.
Aprender de ellos ha sido una motivación para comprender que la ansiada segunda estrella, que tan lejana parecía cuando comenzó el curso, cada vez se encuentra más a la vuelta de la esquina, y que llevarla en el pecho de la guerrera requiere trabajo duro y supone una gran responsabilidad. Pero también una enorme satisfacción, por un lado, por ver cumplido un sueño después de exigentes años de formación, y por otro, por lo gratificante que será, a la postre, mandar a unidades de infantería para servir a España. A pesar de la dureza. A pesar del cansancio. A pesar del frío.
Texto: Caballero Alférez Cadete Antonio Pérez Urieta
4º Curso de Infantería. LXXIV Promoción AGM




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